Celso García de la Riega

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Agradecimiento de Celso García de la Riega

Carta del Sr. La Riega

Sr. D. Manuel Castro López, Director de El Eco de Galicia

Buenos Aires.

Diario Celso 15:12:1910Mi querido amigo y paisano: Con la mayor satisfacción he visto en el acredi­tado semanario que V, dirige, correspon­diente al 10 de Noviembre último, la patriótica y entusiasta carta del ilustre Dr Riguera Montero, iniciando con expléndido donativo la suscripción pública para erigir en Pontevedra un monumento al descubridor de América. Nada más plausible que tan bello y adecuado pensamiento; pero como quiera que en aque­lla notable carta se propone igual dis­tinción para mi, por haber hallado y reunido diversos datos y documentos que revelan inesperadamente la proba­ble naturaleza española del insigne navegante, y considerando que esta circunstancia más bien se debe a un azar de la suerte o de la casualidad y no basta de ningu­na manera para justificar aquél alto ho­nor, ni cosa que se le parezca, suplico aV. tanga a bien insertar la presente car­ta en El Eco de Galicia para manifestar a sus lectores que, si se lleva a cabo la expresada suscripción, su producto se destinará exclusivamente a enaltecer y perpetuar la memoria de Colón, ante cuya excelsa personalidad la mía se ha­lla a tan enorme distancia que no hay posibilidad de unirlas para solicitar la cooperación publica ni pura ningún otro objeto.

Excelente idea, repito, es la del monu­mento a Colón; pero me permito someter al Dr. Riguera Montero, y a los señores que secunden la suscripción, el siguiente proyecto: que en lugar de amortizarse una cantidad mayor o menor en levantar aquella obra, se invierta en instalar una escuela, ya de primera enseñanza, ya de marinería y pesca, que llevo el nombre de Escuela Coloniana, pues ya no debe decirse colombina.

Dando muy expresivas y sinceras gra­cias al generoso Dr. Riguera por su be­névola mención y a Vd. por su amabili­dad y por su valioso y constante apoyo a cuanto redunde en beneficio y honra de la patria, se repite suyo affmo. amigo y

s. q. s. m. b.,

Celso García de la Riega.

Pontevedra, Diciembre 12 de 1910.

Con gusto reproducimos la anterior patriótica carta; que el Sr. La Riega di­rige al director de El Eco de Galicia.

Justísimas nos parecen las alabanzas al gran gallego Dr. Riguera Montero, uno de los hombres que dentro y fuera de Galicia han laborado más por los prestigios de esta hermosa región.

Su rasgo, ofreciendo mil pesos para el monumento de Colón, retrata de cuer­po entero a este querido paisano nuestro que, sin disponer de una gran fortuna, dispone sin embargo de una parte de ella para que en Pontevedra tengamos un testimonio perenne y eterno que re­cuerde al glorioso descubridor del Nue­vo Mundo.

Riguera Montero cuenta desde hoy con el carillo, la admiración y gratitud de Pontevedra y de Espada entera por su acto de relevante patriotismo, que irá unido siempre a esta afortunada empre­sa, en que se hermanan el nombre de Colón y del pueblo español.

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Una Obra Admirable

BIBLIOGRAFÍA

Norte Galicia 10 Febrero 1906

En no lejana fecha, nos ocupamos con toda la extensión merecida, en la notable obra recientemente publicada por el eminente filólogo D. Manuel Rodríguez y Rodríguez.

No obstante esto, insertamos hoy el si­guiente artículo de el Sr. García de la Riega, por la autoridad de la firma y porque deseamos contribuir a que la producción del. Sr. Rodríguez alcance toda la notoriedad merecida.

Una obra admirable

Norte Galicia Celso Garcia de la Riega 10:02:1906Lo es, sin duda alguna, la titulada Ori­gen filológico dd romance castellano,deque es autor ol insigne filológico galle­go Sr, D. Manuel Rodríguez y Rodrí­guez, residente en Santiago, que ya ha­bía demostrado su inmenso talento y su sabiduría en el Estudio clásico sobre el análisis de la Lengua española y en sus Apuntes gramaticales sobre el romance gallego de la Crónica Troyana.

La mencionada obra inspira la mayor admiración, tanto por los profundos co­nocimientos quo revela, como por ol cla­rísimo método con que el venerable autor desarrolla su ardua tarea y por la minuciosidad verdaderamente bonedictina con que clasifica, analiza, estudia y explica todas las condicionas gramatica­les y fonéticas de ¡as palabras que constan en los primitivos documentos de nuestra literatura patria y especialmen­te en el Fuero Juzgo; esfuerzo maravi­lloso, colosal, y que no podrá ser supe­rado por otro ninguno, a pesar de haber sido realizado por un ciego, doplorable condición quo desde hace varios años aflige al eximio orensano: al reflexionar sobre esta triste circunstancia, nuestro asombro llega á su grado extremo, por­que al sentido de la vista ha tenido que reemplazar en el Sr. Rodríguez una can­tidad de memoria y una solidez de ra­ciocinio que parecen imposibles en el cerebro humano.

No podamos entrar, aunque fuera bre­vemente, en el examen de tan portento­so libro, indispensable no sólo para los literatos y lingüistas españoles, sino tam­bién para todos los que ejerzen la abo­gacía y para los profesores de Gramáti­ca. Carecemos de los conocimientos ne­cesarios para hacerlo, y sería preciso, además, un espacio muy extenso, de que no se puede disponer en las columnas de un periódico diario:- únicamente nos li­mitaremos a encomiar, entro otros, los utilísimos servicios que el libro del se­ñor Rodríguez habrá de prestar para el estudio, esclarecimiento o interpretación de los vocablos que contienen los códi­gos redactados en el antiguó romance galaico castellano. Entro las aprobacio­nes y aplausos alcanzados por esta obra, mencionaremos los del sabio Sr. Méndez Pelayo.

Y conformes con el muy notable tra­bajo de crítica del mismo libro, hecho por el Sr. Riguera Montero e inserto en La Vos de Galicia, nos permitimos co­piar dos de sus párrafos, que dicen así:

«Principia por enumerar el ilustre ciego orensano, en la introducción de su obra, los diversos idiomas que progresi­vamente se han hablado en el suelo ibé­rico, y nos demuestra con autoridades y razonamientos de peso que mucho antes de la traducción en romance caste­llano del Liber Judicum (Libro de los Jueces) hecha on el siglo XIII, bajo el nombre bárbaro de Fuero Juzgo, debió existir, por lo menos, una en lengua gallega. Y, trazando en otro capítulo un bosquejo acerca de la edad del lenguaje galiciano, sobre cuya antigüedad tanto han divagado los autores, haciendo re­montar algunos más allá del siglo VI de la era cristiana, y colocándolo otros en el X ú XI, Rodríguez nos convence con muy cuerdas reflexiones que la época do su nacímiento debe fijarse en los siglos VII y VIII»

»Después de expresar la manera como los bárbaros que invadieron la Iberia en el siglo V, adulteraron la lengua del La­cio, que los españoles habían adoptado cuando los romanos los dominaron, y de examinar minuciosamente la alteración o cambio de la estructura de las pala­bras latinas, concluye con la consecuen­cia de que, habiendo sido el gallego el único Idioma romance quo prevaleció como lenguaje corriente hasta princi­pios del siglo XII, en que empezó a con­vertirse al lenguaje castellano, resulta manifiesta la transición natural del latín al romance gallego y de éste al caste­llano, consecuencia que se comprue­ba con los monumentos más antiguos de la lengua gallega y los primeros de la castellana.»

Concluiremos felicitándonos de que Galicia tenga la honra de contar entro sus más ilustres hijos a! Sr. Rodríguez, a quien damos sincerísima y entusiasta en­horabuena por su inestimable libro

Celso G. De La Riega.

a

Alabanza de Amado Nervo a Celso García de la Riega

La teoría de Colón gallego

Amado Nervo

Amado Nervo era el seudónimo de Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo, poeta y prosista mexicano

Amado_Nervo¡Admiraremos la paciencia franciscana! Nunca se amordace a los que se empolvan en archivos para indagar verdades históricas.

Loados sean.

Vivió hasta hace poco, en la antiquísima Pontevedra, ciudad bloqueada orgullosamente de bellezas, un anciano de frente apostólica y barba fluvial. Su vejez terminó escudriñando papeles, legajos y escrituras, de aquellos famosos siglos del reinado de la Gran Isabel, imagen culminante para la posteridad eterna.

Supe de los hallazgos impagables obtenidos por aquel historiador de paciencia y ciencia, Celso García de la Riega, esclavo de su alto patriotismo; y vi por mis ojos el rastro conductivo para esclarecer cuál pueblo del mundo fue primicia cuna de Cristóbal Colón; punto tan ignorado como discutido.

No cabe duda alguna; el árbol genealógico de Colón, comienza en la provincia gallega de Pontevedra. Aún no se apreció debidamente cuánto vale el Archivo oficial donde las santas manos del muy excelso anciano, García de la Riega, tropezaron con la documentación que nos prueba habitantes de Santa María de Pontevedra a María Fonterosa, madre de Cristóbal y allí nacidos también Bartolomé y Blanca Colón y Fonterosa, hermanos del arrogante marino que hizo célebre el 12 de octubre, día de España y América; fiesta de la humanidad entera.

A esos documentos reliquias, únense otros, no menos interesantes, como ser los antecedentes sobre la salida de Pontevedra del padre de Colón, llevando una carta Cultura gallega Amado Nervodel Arzobispo de Santiago de Galicia, que lo recomendaba al Obispo de Génova, le protegiese en su oficio de navegante: la construcción en los astilleros pontevedreses de la fragata «La Gallega» que a Colón se le antojó, con causa, elegir como buque de su colosal empresa, bautizándolo con el sobrenombre de «Nao Santa María».

Vamos; yo pregunto ¿qué Nación o ciudad de la tierra ha encontrado o enseña, hasta hoy, huellas parecidas a las que guarda Pontevedra española, que llevan al descubrimiento del origen patrio de Cristóbal Colón? ¿Y el cúmulo de pruebas indiciarias acumuladas por la linterna investigadora de la Riega y de los que le siguen, doctor Constantino de Horta y Pardo, doctor José M. Riguera Montero, Prudencio Otero Sánchez, Jaime Solá, Martín Echegaray y José Pérez de Castro?

Atando cabos, se encuentran los yerros. En la leyenda colombina, los cronistas que hicieron la exégesis de las fuentes, padecieron esos yerros.

Volvamos atrás. Estudiemos los acontecimientos, la historia de aquella antigua época, en los pueblos orilla del Lérez. Miremos sin pasión la ruta que nos dejó trazada el viejo patriota que habitó la casa de la calle Real número 2, de Pontevedra y una Asamblea internacional de científicos en la materia, proclamará bienaventurado a Celso García de la Riega, y Galicia ocupará en la Historia del Nuevo Mundo la presidencia de la Gloria.

Academia Gallega

Eco de Galicia Habana, 20 de Julio 1917 Nº 6

Academia Gallega

Eco de Galicia Nº 6La Idea Moderna”, deLugo, en su número del 28 de mayo último, publicó una nota oficiosa de la Real Academia Gallega, nota que ningún periódico coru­ñés (quiso insertar, por entender que es una vergüenza para la región y un baldón insigne para aquella entidad que vive a expensas de los gallegos residentes en la Habana, engañados por los académicos que dirigen y mangonean la llamada cueva céltica. En esa nota se hacía público el acuerdo adoptado por dicha Corporación de salir al paso de los defensores de la idea de que Colón fué gallego; para im­pugnarla por todos los medios, porque ella—la Academia—no puede tolerar que sepropale tal descubrimiento.

Es decir: que la Academia Gallega, pre­sidida por don Manuel Martínez Murguia. de quien no cabe afirmar siquiera que es gallego, porque ni en gallego es­cribe ni por Galicia ha hecho nada si no recoger la pecunia que le libran religiosa­mente de la Habana y de las provincias de la región, no es capaz de depurar nuestra lengua y ni saca a flote el Diccionario ni la Gramática; pero, en cambio, dedica su esfuerzo a negar glorias reconocidas por ­los de fuera y admitidas como gallegas por doctas entidades con las que en vano tratará de competir.

Y confieso mi pecado: he sido hasta ahora académico, pero me consideré en el caso de lanzarme voluntariamente fue­ra de ella después de la sesión ridícula y antipatriótica por aquel centro celebrada y en la cual se acordó solemnemente, asistiendo los 4 mangoneadores que ayudan a Murguia a disfrutar de la prebenda que le dispensan los gallegos de Cuba, em­prender una propaganda activísima para demostrar (mucho demostrar sería) que Colón ni fué natural ni siquiera oriundo de Galicia.

Empecemos por sentar la proposición previa de que la Academia Gallega, que es de la lengua y no de la Historia, no es, no puede ser, la llamada a ventilar este asunto que se aparta de su jurisdicción. Murguia sigue cabalgando, en brioso ala­zán. asistiendo al combate de Clavijo, del cual no pasará su Historia que tantos mi­les de pesetas lleva costado a Galicia; el Diccionario y la Gramática aparecerán pa­ra las calendas griegas; y gracias que los buenos hablistas usan las lecciones del sabio Saco Arce; pero, en cambio, no pue­de soportar la doctísima Corporación que Galicia tenga una gloria más. Es cosa que le enfada, le enoja, le molesta, le exci­ta, le exalta, le exaspera.

Y la explicación es bien sencilla. Mur­guia odió mortalmente a Celso García de la Riega, le odió como odia a todo hombre que vale, porque él quiere ser el úni­co valor literario de esta región, sin ad­vertir que este valor va muy en mengua, porque cada cual sabe el secreto de todas estas cosas.

Cuando Celso García de la Riega, en­fermo de cuerpo, pero sano, muy sano, de intelecto, escribía desde el lecho de dolor. aquellas diatribas que hicieron a Mur­guia morder el polvo del mayor ridículo y del fracaso más señalado, el Presidente de la Real Academia Gallega. guardó un estudiado silencio que fué comentadísimo, porque a través de él, se veía al derrotado. Murguia, estilista brillante, acaso, no es historiador, ni gramático, ni siquiera hombre erudito, capaz de contender con un escritor del fuste de la Riega.

Murió éste para desventura de Galicia; la región perdió un sabio que soñaba con las glorias de su país, al cual consagra­ba todo su valer incalculable.

Y entonces, Murguia. que no pudo lu­char con Garcia de la Riego, vivo y en ple­nitud de facultades intelectuales, pensó vengarse después de muerto aquel ilustre escritor y publicista. La pluma gallarda, el estilete penetrante habían sido rotas por la muerte y ya nada tenía que temer el Presidente de la Real Academia Gallega.

Derechamente va a ello, y arrastra a la manada de ovejas que le siguen y ayudan a gozar de las pesetas de los paisanos que en Cuba residen para lanzar urbi et orbi que Colón no fué gallego ni de aquí origi­nario, que todo eso es una patraña y que Galicia, unida por lazos espirituales y de cariño a América, no quiere llamarse ma­dre deí hombre ilustre que descubrió aquel país de nuestros afectos.

La labor no puede ser más antipatrióti­ca y a atajarla debemos dedicarnos los gallegos amantes de las glorias de nues­tra región, desenmascarando a los farsan­tes que tratan de restarlas y poniendo al desnudo ante el mundo entero a esos en­diosados pigmeos que no son gallegos en sentimientos ni merecen ser llamados así, porque realizan obra contra Galicia.

Es preciso que se sepa en todas partes que esta región nada tiene que ver con cuatro mentecatos dispuestos a halagar só­lo a quienes le suministran el condumio, aunque para ello sea preciso llevar a ca­bó todas las humillaciones, pero que no son capaces de ninguna labor noble, lle­gando hasta negar a su propia patria.

Que el sacrificio que hacen los gallegos por sostener esta mal llamada Academia no continúe: que se descubra quien es Mur­guia el litiputiense de cuerpo y de alma, que no tiene corazón para sentir ni en­tendimiento para dar a Galicia lo que han sabido darle hombres de la talla de Celso García de la Riega.

 Un Coruñés,

Ex-acadéinico de la Gallega

La Academia Gallega y la Patria de Colón

Respuesta al anterior artículo Eco de Galicia Habana 10 Agosto 1917

Eco de Galicia Nº 8Revuelo y grande ha causado entre algunos elementos de la colonia gallega el artículo que sobre el señor Murguía y la patria de Colón, hemos publicado en el número antepasado y que firmaba “Un coruñés ex-académico.”

Y antes de dedicarle nuestros comen­tarios, nos Aparece bueno advertir que el citado trabajo era de colaboración, y que, por lo tanto, esta revista no se hacía, por el hecho de haberlo publica­do, solidaria decidida de los ataques, más o menos duros, con que fustiga su au­tor al ilustre presidente de la Real Aca­demia.

Lo mismo el señor Murguía que el se­ñor Riguera Montero, a quien algunos atribuyen la paternidad de aquel artícu­lo, nos merecen todo género de respetos y consideraciones. Ambos son gallegos meritísimos. Y esta publicación, conse­cuente con su credo de no zaherir repu­taciones y menos de la talla mental de Murguía y Riguera Montero, no puede sino lamentar profundamente el que, entre personalidades de honorabilidad cien veces probada, se dén motivos pa­ra discusiones que siempre han de resul­tar enojosas e improcedentes.

Es verdad que la Academia Gallega tiene en la misma región y sobre todo en La Coruña, detractores irreconcilia­bles que no pueden disimular evidentes despechos e inconfesadas inquinas; ori­ginario todo, según el decir de algunos, a que en la docta corporación domina una especie de “trust” donde se cotizan y expanden mercenariamente patentes de intelecto más o menos efectivo. Y hasta hace poco, la Academia padecía, además, el mal de la inercia. Es innegable que la Academia no halló la ayuda eficaz que debía esperar de los centros oficiales; pero nos parece de una candidez supina creer que esas entidades han de vivir de las dádivas o limosnas del Estado. Hasta ahora, que sepamos, los dirigentes de la Academia no han realizado nada tendente a acrecentar sus recursos entre los particulares, a fin de reforzar la acción económica de los gallegos de América. Y ello acusa una negligencia censsurable e incomprensible.

Ahora bien ¿Es el señor Riguera Montero el inspirador o autor del trabajo contra el venerable señor Murguía?. Si lo es, ¿es producto de sus simpatías hacia la obra de Celso García de la Riega, su trabajo? Venga en buena hora la vindicación del malogrado difundidor de la verdadera patria de Colón, si es así,. Pero si, por el contrario, el señor Riguera Montero obra a impulsos de ocultos y antiguos resabios contra el presidente de la Academia, es inadmisible la forma de ataque al señor Murguía por el punto de vista que sostiene, quizás con honradez

Por nuestra parte, entendemos que cualquiera, menos el Presidente de la Real Academia Gallega, puede invitar­nos a dejar por absurdas las conclusio­nes obtenidas tras largos años de estu­dios profundamente pacientísimos del di­funto García de la Riega, acerca de la verdadera patria de Colón. Y si el ilus­tre historiador de Galicia era enemigo de La Riega, peor que peor.

Sin embargo, a nosotros nos parece duro e injusto el calificativo aplicado al señor Murguía por “Un coruñés ex-académico” de anti-patriota. Cuando más, puede acusarse al venerable presi­dente de la Academia, de indiscreto, ya que su obstinación en presentar los tra­bajos de García de la Riega como pro­ducto de una imaginación anormal, tiene necesariamente que herir en lo más hon­do, a cuantos desde hace tiempo venimos siguiendo y admirando la labor realiza­da por el pontevedrés preclaro y sus continuadores.

Nosotros, que miramos con simpatía la labor de la Sociedad Iniciadora y Protectora de la Real Academia Gallega, y que a su sostenimiento contribuimos como cuadra a nuestras limitadas fuer­zas, queremos hacer constar que ningún empeño tenemos en restarle prestigios, que dicho sea de paso, los tiene ganados en buenas y honrosas lides.

Amamos la Academia Gallega como el que más; por eso, precisamente, nos duele que los que la dirigen allá, en la tierra, la pongan en evidencia con de­claraciones que pugnan lastimosamente con la sagrada misión que se les tiene confiada.

Tensiones entre Académicos II

Este artículo es la contestación, por parte de la Revista, al artículo anterior

La Academia Gallega y la Patria de Colón

Revuelo y grande ha causado entre algunos elementos de la colonia gallega el artículo que sobre el señor Murguia y la patria de Colón, hemos publicado en el número antepasado y que firmaba “un coruñes ex-académico”.

Y antes de dedicarle nuestros comentarios nos parece bueno advertir que el citado trabajo era de colaboración, y que, por lo tanto, esta revista no se hacía por el hecho de haberlo publicado solidaria decidida de los ataques más o menos duros con que fustiga su autor al ilustre presidente de la Real Academia.

Lo mismo el señor Murguia que el señor Rigueira Montero, a quien algunos atribuyen la paternidad de aquel artículo, nos merecen todo género de respetos y consideraciones. Ambos son gallegos meritísimos. Y esta publicación consecuente con el credo de no zaherir reputaciones y menos de la talla mental de Murguia y Riguera Montero, no puede sino lamentar profundamente el que entre personalidades de honorabilidad cien veces probada se den motivos para discusiones que siempre han de resultar enojosas e improcedentes.

Es verdad que la Academia Gallega tiene en la misma región y sobre todo en la Coruña, detractores irreconciliables que no pueden disimular evidentes despechos e inconfesadas inquinas; originario todo, según el decir de algunos a que en la docta corporación domina una especie de “trus” donde se cotizan y expenden necesariamente patentes de intelecto más o menos efectivo. Y hasta hace poco la Academia padecía además el mal de la inercia. Es innegable que la Academia no hallo la ayuda eficaz que debía esperar de los centros oficiales; pero nos parece de una candidez supina creer que estas entidades han de vivir de las dádivas o limosnas del Estado. Hasta ahora, que sepamos, los dirigentes de la Academia no han realizado nada tendente a acrecentar sus recursos entre particulares a fin de reforzar la acción económica de los gallegos de América. Y ello acusa una negligencia censurable e incomprensible.

Ahora bien ¿Es el señor Riguera Montero el inspirador o autor del trabajo contra el venerable señor Murguia?. Si lo es ¿ es producto de sus simpatías hacia la obra de Celso García de la Riega su trabajo?. Venga en buena hora la vindicación del malogrado difundidor de la verdadera patria de colón, si es así. Pero si por el contrario, el señor Riguera Montero obra aimpulsos de ocultos y antiguos resabios contra el presidente de la Academia, es inadmisible la forma de ataque al señor Murguia por el punto de vista que sostiene, quizás con honradez.

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