Celso García de la Riega

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Agradecimiento de Celso García de la Riega

Carta del Sr. La Riega

Sr. D. Manuel Castro López, Director de El Eco de Galicia

Buenos Aires.

Diario Celso 15:12:1910Mi querido amigo y paisano: Con la mayor satisfacción he visto en el acredi­tado semanario que V, dirige, correspon­diente al 10 de Noviembre último, la patriótica y entusiasta carta del ilustre Dr Riguera Montero, iniciando con expléndido donativo la suscripción pública para erigir en Pontevedra un monumento al descubridor de América. Nada más plausible que tan bello y adecuado pensamiento; pero como quiera que en aque­lla notable carta se propone igual dis­tinción para mi, por haber hallado y reunido diversos datos y documentos que revelan inesperadamente la proba­ble naturaleza española del insigne navegante, y considerando que esta circunstancia más bien se debe a un azar de la suerte o de la casualidad y no basta de ningu­na manera para justificar aquél alto ho­nor, ni cosa que se le parezca, suplico aV. tanga a bien insertar la presente car­ta en El Eco de Galicia para manifestar a sus lectores que, si se lleva a cabo la expresada suscripción, su producto se destinará exclusivamente a enaltecer y perpetuar la memoria de Colón, ante cuya excelsa personalidad la mía se ha­lla a tan enorme distancia que no hay posibilidad de unirlas para solicitar la cooperación publica ni pura ningún otro objeto.

Excelente idea, repito, es la del monu­mento a Colón; pero me permito someter al Dr. Riguera Montero, y a los señores que secunden la suscripción, el siguiente proyecto: que en lugar de amortizarse una cantidad mayor o menor en levantar aquella obra, se invierta en instalar una escuela, ya de primera enseñanza, ya de marinería y pesca, que llevo el nombre de Escuela Coloniana, pues ya no debe decirse colombina.

Dando muy expresivas y sinceras gra­cias al generoso Dr. Riguera por su be­névola mención y a Vd. por su amabili­dad y por su valioso y constante apoyo a cuanto redunde en beneficio y honra de la patria, se repite suyo affmo. amigo y

s. q. s. m. b.,

Celso García de la Riega.

Pontevedra, Diciembre 12 de 1910.

Con gusto reproducimos la anterior patriótica carta; que el Sr. La Riega di­rige al director de El Eco de Galicia.

Justísimas nos parecen las alabanzas al gran gallego Dr. Riguera Montero, uno de los hombres que dentro y fuera de Galicia han laborado más por los prestigios de esta hermosa región.

Su rasgo, ofreciendo mil pesos para el monumento de Colón, retrata de cuer­po entero a este querido paisano nuestro que, sin disponer de una gran fortuna, dispone sin embargo de una parte de ella para que en Pontevedra tengamos un testimonio perenne y eterno que re­cuerde al glorioso descubridor del Nue­vo Mundo.

Riguera Montero cuenta desde hoy con el carillo, la admiración y gratitud de Pontevedra y de Espada entera por su acto de relevante patriotismo, que irá unido siempre a esta afortunada empre­sa, en que se hermanan el nombre de Colón y del pueblo español.

Patria de Colón Revista Eco de Galicia

Patria de Colón

El Día de la Raza

Publicado en Eco de Galicia La Habana 14 de Octubre 1917

Eco_galiciaHoy 12 de Octubre de 1917, se cumplen 425 años, que fué descubierto el Nuevo Mundo o Continente Americano, llamado impropiamente América descubierto por el genio del piloto o nauta galiciano llama­do Cristóbal Colón y Fonterosa; constituyendo el descubrimiento de América, el acontecimiento más grande y trascendental que registran los anales de la Historia de España, y viene a ser una de las grandes epopeyas que recuerda la Historia y can­ta la Poesía cuya fecha, día o efemérides, ha sido declarado oficialmente Día de Co­lón o de la Raza, no sólo por España, si que también por los Estados o Repúbli­cas que se han formado de los dilatados dominios, que formaron el vasto imperio hispánico, que motivó la frase histórica “en mis dominios no se pone el sol”.

El día 12 de Octubre de 1492 y el 10 de Diciembre de 1898, son dos fechas me­morables para España: la una gloriosa y la otra luctuosa, que limitan y compendian todo un período de 406 años de gloria y honor, de grandeza y de proezas, de erro­res y de desaciertos, que demuestran el fausto acontecimiento del descubrimiento de la virgen América y el infausto o sea la cesación para siempre, de la domina­ción española, sobre las tierras que aún le quedaban de su dilatado imperio colonial, que descubrió, colonizó y civilizó, llevan­do a ellas el frondoso árbol del cristianis­mo, y que la inepcia de sus ambiciosos gobernantes y políticos corrompidos, faltos de patriotismo, llevaron al desastre.

La portentosa hazaña del descubrimien­to de América, no fué realizada por unguerrero rodeado por la aureola del triun­fo, o por un estadista o político que impo­ne su voluntad tiránica a los pueblos libres, no; fué descubierta por un humilde marino gallego que, conociendo los errores y preocupaciones religiosas y político-so­ciales de su tiempo, se vió obligado, para conseguir el fin que perseguía, a ocultar su familia y su patria nativa o de origen, atribuyéndose nacionalidad italiana para tener acceso ante los poderes públicos, cambiando su nombre de Cristóbal Colón por el italiano de Cristhoforo Colombo, cu­yo apellido de Colombo, llevaban varias fa­milias de marinos ilustres de la República de Génova.

Y en este siglo XX debido a los nuevos procedimientos de investigación histórica en los Archivos de España, se ha corrido el velo del misterio que cubría la verdade­ra patria de Colón, restablecida la verdad histórica, vindicada España y proclamada Pontevedra patria nativa del insigne navegante, mal que pese a tres o cuatro in­dignos hijos de nuestra asoballada Gali­cia, y entre ellos el venerable escritor Don Manuel Murguía y Don Casto Sampedro; el primero lo hace—él mismo lo dice—pa­ra vengarse de los disgustos que le dió el ilustre historiador Celso de la Riega, verdadero descubridor de la patria galiciana de Colón, a quien derrotó en toda discu­sión histórica y denunció ante la Acade­mia de la Historia de España los errores históricos de que están plagados los tres primeros y únicos tomos de la Historia de Galicia, que escribió Murguía y pagó y sigue pagando la Caja del Centro Gallego de la Habana, cuyos ejemplares hay que refundirlos con los nuevos descubrimien­tos históricos, a la vez que, corregir los grandes errores denunciados y comproba­dos por la Academiade la Historia de España, que lo serán as kalendas grecas; y el segundo, gallego espireo, es intitu­lado arqueólogo de Pontevedra, llamado Casto Sampedro, que fué el principal co­laborador que tuvo La Riega, en sus investigaciones sobre la patria de Colón, en los Archivos de Pontevedra, el que trató sin saber historia, ni saber escribir, de adelantársele a La Riega, en llevar los honores de descubridor de la Patria de Colón, publicando un libro dando a co­nocer la fausta noticia y como no pudo hacerlo, satisfaciendo su orgullo y vanidad, dice ahora, que los documentos están falsificados; esto es incierto y falso, y si lo estuvieren el falsificador será él. ¡Oh vanitas vanitatum! que nos ordena ir contra la patria!

Es tanta la abundancia de pruebas tan­to documental como indiciaría qué existe para probar la patria gallega de Colón, que cada día se encuentran nuevas pruebas.patria_colón Después del fallecimiento de La Rie­ga, la Comisión Colombina “Pro Patria Española de Colón”, que con tanto acierto preside el ilustrado Diputado Provincial Sr. Prudencio Otero Sánchez, exhumó de los viejos archivos seis nuevos documentos en donde aparecen los nombres de Juan de Colón y Cristóbal Colón; en la Igle­sia de Santa María la Grande, en una de sus capillas hay una inscripción que dice: “Os do cerco Juan de Neto é Juan de Co­lón fixeron esta capilla”; y delante de la vieja e histórica casa que existe en Porto Santo y que la tradición histórica llama La Casa de. los Colones, hay un cruceiro cubierto de musgo, como de tres metros de altura, en el basamento tiene una inscripción debajo de dos huesos cruzados que dice: Juan de Colón-Rº 1490. Todas estas pruebas indiciarías las hemos reconocido y examinado nosotros. Ya ven, pues, los detractares de nuestro pueblo, que abundancia de pruebas existen que no tienen ninguna de las ciudades italianas que se disputan la cuna del Gran Almirante.

Si Colón fuera castellano o andaluz, no habría discusión y la verdadera patria hubiera sido admitida por la opinión como un artículo de fe.

          Constantino Horta y Pardo

Pontevedra y Setiembre 15 de 1917

Pontevedra, la Cuna de Colón

Pontevedra, la Cuna de Colón

Eco de Galicia Junio de 1917

Eco de Galicia Nº 1El proceso de la verdadera patria del des­cubridor de América, acaba de entrar en una nueva fase, por virtud de los nuevos hallazgos de seis documentos exhumados de los históricos Archivos de Pontevedra, cu­yos documentos reúnen todas las condicio­nes de autenticidad, por haber sido otorga­dos ante notario o fedatario público, en los que aparecen los nombres de Cristóbal de Colón, Juan de Colón y otros de per­sonas de la genealogía del Descubridor.

Los documentos encontrados se refieren: los unos a cuentas de obras efectuadas en la iglesia de Santa María la Grande, de Pon­tevedra. y los otros al Gremio de Mareantes, al cual pertenecía la gente de mar: dichos documentos de autenticidad indubitada, fueron sometidos a la consideración de las Reales Academias de la Historia de Espa­ña y de Portugal, y vinieron no sólo a reafirmar la tesis galiciana de La Riega, sí que también, aclarar o desvanecer alguna du­da y correr una tenue sombra, que aún existía para los profanos e incrédulos, en el proceso de la patria española del des­cubridor del Continente Americano; por más que,para los colombistas y personasque venimos siguiendo el curso de los des­cubrimientos históricos referentes a la cu­na del Gran Almirante, somos de opinión de que este tan debatido problema histó­rico, se halla ya resuelto.

La gloria de haber despejado la incóg­nita y corrido las sombras que envolvían, el pueblo en que vinoal mundo el descu­bridor de las Indias Occidentales, cúpole al eminente historiador y polígrafo doctor Celso Garcia de la Riega, que acaba de bajar a la tumba, después de treinta años de pacientísiinas investigaciones históricas para reivindicar para España la patria de Colón: legando a los pueblos de América de origen hispano, su monumental obra Colón Español, de la que se ha publicado un extracto, y de cuyo libro se han hecho traduc­ciones a los principales idiomas y se saca­ron facsímiles de todos los documentos en­contrados en los Archivos de Pontevedra, en cuyos documentos se mencionan los nombres, apellidos paterno y materno de los fa­miliares del navegante Cristóbal Colón v Fonterosa.

Para continuar, o más claro, para coronar la obra del historiógrafo La Riega, se ha constituido en Galicia una comisión o junta de patriotas, formada o integrada por historiadores, eruditos, literatos, periodistas. arqueólogos, paleógrafos, etc., a la que se ha invitado a la Real Academia de la Historia, para que, sometiendo a un atento examen la labor histórica del lexicógrafo La Riega, dictaminen, después de adquiri­da la firme convicción de que Colón nació en Pontevedra, y eleven su dictamen a la docta Real Academia de

la Historia, para que esta sabia corporación rectifique el error histórico de que Colón nació en Génova, proclamando urbe et orbi. ante la faz de las naciones, de que Colón nació en Pontevedra. o lo que es lo mismo, en España.

Para cuyo efecto la Comisión Colombina o Coloniana, ha dado comienzo a un minu­cioso examen de revisión histórica, desen­trañando la prueba documental yConstantino Horta y Pardo aquilatando la prueba indiciaría aportada al pro­ceso histórico, y que La Riega presente an­te el mundo civilizado, para justificar su tesis, fundada y razonada, de que el Almi­rante del Océano y Primer Virrey de las Indias y Tierra Firme, no ha nacido en Génova, o más claro, en Italia, como errónea­mente se ha venido diciendo a través de la Historia, y si nació en Pontevedra, cuyos trabajos se hallan muy adelantados; diri­giéndose, asimismo, la Comisión Coloniana. a los municipios, provincias, corporacio­nes de cultura, para que a la vez que pres­ten su apoyo, voten los créditos necesarios para la publicación de los trabajos histó­ricos que se están efectuando, para la pro­clamación de la patria española del des­cubridor de América.

CGRLa obscuridad en que se hallaba envuelta la verdadera patria del descubridor de es­ta hermosa tierra cubana, las sombras que cubrían su nacimiento, su infancia, sus ascendientes y su vida hasta la aparición en España con el provecto de descubrimien­to de nuevas tierras, más allá del Mar Te­nebroso; la confusión y divergencia de opi­niones entre los autores que han tratado de su vida; la deficiencia de los documentos presentados al proceso por las ciudades ita­lianas que se disputaban su cuna, habían creado innumerables dudas, dando lugar a que muchos historiadores le negasen la ca­lidad de Genovés.

Asimismo ninguno de los biógrafos e his­toriadores generales o particulares de las Indias coetáneos al Descubrimiento y con­temporáneos de Colón, que le siguieron los unos y acompañaron los otros en sus viajes, ninguno afirma que Colón hubiera nacido en Genova; es más, dudan que aquel gran­de hombre fuera italiano, pues en parti­culares conversaciones, en sus relaciones más íntimas, nunca so le oyó hablar de los pueblos de Italia, y menos aún en lenguaje italiano del que no dejó escrito ni una so!a frase, pues la carta dirigida al Oficio de San Jorge, de Génova, está escrita en latín.

Por otra parte, sus amigos más íntimos, que más de cerca siguieron sus pasos, acom­pañándole en sus viajes y asesorándolo en sus empresas y gestionándole sus asuntos en la Corte de los Reyes Católicos, ningu­no dice que sea genovés: ni sus mujeres, ni sus hijos pudieron responder, a ciencia cier­ta, sobre la patria de su padre. Todo lo cual viene a corroborar la afirmación de su hi­jo Fernando que, en su obra La Vida del Almirante, dice: “que su padre quiso hacer desconocido o incierto su origen y patria” cuya historia dió a conocer al mundo ci­vilizado, sin haber dicho donde había naci­do su padre; y todo esto que decimos pue­de verse en los libros existentes en la Bi­blioteca Colombina de Sevilla, que tratan del descubrimiento de América y de la per­sonalidad del Gran Almirante.

Ahora bien, la Historia del Descubri­miento aceptó y propagó la nacionalidad Génovesa de Colón, por carecer de pruebas evi­dentes basadas en auténticos respetables y autorizados documentos, revestidos de todas las solemnidades que el caso requería, como son los que ante el mundo civilizado presen­ta el polígrafo La Riega ; pues la prueba que aportan las ciudades italianas toda está ba­sada en la frase: de Génova salí y en Génova nací, cuya frase fué estampada al constituirse la institución de su .Mayo­razgo.

Desde Colón hasta nuestros días ningún historiador ha probado nada, limitándose los unos a copiar los errores de los otros; pues los testimonios presentados por las ciudades italianas están fundados en el apellido Colombo. que Colón usó algún tiempo, para hacerse pasar por descendien­te de marinos ilustres do la República de Génova, cuyos testimonios fueron desecha­dos por la crítica histórica por su dudo­sa autenticidad; y los documentos justifi­cativos son apócrifos los unos y mixtifica­dos los otros con falsedades notariales, por haberse agotado en Italia las fuentes de información respecto a la supuesta proge­nie de Colón.

El único historiador que prueba que ha investigado es el etnólogo La Riega, que ha estudiado concienzudamente todos los libros y folletos que sobro el Santa Mariadescubrimiento de América se han publicado en los principales idiomas. Hablar de la labor intelectual del erudito La Riega es hablar del esfuerzo de un gigante, de un trabaja­dor incansable, que ha consagrado la mi­tad de su vida al firme propósito de lle­var a cabo la vindicación de la patria es­pañola del descubridor del Hemisferio Americano.

La Comisión Colombina que viene es­tudiando atenta y detenidamente la prue­ba documental o indiciaría, presentada ante el mundo americano por el historiógrafo La Riega, ha establecido hasta ahora, las siguientes deducciones:

Que, Cristóbal Colón o de Colón, des­cubridor de América, nació en Ponteve­dra, en el año 1436 o en 1437, habiendo sido sus padres Domingo de Colón, llama­do o conocido por el Mozo; su madre, Su­sana Fonterosa; y su abuelo, Domingo de Colón, el viejo, que tuvo por hermanos a Blanca y a Bartolomé de Colón, emigran­do éste a Córdoba.

Que, Antonio de Colón, fue padre de Juan de Colón, y si Abrahan Fonterosa o Jacobo Fonterosa, el Viejo, fue padre de Susana, madre de Colón, siendo de origen semítico.

Que, el Almirante de las Indias, hubo que estudiar el idioma o lengua latina en algunos de los conventos de Pontevedra, así como también nociones o ideas de cosmografía y matemáticas con el cosmógrafo Gonzalo de Velasco, autor de una carta o Mapa-Mundi y con que el concejo de Pontevedra, obsequió al Arzobispo de Santiago, Señor de Pontevedra.

Que, por el año 1451, y como a los 14 años de edad, Colón se embarcó, empezando su carrera de marino; y, emigrados de Pontevedra sus padres y su hermano Bartolomé a fines de 1452 que pasaron a Portugal y de este país emigraron a Italia, estableciéndose en Génova y más tarde en Saona.

Que, Colón era mareante, cosmógrafo, cartógrafo y piloto, que había sido criado en las rías gallegas que miran al Océano, y que en Italia se dedicó a la navegación en buques genoveses, y lo mismo su hermano Bartolomé que navegó en barcos lusitanos que traficaban con los puertos del Mediterráneo, y debido a esta circunstancia Cristóbal se trasladó a Lisboa,etc.

En su virtud, es necesario volver por los fueros de la verdad histórica, rectificando las falsas opiniones emitidas, diciendo que el descubridor de América ha nacido en Génova; es preciso borrar esa página de la historia del Descubrimiento de América, de los libros para la enseñanza en las escuelas y colegios, restableciendo la verdad triunfante de la Historia, que es el fallo y juicio de la posteridad. Y, como quiera que todos los historiadores del Descubrimiento están conformes en que la nave capitana de Colón se llamó primera­mente “La Gallega” y había sido construi­da en los astilleros de Pontevedra, ya pode­mos gritar: no fue un genovés, italiano o corso quien sobre navío español, según diciendo se venia, descubrió la virgen América; fue un gallego pontevedrés, navegando en su nave “La Gallega” como primeramente se llamó la carabela “Santa Ma­ría” . En los astilleros de Pontevedra cons­truida, quien llevo a cabo la gigantesca empresa del descubrimiento del Continente Americano.

La Habana, mayo 20 de 1917.

                                             Constantino Horta.

Fotos por orden: Constantino Horta y Pardo, Celso García de la Riega y Nao La Gallega

Academia Gallega

Eco de Galicia Habana, 20 de Julio 1917 Nº 6

Academia Gallega

Eco de Galicia Nº 6La Idea Moderna”, deLugo, en su número del 28 de mayo último, publicó una nota oficiosa de la Real Academia Gallega, nota que ningún periódico coru­ñés (quiso insertar, por entender que es una vergüenza para la región y un baldón insigne para aquella entidad que vive a expensas de los gallegos residentes en la Habana, engañados por los académicos que dirigen y mangonean la llamada cueva céltica. En esa nota se hacía público el acuerdo adoptado por dicha Corporación de salir al paso de los defensores de la idea de que Colón fué gallego; para im­pugnarla por todos los medios, porque ella—la Academia—no puede tolerar que sepropale tal descubrimiento.

Es decir: que la Academia Gallega, pre­sidida por don Manuel Martínez Murguia. de quien no cabe afirmar siquiera que es gallego, porque ni en gallego es­cribe ni por Galicia ha hecho nada si no recoger la pecunia que le libran religiosa­mente de la Habana y de las provincias de la región, no es capaz de depurar nuestra lengua y ni saca a flote el Diccionario ni la Gramática; pero, en cambio, dedica su esfuerzo a negar glorias reconocidas por ­los de fuera y admitidas como gallegas por doctas entidades con las que en vano tratará de competir.

Y confieso mi pecado: he sido hasta ahora académico, pero me consideré en el caso de lanzarme voluntariamente fue­ra de ella después de la sesión ridícula y antipatriótica por aquel centro celebrada y en la cual se acordó solemnemente, asistiendo los 4 mangoneadores que ayudan a Murguia a disfrutar de la prebenda que le dispensan los gallegos de Cuba, em­prender una propaganda activísima para demostrar (mucho demostrar sería) que Colón ni fué natural ni siquiera oriundo de Galicia.

Empecemos por sentar la proposición previa de que la Academia Gallega, que es de la lengua y no de la Historia, no es, no puede ser, la llamada a ventilar este asunto que se aparta de su jurisdicción. Murguia sigue cabalgando, en brioso ala­zán. asistiendo al combate de Clavijo, del cual no pasará su Historia que tantos mi­les de pesetas lleva costado a Galicia; el Diccionario y la Gramática aparecerán pa­ra las calendas griegas; y gracias que los buenos hablistas usan las lecciones del sabio Saco Arce; pero, en cambio, no pue­de soportar la doctísima Corporación que Galicia tenga una gloria más. Es cosa que le enfada, le enoja, le molesta, le exci­ta, le exalta, le exaspera.

Y la explicación es bien sencilla. Mur­guia odió mortalmente a Celso García de la Riega, le odió como odia a todo hombre que vale, porque él quiere ser el úni­co valor literario de esta región, sin ad­vertir que este valor va muy en mengua, porque cada cual sabe el secreto de todas estas cosas.

Cuando Celso García de la Riega, en­fermo de cuerpo, pero sano, muy sano, de intelecto, escribía desde el lecho de dolor. aquellas diatribas que hicieron a Mur­guia morder el polvo del mayor ridículo y del fracaso más señalado, el Presidente de la Real Academia Gallega. guardó un estudiado silencio que fué comentadísimo, porque a través de él, se veía al derrotado. Murguia, estilista brillante, acaso, no es historiador, ni gramático, ni siquiera hombre erudito, capaz de contender con un escritor del fuste de la Riega.

Murió éste para desventura de Galicia; la región perdió un sabio que soñaba con las glorias de su país, al cual consagra­ba todo su valer incalculable.

Y entonces, Murguia. que no pudo lu­char con Garcia de la Riego, vivo y en ple­nitud de facultades intelectuales, pensó vengarse después de muerto aquel ilustre escritor y publicista. La pluma gallarda, el estilete penetrante habían sido rotas por la muerte y ya nada tenía que temer el Presidente de la Real Academia Gallega.

Derechamente va a ello, y arrastra a la manada de ovejas que le siguen y ayudan a gozar de las pesetas de los paisanos que en Cuba residen para lanzar urbi et orbi que Colón no fué gallego ni de aquí origi­nario, que todo eso es una patraña y que Galicia, unida por lazos espirituales y de cariño a América, no quiere llamarse ma­dre deí hombre ilustre que descubrió aquel país de nuestros afectos.

La labor no puede ser más antipatrióti­ca y a atajarla debemos dedicarnos los gallegos amantes de las glorias de nues­tra región, desenmascarando a los farsan­tes que tratan de restarlas y poniendo al desnudo ante el mundo entero a esos en­diosados pigmeos que no son gallegos en sentimientos ni merecen ser llamados así, porque realizan obra contra Galicia.

Es preciso que se sepa en todas partes que esta región nada tiene que ver con cuatro mentecatos dispuestos a halagar só­lo a quienes le suministran el condumio, aunque para ello sea preciso llevar a ca­bó todas las humillaciones, pero que no son capaces de ninguna labor noble, lle­gando hasta negar a su propia patria.

Que el sacrificio que hacen los gallegos por sostener esta mal llamada Academia no continúe: que se descubra quien es Mur­guia el litiputiense de cuerpo y de alma, que no tiene corazón para sentir ni en­tendimiento para dar a Galicia lo que han sabido darle hombres de la talla de Celso García de la Riega.

 Un Coruñés,

Ex-acadéinico de la Gallega

La Academia Gallega y la Patria de Colón

Respuesta al anterior artículo Eco de Galicia Habana 10 Agosto 1917

Eco de Galicia Nº 8Revuelo y grande ha causado entre algunos elementos de la colonia gallega el artículo que sobre el señor Murguía y la patria de Colón, hemos publicado en el número antepasado y que firmaba “Un coruñés ex-académico.”

Y antes de dedicarle nuestros comen­tarios, nos Aparece bueno advertir que el citado trabajo era de colaboración, y que, por lo tanto, esta revista no se hacía, por el hecho de haberlo publica­do, solidaria decidida de los ataques, más o menos duros, con que fustiga su au­tor al ilustre presidente de la Real Aca­demia.

Lo mismo el señor Murguía que el se­ñor Riguera Montero, a quien algunos atribuyen la paternidad de aquel artícu­lo, nos merecen todo género de respetos y consideraciones. Ambos son gallegos meritísimos. Y esta publicación, conse­cuente con su credo de no zaherir repu­taciones y menos de la talla mental de Murguía y Riguera Montero, no puede sino lamentar profundamente el que, entre personalidades de honorabilidad cien veces probada, se dén motivos pa­ra discusiones que siempre han de resul­tar enojosas e improcedentes.

Es verdad que la Academia Gallega tiene en la misma región y sobre todo en La Coruña, detractores irreconcilia­bles que no pueden disimular evidentes despechos e inconfesadas inquinas; ori­ginario todo, según el decir de algunos, a que en la docta corporación domina una especie de “trust” donde se cotizan y expanden mercenariamente patentes de intelecto más o menos efectivo. Y hasta hace poco, la Academia padecía, además, el mal de la inercia. Es innegable que la Academia no halló la ayuda eficaz que debía esperar de los centros oficiales; pero nos parece de una candidez supina creer que esas entidades han de vivir de las dádivas o limosnas del Estado. Hasta ahora, que sepamos, los dirigentes de la Academia no han realizado nada tendente a acrecentar sus recursos entre los particulares, a fin de reforzar la acción económica de los gallegos de América. Y ello acusa una negligencia censsurable e incomprensible.

Ahora bien ¿Es el señor Riguera Montero el inspirador o autor del trabajo contra el venerable señor Murguía?. Si lo es, ¿es producto de sus simpatías hacia la obra de Celso García de la Riega, su trabajo? Venga en buena hora la vindicación del malogrado difundidor de la verdadera patria de Colón, si es así,. Pero si, por el contrario, el señor Riguera Montero obra a impulsos de ocultos y antiguos resabios contra el presidente de la Academia, es inadmisible la forma de ataque al señor Murguía por el punto de vista que sostiene, quizás con honradez

Por nuestra parte, entendemos que cualquiera, menos el Presidente de la Real Academia Gallega, puede invitar­nos a dejar por absurdas las conclusio­nes obtenidas tras largos años de estu­dios profundamente pacientísimos del di­funto García de la Riega, acerca de la verdadera patria de Colón. Y si el ilus­tre historiador de Galicia era enemigo de La Riega, peor que peor.

Sin embargo, a nosotros nos parece duro e injusto el calificativo aplicado al señor Murguía por “Un coruñés ex-académico” de anti-patriota. Cuando más, puede acusarse al venerable presi­dente de la Academia, de indiscreto, ya que su obstinación en presentar los tra­bajos de García de la Riega como pro­ducto de una imaginación anormal, tiene necesariamente que herir en lo más hon­do, a cuantos desde hace tiempo venimos siguiendo y admirando la labor realiza­da por el pontevedrés preclaro y sus continuadores.

Nosotros, que miramos con simpatía la labor de la Sociedad Iniciadora y Protectora de la Real Academia Gallega, y que a su sostenimiento contribuimos como cuadra a nuestras limitadas fuer­zas, queremos hacer constar que ningún empeño tenemos en restarle prestigios, que dicho sea de paso, los tiene ganados en buenas y honrosas lides.

Amamos la Academia Gallega como el que más; por eso, precisamente, nos duele que los que la dirigen allá, en la tierra, la pongan en evidencia con de­claraciones que pugnan lastimosamente con la sagrada misión que se les tiene confiada.

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