Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Cristóbal Colón y Fonterosa

Cristóbal Colón y Fonterosa

(De la Ilustarción Española y Americana) 01-08-1902

Sr. Director de la Ilustración Española y Americana

Celso-1902-01-08 Colón y Fonterosa Ils Española AmericanaMuy señor mió y de mi distinguida consideración: En la inteligen­cia de que á la acreditada publicación que dignamente dirige guia un alto espíritu do imparcialidad, me permito rogar á usted me conceda la merced de insertar en sus páginas la presente carta, á fin de que los mismos lectores que se han enterado del artículo que con el título de El nombre de Colón se publicó en el número del dia 8 de Noviembre úl­timo, tengan mayor conocimiento del asunto, por más que, para no abusar de la benevolencia de usted me limitaré á examinar dos ó tres puntos de vista y á consignar observaciones muy concretas.

Confieso desde luego que soy quien ha renovado la cuestión, no dilucidada todavía, relativa á la patria del inmortal descubridor de América, bajo el aspecto de que hay elementos de importancia para presumir que nació en España; cuestión que fué objeto de la conferencia que tuve el honor de dar en sesión pública de la Sociedad Geográfica de Madrid. Mi modesto trabajo se incluyó literalmente en el Boletín de tan docta corporación correspondiente al último trimestre de 1898, donde pueden verse los datos reunidos para fundar la opinión excomulgada, á mi ver prematuramente, en el artículo mencionado, cuyo autor, no tuvo sin duda noticia de dicha conferencia. De ello deduzco que el ilus­trado articulista ha procedido con sinceridad y buena fe, por cuya ra­zón no vacilo en someter á su juicio y al de los numerosos lectores de La Ilustración las siguientes aclaraciones.

La opinión sobre la probabilidad de que Colón haya nacido en Ga­licia, no se funda tan solo en que varios documentos del siglo XV, en­contrados en Pontevedra, contienen el apellido Colón con diversos nombres de pila, entre los cuales figuran todos los de la familia conocida del primer Almirante de las India, con except-ión del de Diego, y la mayor parte de ellos en la generación anterior á la suya, esto es, desde 1428 á 1427. Sobre simples homonimias no se puede cimentar nada sólido en la historia, raciocinio de que me hice cargo en la citada con­ferencia; pero el hecho de aparecer en los mismos pueblo y época el apellido Fonlerosa, materno de Colón (“que perdura en la provincia”), unido á los nombres, al parecer hebreos, de Jacob el viejo, otro Jacob y Benjamín (la madre del Almirante se llamaba Susana), creo que re­clama atención, y mucho más la especial circunstancia de que consten juntas en un negocio y en un mismo documento de 1437, personas de cada uno de ambos apellidos, porque de una asociación de intereses en­tre dos familias á un matrimonio de individuos de ella?, ó viceversa, del matrimonio á la asociación, apenas va distancia. Uno de los Colón pontevedreses figura como mareánte en escritura de aforamiento inclui­da por copia literal en sentencia dictada con posterioridad por la Au­diencia de Coruña: muy recientemente se ha hallado nuevo documento (Museo Arqueológico de Pontevedra) en que aparece otro Colón (Alonso de) en calidad de maestre ó patrón de un barco, pagando en 1470 el impuesto marítimo que cobraba la cofradíade San Miguel, de marean­tes por un viaje á Aveiro (Portugal).

Añádase á la antedicho que el gran navegante bautizó en sus tres primeros viajes con nombres iguales á otros locales de Pontevedra, va­rios punto del Nuevo Mundo, y puso el de La Gallega a una isla (para actos tun significativos no se acordó de Genova); agregúense las discu­siones relativas á la patria de Colón, así como los razonamientos de que voy á dar cuenta seguidamente, y se comprenderá, mejor dicho, se dis­culpará que, á la vista de tan extraordinarias y homogéneas coinciden­cias, haya concebido la presunción de que á España pertenece íntegra la gloria del descubrimiento de América.

Considero que no es un desatino dudar de la afirmación del propio Colón, consignada en solemne documento, de haber nacido en Génova. En nada absolutamente se agravia con tal duda su memoria, porque en este mundo tan solo Jesucristo no ha faltado á la verdad; bien pudo el Almirante echar mano de una invención que juzgó lícita, esto es, que en nada perjudicaba la honra ni la hacienda ajenas, y que, á la vez, fa­vorecía sus propósitos. Y la duda, á mi juicio, está perfectamente justi­ficada por numerosos hechos, entre los cuales escojo ahora el de que don Fernando, hijo é historiador de Colón, afirma que «quiso hacer des­conocido é incierto su origen y patria», cuyo objeto legró cumplidamente con la afirmación de haber salido de Genova y haber nacido en ella (frase por cierto alfo extraña), especie de coartada, con que, designando lu­gar muy distante del de su cuna, imposibilitó las indagaciones ulterio­res, hasta tal punto que su vida anterior á la presentación en Castilla, con excepción de lo muy poco que se sabe acerca de su residencia en Portugal, es un misterio. Si hubiera dicho la verdad en aquella afir­mación, seguramente conoceríamos esa interesante parte de su vida, como se conocen las de otras figuras italianas menos importantes: la de Américo Vespucio, por ejemplo. El Almirante gnardó sin duda tenaz reserva acerca de sus antecedentes: jamás nombró á sus padres y pa­rientes en sus escritos, y seguramente en las conversaciones con sus amigos y protectores.

Sus dos familias, la legítima y la de su amante doña Beatriz Enriquez, ignoraban en que pueblo había nacido Colón, puesto que en un mismo expediente de las Ordenes Militares, sacado á luz por el docto académico señor Rodríguez Uhagón, la primera presenta á Cristóbal Colón, en la genealogía correspondiente, como nacido en Saona, contra­diciendo así la afirmación del Almirante en la escritura del mayorazgo relativa á Genova, á causa probablemente de no poder testimoniarla; y la segunda declara, por boca de Pedro de Arana, hermano de doña Bea­triz, que «oyó decir que era genovés, pero que él no sabe de donde es na­tural», palabras singularísimas dados los elogios que el P. Las Casas hace del dec’arante y la gran amistad de éste con el descubridor de América. Y bueno es añadir que la familia legitima, no exhibió docu­mentos con respecto á Saona, sino que propuso una información, cuyo resultado no consta, La reserva de Colón se demuestra también por la circunstancia de que el bachiller Bernáldez, cura de los Palacios, amigo íntimo del Almirante (éste fue huésped suyo y le entregó en depósito sus dapeles), le llama en su Crbnica de los Reyes Católicos primeramente «hombre de Genova», pero al dar cuenta de su fallecimiento en Valladolid, dice que era «de la provincia de Milán». Este detalle no es, por cierto, insignificante, y revela que Colón ocultó á tal amigo una noticia tan sencilla como la del pueblo de su cuna Bernáldez, P. Mártir, Ovie­do y Las Casas, no tuvieron conocimiento de la afirmación de la escritura del mayorazgo, pues en este ca3o hubieran puntualizado aquel pueblo; de donde se deduce que el Almirante mantuvo también reservado dicho documento ¿Con qué objeto? Quizás con el de que no se averi­guase durante su vida que no decía la verdad en aquella afirmación.

Por mediación del italiano Lorenzo Giraldi, el insigne nauta con­ sultó desde Lisboa en 1474, al sabio Toscanelli, italiano también, su maguo plan de alcanzar la India por el camino marítimo de Occidente; y ¡cosa muy notable! el célebre cosmógrafo en su segunda carta, le trata de portugués ¡Ah! Indudablemente Colón no sentía entonces la ne­cesidad de alardear de genovés ó de fingir que lo era: esta conveniencia la utilizó cuando se presentó en Castilla, sabiendo ya que los genoveses «tenían gran acogimiento y benevolencia en la Corte de los Reyes Ca­tólicos».

Otro hecho merece especial mención. La Municipalidad de Géno­va guarda varios documentos (de ellos dice Harrisse, en cuatro libros diversos, que están al lado del violín de Paganini; frase injusta), entre los cuales figura nna carta del Almirante participando al magnífico Oficio genovés que ordena á su hijo D. Diego «dedique el diezmo de la renta de cada ano á disminuir el impuesto que las vituallas comederas pagan á su entrada en Genova», espléndida donación que bien pudo el propio Colón ejecutar Pues bien; en el memorial de mandatos y en­ cargos que por aquellos dias precisamente escribió para su citado hijo (según otra carta suyaá Fr Gaspar Gorricio), habla de todo cuanto en­tonces le interesaba, y menciona un diezmo «para pobres», pero no dedica una palabra á dicha dádiva ni á. Genova: en su última disposición testamentaria tampoco nombra á esta ciudad. O tal epístola es apó­crifa, cosa imposible, ó Colón hizo á la Señoría una fantástica promesa.No es de extrañar, pues, el notable, pero excesivamente severo artículo de Lombroso acerca de la veracidad del primer Almirante de Indias.

Los escritores contemporáneos de Colón, españoles é italianos, no dicen una palabra en sustancia acerca de su cuna y antecedentes. Giustiniani, que sin duda hizo averiguaciones, sólo pndo encontrar en Ge­nova familia ó familias Colombo dedicadas á cardar lana, y juzgó sin duda lo más llano emparentarías con los dos hermanos Cristóbal y Bartolomé Colón, de los cuales sabía muy poco ó no sabía nada, puesto que presenta al primero como instruido en la cosmografa por «un her­mano suyo»; ¿por cual, hermano, si estos cardaban lana? Es imposible que el insigne navegante haya sido cardador ni tejedor, y esto se de­muestra matemáticamente. Empezó á navegar k los catorce años de edad, y las Ordenanzas gremiales de Genova, que se cumplían rigurosa­mente, exigían la de diez y seis para los aprendices de dichos oficios, no pudo, pues, ejercerlos. Se aduce cierto documento notarial en que figu­ra un «Christophorús Columbus» como «testigo lanerius» de Genova, en el año 1472; pero no es posible admitir que un hombre de las condiciones y carácter de Colón, próximo á casarse ó capado ya en aquella época con una clama de la nobleza portuguepa; marino de profesión, pues lle­vaba entonces veintiún años de navegante; capitán que había sido de un buque al servicio del pretendiente á la corona de Napóles. Renato de Anjou, descendiera á figurar como testigo tejedor en un acto notarial. Debe dudarse, vista semejante incongruencia, de que Christophorús Columbus hoya sido el mismo Cristóbal Colón.

El descubridor de América no dejó un solo escrito de su mano en lengua italiana: todos sus papeles, documentos, cartas, y hasta las no­tas en sus libros de estudio, están en castellano ó latin…. ¿Qué hombre prescinde así del lenguaje que aprendió en el regazo materno? Hay que dudar también de que Colón fue italiano. En el preámbulo de su diaiio de navegación llama al idioma castellano nuestro, romance». ¿Es que sin darse cuenta de ello, alzó aquí una punta del misterioso yelo? Su hijo e historia dorjura que el Almirante nunca empleó otro juramen­to que el de «por San Fernando»…. ¡Singular extranjero!

Muchos más datos y raciocinios podría añadir á los expuestos, que son materia de un trabajo extenso y detallado que me ocupo en iredac­tar, y al que en su día acompañarán los fotograbados y facsímiles con­siguientes; terminaré el presente con algunas líneas acerca del apellido Colón. La atinada observación del articulista mencionado, respecto á que «podría admitirse que italianos de íse nombre hubieran emigrado y es-tablecídose de antiguo en poblaciones de la costa gallega», puede expli­car satisfactoriamente la existencia en Pontevedra del apellido Colón en las generaciones anteriores á la del Almirante, y demostrar que el orígen de ese glorioso apellido, sea el que fuere, no es obstáculo para la opinión de haber sido Galicia cuna del inmortal descubridor. Pero á mayor abundamiento, en ciertos casos filológicos no es fácil decir la úl­tima palabra, porque, no obstante el acierto con que el erudito articulis. ta ha examinado la etimología de dicho apellido, resulta que en los territorios de León y Galicia hay desde tiempos antiguos varias parro­quias con la advocación de la mártir cordobesa Santa Coloraba, una de ellas inmediata á Pontevedra; y documentos de 1434 y 1435 contienen el apellido Columba en la misma población. Además, el de Colón pudiera derivarse, en algún caso del vocablo griego xώλυυ ó del latino colonus; y tanto es así, cuanto que el citado historiador D. Fernando, después de consignar que su padre volvió á renovar el sobrenombre de Colón, aña­de que, si se reduce al latín, es «Christophorús Colonus». De manera que se pu-fde conjeturar que el Almirante, á imitación de otros marinos de la época, y por emulación hacia los Colombo el viejo y su sobrino, fa­mosos en las guerras marítimas del siglo XV, había usado temporal­mente el apellido Colombo, regresando por fin al de Colón, que por cierto no se formó entonces en España, puesto que ya constaba así en una carta del Rey de Portugal, muy anterior al descubrimiento de Amé­rica En igual forma lo estampa la escritura de las célebres tripulacio­nes de Santa Pe, hecho que merece, en mi concepto, reflexión. detenida, porque, dada la solemnidad del documento que constituía base del por­venir de Colón, éste, que por cierto era hombre muy cauteloso, no ha­bría de consignar en él un apellido distinto en poco ni en mucho del legítimo, pues se exponía para lo futuro á graves contratiempos.

Para terminar aunque mis juicios sean equivocados, nada se pierde con examinarlos imparcialmente y con amparar una investigación inofensiva: levantar ante ella una despótica barrera, me parece acto injusto.

Doy á usted, Sr. Director, las más expresivas gracias, y me ofrezco ásus órdenes atento seguro servidor, Q. S. M. B.

Celso Gaecía de la Riega.

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