Celso García de la Riega

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Cristóbal Colón en Portugal III

Juan II de Portugal

Seguimos con la estancia de Colón en Portugal, este será el post número tres de esta serie, a pesar de que de la estancia de Colón en Portugal hay poca información al respecto.
Lo primero que conviene aclarar es que no hay una fecha fija de la llegada de Colón a Portugal, su hijo Fernando o Hernando, en la historia del Almirante deja entrever que llegó a nado en 1476 después de la batalla de San Vicente, a pesar d e equivocarse de pirata y de fecha.
Pero aun sabiendo esto se puede conjeturar o aventurar partiendo de indicios razonados que pueden situar al personaje en una época aproximada, por ejemplo tenemos la famosa frase de Colón que dice:
Muy alto Rey, Dios, nuestro Señor, milagrosamente me envió acá porque yo sirviese á Vuestra Alteza; dije milagrosamente, porque fuí á aportar á Portugal, á donde el Rey de allí entendía en el descubrir más que otro, él le atajó la vista, oído y todos los sentidos, que en catorce años no lo pude hacer entender lo que yo dije”.
Bien fijémonos en esta frase que ya ha sido debatida en más de una ocasión en este blog. Por ejemplo para Carlos Martin, comentarista de en este Blog, alude que los 14 años se refiere a la etapa de reinado de Juan II, que duro casualmente 14 años, y que va desde 1481-1495, en realidad extraoficialmente ya reino antes desde 1477 cuando su padre Alfonso V, el africano, se retiro a un monasterio. A mi personalmente no me convence que los 14 años dichos por Colón abarquen desde 1481 a 1495, desde luego es lo menos incomodo de cara a la vida del personaje, pero lo que me. Extraña de esta fecha es que Colón ya descubre en 1492 y desde Setiembre de 1493 hasta Junio de 1496 estaba en el segundo viaje, pregunta ¿Qué no le pudo hacer entender en el segundo viaje? Evidentemente en el segundo viaje no se comunicó con Juan II por tanto no hubo negociación posible y desde que s afirmaron las Capitulaciones de Santa Fe entre los Reyes Católicos y Colón para establecer el acuerdo del descubrimiento tampoco habría contacto con Juan II y si me apuran desde finales de 1491 tampoco porque parece ser que según Colón ya estaba todo asentado para la empresa y si me siguen apurando desde 1487 tampoco, porque Colón recibe unos cuantos pagos de la Corte, no sabemos el concepto de los pagos:
tres mill maravedís que esta aquí hasiendo algunas cosas conplideras a servicio de sus altezas, por cédula de Alonso de Quintanilla con mandamiento del obispo.
Es decir, que en esta época estaba trabajando para los Reyes aunque no sepamos a que se refiere con las “algunas cosas cumplideras”, pero tenemos también la carta de Juan II, 1488, dirigida a Colón en la cual le cita para que vaya a visitarle y le llama “especial amigo” esta claro que era para tratar de la empresa a las Indias que para mí sería la fecha tope en la cual Colón estar en negociaciones con Portugal para descubrir, tiene dos inconvenientes históricos:
Uno.- Es que esto nos llevaría a que Colón estaba en Portugal en 1474
Dos.- Qué Juan II empezó a Gobernar en 1477, aunque fue coronado en 1481, con lo cual Colón tendría que haberse referido a los dos Reyes al padre Alfonso V, el africano, y al hijo Juan II y que sería con los dos con quienes tendría que haber negociado y no solo con uno.
Pero estos 14 años tienen un calado más profundo y significativo ya que no solo representan la negociación con el Rey sino que también nos informa de la madurez del proyecto de Colón, es imposible imaginarse a Colón improvisando una empresa de un año para otro ya que los proyectos, tanto en Portugal como en Castilla, ha de presentarlos primero a una junta de sabios y ante ellos no valía el decir voy a navegar hacia Occidente para descubrir llegar antes a las Indias, tendría que presentarlo, avalarlo con información etc, por tanto no es solo importante los 14 años sino también la madurez del proyecto que seguro que le llevo años. Lo curioso es que situamos esos 14 años hasta la firma de las Capitulaciones nos encontraríamos que el proyecto lo presentó en 1478, en esa época Juan II no era Rey, asumió las funciones, pero fue coronado en 1481.
Si nos fijamos en la frase cuando Colón dice que “fui a aportar a Portugal donde el Rey..” No tiene porque referirse a su primera llegada a Portugal sino más bien este “aportar” se refiere a la presentación del proyecto ante el Rey portugués. Es decir, que durante 14 años cuando dice: “no le pude hacer entender lo que yo le dije”, presentó el proyecto, no hubo manera de convencer a Juan II, pero Juan II le e escribe en 1488 pidiendo el regreso de Colón y Colón fue a Portugal pero se supone que no le convenció desde el momento en que volvió a Castilla para quedarse por tanto yo creo que. Esta sería la fecha tope de los 14 años.
Por otra parte la carta que Colón recibe de Juan II en 1488 dice:
Xpoval Colon Nos Dom Joham, per graza de Deos, Rey de Portugall, é dos Algarbes; da aquem é da allem mar em Africa, Senhor de Guinee; vos enviamos muito saudar. Vimos a carta que Nos escribestes: é á boa vontade é afeizaon que por ella mostraaes teerdes á nosso servizo, vos agardecemos muito. E cuanto á vossa vinda ca, certo, assi pollo que apontaaes como por outros respeitos para que vossa industra, é boo engenho Nos será necessareo, Nos á desejamos, é prazernos ha muito de visedes, porque era o que á vos toca se dará tal forma de que vos devaaes ser contente[….]
El Rey le dice que recibió su carta que le escribió Colón, de la cual no se sabe nada, le dice que es afectiva y que por ella demostráis tener a nuestro servicio…., es decir, que parece que Colón en la carta que le escribe al Rey le demuestra o parece decir que esta a su servicio, por otra parte el Rey le dice que la industria y buen ingenio les será necesario….
Esta claro que esta carta podría estar incluida dentro de los 14 años en los que no convenció al Rey portugués.
Ya que no hay más correspondencia conocida entre el Rey portugués y Colón, bajo mi punto, la relación entre ambos acaba aquí y no se extiende más allá, entre otras cosas porque si Colón no fue a Portugal sin conocimiento de los Reyes Católicos no cabe ninguna duda de que los espías castellanos en la corte portuguesa les habrían informado y evidentemente le conminarían a dejar esa relación máxime cuando los Reyes en Junio le dieron a Colón 3.000 maravedis. Por otra parte si Colón fue con el permiso de los Reyes Católicos cabe pensar que le habrían exigido que en esa vista diera por terminada la relación con Juan II, me parecen argumentos más que convincentes para creer que la relación de 14 años acabó en 1488.
Por otra parte esta carta tiene unas curiosidades que merece la pena mencionar:
1º El remite de la carta: A Xρistovam Collon, noso espicial amigo em Sevilha, llama la atención que Sevilla lo escriba “Sevilha” como se escribe en portugués ya que la “ll” no existe es “Lh”, mientras que Collon lo escribe con “ll”,
2º Que en el inicio de la carta “Xpoval Colon Nos Dom Joham”
Es decir que el Rey Juan II de Portugal lo conocía por Cristóbal Colón o Collon mientras que en Castilla en las cédulas d apago aparece como Cristóbal Colomo, bajo mi punto de vista esto implica que en Portugal siempre se le conoció por Colón o Collon si además tenemos en cuenta que le denomina “noso especial amigo” queda claro que lo conocía muy bien como para llamarlo por el apellido castellano tanto en un caso como en otro, Colón en portugués se escribe Colom, la consecuencia de. esto es que Colón en Portugal nunca fue conocido por Colombo ni de otra posible forma como: Colonus, Colombus…etc.
Otra curiosidad de esta carta es que fue escrita el 20 de marzo de 1488, Colón estaba en Murcia en Abril la cuestión es que seguramente se la hubieran entregado en Murcia sabiendo a quién iba dirigida, es decir, no a Cristóbal Colomo sino a Cristóbal Colón.
Por último las dos formas del apellido escritas por Juan II aparecen documentalmente en Pontevedra.
Continuaremos…

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Conferencia de Celso García de la Riega en la Real Sociedad Geográfica Año 1898, Cristóbal Colón ¿Español? II

Celso García de la Riega

Celso García de la Riega

Vióse obligado Colón, por conveniencia propia y por consecuencia de carácter, á sostener la calidad de genovés que ostentaba ante la corte de España; y al entrar en el estudio de tan interesante punto, se me ocurre la siguiente pregunta: ¿era italiano?

Muchos y, por cierto, muy graves, doctos y respetables, son los críticos que han negado al insigne Almirante la nacionalidad italiana, ya suponiéndole griego, ya haciéndole natural de Córcega, perteneciente entonces á la corona de Aragón. Hecho

muy digno de tenerse en cuenta es, en efecto, el de que ninguno de los documentos escritos de su mano que han llegado á nuestros tiempos, esté redactado en lengua italiana: memoriales, instrucciones, cartas y papeles íntimos, notas margina- les en sus libros de estudio, todos se hallan escritos en castellano ó en latín. Para explicar de alguna manera semejante singularidad, se dice que la educación de Colón en su infancia fué muy superficial, y además que abandonó á su patria en la niñez; explicación sobradamente deleznable, porque aparte de las altas cualidades de inteligencia y de aplicación que se le han reconocido, para los estudios elementales que verificó antes de los catorce años, en que empezó á navegar, debió emplear forzosamente la lengua italiana; y puesto que navegó veintitrés años, «sin estar fuera de la mar tiempo que se haya de contar» en barcos genoveses, ya en el comercio, ya al servicio de los Anjou; puesto que sostuvo continuas relaciones de amistad y trato frecuente con mercaderes y personajes italianos, no es posible admitir que hubiese olvidado la lengua italiana hasta el punto de no poder escribir en este idioma la carta que dirigió á la Señoría de Genova. ¿Quién, que se halle expatriado, aunque lleve residiendo largo tiempo en el extranjero, al dirigirse por escrito á las autoridades de su pueblo, no lo hace en el idioma patrio? ¿Quién llega á olvidar hasta ese grado el lenguaje que aprendió en el regazo materno? ¿Es posible, dadas las condiciones morales de Colón, que no hubiera sentido por la lengua italiana, si esta hubiera sido la suya, el instintivo afecto que todos los hombres, de todos los países y de todas las épocas, dedicamos al idioma nativo? No fué olvido, ciertamente, la causa de este hecho. ¿Lo habrá sido el desdén, la indiferencia? ¿Es que, en efecto, ese idioma no era el suyo?

En el preámbulo de su Diario de navegación, al exponer á los Reyes Católicos el objetivo de su empresa, el inmortal Descubridor dice que en el Catay domina un príncipe llamado el Gran Kan, que en nuestro romance significa rey de los reyes. Es, sin duda, sumamente violento creer que, á los ocho años de residir en país extranjero, haya quien llame lengua suya á la de ese país, sobre todo, cuando no existe precisión de estampar semejante expresiva frase, cuya inexactitud saltaría á la vista de Colón en el momento de escribirla, á no ser que se olvidase de que era genovés ó de que se hacía pasar por genovés. ¿Sucedió acaso que Colón, sin darse cuenta de ello, alzó en las tres palabras de en nuestro romance un extremo del velo con que se propuso ocultar patria y origen? No hay autor dramático, ni novelista, ni criminal, ni farsante, ni hombre cauteloso ó reservado, que no deje algún cabo suelto, que no des- cuide algún detalle por donde flaquee la fábula ó se sospeche y descubra lo que se quiso ocultar. ¿Obedeció Colón á esta imperfección humana al llamar suya á la lengua española?

Cuando el Descubridor, perdida toda esperanza y desahuciado en sus pretensiones, volvió á la Rábida, pensando en que se vería obligado á dirigirse al Gobierno de otra nación, los ruegos de Fr. Juan Pérez le decidieron á intentar nuevas gestiones ante los Reyes Católicos. Accedió á ellos, porque su mayor deseo era que «España lograse la empresa que proponía, teniéndose por natural de estos reinos»; así lo dice su hijo don Fernando. Acaso en la vehemencia de sus lamentaciones, deslizó alguna frase que entonces debió interpretarse en un sentido figurado, pero que expresaba una verdad instintivamente manifestada. ¿Qué fuerza íntima le impulsaba á tales demostraciones de afecto hacia España?.

En 1474, Colón se decide á someter su proyecto al sabio italiano Pablo Toscanelli y á solicitar sus consejos; pues bien, Toscanelli, en una de sus cartas, le considera portugués, hecho notable que merece particular examen. Para el estable- cimiento de relaciones entre uno y otro medió Lorenzo Giraldo, italiano, residente en Lisboa. ¿Omitió Giraldo, al dirigirse al célebre cosmógrafo, la circunstancia de haber nacido Colón en Italia, á pesar de lo natural y de lo oportuno de esta noticia? Pues así lo hizo, debe presumirse que desconocía la nacionalidad del recomendado, y si la conocía, era lógico que no la mencionara ni la ostentase como título á la consideración que tal calidad pudiera inspirar, puesto que para nada interesaría á Toscanelli que Colón fuese griego, portugués ó español. Pero admitiendo que Giraldo no hubiese querido participarle que Colón era italiano, ó se hubiese olvidado de ello ¿puede aceptarse que el propio interesado hubiese incurrido en igual omisión y que, en los momentos en que buscaba con el mayor afán la aprobación del eminente sabio para sus grandiosos planes de surcar el temido mar de Occidente, no procurase, en primer término, captarse sus simpatías haciéndosele agradable bajo el título de compatriota?

Es evidente, por lo tanto, que sólo con posterioridad á dicha fecha, Colón conoció la conveniencia de utilizar el díctalo de genovés. Aún no se había apercibido entonces de las graves dificultades que se opondrían á la realización de sus planes y no se le ocurrió fingir ó exhibir semejante calidad, de verdadera importancia en aquella época, en que genoveses y venecianos, por una parte eran auxiliares poderosos en las guerras

marítimas y, por otra, monopolizaban el comercio del Asia y del Mediterráneo, haciendo tributaria de él á toda Europa. Sabéis que los genoveses gozaban en España, desde siglos antes, gran nombradía en los asuntos navales y mucho acogimiento y benevolencia cerca de los reyes de Castilla. ¿Se pro- puso Colón aprovechar esta circunstancia para el buen éxito de sus gestiones y para ocultar á la vez su modesto origen, de cuya manera evitaría dos escollos amenazadores? En este caso, los hechos tendrían plausible explicación.

Desde que se presentó en la Rábida á los generosos frailes franciscanos, el dictado de genovés empezó á circular en noticias, cartas, recomendaciones y gestiones de toda clase. La corte, la nobleza, el clero, los funcionarios y el pueblo en general, fueron recibiendo, aceptando y propagando sin reparo alguno, pues no había razón para ello, aquel dictado; celebróse la memorable estipulación de Santa Fe sin que á los Reyes ni á sus secretarios se les ocurriera exigir de Colón, antes de con- cederle elevadísimos títulos y cargos, demostración alguna de las condiciones personales y de familia que la administración de aquella época requería para el desempeño de empleos in- significantes: ni siquiera se le reclamó la naturalización en España que se impuso á Amérigo Vespucci como requisito preparatorio para obtener, juntamente con Vicente Yañez Pinzón, el mando de una flota de descubrimientos y después el cargo de piloto mayor. Quedó, pues, sencillamente establecido el dictado de genovés, sin otro fundamento que la aseveración del primer Almirante de Indias, á la que no podía menos de concederse completo crédito.

Ninguno de los escritores de la época nos suministra luz alguna acerca de la vida de Colón anterior á su presentación en España; ninguno de ellos le conoció en su infancia ni en su juventud; todos se vieron obligados á consignar lo que afirmaba la opinión general con respecto á su nacionalidad, y os ruego me perdonéis la molestia que voy á ocasionaros recordando la calidad y condiciones de dichos escritores.

Pedro Mártir de Anglería, italiano, que escribió sus epístolas á raíz de los sucesos del descubrimiento, amigo íntimo de Colón desde antes de la toma de Granada, conocedor de todo lo que pasaba en la corte, maestro de los pajes, en gran- des relaciones con la nobleza, con el clero y con los funcionarios, no pasa de llamar á Colón vir ligur, el de la Liguria. No puede atribuirse á Pedro Mártir sobriedad de estilo, porque en sus escritos consigna numerosos detalles relativos, tanto á sucesos de importancia como á verdaderas menudencias, demostrando gran espíritu de observación, de perseverancia y de curiosidad; en nuestros tiempos hubiera sido un periodista noticiero de primera fuerza. Tratándose de un compatriota, es singular que no haya apuntado dato alguno acerca del nacimiento, de la vida y de la familia del Descubridor del Nuevo Mundo.

El bachiller Andrés Bernáldez, cura de los Palacios, amigo también de Colón, que fué depositario de sus papeles y huésped suyo en 1496, se limita á decir que era mercader de estampas: esta es toda la noticia que nos da acerca de la vida anterior del Almirante. Se le tiene y cita como testimonio favorable á Genova, con evidente error, por cierto, porque si bien en el primero de los capítulos que en su Crónica de los Reyes Católicos dedica á Colón, le llama «hombre de Genova», al dar cuenta de su fallecimiento en Valladolid, afirma que era de la provincia de Milán.

Gonzalo Fernández de Oviedo, cronista oficial de Indias, que conoció y trató á Colón y á casi todos los que intervinieron en los acontecimientos, por él también presenciados, que desempeñó altos cargos en la administración de Ultramar, sólo pudo enterarse de que «unos dicen que Colón nació en Nervi, otros en Saona, y otros en Cugureo, lo que más cierto se tiene.-» Esta frase demuestra que Oviedo realizó indagaciones y consultó diversos pareceres, sin resultado positivo, y sin obtener dato alguno en cuanto á Genova, puesto que no la nombra.

El P. Las Casas nada más nos dice que haber sido el Almirante de nacionalidad genovesa, cualquiera que fuese el pueblo perteneciente á la señoría donde vio la luz primera. La ignorancia ó la reserva del P. Las Casas acerca de este punto es muy expresiva, puesto que, aparte de su intimidad con el Almirante, él mismo afirma haber tenido en sus manos más papeles de Colón que otro alguno.

Citados quedan los cuatro escritores contemporáneos y amigos del Almirante que, juntamente con su hijo D. Fernando, sirven de fundamento para su historia. Singulares que hayan coincidido en no puntualizar el pueblo que fué cuna del Descubridor, pues no debe admitirse que ninguno de ellos dejara de interrogarle acerca del lugar de su nacimiento y acerca de otros particulares, como familia, vida anterior, viajes, estudios, etc. Esta. curiosidad hubiera sido tan legítima, que no creo necesario enumerar las diversas razones que la hubieran justificado. ¿A qué ha obedecido, pues, ese tan unánime silencio? En mi concepto, nada más que á la reserva guardada por Colón y por sus hermanos.

Galíndez de Carvajal, que nos ha dejado noticias precisas sobre la estancia ó residencia de los Reyes Católicos en dis- tintas localidades, demostrando así el cuidado con que reunió los datos correspondientes, afirma que Colón era de Saona.

Medina Nuncibay, del cual se encontró una crónica en la colección Vargas Ponce, escritor que examinó los papeles de Colón depositados en la Cartuja de Sevilla, dice que el Almirante era natural de los confines del Genovesado y Lombardía, en los estados de Milán, y añade que se escribieron algunos tratadillos «dando prisa á llamarle genovés.»

En el Archivo de Indias vio Navarrete dos documentos oficiales escritos á principios del siglo xvi; en uno de ellos se dice que Colón nació en Cugureo; en el otro que en Gugureo ó en Nervi.

De manera que ninguna de las referencias que podemos llamar coetáneas designa la ciudad de Genova como patria del Descubridor; circunstancia que resulta más notable al analizar la información realizada ante el Tribunal de las Órdenes militares con respecto á D. Diego Colón, nieto de aquél, agraciado con el hábito de Santiago.

Imprudente sería desconocer la importancia histórica de dicho documento, sacado á la luz pública por el respetable y erudito ministro del mencionado Tribunal, Sr. Rodríguez de Ghágón, académico de la Historia.

No demuestra que Colón nació en Saona; pero, á mi juicio, desvanece toda inclinación favorable á Genova. Tres son los datos interesantes que contiene acerca de la cuestión: 1.° En la genealogía que figura á la cabeza de la información, que los pretendientes al noble hábito presentaban in voce y juraban, se hace constar á D. Cristóbal Colón como nacido en Saona. 2.° En ninguna de las diligencias se menciona la declaración del Almirante, incluida en la escritura del mayorazgo, de haber nacido en Genova. Y 3. Pedro de Arana, de Córdoba, hermano de Doña Beatriz Enríquez, ignoraba cuál era la patria de Colón.

Los dos primeros datos demuestran que la familia legítima del Almirante creía que éste no había nacido en Genova, y, además, contradecía la afirmación contenida en dicha escritura por considerarla inexacta, pues de lo contrario nada le hubiera sido tan fácil y tan natural com® señalar en dicha genealogía á Genova por patria de Colón, confirmándolo con la escritura del vínculo y con los testigos correspondientes. Ni cabe alegar que tales informaciones se verificaban por mera fórmula, pues debiendo prestarse un juramento por familia de tan elevada posición en la sociedad y ante respetable Tribunal, las mismas circunstancias del hecho reclamarían que, fórmula por fórmula, dicha familia escogiera la que tenía á su favor la aseveración del fundador del mayorazgo. El juramento exigía la expresión de la verdad ó de lo que se creía verdad, y por eso la familia legítima de Colón exhibió la declaración relativa á Saona, acompañada de un testimonio de calidad, cual era el de Diego Méndez, á quien no cabe recusar justificadamente. Méndez no fué tan sólo un servidor fiel del Almirante, sino también un amigo íntimo, invariable y afectuoso. Entre los diversos servicios que le prestó en el épico cuarto viaje, descuella el de haber pasado treinta leguas de un piélago proceloso, embarcado en débil canoa, desde la Jamaica á la Española, bajo un cielo abrasador, en demanda de socorro. Acompañóle un protegido de Colón, el genovés Fiesco; en las últimas cartas á su heredero, el ya anciano y doliente Descubridor, menciona varias veces al buen Diego Méndez, ya para pedir que le escriba muy largo, ya para afirmar que « tanto valdrá su diligencia y verdad, como las mentiras de los rebeldes Porras.» Este calificado testigo declara en la información que el Almirante «era de la Saona;» y si bien es cierto, como dice un erudito crítico, que el testimonio de Méndez carece de la condición esencial de exponer que lo aducía con referencia al propio Colón, más cierto é indudable es todavía que jamás había oído á los dos hermanos, D. Cristóbal y D. Bartolomé, ni al genovés Fiesco, ni al segundo Almirante D. Diego, afirmar que el grande hombre había nacido en Genova, porque en este caso Méndez no hubiera abrigado una opinión tan resuelta acerca de Saona, ni la hubiera expresado tan categóricamente; es lo más probable que hubiese oído á los dos primeros hablar con afecto y frecuentemente de Saona, ya por haber transcurrido parte de la vida de ambos en este pueblo, ya por haber residido y fallecido en él sus padres. De manera que esta circunstancia viene también á demostrar la inexactitud de la escritura del vínculo en cuanto á la cuna de Colón.

El tercer dato no es menos elocuente. De Pedro de Arana, hermano de Doña Beatriz Enríquez, dice el P. Las Casas que lo conoció muy bien y que era hombre muy honrado y cuerdo.

Sirvió al Almirante con energía y lealtad, especialmente con motivo de la sedición de Roldan en la isla Española. D. Diego Colón, el segundo Almirante, ordenó en su testamento el pago á Pedro de Arana de cien castellanos que en las Indias había prestado á su padre D. Cristóbal; deuda que patentiza la intimidad que había existido entre el Descubridor y Arana.

Este testigo, no menos calificado, declara en la expresada información que «oyó decir que Colón era genovés, pero que él no sabe de dónde es natural.» No cabe duda de que las palabras «oyó decir que era genovés» se refieren á la voz pública, á la opinión general, así como las de «pero no sabe de dónde es natural» expresan un convencimiento existente en la familia, pues si Doña Beatriz supiera cuales eran el pueblo y el país de su amante, lo sabrían también su hermano Pedro de Arana y su hijo D. Fernando Colón, el historiador: no es posible desconocer la evidencia de este raciocinio.

El hecho de que sus amigos y ambas familias, la legítima y la de Doña Beatriz, coincidan en no estimar, mejor dicho, en desdeñar la afirmación de Colón de haber nacido en Genova, hecha en solemnísimo documento, reviste decisiva importancia. ¿De qué otras causas puede derivarse, sino de la seguridad que aquellos abrigaban, contraria á dicha afirmación, y de la reserva sin duda observada tenazmente por el Almirante sobre éste y otros interesantes puntos de su vida? ¿Puede concebirse que un hombre como él no hubiera hablado con frecuencia de su patria y de sus parientes, ya en las conversaciones, ya en sus escritos, á no alimentar el decidido propósito de ocultar patria y origen? Y ¿cómo ha de merecer fe cumplida, en los tiempos actuales y ante la crítica moderna, el que no la alcanzó de su propia familia, el que ocasionó, en efecto, por su proceder en esta materia, todas las dudas?

¿Cómo extrañar, pues, que el mismo D. Fernando Colón, historiador de su padre, participara de igual incertidumbre? D. Fernando, en el capítulo primero de su libro, reconocido como piedra fundamental de la Historia del Nuevo Mundo, dice textualmente: «de modo que cuanto fué su persona á propósito y adornada de todo aquello que convenía para tan gran hecho, tanto menos conocido y cierto quiso que fuese su origen y patria; y así, algunos que de cierta manera quieren obscurecer su fama, dicen que fué de Nervi, otros de Cugureo, otros de Bugiasco; otros que quieren exaltarle más, dicen era de Saona y oíros genovés, y algunos también, saltando más sobre el viento, le hacen natural de Placencia.»

En primer término se ve en este párrafo que D. Fernando se excluye del número de aquellos otros que tenían á su padre por nacido en Genova; y es verdaderamente imposible que, designado segundo heredero, desconociera la escritura de fundación del mayorazgo. ¿Acaso sabía de labios del propio Almirante que su afirmación en dicha escritura constituía un simple adorno de la fundación del vínculo? ¿Es que D. Fernando era devotísimo amigo de la verdad histórica? Cualquiera de estas dos razones, ya que no ambas á la vez ¿fué causa de que no apreciase la afirmación de su padre? Es de advertir, además, que al empezar el capítulo primero de su libro manifiesta que una de las principales cosas que pertenecen á la historia de todo hombre sabio, es que se sepa su patria y origen; sin embargo, no pudo cumplir este precepto y el propio D. Fernando, contestando á Giustiniani, califica repetidamente de «caso oculto» á tan interesante detalle.

Se ha acudido á ciertos expedientes para descartar las frases de D. Fernando, sin desautorizar su libro. Unos dicen que quiso echar tupido velo sobre el humilde origen de su padre; otros, que D. Luís Colón, duque de Veragua, antes de entregar en Venecia el manuscrito de dicho libro al impresor Alfonso Ulloa, introdujo una alteración en el texto á que me refiero, á fin de que pudiera figurar dignamente unido el linaje de los Toledo con el de Colón.

Desde luego se advierte verdadera inconsistencia en ambas interpretaciones, porque si D. Fernando se hubiera propuesto ocultar el humilde origen de su padre, habría empleado conceptos adecuados ó se hubiera limitado á repetir la afirmación incluida en la escritura del mayorazgo. Y si D. Luís Colón, dado que dispusiera, como de cosa propia, de un manuscrito perteneciente á la Biblioteca colombina, hubiera atendido á la consideración relativa á los linajes para realizar una adulteración en el texto, la habría hecho en términos conducentes á sugerir el convencimiento de que el Descubridor procedía de noble estirpe, no dejando la cuestión en una forma que acusa ese mismo humilde origen, objeto de la supuesta modificación.

En su postrera disposición testamentaria, el insigne Almirante confiesa la existencia de un cargo «que pesa mucho para su ánima» con relación á Doña Beatriz Enríquez, añadiendo que (da razón dello non es lícito decilla.» Claro es que semejante pesadumbre de conciencia se refiere á su conducta personal y no á la de Doña Beatriz: si en esta confesión alude al hecho de no haberse casado con la bella dama cordobesa, es indudable que la razón, que no le era lícito decir, radicaba en él. ¿Por qué no realizó este matrimonio? ¿Por qué no descargó oportunamente su conciencia de aquel peso á fin de que la muerte no le sorprendiese en tal situación? Muchos motivos vulgares, sin conexión con los hechos culminantes de la vida de Colón, pudieron ser causa de que no celebrara dicho matrimonio; pero en el terreno de las hipótesis admisibles y calculando que el Almirante, por la universal notoriedad que había adquirido y por la altivez de su carácter, hubiese juzgado que, ni aun en el trance de la muerte, debía casarse en secreto ni en condiciones que pudieran menoscabar su fama ó desconceptuarle, ¿cabe presumir que la poderosa dificultad que le impidió aliviar la conciencia fué la necesidad de ocultar sus antecedentes? ¿Acaso su hermano D. Bartolomé se vio en situación análoga, pues también falleció sin casarse y dejando un hijo natural? Me permito exponer este raciocinio tan sólo en el concepto de suposición y como materia para discutir.

Continuará

Casto Sampedro y su Anti Colón Gallego III

Carta 21-1-1927

Altolaguirre Academia ADistinguido amigo: He ido demorando el contestar a su atenta carta del 22 de Diciembre en espera de poder decirle algo respecto a la fotografía de los documentos pero en vista de lo que retrasa el obtenerlas no quiero seguir siendo descortés con usted y le pondré al corriente de nuestros trabajos.

No creo que nadie dude de la autenticidad de los documentos descubiertos por usted en que consta el apellido Colón en Galicia en los siglos XV y XVI en los enviados por usted, he podido apreciar que en efecto también es auténtico el apellido Colón no así el nombre propio que se le asigna de Bartolomé etc, que a mi juicio esta enmendado; sin duda comprendiendo que el hecho de figurar el apellido Colones en Galicia nada dice, pues sin necesidad de recurrir a la traducción del Colón en Colombo, con que figuran en Italia, existieron colones en Aragón, Valencia, Baleares, etc, se ha querido reforzar la argumentación con la igualdad de nombres, pues en efecto sería mucha coincidencia que aparecieran unidos al apellido Colón los mismos nombres de Cristóbal, Bartolomé y Domingo etc que tuvieron el Almirante y su familia.

Con el fin de agotar todos los medios de investigación y en prueba de la imparcialidad con que la Academia procede, se solicitó al Ministerio de la Guerra que por el laboratorio de ingenieros Militares que tiene aparatos adecuados se saquen fotografías ampliadas que denuncien si los documentos están alterados, ya está concebida la autorización y en cuanto nos lo comunique se harán las fotografías siendo llevados los documentos por el señor Obispo o uno de sus delegados que presenciará la operación y lo retirará pues tanto más interés que usted tenemos nosotros en que ni por un momento estén los documentos fuera de la vista del señor obispo o de su representante.

Ya le manifestaré a usted el resultado de la fotografía y si me es posible le enviaré un ejemplar si no se publican en nuestro boletín.

Altolaguirre Academia BRespeto el informe pedido por la academia a esa comisión de monumentos yo le estimaría mucho y creo que lo mismo la Academia que haga un esfuerzo y procure reunir la comisión y remitírnoslo cuanto antes y si ofrecen resistencia pasiva a reunirse dígalo de oficio y envíe su dictamen personal pues como comprenderá es de mucho interés para acumular datos para debatir supercherías.

Es suyo affmo. amigo y compañero

Ángel de Altolaguirre

Aclaración:

1º Parece que el señor Sampedro tenía mucho interés en que no se declarasen los documentos descubiertos por él con el apellido Colón como falsos, en las cartas de Oviedo Arce existe la misma preocupación por parte del señor Sampedro.

2º El señor Altolaguirre tiene un despiste que le delata, a la Academia no se llevó ningún documento de Celso García de la Riega, el señor obispo llevó los que eran de Casto Sampedro, por tanto el de Bartolomé Colón no fue llevado por el Obispo, habría que preguntarle al señor Altolaguirre donde vio el documento de Bartolomé.

Pueden leer la carta del Obispo a Gerardo Álvarez Limeses, en ella se aclaran algunas cosas, en esta url:

https://celsogarciadelariega.wordpress.com/2012/10/06/carta-del-obispo-de-madrid-alcala-leopoldo-eijo-y-garay-pidiendo-disculpas-por-los-documentos/

3º Resulta chocante que en un mismo documento, en este caso carta, diga por un lado el Sr. Altolaguirre:

Con el fin de agotar todos los medios de investigación y en prueba de la imparcialidad con que la Academia procede” y por otro diga:

procure reunir la comisión y remitírnoslo cuanto antes y si ofrecen resistencia pasiva a reunirse dígalo de oficio y envíe su dictamen personal pues como comprenderá es de mucho interés para acumular datos para debatir supercherías

Hay en estas dos frases una contradicción más que aparente, esta última frase se refiere la famoso crucero que ya pondré un post hablando de la alteración que sufrió el crucero que había enfrente a la casa natal de Colón en Poio

El día de la victoria de Celso García de la Riega

Tres generaciones de la familia festejan el dictamen que prueba que el intelectual no falseó los documentos sobre el Colón gallego

“Si mi bisabuelo está por ahí arriba le gustará mucho ver lo que está pasando”, afirma Guillermo García de la Riega, descendiente del iniciador de la teoría del Colón gallego, cuya memoria acaba de ser rehabilitada por el Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPL), que dictaminó que no manipuló los documentos originales sobre el navegante. Tres generaciones de la familia festejan esta resolución tras décadas de rebatir críticas.

FARO PONTEVEDRAÁspero sin ser grosero y extremadamente documentado, Celso García de la Riega estaba muy acostumbrado al debate público, así que sus enemigos esperaron a su muerte para, sencillamente, acusarlo de falsario. Incapaces de atacar a la figura que representaba un hombre que sin haber cursado estudios superiores llegó a ser nombrado académico (puesto que nunca ocupó por sus diferencias con Murguía) echaron por tierra el gran empeño de su vida: demostrar que Colón era gallego, una teoría que expuso por primera vez en 1898 en una conferencia en la Sociedad Geográfica de Madrid.

Lo hicieron afirmando que había falsificado los documentos en los que aparecía el apellido Colón relacionado con Portosanto, en Poio, una gravísima acusación que persiguió durante años a sus herederos y motivó que su legado permaneciese oculto durante 98 años, hasta que su bisnieto, Guillermo García de la Riega, hizo públicos los manuscritos para que pudiesen ser investigados con las más modernas tecnologías.

El Instituto de Patrimonio Cultural de España llevó a cabo el análisis de los documentos, un exhaustivo estudio técnico en el que también colaboró la Policía científica. Los resultados completos se hicieron públicos el pasado lunes y, tal y como había defendido durante un siglo la familia De la Riega, su antepasado no había manipulado los documentos.

Éstos fueron sometidos además a un proceso técnico de conservación para facilitar su exhibición al público, ya que serán depositados en la Casa-Museo de Colón y tendrán un especial protagonismo en los actos que recordarán el centenario del fallecimiento de Celso García de la Riega y del 120 aniversario de la teoría del Colón gallego.

“Lo que le hicieron fue una auténtica canallada”, protesta Guillermo García de la Riega, “intentaron por todos los medios ensuciar su nombre y ahora nos sentimos todos muy orgullosos del resultado de las pruebas”.

La residencia de mayores donde vive el veterano de la familia, Celso García de la Riega, de 98 años, nieto del iniciador de la teoría del Colón gallego, fue escenario de la reunión en la que la familia celebró su victoria sobre décadas de críticas injustas.

En el encuentro también participan la hermana de Celso, Mercedes, de 96 años; el ginecólogo Celso Malvar García de la Riega, biznieto del intelectual, su primo Guillermo García de la Riega y el benjamín de saga, Anxo Malvar, de 34 años.

Todos ellos no ocultan su satisfacción porque la Subdirección General del Instituto de Patrimonio Cultural de España admitiese a trámite el estudio de los documentos. Éstos constituyen una de las principales bases que sustentan la teoría del origen gallego del navegante, una “prueba” a que se suman otros argumentos como las numerosas palabras y giros gallegos empleados en sus escritos o los numerosos topónimos (más de 200, según las últimas investigaciones) de las rías gallegas que utiliza Colón para ir bautizando las zonas de América a las que llega.

Los expertos del Instituto de Patrimonio Cultura, ratificaron “la autenticidad de los documentos” y que Celso García de la Riega no los manipuló sino que exclusivamente “avivó” algunas letras para que fuesen más legibles, pero en ningún caso raspó los originales o hubo intención dolosa.

Analizaron con diferentes tipos de luz los papeles y determinaron que tanto éstos como las tintas eran de la época, a excepción de los caracteres avivados.

Para Guillermo García de la Riega, que convenció a la familia para abrir el legado, el dictamen es una doble satisfacción. “Es algo muy grande, yo desde joven pensé que la campaña contra De la Riega era un montaje para desacreditarlo y desacreditar también la teoría, pero principalmente a él, al personaje, porque tenía muchos enemigos, no solo en Galicia como Murguía sino también en la propia ciudad de Pontevedra”.

Celso Malvar García de la Riega se alegra especialmente “por mi primo Guillermo, porque peleó lo indecible sin tener apoyos, y el salió adelante analizando todos los dibujos de mi abuelo, sus estudios sobre Colón en relación con los topónimos; todo ello a mi también me enganchó y la verdad es que me tengo peleado y discutido (risas) a muerte por defender a mi bisabuelo; y ahora tenemos la gran satisfacción de que por fin hayan lo hayan reconocido como merecía”.

Anxo Malvar es el benjamín de la familia y ni de lejos vivió la presión que soportaron los descendientes más inmediatos de De la Riega. “La polémica me llegó a cuentagotas, y supe más de la teoría gracias al blog de Guillermo, a cosas que nos cuenta nuestra abuela en las comidas; en Navidades hace dos años nos regalaron a cada nieto el facsímil de La Gallega y con esas cosas los más jóvenes también vamos intentando preservar la teoría del Colón gallego”.

“Hoy mi bisabuelo estaría muy orgulloso”, señala satisfecho Guillermo García de la Riega, tras recordar que “estudiaron todo, desde el papel a las tintas o la filigrana de la época, de modo que los documentos están totalmente autentificados”.

También recuerda que el avivado de algunas letras que llevó a cabo De la Riega no era un error infrecuente en la época. A este respecto, señala que “Menéndez Pidal recalcó el poema del Mío Cid”.

La familia insiste en que “hay que aprovechar gran la oportunidad turística del Colón gallego” . Es el caso de Anxo Malvar, que incide en que “para toda la comarca, para Pontevedra pero también para Poio en general sería un reclamo muy importante, y de hecho lo es, por ejemplo sirve para celebrar eventos importantes como la fiesta medieval que se desarrolla en Combarro”.

Otro tanto indican Guillermo García de la Riega y la Asociación Cristóbal Colón Galego, a la que la familia expresa su agradecimiento “porque nos apoyó y se esforzó incansablemente para que los documentos fuesen estudiados”.

“Siempre hemos mantenido, y también lo hace la asociación, que esto sería un revulsivo turístico, si tiene Valladolid el Museo de Colón o lo tiene La Gomera, Pontevedra que tiene muchas más cosas que ofrecer lo puede tener perfectamente; y ya no digamos si hiciesen una réplica de la Santa María, entonces sería un total revulsivo”.

El menos hablador es Celso García de la Riega, un veterano que luchó en el bando republicano y que reconoce que “me acuerdo más de la guerra” que de las teorías sobre Colón. Con todo, en algún momento ha confesado a su familia su alegría porque la memoria de su abuelo haya sido rehabilitada “antes de que me muera”.

Fuente: http://www.farodevigo.es/portada-pontevedra/2013/12/22/dia-victoria-celso-garcia-riega/937216.html

Ante una Carta

Ante Una Carta

Correspondencia Gallega Enero 1911

Correspondenci GA Carta 01:01:1911La excesiva modestia que se vé en ella, la gala forma empleada, lo escogido de su lenguaje hacénos conocer sin ver la firma, al hombre estudioso, al literato e insigne escritor; pero tras estas cualidades que aparecen ante nuestra vista, vése la elevada figura de patriota, del hombre que dedicó gran parte de su existencia a rebuscar entre los antiguos pergaminos algo que fuese beneficioso a su tierra, algo grande, algo sublime y tras incesantes trabajos y sin número de investigaciones, halló la que para esa tierra querida constituye una joya inestimable solitario de colosal valor y de inapreciable mérito; a la madre encontróle el hijo que lloraba perdido.

Esta madre es España, el hijo Colón y el que supo rescatarlo el insigne escritor D. Celso García de la Riega.

Galicia, la pequeña patria de Colón, como el insigne la Riega con valiosos documentos lo ha demostrado, quiere patentizar en agradecimiento al que después de incesantes trabajos supo dar a la nación Española una gloria, demostrando del inmortal navegante La verdadera nacionalidad; y el país gallego debe insistir en que eregir al hijo que supo hallar un mundo para su patria, un monumento y en él, a pesar de la modestia del señor la Riega que se opone a que su efigie se reproduzca en el mármol o en el bronce, debe ser reproducido en hermoso medallón en la base de dicho momento, puesto que a él, España debe que Colón figure en el número de sus preclaros hijos ¿Y qué cosa más justa que Galicia al pensar en honrar la memoria del inmortal nauta quiera también honrar la de aquel que supo demostrar que colón es Español y Gallego?.

Si España cuenta con esa gloria al Sr García de la Riega se le debe y justo es que al pensar en erigir un monumento a Colón se piense también en el Sr. la Riega y que en el figure a pesar de sus protestas

Eduardo de Cea y Varela de Luaces

Pontevedra 26-1-1911

Debate sobre a historia de Cristobal Colón na USC

Correo Gallego

08.10.2013

Debate sobre a historia de Cristobal Colón na USC

A Área de Historia do Dereito e das Institucións da USC organizará a vindeira semana unha mesa redonda na que se debaterá sobre a orixe de Cristobal Colón. No Salón de Graos da Facultade de Dereito o martes 15 e con entrada libre, a mesa desenvolverase baixo o lema ‘A teoría da orixe galega de Cristobal Colón’ e contará coa presenza de Guillermo García de la Riega Bellver, Modesto Manual Doval Montes e Eduardo Esteban Meruéndano, considerados tres destacados defensores da orixe galega de Colón, moderados pola profesora de Historia do Dereito Mª Teresa Bouzada.

Os participantes exporán os argumentos que lles permiten defender unha orixe galega, e máis concretamente, pontevedresa, do descubridor e a súa relación con Pedro Madruga, amparándose na abundante documentación de diversa natureza recollida xa dende finais do século XIX polos iniciadores e continuadores da Teoría. Argumentos histórico-xurídicos, lingüísticos e toponímicos, así como as consecuencias que para a comunidade galega tería a aceptación desta teoría serán comentados na mesa redonda.

 

http://www.elcorreogallego.es/portada/ecg/debate-historia-cristobal-colon-na-usc/idEdicion-2013-10-08/idNoticia-830809/

Agradecimiento de Celso García de la Riega

Carta del Sr. La Riega

Sr. D. Manuel Castro López, Director de El Eco de Galicia

Buenos Aires.

Diario Celso 15:12:1910Mi querido amigo y paisano: Con la mayor satisfacción he visto en el acredi­tado semanario que V, dirige, correspon­diente al 10 de Noviembre último, la patriótica y entusiasta carta del ilustre Dr Riguera Montero, iniciando con expléndido donativo la suscripción pública para erigir en Pontevedra un monumento al descubridor de América. Nada más plausible que tan bello y adecuado pensamiento; pero como quiera que en aque­lla notable carta se propone igual dis­tinción para mi, por haber hallado y reunido diversos datos y documentos que revelan inesperadamente la proba­ble naturaleza española del insigne navegante, y considerando que esta circunstancia más bien se debe a un azar de la suerte o de la casualidad y no basta de ningu­na manera para justificar aquél alto ho­nor, ni cosa que se le parezca, suplico aV. tanga a bien insertar la presente car­ta en El Eco de Galicia para manifestar a sus lectores que, si se lleva a cabo la expresada suscripción, su producto se destinará exclusivamente a enaltecer y perpetuar la memoria de Colón, ante cuya excelsa personalidad la mía se ha­lla a tan enorme distancia que no hay posibilidad de unirlas para solicitar la cooperación publica ni pura ningún otro objeto.

Excelente idea, repito, es la del monu­mento a Colón; pero me permito someter al Dr. Riguera Montero, y a los señores que secunden la suscripción, el siguiente proyecto: que en lugar de amortizarse una cantidad mayor o menor en levantar aquella obra, se invierta en instalar una escuela, ya de primera enseñanza, ya de marinería y pesca, que llevo el nombre de Escuela Coloniana, pues ya no debe decirse colombina.

Dando muy expresivas y sinceras gra­cias al generoso Dr. Riguera por su be­névola mención y a Vd. por su amabili­dad y por su valioso y constante apoyo a cuanto redunde en beneficio y honra de la patria, se repite suyo affmo. amigo y

s. q. s. m. b.,

Celso García de la Riega.

Pontevedra, Diciembre 12 de 1910.

Con gusto reproducimos la anterior patriótica carta; que el Sr. La Riega di­rige al director de El Eco de Galicia.

Justísimas nos parecen las alabanzas al gran gallego Dr. Riguera Montero, uno de los hombres que dentro y fuera de Galicia han laborado más por los prestigios de esta hermosa región.

Su rasgo, ofreciendo mil pesos para el monumento de Colón, retrata de cuer­po entero a este querido paisano nuestro que, sin disponer de una gran fortuna, dispone sin embargo de una parte de ella para que en Pontevedra tengamos un testimonio perenne y eterno que re­cuerde al glorioso descubridor del Nue­vo Mundo.

Riguera Montero cuenta desde hoy con el carillo, la admiración y gratitud de Pontevedra y de Espada entera por su acto de relevante patriotismo, que irá unido siempre a esta afortunada empre­sa, en que se hermanan el nombre de Colón y del pueblo español.

Colón y Toscanelli

La Ilustración Española y Americana 15 de Agosto 1903

Colón y Toscanelli

Colón y Toscanelli 1Una de las cuestiones suscitadas recientemente acerca de los hechos que produjeron el descubrimiento de América, es la relativa á la autenticidad de la correspondencia habida entre Colón y el cosmógrafo italiano Pablo Toscanelli. El distinguido diplomático norteamericano Mr. Enrique Vignaud la estudia en su notabilísimo libro titulado La carta y el mapa de Toscanelli sobre la ruta de las Indias por el Oeste, enviados en 1474 al portugués Fernán Martins, y trasladados más tarde á Cristóbal Colón, en el cual, aparte de ciertas débiles reservas, Mr. Vignaud se inclina ostensiblemente á la solución de que la mencionada correspondencia es apócrifa, á cuyo efecto hace dos afirmaciones esenciales: que al embarcarse para su magna empresa, Colón no poseía ninguna teoría científica, y que es verdaderamente cierta la leyenda del piloto náufrago que comunicó al inmortal marino noticias seguras y positivas acerca de la existencia de tierras al Oeste del Atlántico. Para el examen detenido de este curioso libro no bastaría el corlo espació del presente artículo, que sólo tiene por objeto informar al público y llamar sobre tan interesante materia la atención de los doctos

 II

Mr. Vignaud no demuestra, en mi concepto, la calidad de verdadera que atribuye á la historieta del piloto náufrago. Sería muy presuntuoso por mi parte el intento de apoyar los razonamientos concluyentes, incontestables, de los diversos sabios escritores que han dado por resuelto esto punto, después de analizar y repudiar los cuentos do López do Gomara y de Garcilaso de la Vega. El ilustrado crítico interpreta á Oviedo y á Las Casas, y le basta apreciar que ambos historiadores no hacen unanegación absoluta para afirmar que apoyan en cierto modo aquella leyenda. Sin embargo, el primero dice categóricamente que la tiene por falsa, calificándola de novela, y el segundo viene sencillamente á declarar quo no quiere ocuparse en rechazarla. Pero Mr. Vignaud no ha querido, sin duda, aquilatar los orígenes precisos del cuento, que, en el caso de ser verdadero, tan sólo podrían haber consistido en la locuacidad ó declaración del propio intoresado, y no puede concebirse que Colón hubiera dado publicidad á hechos que desconceptuarían sus méritos y desvanecerían su gloria: semejante solución es inaceptable, aunque Mr. Vignaud suponga que el gran navegante era persona sumamente expansiva, calificativo que no corresponde al hombre que sólo habló una vez de su mujer, nebulosamente por cierto, y que reservó con tenacidad los antecodentes de su vida, de sus padres y su familia y de su origen. Semejante novela es, en resumen, análoga á la de la Cava ó Florindadel rey godo don Rodrigo (1): el Silence y Pedro del Corral dieron vida y nombre á sus personajes, exactamente lo mismo que Garcilaso do la Vega hizo con respecto a la del piloto náufrago. Y gracias á que el descendiente de los Incas encontró la historieta en el. Perú, y á qne «no lo prestó gran atención por ser mozo cuando la oyó a su padre», pues, en otro caso, nos hubiera dicho la edad del naufrago, si era rubio ó moreno, y hasta los nombres do sus abuelos. Lástima es qne Mr. Vignaud, quo penetra en las más recónditas intenciones y analiza minuciosamente las causas posibles de los hechos, no haya fijado su atención en un detalle muy adecuado para que aplicase sus profundos conocimientos científicos: el de si pudieron reinar en el Atlántico, con la fuerza y la constancia indispensables, la borrasca y los vientos necesarios para quo el fantástico piloto arribase, contra su voluntad, á las islas ó tierras del nuevo continente, hecho muy dudoso, por no decir inverisímil.

III.

Muy aventurada es la aseveración de que el inmortal descubridor, cuando se embarcó en Palos, no poseía ninguna teoría cientílica. Para evidenciar su inexactitud noColón y Toscanelli 2 es preciso examinar menudamente los raciocinios de Mr. Vignaud. Bastará consignar que el distinguido crítico prescinde en absoluto de las memorables conferencias de Salamanca, en las cuales Colón discutió con teólogos, matemáticos y cosmógrafos, habiendo obtenido las simpatías y el apoyo de algunos de ellos: pero no so trata de las fantásticas sesiones de que habla con la mayor arbitrariedad, lo mismo quo de otros pormenores de la historia del descubrimiento, Mr. Rosselly de Lorgues, quien confundiendo y amalgamando la junta du Cordoba, opuesta á los proyectos de Colón y presidida por el prior del Prado, Fr. Hernando de Talavera, con las conferencias de Salamanca, promovidas posteriormente por el P. Daza y favorables á dichos proyectos (confusión en que también incurrieron Hunboldt, Irving y varios escritores de cuenta”) , dio rienda suelta á su imaginación y á su pluma, refiriéndose á unas actas qae no existieron ni existen en ninguna parte, á unos colegios salmantinos que no habia, pues fueron creados en el siglo XVI, al nombramiento de un vicepresidente para la junta, y á la presencia en las discusiones de damas eruditas que á, la sazón residían on diversos lugares del reino. Basta, repito, la mención de dichas conferencias para destruir la afirmación do Mr. Vignaud, aunque se pudiera añadir otras pruebas de que Colón al embarcarse para su empresa no era un lego. Por ejemplo: en el preámbulo de su diario de navegación del primer viaje, dice que se dirige al pais del oro y de las especias, á Zipango y al Catay, que. es la enunciación clara de la teoría científica de llegar á las tierras del Oriente por el camino del Occidente; y aquí es oportuno consignar la observación de que Colón copia al pie de la letra, en el mismo preámbulo, unas lineas de la carta de Toscanelli al portugués Martins, donde se oxpliea el signiiicado de la frase «Gran Kan, que quiere decir en nuestro romance Rey de los Reyes».

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