Celso García de la Riega

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Estudio del Documento Nº 9 “Cristobo De Colón” Aportado por Celso García de la Riega a su teoría Colón Gallego

Cristobo de ColónCreo que es bueno aclarar un tema que nunca se ha aclarado suficientemente, es el de los documentos que aportó Celso García de la Riega a la teoría del Colón Gallego. Documentos que por otra parte ya se habían demostrado que no eran falsos tal y como afirmaban los informes de la Real Academia Gallega y la Real Academia de la Historia, en dos trabajos:

El primero 1926 del Coronel Mansfield que era Ingeniero, Arqueólogo y especialista en falsificación de documentos antiguos, al cual nadie le hizo ni caso y siguio la leyenda de la falsificación

El segundo realizado por la Catedrática de Historia Emilia Rodríguez-Solano Pastrana, en una tesis que se Titulaba “Autenticidad Diplomática, Sus Fraudes y Métodos Técnicos de Investigación”. Titulo de por si ya muy sugerente sobre el asunto de la investigación, el motivo de la tesis fueron los documentos con los que García de la Riega había incluido en la tesis de Colón Gallego.

El tercero data de Mayo del 2013 y fue realizado por el, IPCE, Instituto Patrimonio Cultural Español y a su vez colaborando la policía científica y que vienen a decir sin ambages ni fisuras que los documentos son auténticos, recalcados, es decir que lo que hay escrito por encima es lo mismo que lo que esta escrito por debajo, con este trabajo se ha conseguido de una vez por todas que no se vuelva a decir que los documentos son falsos

Uno de los documentos que más llama la atención y a su vez menos investigado es el que García de la Riega denomina con el Nº 9 Cristobo de Colón, este documento la gente sigue creyendo que García de la Riega lo manipuló para acoplarlo a su tesis, pues bien esto nunca ha sido así y esta tesis lo demuestra claramente, la enmienda que se supone altero García de la Riega es genuina, es decir, realizada en origen, lamentablemente incluso algunos seguidores, actuales, de colón gallego siguen creyendo que fue realizada por García de la Riega, esto ocurre por desconocimiento del tema y un poco de mala fe espero que esto apague sus dudas de una vez:

Para esto voy a utilizar el trabajo realizado por Emilia Rodríguez-Solano, ya que el IPCE no ha estudiado este documento.

Rodríguez-Solano le ha dedicado mucho a este documento en su tesis y es el que según ella es el más importante:

Sobre la enmienda de la X dice:

La enmienda era tan genuina como el resto del documento? que la xhabía suplantado a la e de la preposición “de; que la ”º” era genuina y que la segunda grafía, ostensiblemente enmendada, no había podido ser interpretada.

Parecía entonces natural que, ya que nos ocupábamos del análisis de tintas, comprobáramos por este medio si se apreciaba en las grafías que constituyen el problema objeto de nuestro estudio, alguna interpolación hecha con tinta distinta de la del contexto no lo hicimos, en primer lugar, porque con toda seguridad no se nos darla la necesaria autorización y en segundo lugar, porque no lo consideramos necesario y ahora vemos que, de haberlo hecho, hubiéramos introducido un elemento más a investigar, sin resultado alguno. Nunca es conveniente alterar un documento con la aplicación de reactivos químicos y, aparte de esto, hoy se cuenta con la fotografía infrarroja, que resuelvecon ventaja el problema de las interpolaciones sin producir el menor daño al documento que se estudia.

Afrontamos, pues, el problema con los elementos de juicio que poseemos, y empecemos por tratar de averiguar qué es lo que estaba escrito en el lugar que ocupan las extrañas grafías que aparecen ante el apellido “de Colón” antes de que se hiciera la enmienda.

Habíamos dicho que, a nuestro entender, la clave del problema está centrada en la interpretación delsignificado de la segunda grafía, y hemos supuesto, también, que esta grafía había sido alterada solamente por los trazos que recargan el cuerpo superior de la letra que, con su prolongación hacia abajo, constituían la estructura genuina de la misma. Por lo tanto cabe admitir que la grafía primitiva tenia que estar constituida por trazos que pudieran ser cubiertos por los que constituyen la grafía que actualmente contemplamos

Los impugnadores de la autenticidad de este documento, supusieron por otras razones, que la grafía primitiva pudiera haber sido

Φ (phi)

2º ρ (pe)

3º Ψ (psi)

Y, efectivamente, cualquiera de ellas hubiera podido quedar oculta debajo de la que existe actualmente.

Ahora bien, la primera no tiene sentido, porque no sabemos de ningún nombre que en aquella época se escribiera con “phi” inicial.

La segunda hipótesis nos daría el nombre “pº”, y debe ser tenida en cuenta por las razones que se alegan en los informes de los impugnadores.

La tercera, cabría en lo posible bajo el punto de vista caligráfico, pero es absurdo suponer que fuera a emplearse ni aún con el valor “equis” como sugiere Oviedo y Arce, basándose en que su uso fuera normal en la época visigótica que, en este caso, ya quedaba muy atrás.

Queda, pues, solo la “ Φ” como supuesto único admisible entre los tres citados.

Nos encontramos, con el mismo dilema que se le planteo a García de la Riega, del cual ha dejado constancia en una nota marginal, de su puño y letra que figura en el documento, en la nota hay una interrogación ¿Pedro? De Colón). (Cristobo).

García de la Riega leyo “xpº” sin el menor fundamento, y de aquí dedujo que el nombre que allí figuraba era “Cristobo”. Procuraremos hacerlo nosotros mediante un estudio objetivo de ambos proposiciones.

No cabe duda de que “Pedro” es un nombre corriente, mientras que “Cristo” no lo es. Cuando se quiere imponer el nombre del redentor: Jesucristo, se adopta la primera parte del nombre: Jesús, pero nunca la segunda. El nombre de “Cristo”, por tanto, casi se puede afirmar que no existe; luego, pensando lógicamente, el nombre primitivo debías ser “Pedro”; y así lo entendieron los impugnadores del nombre “Cristobo”.

Pero al tratar de interpretar la lección del nombre que ahora -después de la enmienda- podemos contemplar, vemos ante todo una “equis” igual a la que figura en el encabezamiento del documento (línea 3), formando parte del nombre “ihu xpo”. Esta “equis” que figura sobre la grafía siguiente, forma, sin duda alguna, el nombre de -”Cristo”-. La grafía siguiente ya no puede formar parte del nombre que se busca; ni de ningún otro, tampoco, puesto que todos los comentaristas están de acuerdo en que, en el estado en que está, esta grafía carece de significado alguno.

Pero fijándonos bien, esta grafía aparece cortada en el punto en que el palo descendente corta la llave que lo encuadra. Si suponemos que este corte ha sido intencionado, habrá que suponer, también, que el escribán quiso eliminarlo al efectuar la enmienda, y si no lo borró, Por lo menos, lo abandono. Siendo ingenua la enmienda, como nosotros creemos, no importa que la presencia del expresado palo la haga claramente perceptible. Ahora bien; supuesto esto, lo que quedaría de tan extraña gracia sería una “phi” mayúscula, o sea, que la lección actual sería.

….. heredad de Xº Φ de Colón”

Que nosotros interpretamos como:

….. heredad de Cristo Ferens de Colón”

Llegados a esta conclusión cabe conjeturar que le escribán que hacía que hacia el año 1535, inscribió en el “cartulario del concello” la escritura otorgada en 1496 quiso dejar constancia, mediante este enmienda, de que el titular de la heredad colindante como una huerta sita cerca de la puerta de Santa María la grande, y cuyo aforamiento fue el objete de este escritura, era Cristóbal Colón, el descubridor del nuevo mundo que habitualmente firmaba: XPOFERENS.

Pero conclusión y conjetura tan sorprendentes no puede ser, ni tan siquiera propuestas, si las objeciones, que de antemano es de suponer se le hagan, pudieran quebrantar fácilmente las solidez de nuestra tesis; razón por la cual, antes de hacer una afirmación debemos acometer a un riguroso examen de los distintos puntos que pudiera sustentarla.

Ante todo, comprobaremos si las alteraciones, tengo supuesto realizadas con buen fin, fueron realmente posibles. El grupo de grafías que nosotros suponemos, de acuerdo con nuestros razonamientos, eran las genuinas: osea, antes de haber sido enmendado el documento. Restablecemos la “e” que, actualmente, aparece suplantada por la “x” según opinión unánime de cuantos han estudiado y comentado el caso Luego este punto lo damos por resuelto sin ningún género de dudas.

Razonada la imposibilidad de que bajo la segunda grafía que hoy pedemos contemplar, pudiera haber originariamente sino una “phi” o una “pe” griegas, hemos probado a dibujar esta última letra sobre la que hoy existe, y vemos que, efectivamente, se puede admitir sin la menor violencia la posibilidad de que la letra que en este sitio figuraba originariamente fuera una “pe”.

En cuanto al corte del palo no hay duda de que se ha hecho intencionadamente y con algún propósito. Nosotros hemos conjeturado que se hizo para convertir la extraña grafía en una “Φ”. Esto será una conjetura en cuanto a la intención se refiere? pero no en cuanto a la existencia actual de una “Φ” que es un hecho real y, a nuestro juicio, incontrovertible. Además, la inclinación verdaderamente insólita con que aparece escrita esta grafía se explica fácilmente por estar montada -digámoslo así- sobre la “x” supuesta original cuya identidad queda así confirmada.

Con lo expuesto, consideramos suficientemente probado cual ha podido ser el mecanismo de estas alteraciones. Examinemos, ahora, el importantísimo punto de si la enmienda es primitiva o actual; o más concretamente si fue obra del escribán que extendió el documento o bien fue obra de García de la Riega, según sus impugnadores.

Cuando examinamos el documento directamente, vimos que el color de la tinta es uniforme, salvo algunas diferencias de matiz, señaladas por Oviedo y Arce, y que son consecuencia de haber sobrescritos algunos trazos del cuerpo superior de la segunda grafía. En cuanto a la “x” que suplantó a la “e” no se manifiesta en ella ninguna variación, ni un color, ni de matiz, con respecto al contexto del documento. Y lo mismo puede decirse con respecto a la “º” que figura sobre la segunda grafía.

Examinada la enmienda con el auxilio de la luz negra, tampoco se observa la menor diferencia en los efectos fluorescentes, que son completamente uniformes.

Todo indica, pues, que la enmienda es primitiva. Pero, a mayor abundamiento, hemos de llamar la atención acerca del estado en que se encuentra la tinta que, perdida la materia orgánica por descomposición de la misma, ha quedado reducida a un complejo indeterminado de óxidos de hierro muy difícil de reproducir. Falsificar un documento, utilizando tinta de la misma época, ya ofrece de por si bastantes dificultades. Pero hacer una enmienda con una tinta que se fijo a la materia inscriptora -pergamino en este caso- en el mismo estado de descomposición a que por un proceso natural ha llegado al cabo de los siglos la tinta del contexto, nos parece que no es cosa que esté al alcance de cualquiera; y mucho menos al de una persona que, como García de la Riega, se ha mostrado tan incapaz para este menester, según se deduce del estado en que dejó los documentos por el “reavivados”. Y menos aún se puede pensar que, después de tanto trabajo, fuera a escribir una cosa que nadie entiende y que en forma alguna se parece a la lecció que él propugnaba, o sea, “xpº” -”Cristobo”.

Por todo ello creemos que la enmienda es tan genuina como el documento mismo, y que ella fue obra del mismo escribán que inscribió el documento en el “libro del concello”.También por las razones expuestas y concienzudamente revisadas, creemos correcta nuestra idea sobre mecanismos de las alteraciones en virtud del cual, la hipótesis inicial

(a)”• • • • heredad de Xº de Colón”

pasó a ser

(b)”…. heredad d Xº de Colón”

que nosotros interpretamos como

(o) … heredad d Xristo Ferens de Colón”

Pero esta interpretación exige una previa explicación sobre los significados de “xº” y de “Φ”, El primero los cuales no es el mismo en ambas proposiciones, puesto que en la primera se trata de la abreviatura de un nombre propio que corresponde al titular de la finca que se cita en el documento como colindante, mientras que la segunda, se trata, posiblemente, de la abreviatura de “Cristo” que, al estar seguida de una “Φ”, induce a creer que el nombre de “x” (Cristo) que figuraba originariamente, ha sido sustituido por el de “xº” (Cristo) Ferens. Descartada la posibilidad de que el titular de la finca pudiera llamarse “Cristo”, el nombre del mismo ha de ser tal, que pueda escribirse abreviadamente con dos únicos determinantes: la inicial “x” y la final “º”. “Cristobo pudiera ser el nombre que se busca. Pero hay otros que se ajustan a la condición exigida, Como: Xenaro, Xeromo o Xilberto; y también: Xacobo, Xuxo o Xurxo; si bien estos tres últimos son más bien apelativos familiares. Pero tanto estos nombres como “Pero” -del cual no nos hemos vuelto a ocupar- son inconciliables con respecto a la proposición (b), cosa que no ocurre con el de “Cristobo”. En efecto; “Xristobo de Colón” yXristo Ferens de Colón” pueden ser una misma persona; mientras que Pero, Xenaro, Xeromo etc. de Colón”, en ningún caso pueden ser ”Xristo Ferens de Colón”

Claro que puede objetarse que Ferens aparece siempre escrito con F y nunca con “Φ” Pero esto también tiene una explicación que podemos encontrar en la página 405 de la obra de Navarrete”Viajes y Descubrimientos”. Dice aquí que cuando AZARA, encargado de negocios en Roma, escribió a JUAN BAUTISTA MUÑOZ enviándole dos calcos del testamento militar atribuido a Colón, comentaba:

Vm” repara el modo de firmar, medio en latín y medio en griego, que huele a pedantería de aquel siglo: XPOFERENS.”

Con esto quería decir Azara que lo lógico hubiera sido escribir todo en latín, o todo en griego. No creemos que, aún pensando así, nuestro escribán haya tenido el propósito de corregir al Almirante, pero sí creemos que si por aprovechar del mejor modo posible lo que ya estaba escrito hubo de necesitar que todo quedara en griego, no debió de encontrar ninguna razón que se opusiera a utilizar la “Φ” como sigla de la palabra latina “Ferens”, que en griego seria фέρων

NUESTRAS CONCLUSIONES.

Expuestas y razonadas hasta la saciedad quedan las interpretaciones que fundamentan nuestra hipótesis sobre el significado de la enmienda que, sin ningún género de dudas, aparece en una parte de este documento.En concreto, creemos y lo repetimos que el escriban hizoesta enmienda para dar a entender que el titular de la finca a que se hace referencia, era Cristóbal Colón el descubridor del Nuevo Mundo.

Pero de aquí a que, aún admitida nuestra hipótesis, sea cierto el hecho señalado, hay un abismo ya dijimos en la página 11, cuando estudiábamos las normas usuales para establecer el grado de autenticidad de un documento, que cualquier revelación trascendental que surja de forma sorprendente, es un hecho sospechoso; y lo es más cuando siendo más o menos obligada su mención en algún otro documento ya conocido, esta no aparezca en forma alguna. Ahora bien; podemos estar seguros de que, por el momento, no existe nada que corrobore la veracidad de tan extraordinaria noticia, hecha constar -forzoso es reconocerlo- en forma de jeroglífico comprimido. Pero, por otra parte, tampoco creemos que esta irregularidad constituya una dificultad insuperable, y antes al contrario; admitimos la posibilidad de que algún día pueda aparecer algo que dé a esta hipótesis un valor positivo? lo que ya seria materia propia de la investigación histórica. Pero nosotros no estamos aquí haciendo Historia sino unas disquisiciones sobre Autenticidad Diplomática, en el curso de las cuales, hemos abordado por accidente el tema de la autenticidad de los llamados “Documentos de Pontevedra” utilizados por García de la Riega en apoyo de su tesis hace ya más de cincuenta años Y esperamos haberlo hecho con provecho pues de nuestro estudio se deducen las siguientes conclusiones que no creemos estén exentas de interés

1.-El estudio de estos documentos, y muy especialmente el llamado por García de la Riega “Cristobo de Colón” no ha sido abordado, hasta ahora de una manera seria.

2-Los informes publicados entre los años 1914 y 1928, todos condenatorios con respecto al valor de dichos documentos contienen tantos y tan grandes errores, puestos de manifiesto en el curso de nuestro estudio,que estimamos carecen de cualquier valor para juzgar sobre el que puedan tener los documentos que en ellos se estudian,siendo por tanto nulo todo cuanto a este respecto se ha dicho con base en los citados informes

3.-El documento Nº9 denominado por García de la Riega ”Cristobo de Colón” —hoy desdeñado por todo el mundo— es un documento de grandísima importancia.

Los resultados del estudio de los documentos, en concreto Nº 9 Cristobo de Colón, nos sugieren:

1º Seriedad en el estudio realizado, en este caso una Tesis, por Emilia Rodriguez-Solano una Catedrática de Historia y sus colaboradores.

2º El documento tal y como la ponente dice es de una importancia capital, ya que de ser cierta su conjetura, tiene buena base, nos encontraríamos ante un documento de 1496 que relaciona a Cristóbal Colón con una propiedad en Pontevedra

3º Sería un documento con el nombre de Cristóbal Colón, sin suplantación de nombre y muy probablemente la finca de la que era dueño, podría ser de muchos años antes de 1496.

4º Hemos tenido un documento que identifica a “Cristóbal de Colón” con el descubridor, desde que García de la Riega lo descubrió en 1892 y nunca se la hecho caso, es una linea de investigación que habría que seguir, sin especulaciones ni elucubraciones, tenemos al personaje identificado con su nombre real y no figurado

E PUR SI MUOVE

E PUR SI MUOVE

Galicia Nueva 12 Octubre 1918

A PESAR DE TODO, COLON ERA GALLEGO

La tradición de Portosanto

 

Galicia Nueva 12-10-1918Este manoseado asunto del origen galaico de Colón, que tuvo el honor. como todo lo realmente popular, de llegar a hacerse cursi, no ha muerto todavía. Pudo temerse ha poco:

hace unos días. Pudo temerse cuando Eladio Oviedo Arce, llamado a informar sobre la validez de unos documentos, hizo más que el cisne, que cantó para morir: cantó después de muerto.

A las manos del arqueólogo gallego fueron a parar los documentos en que se apoyaba, paleográficamente, la teoría pontevedresa coloniana. Y Oviedo, en un escrito tan largo como lleno de pasión -en un escrito de enemigo- falló rotundamente. Esos documentos carecen de valor histórico. García de la Riega raspó, añadió, interpoló. Esos documentos están falsificados.

Pero he aquí, señores, que fresca la tinta aún en el número del Boletín de la Academia Gallega que contiene el alegato que hizo derrocador la saña del Ilustre Oviedo Arce, yo me persono con aquél frente al más fervoroso continuador de la obra de reivindicación gallega que inició García de la Riega. Y he aquí también, que después de mucho perorar con la amabilidad de D. Prudencio Otero, sale a relucir una tradición coloniana, sin mixtificación posible, que existe en Portosanto. Y que siento el afán de comprobarla. Y que cruzo el puente de la Barca. Y que alcanzo la otra margen de ese prodigioso Lérez pintoresco. Y que, antes de recorrer medio kilómetro, llego al caserío donde niño o púber, antes o después de ser hombre de mar -probablemente después de serlo él y los suyos, como el mismo Colón dijo al Rey Católico -vivió el náuta-enigma a quien debemos desde el brillo del oro de Potosí hasta las dulces cadencias, llenas de voluptuosidad, del tango mareante.

Es muy pequeño Portosanto: una docena de casas apiñadas en lo alto de un alcor. Unos maizales. Camino de la orilla, alguna cougostra penumbrosa, algunos pinos y algunos que otro roble seculares. Un gran silencio que apenas interrumpe la música bucólica: gritos de gaviotas, voces de gañanes y melancólicos mugidos. Un a-la-la, a lo lejos. Y, hacia las fuentes del río, la mirifica visión de Pontevedra.

—Oiga usted, buen hombre. ¿Dón¬ de dicen que estaba la casa de Colón?

—Din que e aquela. —¿Aquela, cuál?

—A que ten as paredes encintadas.

Aquella no es. Unas mujeres, que a la vera de ella comadrean, dicen que, seguramente, no es aquella.

«¡Onde vai ela!»

—Desfizérona. Estaba máis arriba.

Pero aquellas mujeres oyeron, siendo niñas, que de allí, de aquella aldea, salió, fai unha chea de anos, el Colón que descubreu as illas.

Esto lo han oído decir ustedes ahora, desde que andan con eso los señoritos de Pontevedra. Esa historia que ustedes saben tendrá veinticinco años a lo sumo.

– ¡Canté, señor! Eu teño cincoenta e seis e ouvin-o xa de nena.

Y la señora Antonia, que ahora está en los campos con sus bueyes y que tiene mucha más edad, se lo oí a su padre, que murió de cento e catro anos. Y de niño lo había oído también su padre, el centenario.

Nos alejamos. Nos sumimos en la geórgia de un camino sombroso. A par de él hay unos muros, un portalón, unas almenas, una moderna casa, una amabilidad urbana que nos sale al encuentro en ella. Y esta amabilidad, que pertenece a una señora que es la esposa del archivero y arqueólogo y hombre culto señor Zaratiegui, nos dice cómo cuando ellos, cinco lustros hace, se aposentaron allí, ya oían decir que Colón había salido de aquella aldea, y que precisamente dentro de aquella finca estaba la pobre casuca -hoy arrasada- donde los viejos del lugar aseguraban que Colón había vivido.

Existe, pues, en Portosanto una tradición ingenuamente coloniana. Antes de que los, sabios pontevedresés hubiesen enfocado su atención sobre los discutidos documentos, ya se decía en aquel aledaño pontevedrés que Colón era de allí. Esta prueba tradicional, que da robustez a la tremenda prueba indiciaría, no fue falsificada, persiste por encima de todo, tiene un valor histórico y si no sirve científicamente, si debe ser desechada, la ciencia debe decirnos por qué.

Ahora que yo empiezo a pensar si el señor García de la Riega -a quien no puede negársele el mérito de haber arrastrado los peligros de universalizar la nueva teoría coloniana -no habrá tenido también la virtud

de descubrir lo que, si hemos de creer a los labriegos de Portosanto, ya estaba descubierto.

 

Una falsificación incomprensible

 

El informe que el Sr. Oviedo Arce, académico gallego, elevó a la consideración de sus cofrades, es, sin atenuaciones, aplastante. Demasiado. Prueba mucho. Y quien prueba mucho…

Conste que no soy yo quien os lo dice. Estas son cosas de los hombres versados en Braquigrafía, Paleografía, y todas las disciplinas emparentadas con la Diplomática y el ejercicio de la crítica de las fuentes de la Historia. Y yo, de todo esto, nada sé. Pero, cuando pongo atención, tengo el tímpano sensible.

Y he oído…

Van a ver ustedes. Oviedo Arce hizo una meticulosa disección de los documentos aportados por García de la Riega; de los documentos «colonianos», esto, es, que contienen noticias relacionadas con la ascendencia de Colón. Y a este lo tachó y á esto otro también, no dejó ninguno sano. En unos, García de la Riega había raspado, substituyendo unos conceptos por los otros. En otros prolongó algunos rasgos, variando las palabras según su conveniencia. Y cuando encontró un espacio propicio, interpoló lo que podía entrar a cuña. Buen dibujante y químico aplicado, puso el arte y la ciencia a contribución para redondear su teoría coloniana. De todo esto Oviedo Arce deduce conclusiones despectivas. Y, ya os lo he dicho: trata a García de la Riega -que para capitidisminuirlo más hasta le abrevia el apellido- como a un vulgar falsificador. Hasta sostiene que no supo tener la precaución de enmendar con pluma de ave, notándose en sus adulteraciones la presencia del trazo metálico, impropio del siglo de que data la grafía primitiva; y que no recordó que las tintas de otros tiempos eran vegetales. Los microscopios coruñeses encontraron, precisamente en los parajes de los documentos donde está la materia coloniana, los cristalitos de las modernas tintas de anilina.

A primera vista parece que después de experimentar la sensación de estas revelaciones espantosas, debe desecharse para siempre el testimonio de los mentados documentos colonianos. Sin. embargo, yo estoy en desacuerdo. Parece indudable que el Sr. García de la Riega fue más allá de lo que la prudencia aconsejaba. Donde encontró un Colón documental que se desvanecía por la edad, le dio un reactivo que reprodujese en él al doctor Fausto. «Avivó» algunas palabras. Y una malidicencia que tiene algunos visos de verosimilitud, sostiene que, en algunos casos, no se contentó con resucitar los muertos sino que hizo salir a los vivos de la nada.

Todo esto, que puede ser exceso de celo, pasión de descubridor que teme que la incredulidad no se conforme con las medias tintas de los documentos desvanecidos ni con las medias sombras indiciarías, no destruye, aunque aminore, el valor de las pruebas aportadas por García de la Riega. Una mujer puede ser hermosa aunque se pinte las cejas. El historiador pontevedrés, en esta ocasión, abusó del lápiz del tocador, pero no en tal grado que haya derecho para creerle una familia Humbert de la ciencia de la Historia.

Y ahora voy a deciros lo más notorio. Y lo más grave.

 

Ya sabéis que Oviedo Arce -el sabio Oviedo Arce, hombre tan historiador como poeta, que un día me hizo decir que eran ibéricos los castros de Toralla y al cabo de un mes sostuvo que eran romanos nada más- bajó a la tumba hace aproximadamente mes y medio. Se dice que fue después de una labor abrumadora, agotado por el esfuerzo que tuvo que realizar para informar sobre los documentos colonianos. Tan grande debió ser ese trabajo que le desnutrió y le redujo a la impotencia. Destrozado se retiró a su pueblo. Ni siquiera pudo corregir las pruebas de su obra. Otro académico hubo de suplirlo en este menester: César Vaamonde, que a fuerza de talento y de paciencia pudo dar a la publicidad el largo informe del maestro.

Ya supondréis ahora cómo quedarían los documentos aportados por García de la Riega: examinados hasta los entresijos, inquiridos a todas las luces, enfocados desde todos los puntos de vistas. Y todo ello, de consuno, contribuyó a la afirmación de que estaban adulterados, por lo cual, científicamente, no sirven para nada.

Pero he aquí, señor, que se me dice que García de la Riega y sus continuadores aportaron muchos documentos que apenas si les fue permitido fotografiar en los archivos donde están. He aquí que García de la Riega no pudo actuar como químico ni como dibujante sobre ellos, porque nunca se los llevó a su casa, porque jamás los tuvo en su poder.

 

A ver, señores; ¿cómo pudieron ser falsificados?

Hablando con el Sr Otero

 

Don Prudencio Otero, pese a sus setenta -y no creo que tenga la coquetería de aumentárselos- ha tomado esta tarea de la reivindicación pontevedresa de Colón con plausibles ardores juveniles.

Leyó la alegación de Oviedo Arce. No le importa. El, que pudo aportar algunos documentos, no hizo todo el hincapié en esos manuscritos. Pero eso, para él, el dictamen del arqueólogo noyés no pasa de ser un incidente. El asunto queda en pié. Que un documento, que dos, que todos estuviesen falsificados nada diría en contra de las pruebas que no tienen filiación documental pontevedresa, o que se basan en documentos de otra clase.

Por ejemplo, el crucero que hay en Portosanto.

En Portosanto hay un crucero. Yo lo he visto. Al pié tiene una inscripción. Y en esta inscripción, según mis ojos, aparece el año 1490. Y, según los paleógrafos que la examinaron, el nombre Juan Colón. Este quiere decir que este apellido existía en Portosanto cuando se descubría América. Aquí no actuó la química ni mediaron las plumas metálicas de García de la Riega. Y es de creer que los canteros del siglo XV no habían de jugar una mala pasada, presintiéndola, a la incredulidad de Oviedo Arce.

Pero en lo que se fija más el Sr. Otero es en la propia literatura coloniana, en los testimonios que ningún historiador ha contradicho. Ahí está la institución del mayorazgo. ¿Porqué en ella Colón insiste tanto en hablar de su linaje verdadero? ¿Es que puede ocurrirsele hablar en esta forma a quien está seguro de que el linaje que se le asigna es el auténtico? ¿Es que puede surgir este concepto verdadero en un espíritu que no tenga en sus adentros la idea de que está representado una comedia? ¿No sería una inexplicable redundancia esto de linaje verdadero si no supusiese una confesión tacita de la falsedad del linaje genovés que el mismo quería atribuirse?.

Pero hay más que decir a este propósito de ¡o mucho que pudiera aportarse a un trabajo más extenso. Colón quiso que uno de sus descendientes tuviese casa en Genova, viviese en Genova, arraigase allí ¿A qué este empeño si Colón fuese genovés, si en Genova tuviesen las raíces, ya de antaño, los ascendientes de Colón?

No, no. Parece indudable que Colón pretendía pasar por genovés. Colón, hombre Astuto, presentía las dificultades que la Nobleza de Castilla había de oponer a las prerrogativas que para los suyos había conseguido. Y buscaba para su defensa el prestigio de la’ ciudad de Genova, tan poderosa por el mar.

Hay aún otro argumento más decisivo para el Sr. Otero: el apellido de Colón. Colón se llamó jamás Colombo. Y si es Colón y este apellido no existe en Italia, hay que buscar la genealogía del descubridor de América donde se halle, cronológicamente, el verdadero apellido del marino. Existe en Pontevedra, y en el tiempo preciso, y rodeado de una poderosa prueba indiciaría; luego… Todavía otro argumento. Colón escribió al Rey Católico que él y los suyos habían sido siempre «gente de mar». ¿Cómo esto, si, según la versión Italiana, el padre de Cristóbal Colón era un modesto cardador?

Don Prudencio Otero posee e hizo publicar un plano de la ría de Pontevedra. Y yo se lo pido y lo examino religiosamente, porque de toda la prueba indiciaría que existe es para mi la geográfica la que debe merecernos más alta estimación.

La ría de Pontevedra se parece como un huevo de gallina a otro huevo de gallina a la ensenada de Guanábana, en Cuba. Y Colón, que llega a ésta, se acuerda a su vista de las calmas aguas sobre las cuales su juventud había discurrido, al lado de los suyos. Y llama la Galera a un paraje igual de la isla Onceta, la menor del archipiélago. Y al Nord-Este -y precisa matemáticamente la dirección- observa un cabo y lo bautiza con el nombre de Punta Lanzada.

Y precisamente al Nord-Este, saliendo de la ría, pontevedresa, están las negras piedras y las blancas crestas y el furioso rumor marino que visten de abruptuosidad y llenan de música milenaria las faldas del santuario costero de la Virgen de la Lanzada, ante la cual yo sorprendí rezando a mi Anduriña.

¿Qué más? San Salvador. El San Salvador que descubrió Colón en América, la primera tierra bautizada, es la primera tierra amada: San Salvador de Poyo.

Y aún hay, entre mil indicios más, aquello del espeto del sol. Colón saltó en una ardiente playa donde el sol tenia espeto. Esto no lo entendió ninguno de sus intérpretes. Está claro; solo en Galicia, cuando el astro rey penetra en el cuerpo como si cada uno de sus rayos fuese un hierro enrojecido; solo en Galicia, para un gallego, puede tener espeto el sol.

Los sabios no están todavía de acuerdo. Pero tampoco fueron capaces de destruir nuestra tremenda prueba indiciaría. Y, aún después del dictamen de Oviedo Arce, que solo huele a pasión, yo sigo creyendo que Colón salió de pontevedra.

Parodiando a Galileo, quiero erguir mi cabeza entre las brasas en que el malogrado Oviedo Arce quiso convertir nuestras aspiraciones colonianas. Y que mis labios digan, como dijeron, trémulos por la exaltación de la fe, los de aquel sabio que, delante de la muerte, seguía creyendo que la tierra se movía:

E pur si muove.

Sí, señores; y, sin embargo, Colón era gallego.

El Duende de los Viajes.

Nota: No he logrado averiguar quien se esconde bajo el seudónimo de Duende de los viajes, he conocido quienes fueron todos los colaboradores de la revista nueva Galicia, pero no aprece identificado el seudónimo, al igual que otros que escribían en la misma revista

Patria de Colón III

CARTA ABIERTA Progreso 07/07/1917

A MI AMIGO CASTO SAMPEDRO

Prudencio OteroMi querido amigo: Acabo de leer el comunicado que V dirigió e insertaron hoy el “Progreso” y “Faro de Vigo”, con lo cual, según V. manifiesta a los Directores de esos diarios, pretende contribuir a evitar los errores y conclusiones en que sigue envuelta la investigación sobre la patria y origen del gran navegante.

Creame, mi querido amigo que lo he leído con vivísimo interés buscando en el algo que nos trajese la luz en asunto de tal importancia para España, ya para, afirmar la tesis sostenida por García de la Riega o ya para desecharla por haber encontrado V. la clave de la verdadera cuna del gran Almirante.

Pero por más que he buscado en su escrito algo nuevo, no lo he encontrado y veo que él se concreta única y exclusivamente a manifestar que son auténticos los documentos cuyas fotografías he presentado a la Comisión pro-colón, y que en consecuencia es falsa la aseveración que hizo el Sr Oviedo en su artículo reinserto en el “Boletín de la Academia de la Historia” y al cual, aludí en mi telegrama al presidente de esta Corporación.

Leer más…

La Patria de Colón II

Recuerden que hay uno primero, ya que es una serie de artículos y es conveniente leerlos por orden

La patria de Colón 06/07/1917 Progreso “Respuesta de Casto Sampedro”

Comunicado

Sr. Director del Progreso

Muy señor mio: Tanto por los términos de la Carta abierta que leí ayer en el <Faro>, Como por los de las protestas contenidas en los telegramas publicados hoy en el periódico de su dirección, me creo obligado a molestar a V, rogándole se sirva hacer insertar en su periódico las siguientes manifestaciones; acaso se contribuya con ellas a evitar los errores y las conclusiones en que sigue envuelta la investigación sobre la patria y origen del inmortal navegante

Gracias y perdone.

Suyo affmo,

         CASTO SAMPEDRO

Casto Sampedro A mi juicio son absolutamente auténticos los dos documentos de que di noticia y nota al Sr. Otero Sanchez, como existentes en el Archivo Notarial de esta ciudad y que, al fin, tuve que ir a buscar y a leer allí; uno. referente a Juan de Colon, preso en 1513, y otro al juan de Colon, conductio de un Cerco en 1529.

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La Patria de Colón I

Inaguramos una nueva serie de articulos que dieron lugar a diferentes respuestas por parte de los defensores de la teoría Colón gallego y Casto Sampedro, Tuvieron lugar en el año 1917 y fue protagonista el periódico “Progreso” de Pontevedra, les aseguro que aparte de dar una lectura amena, colocorá a cado uno en su sitio en este tema, es decir, a Casto Sampedro por un lado y a los demás por otro

Comenzamos con el primero titulado “La Patria de Colón” y hace referncia  a una noticia de la Real Academia de la Historia, este y los siguientes llevarán numeración y todos se titularan la Patria de Colón

Real Academia Gallega     05/07/1917

Oviedo y ArceEn el Boletín de la” Real Academia de la Historia” correspondiente al mes de junio se reproduce un articulo que bajo el titulo de <La Naturaleza de Colón.-Colón no es gallego> se inserto <La Idea Moderna>, diario de la Coruña, el 28 de marzo de 1917.

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Informe de la Real Academia Gallega

Informe de La Real Academia realizado por Oviedo y Arce sobre los documentos aportados en la Tesis de D. Celso García de la Riega “Colón Gallego”.

Extraña púrpura el tema Colón español, recientemente zurcido a la preciosa tela de nuestra Historia, debe ser, desde luego, considerado como ridícula invención y por lo mismo, silenciado en los círculos cultos de nuestro país y en nuestra culta prensa. Tal es el propósito de este Informe”.

Leyendo esto a uno le da la impresión de que Oviedo y Arce no tenía ningún interés en realizar un trabajo serio y objetivo y añadir que nunca fue silenciada, seguimos. 

Ha sido don Celso de la Riega quien creó, por decirlo así, el tema Colón español, casi de la nada. Unos viejos manuscritos de los archivos de Pontevedra, dos únicamente, en los que aparecía grafiado el apellido Colón, bastaron para que un buen día del año de 1892 se le ocurriera la abracadabrante idea de la oriundez y cuna pontevedresa del marino insigne que descubrió America”.

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Tensiones Entre Académicos I

En la búqueda que realice en Internet del articulo, no logré encontrar el nombre de la revista ni la fecha, pero esta claro que debe ser de Junio o Julio de 1917, lo único es que es una revista coruñesa

El diario la “Idea Moderna”, de Lugo, en su número del 28 de Mayo de 1917, publico una nota oficiosa de la Real Academia, nota que ningún periódico coruñes quiso insertar por entender que es una vergüenza para la región y un baldón, deshonra, insigne para aquella entidad que vive a expensas de los gallegos residentes en la Habana, engañados por la académicos que dirigen y mangonean la llamada, Cueva céltica. En esa nota se hacía público el acuerdo adoptado por dicha corporación de salir al paso contra los defensores de la idea de que Colón fué gallego; para impugnarla por todos los medios, porque ella- la Academia- no puede tolerar que se propale tal descubrimiento.

Es decir, que la Academia Gallega, presidida por D. Martinez Murguia, de quien no cabe decir siquiera que es gallego, porque ni en gallego escribe, ni por Galicia ha hecho nada sino recoger la pecunia que libran religiosamente de la Habana y de las provincias de la región, no es capaz de depurar nuestra lengua y ni saca a flote el Diccionario de la Gramática; pero, en cambio, dedica su esfuerzo a negar glorias reconocidas por los de afuera y admitidas como gallegas por doctas entidades con las que en vano tratará de competir.

Yo confieso mi pecado: he sido hasta ahora académico, pero me consideré en el caso de lanzarme fuera de ella después de la sesión ríducula y antipatriótica por aquel Centro celebrada y en la cual se acordó solemnemente, asintiendo los cuatro mangoneadores que ayudan a Murguia a disfrutar de la prebenda que le dispensan los gallegos de Cuba, emprender una propaganda activisima para demostrar (mucho demostrar sería) que Colón ni fué natural ni siquiera oriundo de Galicia. (Creemos que el tomar semejante acuerdo la Academia de Murguia y Cia, hubo otras prebendas extrañas que pusieron chochos a los nenes de la chistera).

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Una Infamia Más

 En la tarde del 24 del actual (Mayo 1917) celebró junta la Real Academia Gallega, á la cual asistieron muchos Académicos de número de la localidad y algunos de fuera, como el Sr. Maciñeira, que en estos días se encuentra en La Coruña.

Y terminado el despacho ordinario, en que se nombraron algunos socios. Correspondientes españoles y extranjeros, el ilustrado y notable paleógrafo D. Eladio Oviedo Arce, jefe del archivo de Galicia, presentó á la Corporación un admirable informe que por encargo de la Academia se le encomendara para esclarecer la genuina patria de Cristóbal Colón, ya que de algún tiempo á esta parte, y desde que el finado publicista don Celso García de la Riega editara su ingenioso libro, pretendiendo demostrar que el célebre nauta naciera en Pontevedra, siguió la leyenda apoderándose de esta versión, llegando la obsesión de algunas gentes y de no pocos periódicos regionales, el de opinar y aplaudir, sin ningún género de reservas, el atisbo feliz del escritor pontevedrés.

El Sr. Oviedo niega en absoluto el hecho, considerándole pura fantasía, según resulta de su magnífico estudio.

No sólo se apoya en el juicio que le mereció el ilustrado escritor del Cuerpo de archiveros-bibliotecarios D. Manuel Serrano Sanz, que á raíz de ver la luz la obra del Sr. García de la Riega la refutó, considerando falsos ó retocados todos los documentos pertenecientes al siglo XV que figuran en la misma, relativos al nacimiento de Colón -refutación que La Idea reprodujo entonces en sus columnas- sino que el Sr. Oviedo robustece opinión semejante, con su sentido práctico y erudición paleográfica, conceptuando también falsos ó retocados los cinco nuevos documentos que ahora han aparecido en Pontevedra, que hace tres meses le fueron consultados, confirmando que el retoque de estos últimos es de la misma mano que entendió en los anteriores, ó sea en varios de los trece que se publican en el libro del Sr. la Riega.

Como de los manuscritos del siglo XV parte la época y base del nacimiento de Colón -ya que ellos serían los que facilitarían las suficientes luces para confirmar el pueblo de su naturaleza- resultan adulterados por lo que respecta á los nombres de los antepasados ó ascendientes del almirante, es natural que no se les den la menor fe; y en cuanto á los del siglo XVI, si efectivamente concurre alguno legítimo, y otro mal interpretado, ninguna relación tienen con la tesis que quiera sustentarse de que Colón es gallego.

El Boletín de la Real Academia Gallega publicará pronto el informe de nuestro amigo Sr. Oviedo, y en su día habremos de reproducirlo en nuestras columnas, como hicimos con el de su compañero Sr. Serrano Sanz.

(De La Idea Moderna, diario de La Coruña, lunes 28 de Mayo de 1917.)

Si ustedes se fijan en la parte del texto que esta en cursiva, comprobarán que el Señor Oviedo y Arce dice: conceptuando también falsos ó retocados los cinco nuevos documentos que ahora han aparecido en Pontevedra, que hace tres meses le fueron consultados, confirmando que el retoque de estos últimos es de la misma mano que entendió en los anteriores

Este articulo es de Mayo 1917, D. Celso García de la Riega murio en Enero de 1914, por tanto pregunto ¿ Cómo es posible que diga que la misma mano que manipulo los nuevos documentos aparecidos en Pontevedra es la misma mano que manipulo los del libro Colón Español? si D. Celso llevaba 3 años muerto y estos nuevos documentos fueron encontrados después de muerto D. Celso García de la Riega.

Oviedo y Arce le llamo de todo a García de la Riega en el informe publicado por la Real Academia Gallega y le acuso directamente de manipulación, alteración, raspaduras.Etc en los documentos que se publicaron en su libro.

Juzguen ustedes con lo escrito por oviedo y Arce, creo que no hay nada más que decir

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