Celso García de la Riega

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ETIMOLOGÍAS GALLEGAS XII

ETIMOLOGÍAS GALLEGAS

Diario de Pontevedra 8 Febrero 1905

{Continuación)

Etimologias gallegas 08:02:1905Algo intranquilo sin duda por los flacos asideros de su fonética, al llegar a las etimobgías trata de solucionar el problema en un singular recurso. «Después de todo, los dos debemos considerar que procedemos desde distintos puntos de vista, V. encastiliado en el latín y en la refulgente escuela románica, yo apoyado en los indicios lingüísticos del griego.>> Esto

es, repartámonos amigablemente y sin averiguaciones el botín: como si se tratase de un cauda! conquistado por el derecho del trabuco. El recurso será de efecto para mostrar la intransigencia romanista, pero no tiene fundamento serio. No puede haber; más amigable reparto que el que la razón y la verdad demuestre. Si su helenismo descubriera un día otras muestras de más Valor; que se llevé lo que le pertenece. Hoy hacen bien los latinistas en negar estas migajas que los helenistas imploran.

Se admira V. de que examinando veinte etimologías me permita decir de las ciento o más restantes que ni una sola me convence. <<V ha imaginado que esas diez y ocho o veinte definiciones bastan para echar sobre el resto de mis ejemplos la nota de disparatados.» Esto es, era necesario que yo escribiese otro libro para para demostrar que no encontraba ninguna satisfactoria. Ni tengo el tiempo para tales cosas, ni era necesario para lograr mi intento; los lectores profanos no habían de leerlas y los que entiendan de estos estudios tienen de sobra. Con apuntar etimologías como la de dioivo «la ajustada en forma y acepción», y la de cheirar. Hay botones de los que basta solo una muestra.

El resultado de mi tarea alarma a V, por modo extraordinario, sin perjuicio luego de decir que el caudal por mi encontrado es demasiado pobre, ¿No advierte V en esto una verdadera incoherencia?. Su caudal es raquítico y menguado para defender la etimología helénica de los demostrativos, pero considerado en el mismo resulta excesivo; por que todo sobra. Bien que esta advertencia mela hubiera ahorrado V leyendo mis artículos.

 Ahora veamos los procedimientos de derivación del Sr Riega para juzgar de la fuera de sus etímologías.

1º leyes fonéticas: el Gallego prescinde cuando le conviene de las deslumbrante ley de las tónicas; éu de ego,pai de peán o de paidogónos, nai de naitéira, contra de cutreus, etc, esta nueva ley es tan general que conviene a la mayor parte de las palabras que el señor Riega expone: ensancha sus palabras con todas las vocales y consonantes que necesita; quenlla de canca, etc., etc, la t entre dos vocales la convierte en z, bouza de boutes: el grupo griego rg se convierte en gallego en ndr; Andras de argas; la ps griega unas veces la convierte en s: Sarela de psaros; pero otras en pes; psao que formó pesacho y luego besacho y luego sacho: las aféresis son de nuestro idioma radicales; Tamoege de podamos: el sonido de g suave se convierte en x; beixons de lengos; los diptongos ei, y ou pueden salir de cualquier cosa; Freilosa de freatecios, balouta de ballote, Sieiro de Sinion, touzal de toos, Meisidos de mysis, peirado de Pireo, etc., etc.; la l antes de consonante la suprime; ameixa de almes, y otras muchísimas parecidas a esta

2.°Leyes semánticas: El gallego no ha sacado como los demás idiomas del universo sus nombres de otros nombres, y sus verbos de otros verbos sino que goza en este punto de la más cumplida libertad; diovo de dioo, yo disperso, peletres de pelos, yo apróximo, sacho de psao, yo rasco, louzo de loazo, soy movido con mucha rapidez (hasta el touzo nos resulta urbano en la semántica del Sr Riega) y moucho de mudsao, yo chupo: el gallego no ha tomado las palabras griegas de significado concreto, para su uso particular; así para inundación no tomo cataclismos sino dioo, yo disperso; para almeja no tomo el griego miakes sino almces, la salada; para mochuelo no le pareció bien el griego glaux sino que sacó un mudso, yo chupo, para padre y madre no eligió el pater y meter griegos sino un pean Apolo y naiteira ó netera, señora de la casa; para indicar la mugre no tomo el de la mugre en griego, rupos, sino cútreos, el alfarero, y así en la mayor parte; en las que no concretó el significado lo tomo por el lado mas extraño; de xeros, seco, hizo un cheirar, oler (xerametra, medidas de cosas secas decía el buen Homero); de strobos, giro, remolino, hizo un estrobo, cuerda para atar el remo; de iscoo, tener poseer, retener, hizo un isca; anda de ahí; de tolos, revuelto, rápido, hizo un tolo, tonto: para la denominación de lugares no aceptó los significados corrientes sino otros más pintorescos; Bou, buey;, Argonte, magistrado; Astray, jumento; Bais, ramo; Bora, forra; je; Corcubión, hortaliza silvestre; Candas pieza de hierro en los: carros; Corisea, vaca nueva; Facos, lenteja verde; Geve, chinitas del río; Goris, aljaba, Magan, cuba de vino; Macara, -cosa buena; Mendo, dios Fan; Nodar, recien desollado; Sieiro, cribo, Sisan, peregil, etc. No estará de más advertir que de esta libertad usó solo con las palabras griegas; con las pobres latinas no cumplió más que las prosaicas leyes de todos los demás idiomas,

3.° Composición: Los medios de composición del griego se olvidaron aquí bien pronto y en cambio se inventaron otros jamás oídos ni imaginados; para el diluvio o inundación se hizo un dioo-ibu, yo disperso grandemente, y, para nombrar la tolva se hizo un tolobos, lo lóbulo, gastándole de paso una broma a la concordancia y a los molinos griegos.

4.° Derivación: En esto debía andar tan flojo el griego que no acertó a meternos en la cabeza una terminación siquiera; Hermelo de Hermes,Lardoeira, de lardos,Pulledo de poulles, chouza de xoustos, cadaneira de cataneuo. Sin duda los gallegos no tomaron palabra por palabra, sino que estaban fuertes en Tematología y se aprendieron solo las raíces para darles ellos derivaciones a su gusto. Al pobre vascuence que nos había dejado vocablos claros, evidentes, incontestables, como Abelao,Acíbal,Geleiro, Chedas y otros, no le dejamos una mala terminación más que el cho diminutivo, y aun ese quedó solo como padre de unos cuantos engendros híbridos; berbericho del griego berberí,sacho del griego psao, etc.

Como si fuera el griego una lengua de la que quedara un centenar de raíces, apenas una sola palabra aparece en todo el libró en que se vea la transcripción concreta que los demás idiomas han hecho, en la forma y en el significado al recibir sus vocablos. Los mismos nombres geográficos que ni huellas tienen de estar informados por la derivación latina, no han logrado encontrar en el griego un nombre al que por su forma y significado puedan ser razonablemente referidos.

Y todos ellos siguen una novísima fonética, la desconocida de todos los romanistas, de cuyas leyes acabo de dar una ligera muestra a los lectores: como si las palabras no latinas que el gallego pueda conservar de otros tiempos no estuvieran sujetas a las leyes y principios de la fonética común.

En cambio, donde hay que hacer cuestión aparte, en la simple filiación de los nombres geográficos, hace V. consideraciónes las más raras, o intenta demostrar con, ello mi ignorancia de la fonética gallega. «Así es como viene V a corroborar mi afirmación de que ciertos latinistas no conocen nada de Galicia y prescinden de aquellos antecedentes (la toponimia) para decretar lo que les place acerca de la fonética galaica» y a renglón seguido censura gravemente que yo olvide «la opinión general y científica de que en los nombres locales suelen encontrarse datos etnológicos históricos y lingüísticos>>. No me atreveré ni me he atrevido nunca a negar que en los nombres locales puedan hallarse datos etnológicos é históricos, y aún me alegraré muy mucho que de los de Galicia siga V. sacando todas las historias que el cielo le depare: pero en cuanto a los lingüísticos haré una distinción a la opinión científica de V: Cuando se trata de estudiar la procedencia de una lengua hay que empezar (aparte de la gramática) por las palabras llamadas demostrativas, después por las usuales de la familia, de Dios y de la casa, etc., y dejándolos a un lado se pueden buscar las etimologías de los nombres geográficos, siempre que esos nombres no tengan a la vez vida en otros objetos comunes. Tan esto es así, que hay pueblos en que su lenguaje y sus nombres geográficos tienen distinto origen. La razón es porque la toponimia, riqueza inmueble de las generaciones, perdura como los valles y las montañas a que denomina, mientras las lenguas oscilan y se marchan como el oleaje de las civilizaciones y de los pueblos.

La toponimia gallega, como la española y casi toda la europea, solo puede aclarar sus etimologías por exclusión; aislándolas luego de depurar el elemento latino. Después de esto solo se irá sabiendo algo cuando estén más avanzados los trabajos de reconstitución de las lenguas célticas y del vascuence y cuando se saque algo en limpio de esa maraña sin cabo de la etnología prehistórica. 

La toponimia gallega tiene un caudal enorme anterior a nuestra latinización ¿Cual es el origen de estos elementos?. Difícil es saberlo en concreto; pero la derivación griega, por las trabas de las etimologías del Sr: Riega, no lleva camino de resolver el problema.

V. García DE DIEGO.

(Secontinuará.)

Etimologías Gallegas XI

ETIMOLOGÍAS GALLEGAS

Diario de Pontevedra 7 Febrero 1905

(Continuación)

Etimologias Gallegas 07:02:1905Si mis raciocinios fuesen débiles y mi argumentación careciese de fuerza para persuadir, es seguro que V. no se habría tomado el trabajo de batallar a favor de lo que ea otro caso no merecería la pena de emplear tantos esfuerzos dice V, buscando un esfuerzo para su teoría del articulo gallego.

Sólo por si algún lector poco vareado en tales materias leyera esto, he de advertir que mis esfuerzos se han reducido a indicar lo que esta ya consignado como doctrina elemental y sabida no solo de los que el autor llama latinistas castellanos sino de todos los libros modernos, sin exceptuar uno solo, «Si el pronombre latino illo.illa no era átono y tenía sílaba acentuada ¿cómo puede negarse la misma condición al artículo vulgar illa,illa, siendo exactamente iguales?» la igualdad de la forma es lo que exigía precisamente distinta pronunciación. Hemos visto ya en el artículo anterior que exactamente iguales son el verbo cómo que el adverbio como el verbo Pára que la preposición para, el artículo el que el pronombre él, etc., etc., y sin embargo uno lleva acento y otro no? ¿Es justificado este tesón en negar un hecho que cada lector puede comprobar?

Esta atonía, exactamente igual en latín que en el castellano, le parece al señor Riega – impenetrable enigma «Encerrados en él sanctasanctorum acordaron (los latinistas) que esa atonía sea dogma impenetrable para los simples mortales, aunque se dé de cabezadas con el sentido común porque este no puede aceptar, ni aceptará jamás que una palabra de dos silabas; suelta o acompañada, carezca de tónica en cualquiera de ellas> Así, con toda ésa insistencia y energía para que no se dudé de su seriedad.

«Yo he combatido, añade, la existencia del artículo vulgar latino, sino el recurso originalisimode los latinistas de suponer que el castellano eligió la sílaba de il-lóy el gallego la vocal terminal o para sus artículos. Tan originalísima fue esta separación de sílabas que la cumplieron sin excepción todos los romances; el itaiiano se quedó con las dos, il yloel castellano coa la primera para el masculino, él, y con la segunda para los otros géneros la,lo, el aragonés y el leonés con la segunda, lo la, para todos los géneros. A menos que el Sr. Riega no nos consienta derivar del illo todas estas formas.

Que por qué sabemos que el articulo latino era átono para hacer posible la pérdida de la primera sílaba?. «Los latinistas han convenido en que se considere dogma esa diferencia (la de la atonía del artículo respecto del pronombre) sabiamente inventada; en que se tenga por reprobo y por ignorante a quien la niegue, y porque illo, artículo, es átono, y porque illo, pronombre, no lo es.» No, Sr. Riega, no. Los libros romanistas no contestan a nada de estas. cosas, pero es porque no se leen. Ellos le enseñarán cómo ese efecto de la atonía de los artículos en todos y cada uno de los idiomas de la Romanía no pudo nacer por un convenio sino por una causa común, que era la atonía del mismo artículo illo latino. Esta atonía permitió esa pérdida de la silaba primera del artículo; castellano lo,la; francés le,la; aragonés y leonés lo,la y o,a; italiano lo,la; y también sin excepción hizo conservar el acento la primera sílaba del pronombre; castellano, el,ella,ello: gallego el, ela: francés, il,elle, etc.

Esta uniformidad déla persistencia de la primera sílaba en el pronombre y de su pérdida en el artículo nació como, efecto natural de la diversa pronunciación del illo latino cuando era artículo y cuando era pronombre. En el primer caso se pronunciaba sin acento, como los artículos de los romances, y en el segundo con él, como lo siguen practicando los romances todos.

Esto es, el castellano, el gallego y los demás romances pronuncian sin acento su artículo con tanta uniformidad porque así mismo se pronunciaba el articulo illo latino, y dan acento a la primera sílaba del pronombre, porque ese acento lo tenía así el pronombre illo.

Tan perfectamente perdura esta tradición del acento latino que en el caso único en que el pronombre lo usaban como átono, el que los romanistas llaman caso de régimen, perdió también constantemente la sílaba primera, pérdida imposible en la pronunciación general del pronombre.

Este caso de régimen con su consiguiente atonía originó las formas que por eso siguen átonas: castellanas le,la etc. (medíjo, dígote, mirándole, oyéndola): gallegas, lle etc (llepréude, llaséi); francés le,lui etc. (pourleservir, luidevrá, leurrevelará.).

Sintetizando esto en dos palabras para que el lector lo vea claramente, diremos: Todas las lenguas neolatinas, castellana, italiana, etc. y todos y cada uno de los dialectos conservan sin acento el artículo, acentuado el pronombre en general, y sólo sin acento éste cuando está en el caso de régimen. Esta uniformidad en el uso tan admirablemente complejo del illeo illo latino es claro que no pudo nacer casualmente en idiomas tan distintos, sino que acusa un origen común, el latín que informó a todos ellos. Aparte de la razón de que por lo mismo que el illo tiene la misma forma siendo artículo que pronombre tenían que diferenciarlo en la pronunciación. Esto argumento ha sido la piedra de toque para muchos caracteres de los romances.

«Que no puede atribuirse el o navarro a los griegos ¿Pero aduce este caso aislado con verdadera sinceridad como prueba de que tan solo pretende hacer leales advertencias? ¿Pues no sabe V. que ese o navarro existe con escasísima aplicación en limitada comarca de Navarra, finítima de las provincias vascas y que es simple modificación del indicativo éuscaro a?» No, Sr. Riega, no sabía nada de esas nuevas del; o navarro que V, me trae, ni las sabíamos nadie. Porque, la verdad, que ¿a quién se le ocurre decir que tenía tan escasísima aplicación en esa provincia finítima el artículo o a y os,as, que sé usó más o menos generalmente en Aragón, Navarra, León, Asturias, Galicia y Portugal? Y como si fuera cosa sabida su jamás vista ni soñada etimología del tal o, a navarro, exclama «¿Pues no sabe V. que ese o navarro es simple modificación de indicativo éuscaro? Siento el disgusto que mis negativas le proporcionan, pero le confieso que antes creería si V. defendiera la oriundez gallega de Colon o Teopompo que la tal procedencia vascuence del , a yos,as. El vascuence tiene un artículo a que se suelda por e! ñu á las palabras y un ak para el plural. Pues de este a es de donde el señor Riega saca ese o,a, o. y de ese ak el os,as. ¿Habráse visto cosa semejante? que diría el Sr. Riega.

Pero por si era poco permitirse esas bromas con la fonética, no ha caído el señor Riega en una pregunta que se les ocurre a todos los lectores. Si ese o,a,oy os, as, del artículo navarro es igual al aragonés, al leonés, al asturiano, al gallego y al portugués ¿a qué diablo acude V, al griego para el gallego, y al vascuence para todo, lo demás? Porque esas formas no fueron exclusivas de Navarra, sino que alternaron con el lo,la.los,las en todas esas regiones. Si pues los artículos gallegos son posos helénicos, habrá que resucitar las divertidas teorías de la helenización, completa de España,

Como si todo esto no metiera por los ojos la etimología latina de todos los artículos do España y de todos los dialectos ylenguas de la Romanía, aun se ve mejor tal procedencia viendo el fundamento de la pretendida derivación griega.

El griego tenía un artículo jo,jee,io, o si V, quiero ho,hee,io, y en plural , ai, ta. Lo natural es que el gallego hubiera tomado tal articulo como es, en un casó o en otro, pero nada de eso; al adoptar el artículo griego eligió para el masculino el artículo ho, para el femenino singular echó mano del dual, que ocurrencias! nada menos que del adjetivo o pronombre relativo: y para e! plural …..para el plural no nos dice nada,pero elos, as, debió salir de algún otro escondrijo semejante.

Como hechos «documentados y probatorios» de la antigüedad del o artículo en Galicia cita el Sr. Riega los nombres Olysipo anterior a la era cristiana, Ocobre (El Grove), del siglo IX; Ogirez (El Gerez), del siglo X y Oporto (El puerto), del siglo XI. Así, con cuatro ejemplos, como si nada significaran los millares de veces en que so descubre viviente el illo latino.

Pero aún estos cuatro ejemplo no son exactos. El Olysipo es en todos los buenos textos Ulyssipo (ya se fue a paseo el artículo o). El fundamento del Sr. Riega es una etimología del seráfico Varron, el ocurrente etimologista de lapis (laederepederem) y de cadavér (caro data-vermibus).

El Ocóbre no tiene un artículo en su o, sino que esta letra forma parte de su raíz. La razón es fuerte. Buscando documentos ha encontrado el Sr. Riega, que esa o se pega a cuatro palabras, esto es, que es un fenómeno rarísimo. Pues bien, yo lo diré que la tal palabra llevó siempre la o.

Si en la donación de Alfonso III a la iglesia de Santiago dice ininstilaOcobre, en la Confirmación del Obispo Sisnando al abad Suto del Monasterio de San Martin Pinario repite SanctumVicentiumdeOgobre y vuelve a repetirse en un privilegio de Alfonso VII al mismo Monasterio EcclesiamsanctiuicencüdeOgobre, y en un privilegio de Gelmirez: Ogrobe.

La diplomática gallega que tiene esa media docena de pseudo artículos se pondría tal vez de acuerdo para aplicárselos al pobrü Ocobre. Cuando nadie le pedía etimologías latinas nos regala el Sr. Riega este culebrón.

Más lógico es pensar que después se tomó tal o como artículo, como en bispo por obispo. Lo mismo digo del Oxirez. Y en cuanto al Oporto del siglo XI.., respeto sin vacilación la veracidad de V. pero me permito negar la del documento;

Si no hay que cantar los funerales a su o griego, será preciso confesar que tiene siete vidas como los gatos.

  1. García DE DIEGO.

    (Se continuará)

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