Celso García de la Riega

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Ricardo Becerro de Bengoa “La Ilustración Española y Americana

La ilustración española y americana 15:07:1898A pesar de las desdichas sin cuento que la po­sesión do las Antillas españolas ha traído y traerá sobre nuestra patria, ambicionado y apetecido como está su dominio por el coloso pueblo anglo­sajón, virgen de toda clase do luchas internacio­nales y potente por lo mismo, sin mérito alguno propio; á pesar de tantas desventuras, que han llegado á hacer odioso para el pueblo español el recuerdo del descubrimiento del Nuevo Mundo, es tan grande la gloria, nada más que la gloria, que cupo exclusivamente á España en aquel hecho sin igual, que no hay región ni localidad alguna en nuestra patria que no se llame á la parte en la participación del mérito do haberlo realizado. «Gallegos» apellidan por mofa en muchas repú­blicas americanas á cuantos españoles andan por allá, y la verdad es que, en vez de vituperio, es y debiera tomarse como alto timbre de distinción el que asi nos llamen, porque el que no nació en Ga­licia debe sentirlo, ya que Galicia ha sido madre afortunada de gente que supo hacer lo que no hizo nadie, y llegar adondo pocos llegaron, y dar inte­ligencias de primer orden, y, sobre todo, soldados los más sufridos y los más animosos do nuestra historia militar. También los gallegos quieren te­ner su título de cooperación en el descubrimiento do América. Gallega se llamaba por las gentes de la marinería la carabela Santa Muría, que fué construida en los /mirados ó muelles de Ponteve­dra, adquirirla por oí insigne marino cántabro, morador de dicha ciudad, Juan do la Cosa, y hon­rada después con el mando de Cristóbal Colón, cuando salió de Palos para regalar el Nuevo Mundo á la corona de España. Gallegos eran los tripulan­tes de La Gallega García Ruiz de Correaría, Pedro de Foronda, Cristóbal García de Sarmiento, Juan de Sevilla y Diego de Salcedo, quo formaron parte de la gente «pie acompañó al descubridor en su primer viajo, para ser, en unión del capitán Diego de Arana, las primeras victimas que perdieron su vida en la Isla Española, por sostener el dominio de nuestra nación.

Así ha tratado de demostrarlo, en honor á Ga­licia, el muy estudioso y entendido hijo de Pon­tevedra D. Celso García de la Riega, socio de mé­rito de la Arqueológica fio dicha ciudad, diputado á Cortes que fué por Cambados, gran conocedor práctico de los estudios administrativos, económi­cos é históricos de nuestra patria y sus colonias, y entusiasta de las glorias tío su tierra. Su libro La Gallega, nave capitana de Colón, es muy cu­rioso é interesante, en medio do su sencillez y franqueza expositiva; y presumo que ha de ser el prólogo de otro más extenso y curioso, que con­tendrá inesperadas revelaciones, bien probadas, acerca do Cristóbal Colón y de sus relaciones ín­timas con la ciudad de Pontevedra. Mucho trabaja en él su laborioso y discreto autor, y cuantos te­nemos estas noticias lo aguardamos con impa­ciencia.

Ricardo Becerro de Bengoa

Colón y Toscanelli

La Ilustración Española y Americana 15 de Agosto 1903

Colón y Toscanelli

Colón y Toscanelli 1Una de las cuestiones suscitadas recientemente acerca de los hechos que produjeron el descubrimiento de América, es la relativa á la autenticidad de la correspondencia habida entre Colón y el cosmógrafo italiano Pablo Toscanelli. El distinguido diplomático norteamericano Mr. Enrique Vignaud la estudia en su notabilísimo libro titulado La carta y el mapa de Toscanelli sobre la ruta de las Indias por el Oeste, enviados en 1474 al portugués Fernán Martins, y trasladados más tarde á Cristóbal Colón, en el cual, aparte de ciertas débiles reservas, Mr. Vignaud se inclina ostensiblemente á la solución de que la mencionada correspondencia es apócrifa, á cuyo efecto hace dos afirmaciones esenciales: que al embarcarse para su magna empresa, Colón no poseía ninguna teoría científica, y que es verdaderamente cierta la leyenda del piloto náufrago que comunicó al inmortal marino noticias seguras y positivas acerca de la existencia de tierras al Oeste del Atlántico. Para el examen detenido de este curioso libro no bastaría el corlo espació del presente artículo, que sólo tiene por objeto informar al público y llamar sobre tan interesante materia la atención de los doctos

 II

Mr. Vignaud no demuestra, en mi concepto, la calidad de verdadera que atribuye á la historieta del piloto náufrago. Sería muy presuntuoso por mi parte el intento de apoyar los razonamientos concluyentes, incontestables, de los diversos sabios escritores que han dado por resuelto esto punto, después de analizar y repudiar los cuentos do López do Gomara y de Garcilaso de la Vega. El ilustrado crítico interpreta á Oviedo y á Las Casas, y le basta apreciar que ambos historiadores no hacen unanegación absoluta para afirmar que apoyan en cierto modo aquella leyenda. Sin embargo, el primero dice categóricamente que la tiene por falsa, calificándola de novela, y el segundo viene sencillamente á declarar quo no quiere ocuparse en rechazarla. Pero Mr. Vignaud no ha querido, sin duda, aquilatar los orígenes precisos del cuento, que, en el caso de ser verdadero, tan sólo podrían haber consistido en la locuacidad ó declaración del propio intoresado, y no puede concebirse que Colón hubiera dado publicidad á hechos que desconceptuarían sus méritos y desvanecerían su gloria: semejante solución es inaceptable, aunque Mr. Vignaud suponga que el gran navegante era persona sumamente expansiva, calificativo que no corresponde al hombre que sólo habló una vez de su mujer, nebulosamente por cierto, y que reservó con tenacidad los antecodentes de su vida, de sus padres y su familia y de su origen. Semejante novela es, en resumen, análoga á la de la Cava ó Florindadel rey godo don Rodrigo (1): el Silence y Pedro del Corral dieron vida y nombre á sus personajes, exactamente lo mismo que Garcilaso do la Vega hizo con respecto a la del piloto náufrago. Y gracias á que el descendiente de los Incas encontró la historieta en el. Perú, y á qne «no lo prestó gran atención por ser mozo cuando la oyó a su padre», pues, en otro caso, nos hubiera dicho la edad del naufrago, si era rubio ó moreno, y hasta los nombres do sus abuelos. Lástima es qne Mr. Vignaud, quo penetra en las más recónditas intenciones y analiza minuciosamente las causas posibles de los hechos, no haya fijado su atención en un detalle muy adecuado para que aplicase sus profundos conocimientos científicos: el de si pudieron reinar en el Atlántico, con la fuerza y la constancia indispensables, la borrasca y los vientos necesarios para quo el fantástico piloto arribase, contra su voluntad, á las islas ó tierras del nuevo continente, hecho muy dudoso, por no decir inverisímil.

III.

Muy aventurada es la aseveración de que el inmortal descubridor, cuando se embarcó en Palos, no poseía ninguna teoría cientílica. Para evidenciar su inexactitud noColón y Toscanelli 2 es preciso examinar menudamente los raciocinios de Mr. Vignaud. Bastará consignar que el distinguido crítico prescinde en absoluto de las memorables conferencias de Salamanca, en las cuales Colón discutió con teólogos, matemáticos y cosmógrafos, habiendo obtenido las simpatías y el apoyo de algunos de ellos: pero no so trata de las fantásticas sesiones de que habla con la mayor arbitrariedad, lo mismo quo de otros pormenores de la historia del descubrimiento, Mr. Rosselly de Lorgues, quien confundiendo y amalgamando la junta du Cordoba, opuesta á los proyectos de Colón y presidida por el prior del Prado, Fr. Hernando de Talavera, con las conferencias de Salamanca, promovidas posteriormente por el P. Daza y favorables á dichos proyectos (confusión en que también incurrieron Hunboldt, Irving y varios escritores de cuenta”) , dio rienda suelta á su imaginación y á su pluma, refiriéndose á unas actas qae no existieron ni existen en ninguna parte, á unos colegios salmantinos que no habia, pues fueron creados en el siglo XVI, al nombramiento de un vicepresidente para la junta, y á la presencia en las discusiones de damas eruditas que á, la sazón residían on diversos lugares del reino. Basta, repito, la mención de dichas conferencias para destruir la afirmación do Mr. Vignaud, aunque se pudiera añadir otras pruebas de que Colón al embarcarse para su empresa no era un lego. Por ejemplo: en el preámbulo de su diario de navegación del primer viaje, dice que se dirige al pais del oro y de las especias, á Zipango y al Catay, que. es la enunciación clara de la teoría científica de llegar á las tierras del Oriente por el camino del Occidente; y aquí es oportuno consignar la observación de que Colón copia al pie de la letra, en el mismo preámbulo, unas lineas de la carta de Toscanelli al portugués Martins, donde se oxpliea el signiiicado de la frase «Gran Kan, que quiere decir en nuestro romance Rey de los Reyes».

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