Celso García de la Riega

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Cartas de Victor Said de Armesto a Unamuno sobre “Las Etimologías Gallegas”

Carta de Armesto a Unamuno 6 Diciembre 1904

 Y aquí de las etimologías, y del lío que me traigo y en el cual le he complicado á V. En estas poblaciones mezquinas, tierras dé ciegos, le expiden bien pronto el título de alcalde al que tiene libros y hace el disparate de ocupar su vida en leerlos. A mi, claro es, no me tienen por alcalde, pero si por candidato á concejal. De aquí que unos amigos de la Arqueológica me hayan pedido que escriba un trabajillo sobre cierta obra, próxima á publicarse, de un D. Celso de la Riega, señor que no sabe palabra de griego ni de vascuence, pero que con ayuda dé Astarloa y de Lozano y Blasco nos hace á todos los galaicos vasco-helénicos, sobre todo helénicos desde e! pié hasta la nuca. Prometí que escribiría. Y como ya conozco las opiniones de ese señor referentes á nuestro helenismo, porque las publicó hace poco en un diario regional, de ellos tomé las notas necesarias, y esas notas son las que constituyen el tema de mis consultas, así de hoy, como del rabo que todavía falta desollar.

La cosa es larga y pesada. Por eso le digo que si su epistolomania es incurable, lo que es conmigo se va V. a divertir

Pontevedra 9 Enero 1905

 Al Sr. Riega no le di el recadito porque si se incomoda y me tira una de sus etimologías á la cabeza me divierte. Ahora esta preparando un trabajo para la Sociedad Geográfica de madrid, un trabajo de todos los demonios, es que nos hace vasco-helénicos de cabo á rabo.

admira Reciba un fuerte apretón de manos de su buen amigo y discípulo que mucho le quiere y le admira

Víctor Said Armesto

Iltmo Sr. D. Miguel de Unamuno. Pontevedra, 27 de Feb. – 1905.

Mi muy querido amigo y maestro: Por el propio correo recibirá usted bajo sobre certificado las páginas del libro del Sr. De la Riega consagradas al helenismo en el lenguaje gallego. Se las envío, no sólo para que se divierta un rato viendo como se barbarizara por estas tierras, sino también porque razones especiales, que luego expondré a V., me obligan a ello.
Cuando el señor de la Riega publicó su libro, pidió á García de Diego qué escribiera un trabajillo juzgando. Hízolo así nuestro amigo, elogiando cortesmente al autor por la laboriosidad y por el talento que demuestra en la parte arqueológica; pero como pusiera algunos reparos en la cuestión lingüística, el Sr. Riega, que es un vanidoso de lo que no hay, salió disparado desde un periódico local poniendo á García de Diego como hoja de perejil, llamándole
catedrático de pega, dómine, latinista, necio y cosas de jaez. Por supuesto en este petulante ataque no faltaron los consabidos tópicos de “envidia castellana” “tendencia castellana á rebajar nuestro país y todo lo que es suyo”, etc.

Contestó García de Diego con cuatro artículos verdaderamente primorosos, á los que el Sr.Riega contrarreplicó con diez llenos de atrocidades y de insultos no solo contra él sino las envío, no solo para que se divierta un rato viendo como se barbariza por estas tierras, sino también porque razones especiales, que luego expondré á V., me obligan á hacerlo asi. Cuando el Sr. de la Riega publicó su libro, pidió á Garcia de Diego que escribiera un trabajillo juzgándolo. Hízolo así nuestro amigo, elogiando cortesmente al autor por la laboriosidad y talento que demuestra en la parte arqueológica; pero como le pusiera algunos reparos en la cuestión lingüistica, el Sr. Riega, que es un vanidoso de lo que no hay, salió disparado desde un periódico local poniendo á Garcia de Diego como hoja de peregil, llamándole catedrático de pega, dómine, latinista necio y cosas de este jaez. Por supuesto, en este petulante ataque no faltaron los consabidos tópicos de “envidia castellana”, “tendencia castellana á rebajar nuestro pais y todo lo que es suyo”, etc.

Contestó García de Diego con cuatro artículos verdaderamente primorosos, á los que el Sr. Riega contrarreplicó con diez llenos de atrocidades y de insultos no solo contra él sino contra la “ralea//castellana“, contra el madrileño Federico Diez (!!) contra Meyer Lübke, Menendez Pidal y demás autores citados por García de Diego y desconocidos del otro según confesión propia. Y cuando Garcia de Diego se disponía á contestar por última vez á los exabruptos del Sr. Riega, cátate que en el periódico le dicen que no le consentían más artículos que uno pero dándole, eso sí, la seguridad de que si el Sr. Riega quería luego replicar á este, no le admitirían… más que otro. Esta cobarde canallada fué urdida por el mismo Sr. de la Riega, que es hombre influyente aquí, y que á todo trance trató de dejar su vanidad á salvo. García de Diego, que aun no hace dos años que vino á Pontevedra y que por ser hombre de carácter muy retraído no conoce á nadie de la prensa, vino á verme á mi. Estaba profundamente apenado por los bruscos desplantes que le disparara el otro, más que á su romanismo, á su profesión, y por la desairada situación en que le dejaban los periódicos, no permitiéndole más que un articulo para contestar á los diez del otro majadero. Y como comprendiera que lo esencial era decir mucho en poco espacio, me pidió solicitara de V. por telégrafo autorización para publicar los dos parrafitos de las cartas de V. en que me hablaba de la donosa filología del Sr. Riega. Yo me sonreí diciéndole que harto se veía que no le conoce á V. tan bien // como le conozco yo, que usted es la sinceridad andando, y que, desde luego, ponía á su disposición las cartas sin necesidad de telegrafiarle previamente, pues ni en el carácter de usted, ni en la honradez de sus opiniones, ni en sus usos de relación social entró jamás aquella máxima hipócrita de callar en público lo que se dice en privado… y le cité el caso de José Ortega Gasset.

Le entregué, pues, las dos cartas que pedía, y al día siguiente le sopló al otro el ya destemplado pero merecido artículo que vá adjunto, el cual no tuvo réplica. Ahora bien; como es muy posible que el Sr. Riega se valga de alguno de sus muchos amigos de Madrid para preguntarle á V. si, en efecto, escribió ó no los parrafíllos publicados, ó tal vez le escriba él mismo (pues es un revoltoso de todos los diablos) me adelanto á darle estos antecedentes, para que no le coja de nuevas. Si él le escribe, tenga ojo con lo que contesta, porque lo que V. le diga no dude que el Sr. Riega lo publicará con la intención de ponerle á V. en contradicción consigo mismo, y por ende, de llamar á Garcia de Diego embustero, haciendo ver á los ojos del lector que los párrafos citados por este son cosa inventada.

Es irritante la acometividad de mis paisanos contra todo lo que viene de Castilla, y más todavía cuando esto que viene es enseñanza. García de Diego es chico que vale y que sabe; está estudiando el gallego // con verdadero amor; prepara un estudio filológico sobre nuestro dialecto, que será utilísimo sin duda alguna; pues nada: bastó que en su primer trabajo le pusiera reparos al helenismo de un escritor pontevedrés, para que nuestros vecinos salieran gritando á una: -¡Como! ¡venir aquí á atacar á los hijos del país! ¡un tipo de Burgos! ¡un castellano!- Miserias regionales que sacan de quicio á los que, á Dios gracias, tenemos un poco de sentido común.

Espero con impaciencia la publicación de su Quijote.

Sabe le estima muy de veras su agradecido amigo y admirador que le desea muchos triunfos

 Víctor Said Armesto.

Supongo que las necedades de Dionisio Pérez (¡otro Riega!) no influirán para nada en el animo de V. ¡No deje, por Dios, de seguirme escribiendo! Y mantenga como siempre su espíritu en alto, para que de la envidia hospiciana y despechada no le alcancen las salpicaduras.

Nota: no se si han leido las etimologías gallegas, publicadas en este enlace: https://celsogarciadelariega.wordpress.com/category/historia/

pero lo que escribe en esta carta no es cierto

Iltmo Sr. D. Miguel de Unamuno. Pontevedra, 28. Feb. – 1905.

 Mi muy querido amigo y maestro: Hoy remito á usted (pues ayer me fué imposible) los fascículos del libro del Sr. de la Riega que motivaron la polémica de con Garcia de Diego. Pertenecen al Capítulo titulado Colonias griegas. El resto de la obra, como verá usted por el índice, no toca para nada á la cuestión del helenismo en nuestro actual lenguage.

Nada de cuanto en tal Capitulo se contiene es nuevo para usted, pues ya hace tiempo le he enterado de todo minuciosamente; pero, en fin, allá vá, para que no le quede á V. la duda de si yo le habré engañado, ó no habré transcrito las opiniones del Sr. Riega con toda exactitud. Creo que al leer esa sarta de atrocidades ratificará usted su criterio y comprenderá conmigo que es un dolor eso de que el Sr. Riega se salga á sus 64 años, y á estas alturas, con tales cosas. De las notitas que yo había puesto al margen, hágame el favor, por Dios, de no hacer caso. Eran exclusivamente para mi; y ahora tiemblo al pensar si acaso encontrará. V. muchas de mis notas tan disparatadas como la alquimia del Sr. Riega. Me salva, en fin, que yo no soy filólogo, ni tengo pretensiones de tal, ni voy por ese camino.

Adjuntos van también los artículos de Garcia de Diego que está // interesadísimo en saber que opina usted de ellos, pues desea estrechar lazos de amistad con usted y hasta quiere que V.; le sirva de consultor y padrino para algunas cosas buenas que prepara.

Persona que creo bien informada, me dice que el Sr. Riega (no se ría usted) piensa escribirle, retándole solemnemente á una discusión pública en Salamanca, á donde acudirá inmediatamente con sus patas cojas si usted acepta el reto. Lo mismo hizo aquí con García de Diego: le desafío á una discusión pública en la Sociedad-Casino, y, claro es, García de Diego no aceptó.

Lo que es si le escribe á V. la primer carta… ¡pobre Unamuno! Prepárese á recibir dos cientas mil, y no así como se quiera, sino empleando á 30 y á 40 pliegos por misiva. Así las gasta el hombre. Es un latoso imposible. Usted lo verá.

A este Sr. Riega debe usted de conocerle de nombre. Es aquel chiflado que después del Centenario de Colón publicó un libro probando que Colón es hijo de Pontevedra, y como se rieran algunos periódicos, se fué á Madrid y publicó también un cartel de desafio retando á Fernandez Duro… á la consabida discusión pública sobre el particular.

Como V. vé, no es solo en Gijón donde se dan estos tipos extravagantes. Si caen ahora sobre usted cartas de 30 pliegos demostrándole que el pronombre eu gallego procede de! eyú griego ¡por Dios, perdóneme // V., mi querido Unamuno, que haya abusado de su carta y de su nombre. ¿Me lo perdonará usted?

Sabe le quiere de corazón su admirador, discípulo y agradecido amigo,

Víctor Said Armesto.

Nota: lo de este hombre con Celso García de la Riega es increíble, la manía que le tenía, solo hay que ver el lenguaje empleado, llamar chiflado y en la anterior majadero por lo de Colón, pues se habrá quedado descompuesto cuando Unamuno aplaudió públicamente la teoría del Colón gallego

Y lo mismo hizo en las cartas que le mando a Murguía que están publicadas en otros post, pongo la url por si quieren leerlas: https://celsogarciadelariega.wordpress.com/?s=victor+said

Pontevedra 12 Agosto 1912

 El gran D. Celso no sale de casa desde hace dos años. Tiene la médula hecha papilla, y está paralítico; pero no enceltado, sino tan griego como todo lo de aquí. Ya usted sabe que lo de las etimologías griegas es otra mania de las suyas. Dioivo, en gallego “diluvio”, del griego δіω , “espantar”, e ¡bus, “mucho”; yo espanto mucho, efecto // que causan los diluvios ó inundaciones… Y así las demás.

Estas cartas han sido editadas por la Xunta de Galicia, Consellería de Educación año 2000, Centro Ramón Piñeiro

Etimologías Gallegas Comunicado “Respuesta de Celso García de la Riega a V. García de Diego”

Comunicado

Diario de Pontevedra 28 Febrero 1905

 Sr. D. Andrés Landin.

Mi querido amigo: ruego a V, que ordene la publicación del adjunto comunicado en su ilustrado periódico, puesto que no me queda otro medio de contestar al inverosímil ataque del Sr Diego, en !a inteligencia de que se trata de un comunicado de pago esperando que haga la inserción lo más pronto posible.

 Es favor que le estimará de todas veras su antiguo amigo.—G. de la Riega.

24 Febrero 1905.

 Sr Director de El Diario de Pontevedra:

Diario Pontevdra contestación a V. Diego 28:02:1905 Mi distinguido amigo: de cuantas sorpresas pudiera yo tener en la vida, ninguna tan extraordinaria como la que me ocasionó el artículo de ese catedrático de latín, inserto en el número de hoy, que acabo de leer. Convencido estoy ya de que es imposible toda discusión normal y correcta con ese señor En la polémica que sólo por las razones ya expuestas, he sostenido acerca do las reminiscencias griegas en el lenguaje y en la toponimia de Galicia, he contestado puntualmente y en su lugar respectivo a todos los reparos aducidos por el Sr, Diego. Este caballero, viéndose sin salida, acorralado y descalabrado en su argumentación científica, ha acudido en su último trabajo filológico a extremar el sistema que habla iniciado: el de las omisiones, de las tergiversaciones, de las inexactitudes, en fin, del barullo, todo ello presentado en un lenguaje que nadie envidiará. Los lectores de El Diario habrán advertido ya el desahogo con que el Sr. Diego ha sacado de quicio las cosas, trabucando intencionadamente mis raciocinios y pruebas, trasladando todo aquello, que sólo tiene encaje y efecto en su lugar, a otros en que aparezca desatinado y resulte sin valor atribuyéndome conceptos que no he emitido o falseando, con habilidad que reconozco; aquellos que yo he acompañado de los respectivos antecedentes y consiguientes; acudiendo, en resumen, a subterfugios que tienen adecuado calificativo en el diccionario de la lengua. Crea V., pues, amigo mío, que aunque V. no, lo hubiera hecho, yo habría dado en este punto por terminada la polémica, principalmente en vista de mis observaciones sobre procedimientos de trato social, que he consignado en mis últimos artículos, largos y latosos, es verdad, a causa de que la defensa requería una extensión que los ataques maliciosos y embarullados pueden salvar fácilmente.

No habré de ocuparme ya, en el presente comunicado, de las menudencias filológicas mencionadas; de la polémica haré muy pronto un folleto con las correspondientes notas, aclaraciones y justificaciones y, por lo tanto, la cuestión habrá de ser juzgada en su día por quienes no estarán influidos de prejuicios y pasioncillas de bajo vuelo.

Pero el último artículo, o lo que sea, del Sr. Diego, tiene cosas que no pueden quedar sin contestación, y por eso acudo a esta forma de comunicado, bien convencido de que cumplo una obligación ineludible Ese señor, que ha tenido la amabilidad de llamar jonios a mis tatarabuelos (licencia muy descortés) no se ha hecho cargo de que yo, en ¡as entrañas de esos remotos antepasados, ya tenía matemáticas y había aprendido a no emplear nunca medios incorrectos y a no usar en ninguna ocasión literaturas dé plazuela o de chiquillo emberrenchinado; si me he permitido , algunas frases irónicas, ha sido tan solo en contestación a otras injustas, inconsideradas o intempestivas. He sido atacado inopinadamente y nadie creerá que he cometido un crimen al defenderme, dentro siempre del compás y del son que me había señalado el ofuscado agresor.

Poco es lo que voy a decir y conviene descartar desde luego un pequeño detalle, aunque tiene importancia por el fin benéfico que encerraba; El Sr, Diego había afirmado que eso del espíritu fuerte o áspero, desvanecido en los dialectos griegos, restablecido por Aristófanes y lamado digamma eólico, era «una atrocidad que no se estila en los libros moderno», sobre esta afirmación le he propuesto una pequeña apuesta. Ha eludido la aceptación noble y franca; ha tratado de escurrirse (muito olio c´os cartiños!) según costumbre, con una habilidad que precisamente viene a darme la razón, puesto que las palabras que cita del Sr. Cejador, patentizan la existencia del mencionado digamma o sea espíritu áspero o fuerte; luego, en los libros modernos se usa tal atrocidad y no la del estupendo jo, ja, base primitiva de la cuestión. Sobre este asunto hay además lo que he expuesto, copiándolo literalmente y sin tergiversación ni omitida, de la extensa y profunda Gramática griega del Sr. Lozano y Blasco, catedrático que fue de griego en la Universidad central, capítulo XIV, párrafos 2 y 3, páginas 34 y 35. Es, por consiguiente, indudable que ol Sr. Diego ha eludido la apuesta y tratándose do un objeto caritativo, debemos lamentar que no la haya aceptado, puesto que tenía tanta seguridad en que yo seria el pagano.

Y vamos a lo principal, que, sin embargo, sólo tiene valor aparente; a lo que me ha causado la sorpresa que menciono al principio de esta carta; a unas increíbles palabras del Sr. Unamuno. El Sr. Diego continúa tocando a rebato-.. lo mismo que el sacristán y el escribiente consabidos. Le compadezco.

Muy flojos y muy desprovistos de conocimientos y de razones se hallan el Sr Diego y su ayudante de campo, hacendista desocupado, cuando se han visto en la necesidad de acudir a aquel catedrático: bien cierto es el refrán de que el que quiera saber, que vaya A Salamanca. No puedo calcular bajo que clase de elementos de sugestión o de referencias e insinuaciones ha podido el Sr. Unamuno leer algo, no todo, de mi libro y estampar dichas palabras. En uno de mis artículos he indicado la idea de que si nos colocamos en un punto de vista opuesto a las noticias históricas y a la colonización griega de Galicia, mi criterio resulta desatinado y que tanto valdría buscar orígenes griegos en la Australia. Esta consideración no ha sido apreciada en su justo valor por el Sr. Diego, que no sabe apreciar cosas tan sencillas, ni probablemente por el señor Unamuno, que no ha podido fijarse en ella o a quien seguramente le ha sido ocultada. El Sr, Unamuno tan sólo leyó algo de mi libro; en la página 527 declaro lealmente que mis conocimientos, sobro estas y otras materias, son muy superficiales, hecho que bastaría para que todo espíritu sereno y justiciero prescindiera de escribir frases tan excesivas, desatentas o injustas, aunque considerase erróneo mi criterio. Mi ciencia filológica está reducida en mi libro a consignar que tanto ciertos elementos como muchas palabras gallegas del lenguaje y de la toponimia quieran o no quieran el Sr Diego y su ayudante tristísimo, concuerdan en forma y en acepción con otras griegas, hecho incontestable que, unido a las noticias históricas y a los juicios formulados por Plinio, Strabon, San Isidoro, el Gerundense, el P. Florez, los señores Fernandez Guerra y P. Fita, etc., etc., corroboran mi criterio. Si el señor Unamuno no aprecia las noticias históricas y la toponimia gallega, está en su lugar al considerar absurda mi creencia y al figurarse que salgo de un manicomio; pero no al escribir frases tan inconsideradas, sin presumir, segura y positivamente, que habrían de ser utilizadas en una forma y en una ocasión que no ha podido imaginar ¿Cree el Sr Diego que las cosas no han de aclararse? Vaya si se aclararán, y aínda mais. Ni de mi libro, ni de la polémica en que he aducido hechos y argumentos incontestados, aunque sí desfigurados y tergiversados (pues lo he probado así en los lugares oportunos), se puede deducir que alardeo de helenista o de filólogo, ni que me hincho o me esponjo, bañado en presunción satánica, ridícula, insana y ruin: de ello estoy bien seguro y todos los que me tratan y conocen, lo suben del mismo modo.

Lástima es que el Sr Diego, que se considera un Kuroki de la filología, no haya consultado también al Sr. Unamuno las definiciones de su famosa gramática latina sobre el sustantivo, el adjetivó, el verbo, la métrica, etc. Estoy persuadido de que si el Sr. Unamuno leyera aquello de que «la Métrica es el estudio gramatical de los versos latinos», pondría en solfa a un catedrático que enseña a sus alumnos semejante dislate y que, por tanto, carece de toda autoridad científica; también estoy convencido de que si el mismo señor se enterara de las asombrosas habilidades y afirmaciones de! Sr. Diego en la polémica de que se trata, le condenaría a la contemplación eterna de su ayudante de campo.

Pero ¿es que las frases del Sr. Unamuno escritas en tales circunstancias, constituyen un mandamiento de la ley de Dios? Soy enemigo de la exhibición personal; mas el estado, a que el Sr. Diego, totalmente aturdido y sin base propia, ha llevado el asunto, me obliga a presentar opiniones valiosas que, no sólo hace lo que vulgarmente se llama «pata y en paz» con respecto al decreto del Sr. Unamuno, sino lo que se dice <<quince y raya>>.

Un doctísimo filólogo, sin duda el mas eminente de España, me ha trasmitido el juicio que le ha merecido mi modesto libro y trata particularmente los puntos de filología, sin hacer la más leve insinuación de censura sobre las reminiscencias griegas, esas reminiscencias que el Sr. Diego ha creído que destruían su cátedra de latín y el despacho de su Gramática latina y de los programitas de curso, Y para que se vean la sinceridad y lealtad con que dicho sabio emite su opinión, copiaré algunas frases. Después de decir que mi obra está llena de erudición y de buen juicio crítico y que sin duda habrá de llamar la atención de los doctos, añade lo siguiente: «Lástima que V. no sistematice un poco más el punto del anticeltismo y otros lástima que usted no haya abandonado para escribir su obra resabios de doctrinas no viables que asoman a veces; me refiero a las alusiones que hace a una comunicación iberolatina, (téngase en cuenta que en mi libro llamo eminentemente latino a nuestro dialecto) a la maternidad del sánscrito en orden a las lenguas dichas indoeuropeas, etc., y a suponer verdadero el origen asiático de los aryos, cuando en realidad, y en cuanto cabe admitir tales aryos, deben decirse europeos. Esto no quita lo substancial del libro, pero yo, que estimo sinceramente la doctrina de su obra, etc.. expresión sincera de mis impresiones y de la estima de su obra meritísima, etc.»

Ahora copiará un párrafo de la carta de un académico, aunque en ello haga un esfuerzo, «He leído el libro y lo tengo sobre la mesa para releerlo y estudiarlo; mi impresión es que se trata de una obra magistral y que ha de promover polémica. Por lo visto ya hemos empezado con ese búrgales, que me parece se ha metido EN LO QUE NO ENTIENDE, Precisamente, días pasados estuve hablando de cosas griegas de Galicia con N, . N.,. (un catedrático de la Universidad central) y me citó innumerables nombres griegos de ese país, etc. «En el trabajo para el Boletín pueden y deben venir las voces griegas con sus propios caracteres de letra.», etc. No estoy autorizado para publicarlos nombres del filólogo, del Académico y del profesor mencionados.

Las cartas de referencia están a disposición de los lectores do El Diario, no de ese Sr, Diego, que podría sufrir un berrenchín. Algunas personas las conocen ya. Concluyo repitiendo que mi enorme delito ha sido ensalzar la historia antigua de mi patria, enlazando, justificadamente las repetidas o incontestables noticias históricas con muchos nombres do lugares y con un ciento, o cosa así, de palabras del lenguaje galaico que concuerdan en forma y en significado con voces griegas, Este horrendo crimen le puso los pelos de punta al Sr. Diego, imbuido en vulgarísimo criterio castellano en cuanto toca a Galicia y a los gallegos; ni él, ni el señor Unamuno han visto que, aún aceptando las peregrinas afirmaciones filológicas del primero y las transformaciones galaicas de las palabras latinas, resulta una antigua fonética gallega derivada de la griega. El Sr, Diego ha intentado cubrir su averiada mercancía con el pabellón del Sr Unamuno, Pobriño!

Cuanto a otros puntos del último y desdichado artículo del catedrático de la Métrica y del verbo de lo inicial.. peor es meneallo.

Y dando a V.; amigo mio y querido paisano, las más expresivas y sinceras gracias, se repite suyo afmo. s.s.

q.s.m.b

Celso García de la Riega

Nota: Falta la publicación de la cartas de V. García de Diego a Unamuno y la carta que le remitió Celso García de la Riega a Unamuno

Vuelvo a repetir lo mismo que en otra ocasión V. García de Diego y su ayudante de cámara debieron quedarse tontos cuando la Real Academia de la Historia denominaron a Galicia Antigua Obra de Relevante Mérito

Etimologías Gallegas “último de V. García de Diego”

Etimologías Gallegas

Diario de Pontevedra 24 Febrero 1905

D. Celso García de la Riega.

Etimologias gallegas 24:02:1905Puesto que El Diario sólo me permite escribir un breve artículo para contestar A la serie de los suyos, mi contestación única debiera ser estampar el juicio que al catedrático de griego D. Miguel de Unamuno, eminente helenista y uno de

nuestros mejores etimologistas, le han merecido el libro del Sr, Riega y su filología:

«El Sr. Riega no tiene la menor idea de los procedimientos de la moderna filología y se ha metido a Helenista por la poderosísima razón de que no sabe griego y en otro lugar añade: «Dígale de mi parte al Sr. Riega—se lo ruego- que se dedique a otra cosa, ya que para el griego demuestra la más decidida de las incapacidades>>.

Cuyos párrafos y cartas pongo a la disposición del naiteiro de nuestra prehistoria. Pero como me dirige insistentes acusaciones sobre algunos puntos, las expondré brevemente.

1º <<Es falsa la ley romanista de que el ei gallego proceda de ai o ei y no:de e>> Ya en el libro pag, 260 decía: <<El gallego cambia la e en ei, eixo de eje, eira de era; amei de ame, botarei de botaré>>. Al ver la risa y alboroto, que nos causaba tal derivación, exclama irritado «es increíble que un gramático se aturrulle interpretando ahí que yo diga se cambia e en ei» Pero, gracioso intérprete de Teopompo, ¡si no interpretamos nada ni hacemos más que leer el cambia que pone en su libro! ¿Y el ameí procede de un ai?» Sí, querido filólogo, de un amai por amavi. «Bueno ¿pero el amarei de amabo es moco de pavo?>> No; no es tal moco; es un disparate propio de su filología. ¿Á quien se le ocurre citar aquí al amabo latino? Al famoso traductor del annuare por anual. «A ver, amiguito mío, búsquele V. la i a toda esa lista de palabras». Solo el desconocer todas las leyes de la fonética puede inspirarle esa tranquilidad en tan arrogante reto. Como sería pedir cotulas al golfo el exigirle antes las etimologías, ahi va la lista, con la i.

Basium: baiso. Beixo -basiase, baisar, beixar- carcasia, carqueisa- dehic ad, deixa, ……….laetare, leitar, deitar -aedium, edio, eido- ecsitum, eixido- actum, aito, eito -adqui (ppor adhic), aiqui, eiqui- legem, leg ley- larium, lairo, leiro- caseum, casio, caiso, queixo -pesce, pecse, peixe- caxalam, caisada, queixada- tacsum, taiso, teixo- regem, reg, rei- (y por annogia reiseñor de lusciniolum)- sectura, seitura- pectonem, peitee, peite, pet ranum, peirano, peirao – mágica, maica, maiga, meiga- taleirlam ( de talaria), taeiroa, teiroa- poedum, peido. El gallego genuino es irexa y edade no eigresia.

Solo risa causa su solemne, negativa de que tira gallego y era castellano no procedan de aria por aira. «El ai se oirá en los aldeanos de su tierra», Pero usted, además de no saber griego ¿ignora que en gallego aún se pronuncia tal ai? Vea, para que se instruya, el aira¡ Valladares, pag, 600. Descontando pues eivar, xeito y eciva, de cuyas etimologías tengo reparos, resulta que ni aun la media docena de excepciones, ha encontrado. «iQue le parece, eh?» exclama ufano tras esta lista. Pues me parece, como vemos, que de toda esa retahila de palabras que aduce no le queda para V, y los jonios más que una en limpio: la de peído.

Si fuera cierta tal supervivencia jónica hubiéramos: cambiado en gallego la e en ei, lo que no ha ocurrido ni en seis ejemplos! febre, febreiro, feces, fecundida, fedento,fe¡is, femea, feno, ferida, fero, ferro, ferver, festa y varios millares más. ¿Ve como los jonios, sus tatarabuelos, no hicieron en Galicia la única gracia que sabían; de cambiar la e en ei? La e latina perdura constantomente en el gallego para befa y baldón de la flamante Filologíadel porvenir.  Esto es, que los gallegos hicieron como los jonios, con la insignificante diferencia de que fué al revés. Los jonios cambiaban e en ei: los gallegos la dejaron en paz. Los jonios cambiaban en ai….pues los gallegos para mofa de esta filología cambiaron, al revés, ai en ei ¡Pobre D. Celso!

2-° Ley de los grupos clgl. «No sé cómo insiste V, en llamar romances a esos grupos: el Sr, Pida! habla silo de grupos latinos: si se tratara de un grupo romance nada tendría que decir». Pero ¿no ve, filólogo doméstico, que en e, sufijo latino culum no hay grupo de consonantes? Lo hay solo en clo, pero esto ya es romance. Además V. levanta una calumnia literaria al Sr, Pidal. La regla está en la pag 86 y el capítulo comienza en la pag. 76 con este epígrafe « Grupos interiores ROMANES>. Está visto que le es más fácil interpretar a Teopompo que leer una inda gramática. Tan rotunda Como esta y por consiguiente tan falsa es su afirmación de que el Sr. Pidal deriva mancha de maculam, afirmación que hizo ya en el libro, página 533, Vea el lector las páginas 86 y 95 de dicha gramática y se verá el aplomo de las afirmaciones del Sr Riega. Dice ahí «mancha de manculam>>. Que ignominia!

3.° Tónicas y átonas, «El sentido común rechaza que una palabra de dos sílabas se pronuncie jamás sin acento, par el sentido ni por nada.» Esta afirmación bastaría para perder curso en primero de gramática cuanto más para desacreditar a quien intenta hacer filología. Y el autor de esto intentaba ser patriarca de una escuela!.

Como le advirtiera que todas las preposiciones se pronuncian sin acento exclama: «¿Habrá quién hallé diferencia pronunciando aprisa entre pára la maquina y para la máquina, indicando dos cosas entre cómo la merienda y como la merienda? Pregunta que debía haber hecho antes de estamparla a la más negada maritornes para que le sacara de dudas. Al menos las que yo he tratado, sin saber ni qué es gramática entendían lo que se las quería decir según se pronunciaran estas palabras con acento o sin el, Quien no tenga oído para percibir estas diferencias o quien tenga osadía para negarlas haría bien en dejar el aporreado oficio de filólogo.

«¿V. no sabe que ninguna palabra de una sílaba tiene acento?» Más que discusión filológica parece esto un muy mediano examen de ingreso. Porque ahora que habrá tenido tiempo de pensarlo ¿qué haría V. si un alumno en tal examen le dijera eso mismo, que ninguna palabra de una sílaba, y por tanto ni sustantivos ni nada como pié, fé etc tiene acento? ¡Tendría usted el valor de aprobarlo? ¿Y no se reiría V. si tan mal alumno intentara meterse a redentor de la filología?

4º Artículo gallego. Aunque no bastara la ley de la proporción de los vocablos, destruyen razones infalibles su derivación griega. El a, a, o y os as de Navarra debe tener un origen común con el gallego. «Pues ¿no sabe V., exclama indignado, que ese procede del artículo euskaro?* Le hice notar que eso era inocente pues el euskaro es aak y se suelda por el fin a las palabras. «¿Y no sabe que el tal o es solo de una porción pequeñísima de Navarra?». Le advertí que tan pequeña era esa porción que se extendía a Navarra, Aragón, Asturias y León, Galicia y Portugal y que si esos artículos o, a o, os as eran latinos, latino sería el gallego. Pero creo sigue la máxima de que antes mártir que confesor, contesta: «ese artículo en Leon y Asturias nació por influencia galaica, en Navarra por influencia vasca y en Aragón Dios sabe por qué influencias. >> Solo los aprietos en que V, se ve pueden obligarle a decir cosas tan graciosas.

Derivar el o, a, o, os, as, dejo, je, to, joi, jai (así, con aspiración mal helenista) teniendo un lo, la, los las, las que hizo en la mitad de España o, a, o, os, os, igual al gallego es una broma que ni del mismo Teopompo debemos admitir. Una prueba de que hubo muy antiguo el artículo o es el Ocobre del siglo IX, cuya o es artículo y t en e V. que tragarlo así.» Si V. se empeñara y yo tuviera tragaderas tamaño de un molino le daría gusto, ¿Tan mal anda V. de diplomática gallega que no encuentra esa palabra a cada paso siempre con su o. «El hecho de que se tradujera por Grobe es prueba infalible de que es artículo la o, «Tan infalible como que lo fuera en ochavo, obispo por haberse traducido el chavo, el bispo. «Los buenos textos del Ulysipo no se ven por ninguna parte: e! buen texto es Plinio, Tan limpio está V. de Escolástica para salmos con una contestación tan graciosa? Porque supongo que V. no tendrá el texto original de Plinio sino una antigua y mediana edición de las que se ríen los escoliastas alemanes, al consignar la forma Ulysipo.

5° «iQué ocurrencias! pegar el artículo árabe a un sustantivo castellano!» Pero, señor estudiante, no sabía eso? Pase que nos hable de griego aunque confunda el digamma eólico con el espíritu áspero, aunque diga lo lobos y no haya aprendido a leer en tal lengua, pero no se ahueque como maestro de castellano para decir cosas que nos divierten tanto. Mira, picaruelo discípulo, en. castellano hay a-vispa, al-bérchigo, al-caparra, a-zufre y muchos más con el artículo arábigo. «Un catedrático de latín ¿no sabe que quis es por aféresis de siquis, que freixo. se deriva de frango y que cabeza se deriva de caput? No; sabemos que quis es una palabra independiente, que freixo se deriva de fraxinum y cabeza de capitia. Por Dios, se lo pedimos, no se nos meta ahora a latinista porque nos arruina. Quien traduce el annuere del cataneno griego, Schrevelio pag. 232, linea 27, por anual está más para cursar primer año de latín que para tomar la alternativa de filólogo.

6º Leyes semánticas, Le advertí que! todos los pueblos del universo al recibir un idioma toman los nombres de nombres; y verbos de verbos. Y contesta: «¿Pues no hay verbos derivados de nombre?. Si dentro de un idioma se derivan palabras; viare de via como callejear de calleja. Pero no se trata de esto, sino al recibir un nuevoidioma: esto es, que los gallegos al aprender el latín tomaron así las palabras y lo mismo debieron hacer al tomar el griego. Pero nada de eso; en la semántica de Galicia Antigua aparece un rio que ¡exclama, yo ahuyento en gran manera; y el tono que contesta soy movido con mucha rapidez; y el sacho encaramado que vacea; yo rasco; y la triste vaca cadañera que dice yo muevo la cabeza, y el vigilante mochuelo que chilla, yo chupo. Por Dios D. Celso, sea muy mal filólogo, pero por su Seriedad no nos aturda con un concierto tan ratonero»

7,° <<El griego no decía pean ni el latín tampoco.» Si; aprenda la pronunciación griega y vea en su hispanun-latinum el pean, anis. Y ahora que lo vea el lector para ver la ciencia de la nueva filología. Ni aun eso sabe el flamante filólogo. <<V. cambien adade, a pues deriva quennua de canna.>> ¿No ve que no esta bien en engañar a los lectores? Dice mi artículo: «Proviene de cannola-canla. «Es una plancha su afirmación de que la o se contorneó ou>>. Aunque sin mala intención alterne V, la verdad: Mi juicio está en el primer artículo y dice «el gallego popularizó el diptongo au con un contornédo ou.>>

8,° «Catedrático de gramática; lo del hisca valdría, si ese ixio formara los prosentes isco, isca, iscamos.>> Pues por eso lo cité, filólogo de pega, porque tenía esas formas. Para ser un muy ramplón filólogo era necesario que V. conociera siquiera el poema del Cid, cuyo verso 685 dice: Todos iscamos fuera que nadi non raste. ¿Y aún quería V. cubrir tan crasa; ignorancia gritando porque no le citaba estas formas «tergiversación, y batacazo»?

9.°- En cuanto a su ridículo y fachendoso desplante sobre la identidad del digamma eólico con el espíritu áspero, solo ; copiaré del eminente Cejador, pag. 7, línea 3 <El digamma eólico sonaba como w inglesa, el espirita espero como h aspirada.» Su caballerosidad, pues, le impone los garbanzos si no quiere que yo se los imponga, ¿A que no los ,paga?

Finalmente; por no sabor que el latín vulgar tenía flagrare, olor; por creer que Federico Diez» era de Madrid, algo así como un redactor del Madrid Cómico; por ignorar hasta hace pico la existencia del latín vulgar, descubierto para V. como un nuevo mundo por decir que la palabra tolva se usa en todo Galicia sin ser exacto; por llamar quenlla a la tolva, lo que es feroz disparate; por desconocer primero y negar después pública y privadamente la infantil ley de tónicas; por desconocer todos los libros de fonética general y de fonética, gallega; por ignorar hasta la existencia del Du Cange; por no dar ni una sola etimología griega acertada; por negar que chousa sea un terreno cercado; por no saber las etimologías más trasparentes de nombres castellanos; por ignorar que habían plurales latinos en oi; por no saber que el Gallego y el griego son lenguas indo -germánicas; por afirmar que mitula nada tiene que ver con el significado de almeja; por no entender que eemin con ela era del dialecto jónico; por confundir como el más enconterza oo codio el diganma con el espíritu áspero; y por no saber que le inglés tiene muchos millares de palabras latinas; amén de todos los dislates apuntados y de otros sin número que expondría si se me permitiera más espacio; es por lo que veníamos a aconsejar a D. Celso García de la Riega que deje la carrera de filólogo, para la que aun no tiene las más rudimentarias condiciones, y emplee la claridad de su ingenio en la sutil investigación de sus historias o en labrarse el honroso título de consumado jugador de billar. La primera tacada en las mesas de la filología le ha costado un feroz e incurable bolazo en el cogote.

Porque si como dice Unamuno en carta que ponemos a su disposición >> El señor de Riega no tiene la menor idea de los procedimientos de la moderna filología y se ha metido a helenista por la poderosísima razón de que no sabe griego>> de amigos sinceros, aunque crudos, será aconsejarle que se dedique a otra cosa, ya que para el griego tiene la más decidida de las incapacidades.

 V. García de Diego

 Nota:  Llama la atención que todo un catedrático de latín, V. García de Diego, tenga la necesidad de apoyarse en el catedrático de Griego y Rector de la Universidad de Salamanca, Sr Unamuno, para dar peso a sus opiniones frente a Celso García de la Riega al cual lo consideraba un ignorante como filólogo. En cualquier caso queda la respuesta de Celso García de la Riega y las cartas que hubo entre V. García de Diego, Victor Said de Armesto por una parte y Unamuno por otra, creo que merece la pena leerlas

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