Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Colón y Toscanelli

La Ilustración Española y Americana 15 de Agosto 1903

Colón y Toscanelli

Colón y Toscanelli 1Una de las cuestiones suscitadas recientemente acerca de los hechos que produjeron el descubrimiento de América, es la relativa á la autenticidad de la correspondencia habida entre Colón y el cosmógrafo italiano Pablo Toscanelli. El distinguido diplomático norteamericano Mr. Enrique Vignaud la estudia en su notabilísimo libro titulado La carta y el mapa de Toscanelli sobre la ruta de las Indias por el Oeste, enviados en 1474 al portugués Fernán Martins, y trasladados más tarde á Cristóbal Colón, en el cual, aparte de ciertas débiles reservas, Mr. Vignaud se inclina ostensiblemente á la solución de que la mencionada correspondencia es apócrifa, á cuyo efecto hace dos afirmaciones esenciales: que al embarcarse para su magna empresa, Colón no poseía ninguna teoría científica, y que es verdaderamente cierta la leyenda del piloto náufrago que comunicó al inmortal marino noticias seguras y positivas acerca de la existencia de tierras al Oeste del Atlántico. Para el examen detenido de este curioso libro no bastaría el corlo espació del presente artículo, que sólo tiene por objeto informar al público y llamar sobre tan interesante materia la atención de los doctos

 II

Mr. Vignaud no demuestra, en mi concepto, la calidad de verdadera que atribuye á la historieta del piloto náufrago. Sería muy presuntuoso por mi parte el intento de apoyar los razonamientos concluyentes, incontestables, de los diversos sabios escritores que han dado por resuelto esto punto, después de analizar y repudiar los cuentos do López do Gomara y de Garcilaso de la Vega. El ilustrado crítico interpreta á Oviedo y á Las Casas, y le basta apreciar que ambos historiadores no hacen unanegación absoluta para afirmar que apoyan en cierto modo aquella leyenda. Sin embargo, el primero dice categóricamente que la tiene por falsa, calificándola de novela, y el segundo viene sencillamente á declarar quo no quiere ocuparse en rechazarla. Pero Mr. Vignaud no ha querido, sin duda, aquilatar los orígenes precisos del cuento, que, en el caso de ser verdadero, tan sólo podrían haber consistido en la locuacidad ó declaración del propio intoresado, y no puede concebirse que Colón hubiera dado publicidad á hechos que desconceptuarían sus méritos y desvanecerían su gloria: semejante solución es inaceptable, aunque Mr. Vignaud suponga que el gran navegante era persona sumamente expansiva, calificativo que no corresponde al hombre que sólo habló una vez de su mujer, nebulosamente por cierto, y que reservó con tenacidad los antecodentes de su vida, de sus padres y su familia y de su origen. Semejante novela es, en resumen, análoga á la de la Cava ó Florindadel rey godo don Rodrigo (1): el Silence y Pedro del Corral dieron vida y nombre á sus personajes, exactamente lo mismo que Garcilaso do la Vega hizo con respecto a la del piloto náufrago. Y gracias á que el descendiente de los Incas encontró la historieta en el. Perú, y á qne «no lo prestó gran atención por ser mozo cuando la oyó a su padre», pues, en otro caso, nos hubiera dicho la edad del naufrago, si era rubio ó moreno, y hasta los nombres do sus abuelos. Lástima es qne Mr. Vignaud, quo penetra en las más recónditas intenciones y analiza minuciosamente las causas posibles de los hechos, no haya fijado su atención en un detalle muy adecuado para que aplicase sus profundos conocimientos científicos: el de si pudieron reinar en el Atlántico, con la fuerza y la constancia indispensables, la borrasca y los vientos necesarios para quo el fantástico piloto arribase, contra su voluntad, á las islas ó tierras del nuevo continente, hecho muy dudoso, por no decir inverisímil.

III.

Muy aventurada es la aseveración de que el inmortal descubridor, cuando se embarcó en Palos, no poseía ninguna teoría cientílica. Para evidenciar su inexactitud noColón y Toscanelli 2 es preciso examinar menudamente los raciocinios de Mr. Vignaud. Bastará consignar que el distinguido crítico prescinde en absoluto de las memorables conferencias de Salamanca, en las cuales Colón discutió con teólogos, matemáticos y cosmógrafos, habiendo obtenido las simpatías y el apoyo de algunos de ellos: pero no so trata de las fantásticas sesiones de que habla con la mayor arbitrariedad, lo mismo quo de otros pormenores de la historia del descubrimiento, Mr. Rosselly de Lorgues, quien confundiendo y amalgamando la junta du Cordoba, opuesta á los proyectos de Colón y presidida por el prior del Prado, Fr. Hernando de Talavera, con las conferencias de Salamanca, promovidas posteriormente por el P. Daza y favorables á dichos proyectos (confusión en que también incurrieron Hunboldt, Irving y varios escritores de cuenta”) , dio rienda suelta á su imaginación y á su pluma, refiriéndose á unas actas qae no existieron ni existen en ninguna parte, á unos colegios salmantinos que no habia, pues fueron creados en el siglo XVI, al nombramiento de un vicepresidente para la junta, y á la presencia en las discusiones de damas eruditas que á, la sazón residían on diversos lugares del reino. Basta, repito, la mención de dichas conferencias para destruir la afirmación do Mr. Vignaud, aunque se pudiera añadir otras pruebas de que Colón al embarcarse para su empresa no era un lego. Por ejemplo: en el preámbulo de su diario de navegación del primer viaje, dice que se dirige al pais del oro y de las especias, á Zipango y al Catay, que. es la enunciación clara de la teoría científica de llegar á las tierras del Oriente por el camino del Occidente; y aquí es oportuno consignar la observación de que Colón copia al pie de la letra, en el mismo preámbulo, unas lineas de la carta de Toscanelli al portugués Martins, donde se oxpliea el signiiicado de la frase «Gran Kan, que quiere decir en nuestro romance Rey de los Reyes».

IV.

Los argumentos de Mr. Vignaud, á pesar de su claro método y de su brillantez de forma, no llevan al ánimo la convicción de que existió la falsificación de la correspondencia. Si la admitiéramos, tendriumos quo preguntar inmediatamente: ¿qué objeto tuvo? El erudito y perspicaz crítico formula esta misma pregunta, y la resuelve afirmando que la superchería obedeció al propósito de contrarrestar ó disipar el descrédito que producía para Colón la novela del piloto náufrago. Pero la manera de realizar este propósilo hubiera croado otro peligro análogo, pues la correspondencia de Toscanelli rebajaría considerablemente en aquella época la fama del gran marino, recabando para el físico florentino la prioridad, por lo menos, en la creencia de ser fácil la ejecución del pensamiento, ya antiguo entonces, de navegar hacia el Oeste para alcanzar el Este. Y he aquí uno de los fundamentos para considerar verdadera la correspondencia do Toscanelli; el segundo peligro fué, sin duda, causa de la reserva observada por Colón acerca de las cartas y del mapa del sabio florentino, y esta reserva demuestra á su vez que, de ser cierta la superchería, nada tendría que ver con la leyenda del piloto naufrago, puesto que tal correspondencia no fué conocida hasta cincuenta años después del fallecimiento de Colón, esto es, cuando ya había pasado para el Almirante y para au hermano Bartolomé la oportunidad de utilizarla. Claro es que; la oportunidad ó conveniencia subsistió para D.ª María de Toledo y para el tercer Almirante, primer duque de Veragua, D. Luis Colón, que hubieron de facilitar documentos al padre Las Casas para su Historia. Pero el texto latino de la carta de Toscanelli al portugués Martins aparece escrito, por mano del descubridor ó de su hermano Bartolomé (2), en la guarda de un libro; de donde se deduce que tan sólo de ellos, ó de uno de ellos, pudiera provenir la supuesta falsificación, resultando perfectamente incomprensible que no se hubiesen servido de ella

Mr. Vignaud convierte diversos hechos, sencillos y de fácil interpretación, en indicios vehementes de falsedad con respecto á la mencionada correspondencia. El de que ni en los escritores, ni en los archivos de Portugal, se halla rastro de la famosa carta del físico Paolo al canónigo Martins, ni de las relaciones del uno con el otro, ni de un negocio de tal entidad puede probar principalmente que ésto se mantuvo secreto, y que si no pasó del envío de la carta y del mapa, y no se desarrulló ó fué abandonado, pudo suceder a causa de que otros asuntos graves hubieron de preocupar al rey Alfonso, habiéndose desvanecido por cualquier circunstancia toda huella de un plan en que quizás intervinieron muy pocas personas. Que no se ha hallado ningún Canónigo de la época que se llamase Martins; no es, por cierto, posible formar cabal relación de los canónigos de aquellos tiempos, aparte de que el capellán de dicho Rey se apellidaba Martins, y nada más probable, por confusión ó error en los nombres Esteban y Fernán, que fuera el canónigo en cuestión, ó que tuviera un hermano ó pariente adornado de lal dignidad eclesiástica. Que el comercio de las especias no tenía en Portugal y en 1474 importancia alguna, y, por consiguiente, los portugueses no se preocupaban de su fomento; aserto equivocado, porque en los puertos de dicha nación y en los de Galicia el tráfico de las especias debía ser muy activo, pues en el Libro del consejo de Pontevedra, años 1437 y siguientes, consta el nombramiento por el Arzobispo do Santiago, señor de la villa, de dos cogedores ó recaudadores exclusivamenle destinados á cobrar las alcabalas ó renta de <<la Especiaria>>, prueba indudable de la importancia de tal comercio, que seguramente tenia su centro en Lisboa; de manera que la carta de Toscanelli bien pudo relacionarse con determinados proyectos pata el desarrollo del propio comercio en 1474. Que en los papeles del cosmógrafo florentino no se encontraron huellas de la correspondencia en cuestión, ni los cotertulianos del mismo dan noticia de ella; esto pudo suceder muy sencillamente si se trataba, como es de presumir, de una negociación secreta del Rey de Portugal, por más que algo significa el papel hallado entre los de Toscanelli, preparado, según juzgan algunos críticos, con las mismas líneas de meridianos y paralelos que las del mapa que acompañaba á la carta á Martins, y algo vale también el hecho de que el duque Hércules de Este se hubiera apresurado en 1494 á encargar á su Embajador en Florencia una averiguación acerca de la correspondencia entre Toscanelli y el descubridor del Nuevo Mundo. Este hecho más bien justifica la conjetura de que, á consecuencia del portentoso descubrimiento, alguna persona, precisamente en Italia y sin duda en Ferrara, y no Colón, en España, debió recordar aquella correspondencia en los términos necesarios para que el Duque encargase que la averiguación se verificara en la propia casa de Toscanelli, deseoso, probablemente, de que se adjudicara á éste la gloria adquirida por Colón; que no se haya conocido el resultado de la gestión, nada prueba acerca de la existencia ó no existencia do la correspondencia.

Que el sabio florentino no pudo haber señalado en el mapa usado por Colón en su primer viaje las islas que éste tenia seguridad de hallar en el espacio recorrido desde el día 17 al 25 de Septiembre de 1492; pero no hay dificultad en admitir que el propio Colón hubiese introducido la demarcación do tales islas en el mapa de Toscanelli, por inspiración de cálculos acerca de San Barandán y de la Antilia, que el veneciano Andrea Bianco designó en su carta geográlica de 1436, ó como medio de dar ánimo á las tripulaciones de la flotilla; acaso por este motivo escribió en su diario, en 3 de Octubre, <que dejaba atrás dichas islas, por no perder tiempo en buscarlas,pues iba a las Indias>>. (Aquí reaparece la teoría científica que Mr. Vignaud niega). Me parece mucho más violento imaginar que el gran marino tenia aquella seguridad en virtud de las noticias del piloto náufrago, puesto que tardó muchos días y tuvo que recorrer muchísimas leguas para descubrir tierra, siendo, por consiguiente, completamente inútil, y más bien contraproducente el supuesto de las noticias del piloto, quo no resultarían seguras y positivas, ni siquiera aproximadas. Y claro es también que si Colón dejaba atrás, para no perder tiempo en buscarlas, las islas del imaginario piloto, era porque ejecutaba un plan ajeno á los datos que se supone suministrados por éste.

 V.

Colón y Toscanelli 3En resumen: los raciocinios de Mr. Vignaud no persuaden á favor de su tesis. Y debo advertir que hubiera sido apoyo importantísimo para la que sostengo y defiendo, cada vez con mayor convicción, acerca de la patria y origen del descubridor del Nuevo Mundo, la solución de que su correspondencia con el cosmógrafo italiano es apócrifa. Hay en ella un detalle que Mr. Vignaud no ha examinado, y es el de que Toscanelli consideraba portugués á Colón; hecho muy singular, puesto que habiendo existido entre ambos personajes la mediación del italiano Giraldi, residente en Lisboa, debe presumirse en primer término qne éste, al hacer la presentación ó recomendación, hubiese comunicado al físico florentino las circunsstancias personales de Colón, entre ellas, la de ser italiano ó genovés. Pero si la correspondencia es apócrifa, como quiera que el origen de la superchería quedaría al descubierto y comprobado con el mismo texto latino, escrito en una guarda del libro Historia rerum, etc., do Eneas Sylvio, por uno de los hermanos Cristóbal ó Bartolomé, vendría á resultar lógicamente que habían consignado su nacionalidad portuguesa, pues fingían que Toscanelli se hallaba enterado de una condición que motivaba frases de alabanza en su segunda carta á Colón. Ningún escritor ha estudiado este punto que, en su relación con otros y por diversos conceptos, ofrece gran interés para la historia del glorioso navegante; muy conveniente sería que se procurase dilucidarlo por quienes se hallan habituados á resolver los problemas más difíciles ile la misma historia, y aun obligados, por su saber, á verificarlo.

(1) Véase la incursión de los árabes en España, por D. Eduardo Saaralro.

(2) Harrise, verdadera autoridad ou la materia, opina que ul texto on cuestión Fué escrito por el propio Colón. Así lo hace constar Mr. Vignaud; pero, atente a su propósito, el (distinguido critico juzga que el autor de la supercheria fué Bartolomé Colón, fundandose en que la letra de los dos hermanos es muy pareclda.

Celso García de la Riega.

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