Celso García de la Riega

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Dibujo de la Gallega “Nao Capitana de Cristóbal Colón”

Nao La GallegaEl dibujo lo he encontrado en un artículo de la gallega de Gerardo älvarez Gimenez, en la publicación Galicia Moderna, aparece clara la firma de Celso García de la Riega “CGR”, por desgracia no sabemos donde se encuentra el dibujo

La Estudiantina

Galicia Moderna Nº 2 1897

La Estudiantina

Se concibe un estudiante sin libros; lo que no se comprende es un estudiante desprovisto de algún instrumento musical: una pandereta por lo menos.

Galicia Moderna Nº2 1897 EstudiantinaCon una capa y una guitarra o pandereta, el estudiante español aprende en dos semanas todas las leyes antiguas modernas del mundo, todas las fórmulas de la Terapéutica y todos los enrevesados nombres de las clasificaciones zoológicas; para él, la mejor enseñanza metafísica que puede recibirse es la que se estudia en los negros ojos de una morena o en las celestiales sonrisas de una rubia; y vanas serían las más concienzudas y claras explicaciones de los catedráticos, si no fueran repasadas en las parrandas y, de cuando en cuando, corroboradas por alguno de esos paseos o viajes de tuna en que, á las rápidas emociones del amor y del galanteo, acompañan las alegres notas de la jota ó las románticas melodías de una serenata. Añadid á esto un noble pensamiento benéfico como causa esencial del paseo y agregad el primoroso arte, la espontanea gracias y el don de la juventud, tan breve en la vida, y tendréis la clave de los entusiastas y constantes aplausos obtenidos por la Tuna Compostelana de 1897 en su viaje por Asturias, Castilla y Galicia; os explicaréis el deseo de verla y oirla de nuevo.

Pero sobre todo ello se ha grabado esta voz en los corazones, con respecto á la Tuna de Santiago, un sentimiento más elevado: el de impetrar para ella la bendición de Dios; y otro más positivo: el de pedirle que , de súbito, haga sabios á los tunos que todavía no lo sean. ¿Y como no? Calculad las penas que habrán de mitigar los productos de su paseo, destinados á los heridos y enfermos de nuestro valerosos y sufrido Ejercito.. Esta sola idea basta para recomendar a los estudiantes españoles que, por ahora, dejen los libros y, en cambio, templen las guitarras y atesen las panderetas.

Ya aprenderán: tienen que llegar a viejos, que es cuando se sabe algo…. aunque tarde!

Celso García de la Riega

En Galicia

Galicia Moderna 25/04/1886

Galicia ModernaTras la azulada montaña

que el alto horizonte cierra,

lanza el sol por el espacio

sus últimas tintas bellas,

que esparciéndose por haces,

de oro y míniun, se reflejan

en nubes que ya separan

de las sombras que se acercan,

la luz que marcha veloz

a iluminar otras tierras.

Del Valle sube hacia el monte

accidentada vereda,

que al penetrar en el bosque

hace una brusca revuelta:

en ella vése de pronto

dibujarse la silueta de un hombre

que, lentamente,

del valle a la vista llega,

Camina encorvado el hombre

cual si enfermo ó viejo fuera,

en un bastón apoyado

y mirando hacia la tierra.

Detiénese al fin, y el valle

con mudo asombro contempla;

queda estático un instante;

el nudoso apoyo suelta,

frota enseguida los ojos

cual si todo lo que viera

fuese una ilusión, soñada

mucho tiempo entre mil penas;

y al oír de una campana

las notas suaves, lentas,

cuyo no olvidado tono

en su corazón penetra,

el hombre lanza un suspiro,

se descubre la cabeza,

por sus curtidas mejillas

en tropel lágrimas ruedan

y una plegaria en sus labios,

sin palabras, balbucean.

Es la oración instintiva

que ningún ritual enseña,

pero que brota del alma

si después de larga ausencia

tornamos al final pueblo

en que vimos luz primera;

que entonces nuestra memoria

frescos, distintos, despierta

los recuerdos más lejanos,

de la infancia y las ideas,

que ocupaban nuestra mente,

de mundano afán exenta.

Pero esa época no vuelve

y aunque el recuerdo consuela

apodérase del alma

una invencible tristeza:

y es que al ver la infancia lejos,

vemos la tumba más cerca

Los remates de la torre

de la bizantina iglesia;

los antiquísimos robles,

que al atrio dan sombra densa

y bajo la cual, acaso

han orado á Dios los celtas;

los dos enhiestos cipreses,

del camposante, que encierra

de muchas generaciones,

al humilde y sagrada huesa;

la blanca casa del cura

y más allá, la taverna

tradicional, como el ramo

de laurel sobre la puerta;

el bosque que la colina

borda en desigual silueta

y termina en el modesto

arroyo que serpentea

entre céspedes y cañas

entre maizales y huertas;

sobre un repecho suave,

que las parras festonean,

de una señorial mansión

la mole oscura y severa;

en el fondo, los inmóviles

negros pinares que dejan

pasar por entre troncos,

que son columnas soberbias,

las tornasoladas tintas,

que el sol esparce en su puesta;

las frescas auras del campo;

de la èsada carreta

el chirrido penetrante

que en todo el valle resuena;

el canto pausado y triste

que acompasa la tarea

de la rapaza que envuelve

con mimbres el haz de hierba;

los alegres aturuxos

de los mozos que regresan

del trabajo… todo, al hombre

que aprecio en la vereda,

despierta en su corazón

memorias de antigua fecha.

Y al ver que en el valle, todo

como lo dejo lo encuentra,

por un momento imagina

que ha sido ilusión su ausencia,

que los años no corrieron,

que es joven y que la esperan

las mozas para bailar

en el atrio de la iglesia…

Pero un corro se ha formado

con aldeanos que le observan,

reparando en sus continuos

suspiros y en sus maneras:

¡ Probe vello! ¿Quén será?

¿Por qué chora, por qué reza?

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