Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Historia de una canallada IV

FARO DE VIGO ( Miércoles, 19 de Diciembre de 1928)

Los Documentos de Colón  Nueva Réplica

Todos los caminos conducen a la verdad, y aunque entre espinas, también esta vez llegamos a ella clara y terminante.
La carta de D. Casto Sampedro, nos facilita la verdad más esplendorosa que pudiéramos desear.
Casto en su alegato publica cartas de D. Celso García de la Riega, y trozos del prólogo del mismo, que quedó inédito. En ellas, y en ésta, se hacen elogios a la sociedad Arqueológica y de su presidente por el apoyo prestado a la ardua investigación del historiador, pero no se declara, ni mucho menos, que el señor Sampedro sea el iniciador de la tesis, cómo éste hace bien pocos días nos aseguraba.
Bueno será que recordemos un párrafo del prólogo que saca a relucir D. Casto, y que se vuelve contra el mismo que lo esgrimió:”Así es que se me proporciono bondadosamente el examen de vetustos, legajos, en los cuales dicho ilustrado jurisconsulto había advertido la existencia del apellido Colón, si bien a esta circunstancia había concedido un valor relativo; pero recordó el hecho en cuanto le expuse mis temerarios raciocinios acerca de varios puntos oscuros en la vida del inmortal navegante. ¿De quién es aquí la iniciativa?
Está bien claro que D. Celso, en cuyo cerebro, como dijimos, germinó la idea de que colón pudiera ser español, lanzandose por ello al estudio profundo e intenso, y poniendo en él todos sus bastos conocimientos y su voluntad de hierro, que le consintió persistir en una labor, en la que los más tenaes hubieran fracasado. Encerrado en su despacho año tras año, entre montones de libros y cuartillas, a medida que su investigación iba avanzando, su salud se quebrantaba, y las últimas energias, coincidieron con las finales cuartillas de su obra “Colón español”. Basta leer ésta, para darse cuenta de la ingente labor de historiador.
Cuán lejos todo esto de aquella “indicación primordial”, de la carta de D. Casto del 24 Enero de 1914; y esta otra “yo fui el iniciador de la tesis”, las de 25 Noviembre y Diciembre siguientes.

Estas cosas de D. Casto precisamente, sino ya escritas en aquellos tiempos, dichas a los que le oian, llegaron a conocimento del que se consumía su vida, en los últimos esfuerzos para dejar su obra terminada; y esta es la explicación bien conclusa del acto de D. Celso, retirando el referido prólogo y sustituyéndolo por otro más terminante, y aun remarcado, en una de las finales páginas del libro. A continuación copiamos lo principal de lo que en ella dijo D. Celso.
“Este documento y el referente a cristobo colón, fueron los primeros que, sin mayor o menor indicación de nadie, me inspiraron el año de 1892 nuevo concepto acerca del origen y de la patria dle primer almirante de las indias. Tal ha sido, repito, la base de mis investigaciones, y estudios, en que nadie me ha precedido. Necesito hacerlo constar así, puesto que hay sintomas de pretensiones descabelladas..”
Nadie ha negado a D. Casto el apoyo prestado a D. Celso con la facilitación de documentos de la Arqueología y de su propiedad; pero de esto a decir como el señor Sampedro dice, que él es el iniciador de la tesis, hay una distancia que separa al inventor del mecánico que le prepara las piezas para sus experimentos.
Hoy afortunadamente, por si alguno tenía alguna duda, queda todo esclarecido, y cada cual en su punto.
Esto es lo que nos proponíamos al reivindicar el nombre de un anciano, de quien en la niñez recibimos cariacias, consejos y lecciones. Su recuerdo cariñoso nos obligó a contestar como, buenamente sabemos, a D.Casto y a hacer resaltar las contradicciones , incongruencias y dichos extraños -cada cual los juzgue como quiera- de D. Casto en este asunto, que hoy para nosotros está iluminado con luz providencial.
Lo que nos incumbe personalmente apenas nos inmuta. Firmamos interino – el mismo señor Sampedro nos lo llamó- porque como corresponsal interino de FARO DE VIGO, en ausencia de nuestro querido amigo y compañero D. Manuel Villar, tuvimos ocasión de empezar ésta, que ya va siendo larga polémica.

No nos queremos encubrir por tanto, con el anónimo, ni para decir lo que decimos precisamos apuntación de nadie.
Nuestro deseo es el de no tener ya que insistir, para no acabar con la paciencia de los lectores; pero si la nueva carta de D.Casto anuncia, lo exige, y la amabilidad del señor director de Faro lo consiente, tendremos que reincidir para lo que no nos faltan ánimos ni materia, y en esta ocasión, el fallo del Tribunal Internacional de “ABC” en verdad muy favorable a la tesis, y la actuación de algunos meritísimos hombres que siguieron la senda marcada por D. Celso García de la Riega, tendrán su justo comentario.
Entre tanto, con todos los respetos para D. Casto cuyo prestigio cultural reconocemos; pero asimismo se hace la más firme rectificación de todo lo que queda expuesto.
Jose Alvarez Limeses

FARO DE VIGO  (28 de Diciembre de 1928)

Un asunto de litigio
Sr Director del faro de Vigo

Muy señor mío: Otra rectificación a la carta del 9 del actual se concreta al verdadero origen de la indicación primordial de la tesis coloniana.

El autor “Colón español” y de la conferencia de Madrid, dice y repite que se debe a el, y el que suscribe se la atribuye también: pues bien, aún reconociendo que esto no tiene importancia para el éxito final del tema, y, que la polémica se desvía del cauce lógico, visto que ya se trata de la enemiga en cuestión, , sino de extremos diferentes, veamos algunas observaciones encaminadas a hacer llegar la razón al público benévolo.
Y en cuanto se va  a decir, quiero y pide que se tengan por salvadas todos los respetos debidos a la memoria del autor “Colón español”. Si algo parece que se sale de este marco, póngase a la cuenta de quienes me obligan a ello.
Siempre tuve para mi que dicho autor sufrió una grave sugestión al oír la indicación originaria de tema tan glorioso para su pueblo y para España, y que esta sugestión , combinada con una extraordinaria capacidad de asimilación, le llevó, sin darse cuenta, a ser víctima de tan notables alucinaciones, que le hicieron tomar como propias, opiniones y afirmaciones que no lo eran. Vayan los fundamentos.
Hay que estar profundamente sugestionado para acometer sin la debida preparación(perdóneseme esta afirmación) la doble labor de destruir el origen de la patria genovesa de colón, y lo que es mucho más difícil aún, para sustituirlo por la de Pontevedra. Y se dice esto, por la necesidad absoluta de revisar archivos generales y locales; de conocer y examinar la bibliografía mundial sobre el asunto; dominar la paleografía local y general; la Filología española y comparada; el conocimiento  de varias lenguas, etc.etc; y sin desconocer los talentos del autor, parécenos que no poseía suficientemente estas disciplinas literarias e históricas exigidas hoy por la críticas modernas.
Para escamotear rotundamente la parte del prólogo del libro, referente a los subsidios recibidos de la Sociedad Arqueológica y de su presidente, habiéndola publicado antes, y aún hecho constar en el mismo libro y capitulo sobre los documentos.
Para alterar substancialmente los documentos en cuestión, o intentar hacer creer que solamente se habían avivado por desconocimiento del arte fotográfico; como si no hubiera fotógrafos profesionales y aficionados que lo verificarán sin necesidad de la avivación, como se hizo con todos ellos.
Para inspirar a un periodista la especie de que era él el único en poseer documentos colonianos, constándole y siendo público lo contrario.
Para alterar el texto de la carta de Colón, conocida por Lettera rarisima en donde dice: “extranjero he sido hasta ahora. Siete años estuve en la Real corte, que a todos cuantos se fabló de esta empresa, todos a una dijeron que era burla; ágora hasta los sastres suplican por descubrir” sustituyendo la palabra sastres por la de necios, que le pareció, sin duda, de mejor gusto y más apropiada para dirigirla en la pag 167, a quien colmara antes de elogios y expresiones de gratitud; y precisamente en los mismos días en que escribía la parte del prólogo sustraida tan inocente e innecesariamente, y pedía un nuevo un nuevo documento referente a un Juan de Colón.
Para utilizar elementos genealógicos genoveses, haciéndolos  aparecer en los documentos pontevedreses con los nombres de Domingos de Colón y Vertolomeu Fonterosa, padres del Almirante; como si pudiesen substituir dos genealogías respecto de una sol persona.
Para hacer alteraciones gravísimas, como interpolaciones en claros, raspaduras, manchas, retoques, empleo de tinta moderna, tachaduras, dejar señales de haberse borrado palabras con ácidos, según dijo “El Debate”, en documentos ajenos que en confianza se le habían prestado.
Y, en fin; para que la alucinación llegase al más alto grado de valor, en la pag 171 de su libro, dice: “Considero muy oportuno proponer que todos los documentos relacionados en el capítulo correspondiente sean entregados, previa conformidad de la corporación, al Ayuntamiento de Pontevedra, donde podrán comentarse convenientemente y ser  consultados”.
El lector desapasionado dirá si después de esto puede ser creído el autor de “Colón español”, cuando afirma que lo es también, en la indicación primordial.
ni un punto más sobre ello. Sigamos.
Lo estupendo, ( es gordo el adjetivo, pero no lo es menos el caso a que se aplican) es escribir que la demostración utilizada para desmentir la atribución de enemigo de la tesis hecha al que suscribe por D. Prudencio Otero, lo fué para atraerle; como si dijéramos que no son ciertas las afirmaciones que están vertiendo sangre en su libro, según hemos visto ya. Esto es, además de justificar el adjetivo estupendo, arrojar una negra mancha sobre la seriedad, el respeto al público y la probidad de historiador, que todos sabemos que concurren en el señor Otero Sánchez. !Cuidado que hay polemistas traviesos¡.
El otro argumento sacado de lo escrito en la pag 169 del tomo II de “Documentos para la Historia de Pontevedra” se vuelve contra quien lo emplea. Si lo que se discute es que el que suscribe tuvo y tiene enemiga la tesis coloniana resultará demostrado lo contrario. Allí se elogia a D. Celso García de la Riega por su estudio”La Gallega”, y se citan como paisanos nuestros que tomaron parte en asegurar y ensanchar la conquista, si ya no tomaron parte en el Descubrimientoa D. Cristobal de Sotomayor, hijo de la condesa de Camiña, y a D. Alonso Sotomayor, nieto de Pedro Madruga y vencedor de Drake; y a D. Cristóbal García Sarmiento, piloto de la “Pinta”; y se añade que Toscanelli llamaba Colón portugués, siendo esto sinónimo de gallego, ¿Qué mayor prueba se quiere demostrar que no hay la enemistad de que se trata, y por ende, el fundamento de esta rectificación?.
No se terminarán , sin embargo, estas líneas, sin repetir que esta cansada, molesta e inútil polémica personal, fué promovida exclusivamente por los señores Otero y García de la Riega Quiñones, a mi juicio sin fundamento, y sin motivo por mi parte, y con gran inoportunidad.
Que, por consiguiente, si hubiese algo enojoso para la memoria del autor de “Colón español”, cosa que no nos hemos propuesto, otros tendrán la culpa.
Que la debida indicación primordial no tuvo ni tiene importancia por si misma, ni se la dio el autor de estas lineas por mucho tiempo; se la dio cuando, unida a otras injusticias y desconsideraciones posteriores e incorregibles que iban en avance, tuvo que decir; alto ahí; no tan calvos que se nos van los sesos.
Que en la carta del 4 de febrero de 1912, se lo decía al autor de “Colón español” “En obtener partido de los documentos citados, formulando deducciones y afirmaciones interesantes, sí, que no he tenido parte alguna. Todo lo hizo usted, y así lo vengo predicando y repitiendo a todos los que me hablan de la cuestión”.
Con lo cual se ve que el firma estos renglones, no se quería vestir con ajenos trajes al sostener lo que sostiene y sostuvo sobre su inicial intervención de la tesis coloniana.
Y que encomendamos la benevolencia de usted, señor “Director”, y de los lectores curiosos, si alguno hubo, de estas cartas, les diré que me propongo no reincidir en el debate, a no ser coaa y caso mayor fuerza.
Suyisimo                 C. Sampedro

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