Celso García de la Riega

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Academia Gallega

Eco de Galicia Habana, 20 de Julio 1917 Nº 6

Academia Gallega

Eco de Galicia Nº 6La Idea Moderna”, deLugo, en su número del 28 de mayo último, publicó una nota oficiosa de la Real Academia Gallega, nota que ningún periódico coru­ñés (quiso insertar, por entender que es una vergüenza para la región y un baldón insigne para aquella entidad que vive a expensas de los gallegos residentes en la Habana, engañados por los académicos que dirigen y mangonean la llamada cueva céltica. En esa nota se hacía público el acuerdo adoptado por dicha Corporación de salir al paso de los defensores de la idea de que Colón fué gallego; para im­pugnarla por todos los medios, porque ella—la Academia—no puede tolerar que sepropale tal descubrimiento.

Es decir: que la Academia Gallega, pre­sidida por don Manuel Martínez Murguia. de quien no cabe afirmar siquiera que es gallego, porque ni en gallego es­cribe ni por Galicia ha hecho nada si no recoger la pecunia que le libran religiosa­mente de la Habana y de las provincias de la región, no es capaz de depurar nuestra lengua y ni saca a flote el Diccionario ni la Gramática; pero, en cambio, dedica su esfuerzo a negar glorias reconocidas por ­los de fuera y admitidas como gallegas por doctas entidades con las que en vano tratará de competir.

Y confieso mi pecado: he sido hasta ahora académico, pero me consideré en el caso de lanzarme voluntariamente fue­ra de ella después de la sesión ridícula y antipatriótica por aquel centro celebrada y en la cual se acordó solemnemente, asistiendo los 4 mangoneadores que ayudan a Murguia a disfrutar de la prebenda que le dispensan los gallegos de Cuba, em­prender una propaganda activísima para demostrar (mucho demostrar sería) que Colón ni fué natural ni siquiera oriundo de Galicia.

Empecemos por sentar la proposición previa de que la Academia Gallega, que es de la lengua y no de la Historia, no es, no puede ser, la llamada a ventilar este asunto que se aparta de su jurisdicción. Murguia sigue cabalgando, en brioso ala­zán. asistiendo al combate de Clavijo, del cual no pasará su Historia que tantos mi­les de pesetas lleva costado a Galicia; el Diccionario y la Gramática aparecerán pa­ra las calendas griegas; y gracias que los buenos hablistas usan las lecciones del sabio Saco Arce; pero, en cambio, no pue­de soportar la doctísima Corporación que Galicia tenga una gloria más. Es cosa que le enfada, le enoja, le molesta, le exci­ta, le exalta, le exaspera.

Y la explicación es bien sencilla. Mur­guia odió mortalmente a Celso García de la Riega, le odió como odia a todo hombre que vale, porque él quiere ser el úni­co valor literario de esta región, sin ad­vertir que este valor va muy en mengua, porque cada cual sabe el secreto de todas estas cosas.

Cuando Celso García de la Riega, en­fermo de cuerpo, pero sano, muy sano, de intelecto, escribía desde el lecho de dolor. aquellas diatribas que hicieron a Mur­guia morder el polvo del mayor ridículo y del fracaso más señalado, el Presidente de la Real Academia Gallega. guardó un estudiado silencio que fué comentadísimo, porque a través de él, se veía al derrotado. Murguia, estilista brillante, acaso, no es historiador, ni gramático, ni siquiera hombre erudito, capaz de contender con un escritor del fuste de la Riega.

Murió éste para desventura de Galicia; la región perdió un sabio que soñaba con las glorias de su país, al cual consagra­ba todo su valer incalculable.

Y entonces, Murguia. que no pudo lu­char con Garcia de la Riego, vivo y en ple­nitud de facultades intelectuales, pensó vengarse después de muerto aquel ilustre escritor y publicista. La pluma gallarda, el estilete penetrante habían sido rotas por la muerte y ya nada tenía que temer el Presidente de la Real Academia Gallega.

Derechamente va a ello, y arrastra a la manada de ovejas que le siguen y ayudan a gozar de las pesetas de los paisanos que en Cuba residen para lanzar urbi et orbi que Colón no fué gallego ni de aquí origi­nario, que todo eso es una patraña y que Galicia, unida por lazos espirituales y de cariño a América, no quiere llamarse ma­dre deí hombre ilustre que descubrió aquel país de nuestros afectos.

La labor no puede ser más antipatrióti­ca y a atajarla debemos dedicarnos los gallegos amantes de las glorias de nues­tra región, desenmascarando a los farsan­tes que tratan de restarlas y poniendo al desnudo ante el mundo entero a esos en­diosados pigmeos que no son gallegos en sentimientos ni merecen ser llamados así, porque realizan obra contra Galicia.

Es preciso que se sepa en todas partes que esta región nada tiene que ver con cuatro mentecatos dispuestos a halagar só­lo a quienes le suministran el condumio, aunque para ello sea preciso llevar a ca­bó todas las humillaciones, pero que no son capaces de ninguna labor noble, lle­gando hasta negar a su propia patria.

Que el sacrificio que hacen los gallegos por sostener esta mal llamada Academia no continúe: que se descubra quien es Mur­guia el litiputiense de cuerpo y de alma, que no tiene corazón para sentir ni en­tendimiento para dar a Galicia lo que han sabido darle hombres de la talla de Celso García de la Riega.

 Un Coruñés,

Ex-acadéinico de la Gallega

La Academia Gallega y la Patria de Colón

Respuesta al anterior artículo Eco de Galicia Habana 10 Agosto 1917

Eco de Galicia Nº 8Revuelo y grande ha causado entre algunos elementos de la colonia gallega el artículo que sobre el señor Murguía y la patria de Colón, hemos publicado en el número antepasado y que firmaba “Un coruñés ex-académico.”

Y antes de dedicarle nuestros comen­tarios, nos Aparece bueno advertir que el citado trabajo era de colaboración, y que, por lo tanto, esta revista no se hacía, por el hecho de haberlo publica­do, solidaria decidida de los ataques, más o menos duros, con que fustiga su au­tor al ilustre presidente de la Real Aca­demia.

Lo mismo el señor Murguía que el se­ñor Riguera Montero, a quien algunos atribuyen la paternidad de aquel artícu­lo, nos merecen todo género de respetos y consideraciones. Ambos son gallegos meritísimos. Y esta publicación, conse­cuente con su credo de no zaherir repu­taciones y menos de la talla mental de Murguía y Riguera Montero, no puede sino lamentar profundamente el que, entre personalidades de honorabilidad cien veces probada, se dén motivos pa­ra discusiones que siempre han de resul­tar enojosas e improcedentes.

Es verdad que la Academia Gallega tiene en la misma región y sobre todo en La Coruña, detractores irreconcilia­bles que no pueden disimular evidentes despechos e inconfesadas inquinas; ori­ginario todo, según el decir de algunos, a que en la docta corporación domina una especie de “trust” donde se cotizan y expanden mercenariamente patentes de intelecto más o menos efectivo. Y hasta hace poco, la Academia padecía, además, el mal de la inercia. Es innegable que la Academia no halló la ayuda eficaz que debía esperar de los centros oficiales; pero nos parece de una candidez supina creer que esas entidades han de vivir de las dádivas o limosnas del Estado. Hasta ahora, que sepamos, los dirigentes de la Academia no han realizado nada tendente a acrecentar sus recursos entre los particulares, a fin de reforzar la acción económica de los gallegos de América. Y ello acusa una negligencia censsurable e incomprensible.

Ahora bien ¿Es el señor Riguera Montero el inspirador o autor del trabajo contra el venerable señor Murguía?. Si lo es, ¿es producto de sus simpatías hacia la obra de Celso García de la Riega, su trabajo? Venga en buena hora la vindicación del malogrado difundidor de la verdadera patria de Colón, si es así,. Pero si, por el contrario, el señor Riguera Montero obra a impulsos de ocultos y antiguos resabios contra el presidente de la Academia, es inadmisible la forma de ataque al señor Murguía por el punto de vista que sostiene, quizás con honradez

Por nuestra parte, entendemos que cualquiera, menos el Presidente de la Real Academia Gallega, puede invitar­nos a dejar por absurdas las conclusio­nes obtenidas tras largos años de estu­dios profundamente pacientísimos del di­funto García de la Riega, acerca de la verdadera patria de Colón. Y si el ilus­tre historiador de Galicia era enemigo de La Riega, peor que peor.

Sin embargo, a nosotros nos parece duro e injusto el calificativo aplicado al señor Murguía por “Un coruñés ex-académico” de anti-patriota. Cuando más, puede acusarse al venerable presi­dente de la Academia, de indiscreto, ya que su obstinación en presentar los tra­bajos de García de la Riega como pro­ducto de una imaginación anormal, tiene necesariamente que herir en lo más hon­do, a cuantos desde hace tiempo venimos siguiendo y admirando la labor realiza­da por el pontevedrés preclaro y sus continuadores.

Nosotros, que miramos con simpatía la labor de la Sociedad Iniciadora y Protectora de la Real Academia Gallega, y que a su sostenimiento contribuimos como cuadra a nuestras limitadas fuer­zas, queremos hacer constar que ningún empeño tenemos en restarle prestigios, que dicho sea de paso, los tiene ganados en buenas y honrosas lides.

Amamos la Academia Gallega como el que más; por eso, precisamente, nos duele que los que la dirigen allá, en la tierra, la pongan en evidencia con de­claraciones que pugnan lastimosamente con la sagrada misión que se les tiene confiada.

Cartas entre Victor Said Armesto y Murguía sobre Celso García de la Riega

Este post va sobre la correspondencia entre Victor Said Armesto y Manuel Martinez Murguía, entre los años 1903 y 1911. En ellas Armesto le cuenta a Murguía la evolución del libro de Celso García de la Riega, Galicia Antigua, lo que escribe y las criticas que dirige contra Murguía. Armesto se aprovecha de la amistad con D. Celso para informar a Murguía y de paso hacer una critica desmesurada e indigna de un amigo, se puede aplicar en dicho “con amigos así no hace falta enemigos”.

Nota: no pondré todo el texto de las cartas, solo los párrafos que hablan de Celso García de la Riega

 

Carta de Murguía a Armesto Coruña Diciembre de 1903

Querido Victor: A su hora recibí la tuya y el índice de la obra del Sr La Riega.

Más abajo dice:

 Pudo el señor la Riega estudiar mucho, consultando, si es que los estuvo a mano, los mejores libros de antigüedades, pero por lo visto no más allá de seguir las huellas del buen Martín Sarmento, mediocre arqueólogo portugués que acaba de morir y era enemigo declarado de los celtas.

Mas sea como yo pienso o no, lo cierto es que el índice en cuestión, acusa un atraso grandísimo del conocimiento de nuestros antigüedades y… de las de los demás. Lo siento porque esperaba otra cosa, pero ya allá él, en el pecado llevará la penitencia, pues por lo que a mí me toca, cuanto digan y escriban contra mi persona y obras, no me da ni frío ni calor. Compla cada uno como pueda y sepa, y basta. En cuanto a obra de tantos alientos como quiso hacerla el señor la Riega, quisiera que fuese lo mejor. Ojalá me engañe en mis juicios. Porque, para barbaridades, basta y sobra con las antigüedades del famoso Barros Sivelo

De Victor Said Armesto a Murguía Pontevedra 26 Abril, 1904

 A mediados del corriente le veré a usted personalmente, pues tengo que ir a La Coruña con unos amigos, y ahí me detendré dos o tres días. Llevo mucho que contarle del libro de Riega. Se está imprimiendo ya, iban levantados ocho pliegos. El autor me leyó varios capítulos, entre ellos el de la arremetida contra usted. Ya le daré detalles cuando hablemos. Para que se vaya usted haciendo cargo de las teorías del mozo, ahí le envió ese articulejo que publicó en la Correspondencia Gallega de ayer

De Victor Said Armesto a Murguía Pontevedra, 5 Setiembre, 1904

 Mi muy querido Murguía: remito usted por el propio correo la segunda dosis del libro de marras.

Como verá usted están ya levantando el último capítulo, aquel en el que el autor se propone exprimir lo más amargo. Después después vendrán las notas, donde, a dos columnas, transcribe el autor las contradicciones(sic) de que le hablé.

¿Qué le va pareciendo el cartapacio? Cosa rica ¿verdad?. Sobre todo, el estilo.

Al capítulo Colonias griegas, pienso meterle mano, y bien de firme. Toda la parte filológica del libro es la obra de un loco rematado. La discusión del illo acusa una ignorancia tan profunda y, sobre todo, una los osadía tan petulante y necia, que asombra. ¿ Y las etimologias del sacho, de la ameixa, del arnal, del bruar, del colo, del laxe, del cheirar, de la peneira, e cosi via discorrendo?. Prescindiendo de la voz caírento (página 248) que no he podido referir a ninguna lengua neo-latinas, todas, absolutamente todas las palabras que cita el autor se repiten en el latín vulgar, o en el provenzal, o en el bretón.

Lo del eu derivado del ego griego y no del ego latino es la más insigne atrocidad que cabe.

En fin, que por este camino… tampoco vamos a la regeneración.

De Victor Said Armesto a Murguía Pontevedra, 29 de Octubre, 1904

 Le envío otra tanda más del consabido cartapacio. Como verá usted la obra está ya terminada, y sólo falta acabar con la impresión de las notas. De estas últimas, las que se refiere al capítulo Ni celtas ni suevos, son, como dije a usted feroces ( con feroz inocencia), pues allí es donde emplea páginas y más páginas en transcribir lo que el llama contradicciones de Murguía.

Cuanto más hojeo ese libraco, más me revuelve el saco de labios. El tono de gravedad donhermogeniana con que sostiene los mayores dislates lingüísticos, perdonando la vida a todo Dios y tratando a las mayores eminencias de igual igual, me crispa los nervios. Llevo tomado bastantes apuntes para darle una carrera en pedo. La interpretación que hace de lo dicho por Menéndez y Pelayo sobre nuestros poetas del siglo XIII (pág. 412 y sig) es la de un mentecato tocado de un cinismo fuera de marcas.

Al tratar ese punto, pienso darle una fregadura que le levante roncha, porque si así interpreta a Menéndez y Pelayo, cuyo criterio es tan claro y terminante ¿qué no hará con Avieno, Strabón y comparsa?.

Y a propósito: en los dos o tres artículos que preparo, me convendría atacarle, aunque sólo fuera de pasada, en lo que dice acerca de las madres gallegas y en lo referente a la inscripción de la Torre de Hércules de La Coruña. La opinión de Riega, contraria a la de usted, la desenvuelve en la pág 190; esto por lo que respecta a las Madres gallegas.

Y por lo que toca a la inscripción de la Torre, en la pág 184. Acerca de este último. Dice que no es posible saber de donde usted de 12 que ese discreción implique una consagración a las rocas puesto que se trata de un voto y de un voto a Marte.

Ahora bien, ¿me hace usted el favor, si no le es muy molesto, de suministrarme algunos datos que rebatan lo que Riega dice acerca de ambos puntos? Esto, en el caso de que usted no escriba algo, porque de hacerlo, ya yo transcribiré en mi trab, me basta con que usted acometa a Riega por esa parte. En suma: que si usted se resuelve a devolver personalmente el golpe, no necesita molestarse en mandarme los datos que le pidoajillo lo que usted diga sobre el particular; y aun cuando mi trabajo se publique antes que el de usted, para los efectos del palastrazo, que es lo que busco, me basta con que usted acometa a Riega por esa parte. En suma: que si usted se resuelve a devolver personalmente el golpe, no necesita molestarse en mandarme los datos que le pido .

De Victor Said Armesto a Murguía Pontevedra, 14 de Diciembre, 1904

 Mi muy querido Murguía: Recibirá usted por el correo, los últimos capítulos de la rigolade oestrymnica.

Como dije usted el autor suprimió no pocos párrafos de las notas correspondientes al capítulo final. La nota 193 era extensísima contenía más de 30 contradicciones (síc) y recuerdo que empezaba de este modo “la humanidad nada recuerda de los misteriosos días de su aparición” (pág 441) Variante: “De tales tiempos queda un vago y confuso recuerdo” (pág iden). Y por este estilo seguía hasta apurar los tres primeros tomos de la Historia de Galicia.

Por exigencias tipográficas tuvo que quitar hierro, y reducir la burda letanía a las cuatro cantaletas que figuran en la expresada nota.

La dosis del veneno queda así reducida a menos cantidad. Pero si he de ser franco, le declaro que más que todas las dentelladas, suprimídas o no, más que todos los palastrazos y que todas las soberbias, me repugna y asquea el parrafillo fianl, por aquello que dijo el poeta:

prefiero, vive Dios, en mi hidalguía,

lobo que muerde, a víbora que lame”

Cómo habra usted visto, el autor, desentendiéndose del celtismo para sostener sus disparatadas etimología es vasco-helénicas, acota no pocas veces con Miguel de Unamuno. Y es el caso que éste, encarta que acabo de recibir contestando a un interrogatorio mío, me dice:

 “Desde hace algún tiempo leo bastante portugués, que no es, como usted sabe, más que gallego literario, y le puedo afirmar que todo eso del vascuence y del griego es puro embrollo y fantasmagoría. Abrigo la más arraigada convicción de que ninguno de esos idiomas ha influido en el gallego”

De Victor Said Armesto a Murguía Pontevedra, 10 de Febrero 1905

 Mi querido Murguía: Por el mismo correo les remito la segunda tanda de artículos publicados por mi buen amigo García de Diego sobre las etimología de mi paisano. Los artículos de este no se los envío, porque para barbaridades basta con las de su obra; Pero si quiere verlos pídaselos a Martínez Salazar, que me consta los tiene.

Yo tenía preparada una andanada gorda, pero ocurrieron tales cosas que ya, dignamente, no puedo publicar nada sobre libro de ese buen señor. Es cosa seria que no puedo decir a usted por carta. Ya hablaremos. Ello es que tuve disgustos serios y que de todas veras lamento no poder arremeter contra un libro preñado de atrocidades y de verdaderas blasfemias históricas, etnográficas y lingüísticas.

  Estas cartas fueron editadas por la Fundación Rosalía de Castro, en la revista Nº 4 de estudos Rosalianos.

 Sobre las cartas me gustaría saber que opinaron estos dos señores cuando la Real Academia De la Historia Española denominara la obra “Galicia Antigua” de relevante mérito nacional y que el capitulo Oestrymnis Ophiusa. se publicó en el «Boletín de 1a Sociedad Geográfica de Madrid». correspondiente al tercer trimestre de 1905, para ser obra de un loco y de un ignorante no esta mal.

Por otra parte queda la incógnita de por qué Armesto no escribió los artículos contra el libro de Galicia Antigua “Yo tenía preparada una andanada gorda, pero ocurrieron tales cosas que ya, dignamente, no puedo publicar nada sobre libro de ese buen señor”.

Y más extraño resulta esto que encontré en la revista O Candil de Xaneiro 1996 Nº 8, es una biografía de Victor Said Armesto y en sus páginas encontré lo siguiente:

Origen en vasco de la raza gallega autóctona’ -no que en certo xeito, coincidía co erudito don Celso García de la Riega en ‘Noticias de Galicia Antigua’– “

En fin, juzguen ustedes

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