Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Archivo para la etiqueta “Galicia Antigua”

El Archivo Provincial reivindica la figura de Celso García de la Riega, el ‘padre’ de la tesis del Colón gallego

de decha a izq:: Guillermo García de la Riega, Dª Ana Isabel Váquez, Diputada de Cultura; Carlos Valle, Director del Museo de Pontevdra, Guillermo Gefael, Secretario de la Asoc. Cristóabal Colón Galego; Eduardo esteban Meruéndano, Presidente de la Asoc. Cristóbal Colón Galego, Antonio Larriva, vicepresidente de la Asoc Cristóbal Colón galego

de decha a izq:: Guillermo García de la Riega, Dª Ana Isabel Váquez, Diputada de Cultura; Carlos Valle, Director del Museo de Pontevdra, Guillermo Gefael, Secretario de la Asoc. Cristóabal Colón Galego; Eduardo esteban Meruéndano, Presidente de la Asoc. Cristóbal Colón Galego, Antonio Larriva, vicepresidente de la Asoc Cristóbal Colón galego

Celso García de la Riega, autor de la tesis del Colón gallego, es el protagonista de una exposición de reconocimiento y reivindicación de su figura como historiador, intelectual y político. Se inauguró este martes en el Archivo Provincial con motivo del centenario de su muerte.

En ella, se muestran reproducciones de todos sus dibujos y pinturas, cuyos originales se encuentran en el Museo de Pontevedra, su obra literaria, interpelaciones parlamentarias, críticas a sus trabajos o varios de sus artículos periodísticos.

Las dos obras más conocidas de De la Riega fueron La Gallega, de 1897, y Colón, español. Su origen y su patria, de 1914. Con ellas, fue el iniciador de la teoría del Colón pontevedrés y creó una escuela y una senda que hoy se sigue en Pontevedra y Galicia con este tema.

Uno de sus seguidores más entusiastas de su tesis en el siglo XIX fue el diputado provincial, Prudencio Otero Sánchez, primo de Valle Inclán, que vivió varios años en Argentina y publicó un libro de mucha fama en Buenos Aires y en España llamado España, la patria de Colón.

Celso García de la Riega fue secretario del Gobierno Civil de La Habana, miembro del Tribunal de Cuentas, jefe de Política Exterior del Ministerio de Ultramar, Gobernador Civil de León, Expo IIdiputado por Cambados por el Partido Liberal y miembro de la Real Academia Galega.

Su obra abarca diversos campos, desde la historia a la filología pasando por la toponimia o la literatura. Con sus interesantes aportacións, quiso promover y dar reconocimiento a su ciudad natal, Pontevedra. Fue socio de mérito de la Sociedad Arqueológica y su obra Galicia Antigua fue declarada de “relevante mérito” por la Real Academia Galega.

Enlace a Pontevedra Viva

“Galicia Antigua” Obra de Mérito Revelante

Diario de Pontevedra

Real Academia de la Historia

 Diario Galicia antigua merito relevanteLa Real Academia de la Historia, en sesión del día 19 y después de detenido examen de la obra que recientemente acaba de publicar nuestro querido amigo y convecino D. Celso García de la Riega, ha declarado de mérito relevante el libro <<Galicia Antigua>>.

Reciba su autor nuestra más sincera enhorabuena

Crónica sobre Galicia Antigua Realizada por El Día

Bibliografía

Galicia Antigua

El Día 28 Febrero 1905

El dia Galicia antigua 28:02:1905 copiaBajo el título que acabamos de expresar, publica el Sr. D. Celso García de la Riega, una interesante obra, que como dice el autor, es una discusión acerca de la geografía o historia de la región citada. El Sr. de la Riega es actualidad conocida; la literatura patria le debe coma historiador regional varias obras concernientes á Galicia, y en ella demostró, además de su vigor intelectual, su probada imparcialidad, y docta y experta pluma para producir un lenguaje castizo y convincente.

Con estas condiciones y su envidiable conocimiento de la historia antigua, y la posesión de idiomas, hace afirmaciones y deducciones, que ilustrarán seguramente a la mayoría de los lectores, desarrollando una labor meritísima, de estas que el tiempo, a medida que avanza, va aumentando su valía en elevada proporción.

La obra, esmeradamente editada, es un volumen en 4 ° y cuenta 578 páginas.

El excelente sumario de ella, abarca un número de materias, hasta hoy controvertibles, como la importante sobre la identificación del país que el poeta Rufo Festo Avieno de nación romana (según el autor), llama Oestrymnis-ophinsa, oponiéndose con cita de autores de respetabilidad y con sus propios datos a la opinión del Sr. Costa en este punto. De importancia suma es también, su estudio sobre la existencia en Galicia de colonias griegas, exponiendo datos interesantes que convencen de su aserto, opinando que realmente los helénicos ocuparon el territorio gallego, y de la influencia civilizadora que ejercieron eu el país, citando entre otros autores a San Isidoro, que al hacer la misma afirmación, dice que de ahí traíanlos gallegos su natural despierto y avisado.

Sobre la segunda vía militar romana de Braga a Astorga llamada Perloca marítima, fundamenta sus afirmaciones con verdadera ciencia histórica, dejando el ánimo persuadido al citar los lugares principales que la misma atravesaba; y, por último, en su capítulo sobre la teoría Celta-sueva, que titula Ni celtas ni suevos, termina con esta genial afirmación que da idea del convencimiento que le inspira: «No somos, pues, ni celtas ni suevos. Los gallegos somos ibero-latinos,tanto por el suelo,como por la raza, por la lengua y por la historia>> y con este motivo hace un estudio por demás interesante, que será transcendental en el severo libro de la historia, pues el Sr. de la Riega sigue el principio, único aceptable actualmente, que en las narraciones de los hechos no hay más autoridad que las pruebas que se aducen.

No seguiremos en la crítica detenida de toda la obra, pero expondremos, sin embargo, que si no hablamos de otros capítulos de la misma como «Los Arros». «El vocablo Coruña>, «Los Gletes», «El vocablo Galicia>, «Lambriaca>>, «El desenlace de las guerras viriáticas», y otros también muy importantes, no por eso dejan de ser de interés verdadero, y a ellos remitimos al lector en la seguridad de que los leerá complacido, y que una vez empezado no los abandonara hasta su terminación, ni olvidará después su sabor histórico y literario.

La Diputación provincial de Pontevedra, atendiendo a que esta obra merece el concepto de meritísima, acordó que la edición fuese costeada por la misma corporación y en aquella ciudad fue impresa lujosamente en el conjunto de sus condiciones.

No dejaremos este asunto sin hacer una observación importante que honra al Sr. de la Riega. Este autor, a pesar de ser una personalidad notoria y favorablemente conocida por sus relevantes condiciones como literato, y por su copiosa y vasta instrucción, si bien combate valiente y fundadamente teorías expuestas por autoridades históricas, lo hace con tal cultura, con tal consideración y tales respetos, que su misma moderación le da valor histórico a su interesante labor, que como ya dejamos dicho cho, ha de ser aún más aplaudida de lo que es hoy, a medida que adquiera la importancia que da el tiempo á cierta clase de trabajos, que como el que nos ocupa, ofrecen tanta fuente de verídica historia.

P.

Crónica Sobre “Galicia Antigua” Realizado Por Revista Estudios de Deusto

«Galicia antigua»

Correspondencia Galicia Antigus 1905En la importante Revista Estudios de Deusto leemos las siguientes líneas acerca del libro del Sr, Riega:

Galicia Antigua: discusiones acerca de su geografía y de su historia. Pontevedra, tip. Antonio del Río, 1904, 8.° V.-578 páginas.—

Con este título se ha publicado una obra notable, escrita por D. Celso Garcia de la Riega, y que ha merecido, con justicia, el honor de ser costeada su edición por la Excma, Diputación de Pontevedra Dificilísima es la tarea que el señor García de la Riega se ha impuesto al pretender iluminar con los resplandores de la crítica los oscuros tiempos de la historia primitiva de su región natal, contribuyendo con su ardua y meditada labor <<a la determinación de la historia referente a diversas épocas de Galicia, así como el conocimiento de su geografía en tiempos de que apenas se conservan recuerdos>>. Más, aunque para realizar su empresa ha debido tropezar el autor con graves obstáculos, nacidos unos de la índole del asunto, y originados otros por haber de refutar opiniones apoyadas en escritores tan autorizados como los Sres. Costa y Murguia, preciso es reconocer que el Sr. Celso de la Riega ha logrado salir airoso en su empeño asentando sus afirmaciones en la más erudita crítica, basada en el concienzudo estudio de los pasajes de los escritores clásicos que dicen relación a los hechos de que trata, así como en la observación y análisis de los monumentos del país y en los nombres de muchas de sus localidades.

Termina el erudito autor su bien escrito trabajo probando contra la opinión tan extendida y puede decirse general, que los gallegos no son celtas ni suevos, sino que son ibero-latinos, tanto por el suelo, como por la raza por la lengua y por la historia,

F.E

Etimologías Gallegas Comunicado “Respuesta de Celso García de la Riega a V. García de Diego”

Comunicado

Diario de Pontevedra 28 Febrero 1905

 Sr. D. Andrés Landin.

Mi querido amigo: ruego a V, que ordene la publicación del adjunto comunicado en su ilustrado periódico, puesto que no me queda otro medio de contestar al inverosímil ataque del Sr Diego, en !a inteligencia de que se trata de un comunicado de pago esperando que haga la inserción lo más pronto posible.

 Es favor que le estimará de todas veras su antiguo amigo.—G. de la Riega.

24 Febrero 1905.

 Sr Director de El Diario de Pontevedra:

Diario Pontevdra contestación a V. Diego 28:02:1905 Mi distinguido amigo: de cuantas sorpresas pudiera yo tener en la vida, ninguna tan extraordinaria como la que me ocasionó el artículo de ese catedrático de latín, inserto en el número de hoy, que acabo de leer. Convencido estoy ya de que es imposible toda discusión normal y correcta con ese señor En la polémica que sólo por las razones ya expuestas, he sostenido acerca do las reminiscencias griegas en el lenguaje y en la toponimia de Galicia, he contestado puntualmente y en su lugar respectivo a todos los reparos aducidos por el Sr, Diego. Este caballero, viéndose sin salida, acorralado y descalabrado en su argumentación científica, ha acudido en su último trabajo filológico a extremar el sistema que habla iniciado: el de las omisiones, de las tergiversaciones, de las inexactitudes, en fin, del barullo, todo ello presentado en un lenguaje que nadie envidiará. Los lectores de El Diario habrán advertido ya el desahogo con que el Sr. Diego ha sacado de quicio las cosas, trabucando intencionadamente mis raciocinios y pruebas, trasladando todo aquello, que sólo tiene encaje y efecto en su lugar, a otros en que aparezca desatinado y resulte sin valor atribuyéndome conceptos que no he emitido o falseando, con habilidad que reconozco; aquellos que yo he acompañado de los respectivos antecedentes y consiguientes; acudiendo, en resumen, a subterfugios que tienen adecuado calificativo en el diccionario de la lengua. Crea V., pues, amigo mío, que aunque V. no, lo hubiera hecho, yo habría dado en este punto por terminada la polémica, principalmente en vista de mis observaciones sobre procedimientos de trato social, que he consignado en mis últimos artículos, largos y latosos, es verdad, a causa de que la defensa requería una extensión que los ataques maliciosos y embarullados pueden salvar fácilmente.

No habré de ocuparme ya, en el presente comunicado, de las menudencias filológicas mencionadas; de la polémica haré muy pronto un folleto con las correspondientes notas, aclaraciones y justificaciones y, por lo tanto, la cuestión habrá de ser juzgada en su día por quienes no estarán influidos de prejuicios y pasioncillas de bajo vuelo.

Pero el último artículo, o lo que sea, del Sr. Diego, tiene cosas que no pueden quedar sin contestación, y por eso acudo a esta forma de comunicado, bien convencido de que cumplo una obligación ineludible Ese señor, que ha tenido la amabilidad de llamar jonios a mis tatarabuelos (licencia muy descortés) no se ha hecho cargo de que yo, en ¡as entrañas de esos remotos antepasados, ya tenía matemáticas y había aprendido a no emplear nunca medios incorrectos y a no usar en ninguna ocasión literaturas dé plazuela o de chiquillo emberrenchinado; si me he permitido , algunas frases irónicas, ha sido tan solo en contestación a otras injustas, inconsideradas o intempestivas. He sido atacado inopinadamente y nadie creerá que he cometido un crimen al defenderme, dentro siempre del compás y del son que me había señalado el ofuscado agresor.

Poco es lo que voy a decir y conviene descartar desde luego un pequeño detalle, aunque tiene importancia por el fin benéfico que encerraba; El Sr, Diego había afirmado que eso del espíritu fuerte o áspero, desvanecido en los dialectos griegos, restablecido por Aristófanes y lamado digamma eólico, era «una atrocidad que no se estila en los libros moderno», sobre esta afirmación le he propuesto una pequeña apuesta. Ha eludido la aceptación noble y franca; ha tratado de escurrirse (muito olio c´os cartiños!) según costumbre, con una habilidad que precisamente viene a darme la razón, puesto que las palabras que cita del Sr. Cejador, patentizan la existencia del mencionado digamma o sea espíritu áspero o fuerte; luego, en los libros modernos se usa tal atrocidad y no la del estupendo jo, ja, base primitiva de la cuestión. Sobre este asunto hay además lo que he expuesto, copiándolo literalmente y sin tergiversación ni omitida, de la extensa y profunda Gramática griega del Sr. Lozano y Blasco, catedrático que fue de griego en la Universidad central, capítulo XIV, párrafos 2 y 3, páginas 34 y 35. Es, por consiguiente, indudable que ol Sr. Diego ha eludido la apuesta y tratándose do un objeto caritativo, debemos lamentar que no la haya aceptado, puesto que tenía tanta seguridad en que yo seria el pagano.

Y vamos a lo principal, que, sin embargo, sólo tiene valor aparente; a lo que me ha causado la sorpresa que menciono al principio de esta carta; a unas increíbles palabras del Sr. Unamuno. El Sr. Diego continúa tocando a rebato-.. lo mismo que el sacristán y el escribiente consabidos. Le compadezco.

Muy flojos y muy desprovistos de conocimientos y de razones se hallan el Sr Diego y su ayudante de campo, hacendista desocupado, cuando se han visto en la necesidad de acudir a aquel catedrático: bien cierto es el refrán de que el que quiera saber, que vaya A Salamanca. No puedo calcular bajo que clase de elementos de sugestión o de referencias e insinuaciones ha podido el Sr. Unamuno leer algo, no todo, de mi libro y estampar dichas palabras. En uno de mis artículos he indicado la idea de que si nos colocamos en un punto de vista opuesto a las noticias históricas y a la colonización griega de Galicia, mi criterio resulta desatinado y que tanto valdría buscar orígenes griegos en la Australia. Esta consideración no ha sido apreciada en su justo valor por el Sr. Diego, que no sabe apreciar cosas tan sencillas, ni probablemente por el señor Unamuno, que no ha podido fijarse en ella o a quien seguramente le ha sido ocultada. El Sr, Unamuno tan sólo leyó algo de mi libro; en la página 527 declaro lealmente que mis conocimientos, sobro estas y otras materias, son muy superficiales, hecho que bastaría para que todo espíritu sereno y justiciero prescindiera de escribir frases tan excesivas, desatentas o injustas, aunque considerase erróneo mi criterio. Mi ciencia filológica está reducida en mi libro a consignar que tanto ciertos elementos como muchas palabras gallegas del lenguaje y de la toponimia quieran o no quieran el Sr Diego y su ayudante tristísimo, concuerdan en forma y en acepción con otras griegas, hecho incontestable que, unido a las noticias históricas y a los juicios formulados por Plinio, Strabon, San Isidoro, el Gerundense, el P. Florez, los señores Fernandez Guerra y P. Fita, etc., etc., corroboran mi criterio. Si el señor Unamuno no aprecia las noticias históricas y la toponimia gallega, está en su lugar al considerar absurda mi creencia y al figurarse que salgo de un manicomio; pero no al escribir frases tan inconsideradas, sin presumir, segura y positivamente, que habrían de ser utilizadas en una forma y en una ocasión que no ha podido imaginar ¿Cree el Sr Diego que las cosas no han de aclararse? Vaya si se aclararán, y aínda mais. Ni de mi libro, ni de la polémica en que he aducido hechos y argumentos incontestados, aunque sí desfigurados y tergiversados (pues lo he probado así en los lugares oportunos), se puede deducir que alardeo de helenista o de filólogo, ni que me hincho o me esponjo, bañado en presunción satánica, ridícula, insana y ruin: de ello estoy bien seguro y todos los que me tratan y conocen, lo suben del mismo modo.

Lástima es que el Sr Diego, que se considera un Kuroki de la filología, no haya consultado también al Sr. Unamuno las definiciones de su famosa gramática latina sobre el sustantivo, el adjetivó, el verbo, la métrica, etc. Estoy persuadido de que si el Sr. Unamuno leyera aquello de que «la Métrica es el estudio gramatical de los versos latinos», pondría en solfa a un catedrático que enseña a sus alumnos semejante dislate y que, por tanto, carece de toda autoridad científica; también estoy convencido de que si el mismo señor se enterara de las asombrosas habilidades y afirmaciones de! Sr. Diego en la polémica de que se trata, le condenaría a la contemplación eterna de su ayudante de campo.

Pero ¿es que las frases del Sr. Unamuno escritas en tales circunstancias, constituyen un mandamiento de la ley de Dios? Soy enemigo de la exhibición personal; mas el estado, a que el Sr. Diego, totalmente aturdido y sin base propia, ha llevado el asunto, me obliga a presentar opiniones valiosas que, no sólo hace lo que vulgarmente se llama «pata y en paz» con respecto al decreto del Sr. Unamuno, sino lo que se dice <<quince y raya>>.

Un doctísimo filólogo, sin duda el mas eminente de España, me ha trasmitido el juicio que le ha merecido mi modesto libro y trata particularmente los puntos de filología, sin hacer la más leve insinuación de censura sobre las reminiscencias griegas, esas reminiscencias que el Sr. Diego ha creído que destruían su cátedra de latín y el despacho de su Gramática latina y de los programitas de curso, Y para que se vean la sinceridad y lealtad con que dicho sabio emite su opinión, copiaré algunas frases. Después de decir que mi obra está llena de erudición y de buen juicio crítico y que sin duda habrá de llamar la atención de los doctos, añade lo siguiente: «Lástima que V. no sistematice un poco más el punto del anticeltismo y otros lástima que usted no haya abandonado para escribir su obra resabios de doctrinas no viables que asoman a veces; me refiero a las alusiones que hace a una comunicación iberolatina, (téngase en cuenta que en mi libro llamo eminentemente latino a nuestro dialecto) a la maternidad del sánscrito en orden a las lenguas dichas indoeuropeas, etc., y a suponer verdadero el origen asiático de los aryos, cuando en realidad, y en cuanto cabe admitir tales aryos, deben decirse europeos. Esto no quita lo substancial del libro, pero yo, que estimo sinceramente la doctrina de su obra, etc.. expresión sincera de mis impresiones y de la estima de su obra meritísima, etc.»

Ahora copiará un párrafo de la carta de un académico, aunque en ello haga un esfuerzo, «He leído el libro y lo tengo sobre la mesa para releerlo y estudiarlo; mi impresión es que se trata de una obra magistral y que ha de promover polémica. Por lo visto ya hemos empezado con ese búrgales, que me parece se ha metido EN LO QUE NO ENTIENDE, Precisamente, días pasados estuve hablando de cosas griegas de Galicia con N, . N.,. (un catedrático de la Universidad central) y me citó innumerables nombres griegos de ese país, etc. «En el trabajo para el Boletín pueden y deben venir las voces griegas con sus propios caracteres de letra.», etc. No estoy autorizado para publicarlos nombres del filólogo, del Académico y del profesor mencionados.

Las cartas de referencia están a disposición de los lectores do El Diario, no de ese Sr, Diego, que podría sufrir un berrenchín. Algunas personas las conocen ya. Concluyo repitiendo que mi enorme delito ha sido ensalzar la historia antigua de mi patria, enlazando, justificadamente las repetidas o incontestables noticias históricas con muchos nombres do lugares y con un ciento, o cosa así, de palabras del lenguaje galaico que concuerdan en forma y en significado con voces griegas, Este horrendo crimen le puso los pelos de punta al Sr. Diego, imbuido en vulgarísimo criterio castellano en cuanto toca a Galicia y a los gallegos; ni él, ni el señor Unamuno han visto que, aún aceptando las peregrinas afirmaciones filológicas del primero y las transformaciones galaicas de las palabras latinas, resulta una antigua fonética gallega derivada de la griega. El Sr, Diego ha intentado cubrir su averiada mercancía con el pabellón del Sr Unamuno, Pobriño!

Cuanto a otros puntos del último y desdichado artículo del catedrático de la Métrica y del verbo de lo inicial.. peor es meneallo.

Y dando a V.; amigo mio y querido paisano, las más expresivas y sinceras gracias, se repite suyo afmo. s.s.

q.s.m.b

Celso García de la Riega

Nota: Falta la publicación de la cartas de V. García de Diego a Unamuno y la carta que le remitió Celso García de la Riega a Unamuno

Vuelvo a repetir lo mismo que en otra ocasión V. García de Diego y su ayudante de cámara debieron quedarse tontos cuando la Real Academia de la Historia denominaron a Galicia Antigua Obra de Relevante Mérito

Etimologías Gallegas XVII

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 21 Febrero 1905

(Conclusión)

Diario Galicia Antigua CELSO 21:02:1905Sacho, de psao, cultivo, desmorono, desmenuzó que V. desfigura diciendo: yo rasco. Que besa es latino: quiá! Ni con esto sale V. del apuro, porque el latino que quedó fué legón: besa, es de origen griego. Que pn latín se llamó sarculum al sacho y que aquí no hay filosofías de ninguna clase. Hola! Y las hay en foro, leria, cheiro, tolo, coteleo, etc? Que V., como buen pescador, puso el italiano sarquio en el anzuelo. No lo creo, porque seria confesar que V. no persigue la aclaración científica de las cosas, sino la satisfacción del amor propio, usando para ello armas prohibidas y una travesura de pillin… Repito que no lo creo. Lo que V. pretende es disculpar el resbalón, acudiendo al efecto a un baturrillo que mi paciencia vá a aclarar.

Dice V, que la consonante líquida se obscurece muchas veces, sobre todo cuando esta tras la a y antecede al grupo romance clo, cla. Pero en sacho no se obscureció; desapareció, a pesar del intermedio sarkio! El sobre todo vale un imperio tratándose de la a, porque lo que es en mancha, de manculam la consonante líquida perduró¡ ¡Qué leyes fonéticas inventa V. De masculum y casculum, macho y cacho; pase la desaparición, porque el grupo se resuelve fácilmente en ch; pero en marculum, no cuela la transformación también en macho, que es mucho machear. Si así fuera, todos los martillos del herrero (no se lee) se llamarían machos: esto solo sucede con uno, el mayor, porque representa el vigor y la fuerza. No por otra causa se llama macho al yunque grande del herrero, a los soportes de ladrillos en paredes de tierra y a los de piedra en las de ladrillos, así como a las vigas que hacen oficio de columnas o pies derechos, a todos los cuales la voz popular aplicó en sentido figurado el nombre mencionado, macho, producido por el masculum o acaso por el mas latino, macho. Por otra parte, cae V. en la incongruencia (ya se lo he dicho y V. tan sordo) de ordenar que serculum perdió la r para sacho, mientras que no se perdió en serculum para cercho y en si serculam para cicercha, donde la e tiene el mismo valor fonético que la a. No podrá V. demostrar que en cote se conserva la tónica de cotidio. Sobre magoar, nada nuevo añade V.

De almeixa, colo, quenlla y estrobo, ya me ocupo en otros lugares y lo que V. dice no merece la pena, a mi juicio, dadas mis explicaciones en los anteriores artículos y los demás antecedentes helénicos, Cuanto a foro, queda en pie el fundamentó de mi etimología: creo que no sirve su réplica. Añade V. que «mucho más diría sobre las demás etimologías no estudiadas>>.. aserto que retratando un sistema. No ha hecho V, ese estudio y sin embargo, no le ha convencido nada de dichas etimologías; no las conoce por el estudio y se decide a afirmar que diría mucho más que, lo dicho sobre las qué han sido objeto de sus plácidas censuras. Me conmueven una exaltación tan honda y una infalibilidad tan anticipada!.

Como prueba de ese mucho más, saca V. a plaza bremar, que define por el latín frenare, y yo, con mayores y por lo menos iguales derecho y fundamento, atribuyo al griego bremoo; y tarabelo, del molino, que ,V. aplica al bable trabellu (vigueta) que sólo es derivado de trabe, en gallego viga. Tarabelo es una vara o palo delgadísimo, querido amigo; pero además, no creo que su fonétca de V. consienta que el grupo tra del trabs latín hubiese retrocedido a tara, mientras estoy seguro permitirá que tarabeoo y taoo (temblar, que es el oficio del tarabo perduren, dados los nombres griegos otras piezas del molino, a los cuales ha perdonado V. la vida.

Buen lío ha armado V.con los posesivos y los pronombres. ¡Qué tremendo apuro el de V., al ver que su vención do disimilación de la i y del encauzamiento del meus había hecho fiasco! a tal situación ha tomado V. el camino de echarlo todo a barato: le disculpo. No he dicho en mi contestación, ni en mi libro, de esa procedencia del meu, teu y seu gallegos, de emos, sos y hos griegos que V. saca a relucir. Sobre ello no tengo más que dar por reproducida mi expresada contestación. Hay en el ¡dórico el meu y el teu o seu como posesivos y lo tiene el galego mientras el castellano hizo tuyo, suyo de los latinos tuus y suus; tal es mi ejemplo, nada más.

Cuanta al pronombre eu dice lo mismo. Pero V. totalmente aturdido, hace una cita inexacta de mi libro, páginas 259 y 533, Tenía V, por lo visto, telarañas en los ojos «Digo allí que los griegos pronunciaban el ego de un modo distinto al de los romanos y que por eso pudo perderse la g para hacer eo, eu en el dialecto gallego, dado que aquellos también tenían la forma ioo; conjeturo además cual era la pronunciación helénica y afirmo que si el ego latino hubiese penetrado a Galicia, hubiera conservado la g, como en las demás voces de igual terminación: lego, ligo, rego, legón, etc. He aquí las tergiversaciones a que V. acude! Y dice V. en la gravedad acostumbrada: <<El min gallego, no salió deleemin dórico por la razón sencilla de que éste es plural». Si V. sabe así el latín, están lucidos sus alumnos! 1.° El emín (con épsilon) dórico es dativo de singular, mai latino, hijo mío. 2.° Ese eemin (emin con eta) que V. desenvaina, es el dativo de plural, ático, Estamos, eh? De manera que ese decisivo, por evidente, el dato que he presentado en mi contestación y que V. ha querido refutar con harta prisa: el min gallego es sin duda el tal emín dórico.

Y ahora viene, bien un pequeño encargo: el idioma inglés tiene el -No se Lee-

correspondiente cortejó de millares de voces latinas, como príncipe demostrativo.l

Cuanto a lo que V. se ha llevado el trabajo de escribir, para desorientar a los lectores, sobre las demás personas, singular y plural, del pronombre, y de las cuales nada he dicho de cerca ni le lejos, hasta aconsejarle que en lo sucesivo no se precipite. Los efectos teatrales solo cautivan a los niños, puesto que yo no saco todos los pronombres gallegos de los helénicos, sino eu y su oblicuo min; si el pueblo latino hizo el eo de su go. bien pudo hacerlo el galaico con el ego helénico, conservándolo conjuntamente con eemín.

Que la interjección latina heúioo griega que he presentado como inicio de la pronunciación que los griegos daban a su pronombre ego, íoo, ni siquiera es paralela. Continúan los decretos! esta que V. autor del jo, ja y del plural eemin, lo diga, apoyándose en el grito ia riumphe que proferían los fratres Arval de Rómulo (siglo VIII a. de J. C.) Pero en vista de tan antigua fecha ¿no se podría sospechar que ese grito de los flaminos de Ceres era copiado del mismo ioofiríambos triunfo en la procesión de la fila griega de Baco? En este caso ya no ser paralelo sino hermano legitimo, aparte de que posteriormente pudo transformase en heu, que acusa la pronunciación mencionada. Hijo mió sobre esto vea V. a Egger, traductor del resto de un canto en tabla de mármol encontrada en Roma hacia el año 78, donde esta ese grito que V. dice: esto que se supone, nada más que se supone, perteneciente a los tales fratres. Y después, véngase V. con fiestas Ambarvalia los lectores de El Diario.

Que eso del digamma eólica una atrocidad que no se estila en los modernos. No tiene V, malas desparedas que digamos! ¿Comodidad romántica eh? ¿Aceptará V. una pequeña apuesta sobre los libros modernos acerca de la materia?. Nada más que una docena de arrobas de garbanzos para los asilados. Hospicio o para la Escuela Maternal recién instalada. Anda de ahí! según dice V. a estilo chulo en otro lugar, ¿Acepta V? A que no! Lo raro es que, a pesar de esa atrocidad, después de haber escrito, jo, ja, haya V, quitado hierro, escribiendo ahora ho, hee.

Se calla V, como un muerto acerca de la terminación oi de la toponimia gallega. ¿No tiene V. a mano otros Arvalos?

En el lugar correspondiente, por olvido he omitido, entre otras observaciones, las siguientes: 1º V. dice que mi prosodia ordena que se ponga acento a la conjunción cuando convirtiéndola en adverbio. Inexactitud. Nada he dicho de que pueda deducirse semejante cosa, pues mi doctrina es que todas las palabras de dos sílabas tienen tónica en cualquiera de ellas, sean preposiciones, sean verbos, sean lo que sean, quiera V, o no quiera y a pesar de todos los romanistas habidos y por haber. 2º V, pone el ejemplo de «una manta para el caballo>> y <<contra las piedras», y esté último lo substituyo con el de <<contra el Gobierno» y <<fuera el alma», donde resulta acento en el lenguaje hablado para el famoso articulo átono, a causa de las reunión de las vocales ae, quiera V. o no quiera, y a pesar de Cornu: es lógico también que lo mismo sucedía cuando el vulgo latino decía <<supra illo, monte, supra illa tabula»,sin que V. pueda presentar ejemplo en que el acento estuviese en la segunda sílaba de illo, illa Y diga V., carísimo dómine de Gramática: ¿desconocía V. estos detalles de prosodia en el lenguaje hablado? ¿O es que su prosodia laberíntica es la verdadera tía javiera?

Que no hay filólogo ni libro que no empléela denominación indogermánicas para las lenguas arias (se escribe aryas, querido). Pues váyale V. con esto y con la comunicación latina en España al eminente y sabio Sr, Amor Ruibal y a varios filólogos modernos. (Ahora me toca a mí). Por supuesto, tanto en esta insinuación como en otras análogas, responde usted a una intención maquiavélica de las más pueriles; pero… ¡nequáquam! He nacido mucho antes que V. hijo mío,

<<Qué las leyes fonéticas de la gramática histórica no viven en el pueblo». De ve ras? ¿Es decreto de V. un teorema tan cómodo y estrambótico del pseudo-romanista?. De manera que los gallegos, al reparar en las palabras modernas ingeniero y automóvil, por ejemplo, y al convertirlas seguidamente en talefro, enxeñeiro y outomól no obedecen a sus leyes fonéticas tradicionales. Es V, muy expedito, querido.

Y en fin ¿queda de sus artículos algo por ahí? Ah, si! Queda su postdata, que en toda carta larga, es lo más importante; lo de su Gramática latina. Yo no he presentado mis brevísimas observaciones (no contestadas) acerca de su libro de V. como argumento de mi criterio etimológico, ni como defensa en frente de sus científicos ataques, sino como saludable advertencia acerca de lo del tejado de vidrio. Pero., basta; soy enemigo de todo ensañamiento.

Cuando V. dio a luz su libro, no se me ocurrió, ni podía ocurrírseme, acudir a la prensa periódica, para tergiversar sus raciocinios y para llamarle audaz, atrevido, etc. ni para nada. V., sin que se hubiera suscitado entre nosotros, que discutíamos amigable y particularmente muchas cosas, altercado alguno do los que ofuscan, incomodan e impulsan a ciertos actos precipitados, ha escogido bruscamente y con ayudante de campo, ese camino, aunque con alguna desconfianza, a juzgar por aquello de los <<escrúpulos que ha vencido>> Yo he acudido a la defensa con el compás y con el son propuestos; pero usted, asombrándose de que le respondiera sin respetos a su palmeta de dómine frustrado, recalca su benevolencia y su consideración con frases y conceptos atentos, en sus nuevos escritos romanísticos… Consigno estas observaciones de trato social, como ilustración de nuestra polémica y para patentizar que V. se halla influido en ella por una pasioncita que no me explico fácilmente.

Por último, estoy en la obligación de declarar que, si he tenido empeño, lo tengo y lo tendré, en demostrar que al escribir el libro <<Galicia antigua>>, no he procedido con ligereza y caprichosamente a pesar de mi ignorancia, que reconozco, ha sido por que la ilustradísima Diputación provincial de Pontevedra me dispensó la merced de costear la primera edición, hecho que V. recuerda oportunamente… para intentar a seguida la prueba de que solo he escrito desatinos. Si no hubiera mediado tal circunstancia, es muy posible que no cargara con el trabajo de contestar a sus tergiversaciones, omisiones e inexactitudes. Digo todo esto porque a mi no me duelen prendas de ninguna clase y porque me deleita toda ocasión de demostrar mi sincera gratitud, que reitero ahora, y lealmente, a la expresada corporación.

Y renovándola de veras, tanto a V. por haber robustecido mi criterio como a El Diario y a sus tipografos por su amabilidad, queda suyo atento amigo y s.

                                                        q.s.m.b

Celso García de la Riega

Nota: Quedan dos respuestas muy interesantes y después unas cartas

Etimologías Gallegas XVI

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 18 Febrero 1905

 (Continuación)

Diario Galicia Antigua CELSO 18:02:1905Y ahora veamos el lado extraño con que el gallego tomó el significádo de las voces griegas, que V. quiere demostrar por el consabido sistema de las tergiversaciones, de las omisiones y de las inexactitudes. Conste que aplico el diccionario reputadísimo de Schrevelio.

Xeros, no es sólo seco, árido, sino también pestilente, que, huelo mal Sirobos, además de giro, remolino, significa también vuelta en redondo, circuito: la, cuerda que sujeta el remo, le, da vuelta en redondo con el tolete. Pero además ya le consta a V, mi observación de que entre voces latinas y griegas que concuerden, escojo en determinados casos las segundas, con igual derecho que V., porque si las eligiera en todos los casos, el caudal greco-galaico sería enorme: no soy exclusivista. Iscoo, además de tener y “poseer, significa refrenar, prohibir (eohibeo) y reprimir Tolos, tiene también la acepción de alborotado, desordenado, descompuesto, V, da al tolo gallego el significado de tonto que nadie le da y esto lo saben bien los lectores de El Diario; a no ser que V, que por lo visto pide a sus alumnos de diez años la explicación de la palabras gallegas de Pontevedra, disponga otra cosa,

Después de esto, califica V, de pintorescos los nombres con raíz griega de varias lugares rurales, añadiendo que rechazo dos significados corrientes; pero buen cuidado tiene V, en callarlos: Ese calificativo de pintoresco se refiere al significado griego de hortaliza, ramo, forraje, lenteja, peregil, macho cabrio etc. Son sin duda, más legales por romanistas, los de retamal, caña, rama; haba, ortiga, guisante carnero, etc., que expresan los latinos que abundan; para éstos, la bula y para aquéllos, el patíbulo Fenomenal!

3º Composición. Con la mayor candidez, dice V. que aqui se olvidaron los medios de composición del griego, como si los gallegos, hubieran tenido por fuerza que componer todas las voces con la misma perfección que los clásicos. Pero diga V.; los indios de Peru y Méjico, después de; cuatro siglos, ¿componen vocablos españoles con igual delicadeza que nuestros académiecos y aún que nuestro pueblo, poseedor integro del idioma? Precisamente esos indicios. hacen, las mayores incongruencias en la materia aunque siempre con la basé de una raíz española, ¿Esto no lo sabía V? Pues apréndalo ahora: Si la población de Galicia, de diez a cinco siglos antes de nuestra Era hablaba una lengua vasco, ibérica, acaso aglutinante, ¿como puede V, exigir que formara palabras griegas con la misma pulcritud que usted y Cornu emplearían? Después de tal introducción, saca V. a luz (los vocablos de mis etimologías, dioo-ibu y lo lobos, entre ciento y pico del lenguaje y doscientos de la toponimia, ¡Gran metrallazo! La primera,

que hizo dioibo, tiene, según V., una composición horripilante, porque consta de un verbo y un adverbio, tengoespanto y mucho, con las cuales resulta la idea extravagante ¿no es esto? de terror o pavor, que ocasionan, las inundaciones. Pero dioo ¿expresa tan sólo disperso, travieso amigo mío? ¿Para que ocultar su acepción de tengoespanto? Es V. muy inocente todavía; pero esto no es un pecado. Ahora bien; la palabra espanto, sustantivo, ¿no es a la vez presante del verbo espantar? ¿Y qué crimen de composición es que un pueblo que no posee la lengua que le ofrecen colonizadores extraños, haga la palabra espantamucho, como hicieron los castellanos las de espantajo y espantalobos? ¿Donde se halla, pues, el enorme defecto de composición? Ahí está lo que es engreírse y creer que las gentes sólo han debido moverse en el mundo, para el lenguaje, para la pauta pseudo romanística.

To-lobos, a la cual agrega V. lo lóbulo, con la aguda reflexión de «gastándole de paso una broma a la concordancia y a los molinos griegos». No es mala broma la que V. ie da a la verdad, ¿Donde he escrito y semejante lo lóbulo? Lobos significa también y antes que lóbulo, todo lo superior lo que está arriba, encima. La tolba, de tolobos, es la pieza superior de todo el artificio del molino; de manera que la composición no es desatinada. Que Vitrubio dice que los molinos griegos no tenían tolva.,, ¡Vaya por Dios! ¿Echarían el grano a puñados en las muelas?. No dudo de la

veracidad de V., sino de la del clásico que afirma eso. Pero V. que dice que para el espíritu fuerte o digammaeólico no sirven los autoros que, alaventura, llama antiguos ¿salé ahora con una referencia inverosimil de Vitrubio? ¿El embudo, eh?

4.° Derivacilón. Que el griego no dejó en las voces usadas en Galicia una sola terminación Pues si las de Lardoeiro,otteteira,pandeiro, etc., no lo son, porque V. lo decrete, queda V. muy mal Chouza; de xoustos, es también ajustada, pues si Cesaraugusta, Castalia y Bastía, hicieron Zaragoza, Cazalla y Baza, bien pudo salir chouzo y hacer el femenino chouza. Y a propósito, aunque esto se refiera a la semántica, bueno será consignar que, por olvido en la contestación a sus primeros artículos de V., no he rectificado una do sus acostumbradas tergiversaciones, cual es la de que chuza significa tan sólo «porción de monte, cerrada>> que V, toma para sucar la premiosa etimología latina de clausa; no; su principal y general acepción es <<porción de monte recien roturado» esto es, arrasado, raspado (xoustos), para ser destinado al cultivo y que casi nunca los aldeanos cierran.

Volviendo a la derivación, basta un raciocinio. Según sus juicios de V., los gallegos, sin ¡duda «fuertes en Tematología>> y solo aprendieron raíces para darles derivetciones a su gusto. No, hijo mío, no; no hicieron eso solamente, sino que también aprendieron palabras y conservaron bastantes, dando luego a sus raíces terminaciones propias y también las impuestas por civilizaciones o invasiones posteriores. Esto mismo sucedió con las palabras latinas que, produjeron; por ejemplo, pececito, pajarraco, cintarazo, etc., y con voces ibéricas y germánicas que se latinizaron según los genios populares de las de las diversas regiones; de manera que bien pudieron los gallegos hacer con las griegas lo que todos los; demás pueblos con las mencionadas. Con respecto a la toponimia vasco-ibérica, nos queda todavía algo mucho más, que los diminutivos ch y ñ; pero esta importante materia, que también es para los pseudo romanístas cuestiónaparte, requiere otra ocasión, otro lugar y además, sabios que la analicen y lo estudien.

Después de esto nos encaja. V. un sermón de Filología, con reflexiones muy bien atinadas, muy ben aderezadas, pero muy sabidas, como aquellas con qué termina su penúltimo artículo y ¡ vea V. lo que son las cosas romanísticasl que vienen á fortificar; mi criterio. «Que hay pueblos en que su lenguaje y sus nombres geográficos tienen distinto origen». De veras? Los aldeanos de su tierra de V, son los quo han hecho tal descubrimiento? Y dígame; si en ese lenguaje hay elementos, aunque; sean pequeños, pero interesantes, que concuerdan con los que ofrecen los nombres geográficos y las noticias históricas ¿lo parece A V. que deben desdeñarse merced a tergiversaciones, omisión os o inexactitudes científicas, bañadas en una intransigencia de dómine?

«Que la toponimia gallega tiene un caudal enorme anterior a su latinización.»

Hola, queridol Pues entonces ¿porque exige V, que ese caudal se sujete en su fonética, en su semántica, ote, a las reglillas de un falso romanismo? ¿Cual es el origen de esos elementos?» pregunta V. y a seguida repudia la derivación griega, porque mis modestísimos trabajos no tienen trazas de resolver el problema.

No parece sino que yo he alardeado pedantemente de haber hallado semejante solución. Los quo lean GaliciaAntigua, bien podrán convencerse de ello, pues todo lo quo expongo con respecto al helenismo gallego, es como examen de ese caudal anterior, como comprobante, de mucha importancia por cierto, sobre la civilización que gozó este país en épocas remotas, como justificación de las noticias históricas, no en el concepto de la única ó más influyente fuerza de nuestro dialecto. De manera que V., en sus alegatos y censuras, se descarría por los cerros de Úbeda, por ignorar también que Plinio en el siglo I, San Isidoro en el VII el Gerundense en el XV y Florez en el XVIII, aprecian los elementos griegos de Galicia. Cada una de estas autoridades, vale más, mucho más, para nuestra historia y nuestros origenes, que Diez, Cornu, Meyer Lubke, Pidal, etc., que no han conocido, ni por consiguiente estimado y estudidado, dichos elementos, quedando aplastada la infantil intransigencia y el exclusivismo pedagógico de V.

Celso García de la Riega

( se continuará)

Etimologías Gallegas XV

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 14 Febrero 1905

(Continuación)

Diario Galicia Antigua CELSO 14:02:1905Desde luego hay que notar la insistencia, el singular empeño, con que V. procura llamar romances a los grupos c´l´ y g´l´; en ello parece advertirse que V., en lo intimo de su pensamiento, me concede la razón sobre una buena parte de mis juicios, es decir, que la regla Pidalina no está redactada con la exactitud que requiere un libro de gramática; se me figura que pretende V. hacer carambola de retroceso. Precisamente es una de las cosas que siempre me han gustado mucho: las carambolas… Casi, casi, estoy por citar carambolistas eminentes; pero renuncio a semejante debilidad.

Digo, pues, que eso de llamar romances a los mencionados grupos es una verdadera habilidad de V., lo reconozco gustosamente, Pero el Sr. M. Pidal habla sólo de grupos latinos, ya porque las comillas de la fórmula c´l´ y g´l´ representanvocales, ya porque el ilustre gramático pone los ejemplos de conchulam,masculum, cingulum, etc., que son muy latinos, y no los romancesconchla,masclo,cinglo, etcétera, ya porque si se refiriera a los grupos clo,glo, así lo hubiera escrito: de manera que la regla se refiere con precisión a todas las voces del lenguaje popularlatino que terminan con los grupos culum,gulum, precedidos de consonante y, en rigor, comprende también los grupos que tienen otras vocales distintas de la u primera, puesto que así lo exigen las comillas representativas de aquéllas. En su vista y teniendo en cuenta que son poquísimas las voces de tales grupos c´l´ y g´l´que produjeron el cho, quedando fuera de la regla muchísimas que no lo produjeron, mi criterio resulta completamente exacto: es evidente que si los seis ejemplos hicieron cho, en cambio no se hicieron losciencestos que V, dice (a pesar de las mimbres que había) y que no viene a cuento; para un solo cesto ni para compararla ridiculamente con las leyes romanistas la inmortal obra de Cervantes, ni mucho menos.

Añade V. no obstante su cita del refrán ele los cien cestos, que si los grupos romaneesclo,glo, dieron pocas palabras, fue porque la materia no daba para más: perfectamente y de acuerdo. Pero como los grupos, no do,glo, sino c´l´ y g´l´, esto es, culum,culam,gulum,gulam (precedidos de consonante) de las palabras populares latinas (pues muy populares, pero mucho, son y han sido siempre los diminutivos) eran abundantes, resulta que el Sr, M Pidal ha debido redactar la regla de que se trata en forma parecida á la siguiente:

Las terminaciones romances do,da, glo,gla, precedidas de consonante, que procedan de los grupos latinos c´l´ y g´l´precedidos también de consonante, producen sonido palatal sordo Ejemplos: conchla,masclo,cinglo, etc.

Ante esto, nada habría que decir y yo me hubiera limitado exclusivamente al caso de un sarclo imaginario, de que se supone salió sacho, por el intermedio sarkio; nada más. Sobre esta materia dice V. muchas cosas muy acertadas, pero que no vienen a cuento, dado que todo el mundo las conoce. Sin embargo, bueno será señalar la indicación de V, acerca de que la tendencia fonética de un idioma tiene importancia según su vigor: esto lo dice V., y a ver quien ata tales cabos, a propósito de laescasafecundidad de los romances clo,glo, ley que tiene, dice V., embriagado de pseudo-romanismo, tanto mérito artístico… como el Quijote de Cervantes! La alucinación no puede ser llevada a mayor extremo, Pero además la tendencia fonética del doglo, tiene una importancia descomunal porsusseiscasos; pero la vigorosa tendencia fonética ei helénico, del idioma gallego, no tiene importancia científica, ni histórica, ni de ninguna clase; si acaso, refleja la fonético de todos los aldeanos de su tierra de V…, y aún, como pobrecitos gallegos, debemos darle las gracias, porque bien pudo V. decretar que esa tendencia al ei procede de las grullas, aunque por acá nunca se han visto.

Por ultimo, ladoctrina científica de V. no puede ser más curiosa. Se escribe una ley fonética para veinte ejemplos (aquí se trata de seis), y quedan fuera de ella, cuarenta, Pero ¿qué importa? Es falsa la ley? No; es que la fonéticadeV. da la ley para seis casos solamente. Los demás, aunque sean numerosos, que se vayan a paseo. El gallego convirtió San Verísimo en San Breixo, de lo cual puede V. deducir una ley romanística, aunque queden fuera de ella los demás casos. Vaya, Sr. Diego, que sea enhorabuena por semejante desahogo científico.

En mis artículos anteriores he omitido, por brevedad de redacción y por olvido, alguna observación acerca del diptongo gallego ou. Ha hecho V. muy bien en sacarlo a plaza de nuevo, aunque sea acompañado de una singularísima explicación. Los romanistas desconocen las sorpresas de ese ou: prueba de que también desconocen la fonética del gallego, que es un dialecto viviente; pero como lo del au latino, aún está indeciso, según V. nos dice, mi deducción resulta unadiabluradela logica. Veámoslo. Los romanistas, no tienen datos ni elementos para definir cabalmente el au latino; pero han podido buscar en el viviente gallego los referentes al ou;luego, nada tiene de particular, según V. nos dice, que ignoren la historia del au latino y que el ou gallego les reserve sorpresas. Ay, amigo mío! ¿Pero no vé V. que el resultado de todo esto es, que, en efecto, los romanistas no conocen la fonético gallega? Pero entre las sorpresas del ou galaico, figura la que V. nos espeta doctoralmente, empezando por decir, con la misma gravedad del dómine ante sus infantiles discípulos, que el ou apenas vivió fonéticamente en el ciclo griego: ¡una maravilla de invención! Y concluye V. por decretar que, como el puebloromano contraía a cada paso el diptongo au en o (como? ¿pues no dice V. que el asunto está indeciso?), noesextraño que el gallego lo facilitara con un contorneadoou. De manera que la vocal o,sefacilitayredondea agregándole una uy formando diptongo! Lo compuesto es más fácil que lo simple; la u contornea una o…. en estas filigranas no cayeron los demás pueblos de Roma Bendito sea V. en todos los siglos de los siglos, por reservar tales sorpresasaDiez, Meyer-Lübke, Cornu, etcl

Lo de manculam, del Sr Pidal tiene gracia, muchísima gracia. Por si acaso a V, no le importa que se le echen mochuelos a la Academia (yo no solos echo , querido), pero no toquemos al ilustre gramático histórico, que para V. es un santon tan infaliole como el profeta Smith para los mormones, Confieso con toda sinceridad que yo había olvidado la observación que en otra página hace el señor M Pidal acerca de que en el latín vulgar se dijo manculam por maculam; por consiguiente, resultan fuera de lugar y sin base mis leves inculpaciones al sabio asturiano. Pero aun así, hay que notar la tranquilidad del aserto de que e! latín vulgar decía manculam por mácula (¡) demostrándolo, no los documentos, sino el hecho de que en castellano se dice mancha; esto es, por lo visto, evidentísimo o igual a que si afirmáramos el disparate de que el castellano dice rancho y, por consiguiente, el latín vulgar decía.., ranculum. Cada cual puede afirmar lo que le de la gana cuando se trate del número de estrellas que hay en el cielo! Se tiene autoridad? Pues pasará.

Los demostrativos. V, se hace cargo de que he empleado casi todo un artículo en contestar su figura retórica del cortejo de dichos demostrativos; pero no rebate usted mis razonamientos y deja en pié toda mi argumentación. Hace V. un extracto defectuoso de mi respuesta y en seguida habla V. como si yo hubiera dicho que todos los demostrativos griegos perduran en el dialecto gallego. Cuestión de táctica! Suponiendo cómodamente lo primero que se viene a las mientes, nada más fácil que ocuparse en destruirlo. Dos o tres demostrativos especiales por la forma que concuerdan con los latinos y sirven de la misma manera para nuestra sintaxis, no requieren la compañía forzosa del fantástico cortejo, amigo mío: aparte de existir en el gallego muchas voces griegas puras, quiera V. o no quiera. Las ciencias adoptan la nomenclatura griega y las voces, ya usuales; de telégrafo, teléfono, kilómetro, este.etc,, en nada estorban a nuestros demostrativos; aquellas palabras greco-galaicas, como coteleo, tinícho, leria, bermantés, berberícho, fedello, cheiro, cairentos, faneca, peneira, trasno, trimiñado, sirín, etc., etc., etc., no han sido introducidas por la ciencia en nuestro dialecto. Las adquirió el pueblo, las conserva por herencia, y tiene V. que tragarlo, aunque no lo confiese y lo duela que Galicia presente tales testimonios en favor de su antigua civilización. Así es como nos vengamos del concepto despreciativo que allá, por las tierras de V., se da al nombre de gallego, gentilicio nobilísimo y más antiguo, mucho más antiguo, que el de castellano, sin que éste deje de ser igualmente noble, pero muy moderno, como su dialecto.

             Celso García de la Riega.

(Se continuará.)

Etimologías Gallegas XIV “Contestación Celso García de la Riega a García de Diego”

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 11 Febrero 1905

Sr/D. Vicente García de Diego.

Diario Galicia antigua CELSO 11:02:1905Amigo querido: ha hecho V. también su segunda salida, lo mismo que D. Qui­jote de la Mancha. Este hidalgo se propu­so hacer confesar a cuantos caballeros hallase en su camino, que Dulcinea del Toboso era la más hermosa de las mujeres, la más encumbradora de las princesas; y V. se propone encajar a todo ser viviente el dogma romanista… y el castellano de los aldeanos de su tierra de V.

Echa V. por delante, en sus nuevos artículos, la chanza de que ha salido al palenque de la prensa en virtud de invitación mía. Nadie podrá creerlo. En primer lu­gar, V. ha declarado que, venciendo varios escrúpulos, se presenta con sus disciplinas de domine para que muchos nose alucinen, Además, nadie podrá suponer que yo le he invitado a que intentase darme con la badila en los nudillos. He podido invitarle a discutir normalmente las co­sas, a aclararlas, a puntualizarlas; no a que saliese V. sin previo aviso con un embuchado preparado, con ayudantes de campo, a que prodigase V. frases grue­sas, a que tergiversase mis conceptos, a que omitiese mis principales argumentos y, en fin, a que expresara sus opiniones con el empaque pedagógico de quien, re­pito, cree que se dirige a sus alumnos de diez años, esto es, como quien dice «hablo yo y boca abajo todo el mundo>>. Prueba de esto último, es la ingenuidad con que V. manifiesta «que no se había propuesto empeñarse en discusiones interminables», que es lo mismo que decir «que no espe­raba, después de desplegar V. sus labios, que nadie se atreviese a respirar», ni que yo defendiera mi criterio; al efecto también, me inculpa V. de que tengo excesivo cariño a mi libro… ¡Me deja estupefacto! ¿Ha imaginado V., por ventura, que después de sus imperiales defectos, debiera yo arrojar al fuego ese libro? Al contrario, incauto amigo mío; cada vez me persuado más y más de que estoy en lo cierto, al creer que Galicia tiene una historia antigua que no pueden presentar esas regiones españolas donde los romanos encontraron a sus salvajes gentes bebiendo sangre de caballo, y de esa historia, testimoniada por los editores clásicos, se comprueba con las reminiscencias helénicas del lenguaje, que tanto, le horripilan a V.

Claro es que esos antecedentes históricos le molestan, le estorban para sus peregrinas encíclicas sobre fonética gallega. Menospreciándolos, deja V. cómodamente en el aislamiento las menoionadas reminiscencias, sobré todo lo cual me parece haber dicho lo suficiente, sn que quiera hacerse cargo de ello ¿Como hemos de entendemos? Imposiblel .

Aquí debiera, en verdad, dar por terminada la discusión. Pero, yo..,no escribo para convencerle a V., según cualquiera creería al leer sus galantes y finísimas insinuaciones; he adoptado, sí, la formula de dirigirme en carta a V. para evitar la frecuente repetición de su nombre y apellidos y para facilitar la redacción de los conceptos, nada más, puesto qué y sé de hace tiempo que no hay manera de convencerle a V. con respecto al helenismo gallego. He escrito mi libro para los gallegos en primer término además para cuantas personas, desprovistas de prejuicios rutinarios y vulgares con respecto a Galicia y a cuanto le atañe, puede apreciar íimparcialmente los antecedentes y los hechos. Y ahora, lo mismo que en mi carta anterior, escribo para los lectores de El Diario nada más que para ello: ya sé que á V. no le persuade nada, porque su entendimiento esta preocupado por un bloque romanista, insoluble, infusible e inatacable por los ácidos.

Y entremos en materia, aunque es mucha la paciencia que se necesita para acompañar a V. por las callejuelas, y encrucijadas en que se mueve precipitadamente; porque nada más cómodo que desdeñar las abstrusas trabas de la Filosofía, echarlo todo a barato romanista y mezclar lo divino con lo humano, según V. lo verifica inculpándome además, y muy amablemente, de audaz, de atrevido, de que ignoro lo qué todo el mundo sabe y otras flores de este juez. Y esto, en una discusión, por invitación mía, tan sólo lo hace quién se contempla desprovisto de razón, de justicia… y de matemáticas.

Con el más beatífico desahogo, dice V. que aplico el ei gallego al primer idioma en cuya gramática (en cuya fonética ha debido V. decir querido catedrático de gramática) se tope otro ei, «sin curarme de la historia de este sonido», en lo cual, añade V., hay un rasgo de agudeza, «pero sin ningún valor científico»…. y punto redondo!

Y vea V. lo que son las cosas. Yo, que no me curo, según V. dice, de la historia del sonido galaico ei, la indago históricamente en el idioma griego histórico, porque los historiadores testifican la existencia de la colonización helénica en Galicia, hasta el punto de que Plinio afirma la estirpe griega (sobolis graecorum, se lo diré á V. en latín) de estos pueblos gallegos; y seguramente, el famoso naturalista romano, alto funcionario en España, no habrá hecho su afirmación en virtud del aspecto físico, sino de las costumbres, del lenguaje, etcétera, de la población galaica de aquella época. Ante esa consideración, no habría yo de buscar el ei gallego en las lenguas china y peruana, sino en la griega, donde encuentro prodigado ese ei; donde, encuentro raíces y grupos fonéticos como eido, eiro, eixa, eima, eitá, eiba, etc., etcétera que están clavados en el gallego; donde encuentro voces cuya forma y cuyo significado son exacta o casi exactamente iguales a otras de nuestro, dialecto. Yo no veo en ningún escritor clásico, griego o romano la noticia de que los gallegos bebían sangre de caballo, sino de que celebraban certámenes de toda clase, incluso de música; de que se casaban a la usanza griega y de que, antes del combate, entonaban el himno helénico de Apolo, en el cual seguramente se prodigaba también ese ei que a V le pone los cabellos de punta. Por estos y otros datos que omito y a los cuales doy audazmente valor científico, claro es que me ha parecido más lógico y sencillo topar el ei en la lengua griega, que no, en la peruana o en la china.

En cambio, V. que ses el maestro ungido que se cura de la historia del ei, no le da más historia que la transformación de un ai arrancado con fórceps de las palabras latinas y cuando quiere dar valor científico, no a sus agudezas, sino a los partos de su romanismo, lo busca… hasta en el lenguaje de todos los aldeanos de su tierra de V. Esto es, sin duda, lo que tiene valor científico.

Exhibe V. de nuevo la reglilla sectaria del ai y de la transcripción de la i; pero con novedades. Algo es algo: ya admite usted excepciones, aunque no pasan de seis, a pesar de mis esfuerzos. Por fortuna,sabemos lo que son las excepciones en boca de romanistas incipientes: el mayor número de hechos.

Más ¿cuales han sido esos esfuerzos míos? ¿Es que debía abusar de la paciencia y amabilidad de los tipógrafos, de EL DIARIO y de los lectores, consignando en un artículo periodístico, redactado a la ligera la decima parte del vocabulario gallego?. Pues para darle gusto, allá van, por cada letra inicial unas cuantas excepciones más: beixar, beixos, carqueixa, ceifa, ceiva, deica, deitar, deixar, eidade, eido, eigrexa, eixido, eiroa, eito, eiva, eiqui, xeito, lei, leiro, meixán, meira, meiga, peido, peilao, peirao, peite, peixe, queipo, queicoa, queixo, queixada; rei, reiseñor, seica, seitura, teima, teiroa, teixo, veiga, etc.,etc.,etc.,etc ¿Eh? ¿Qué le parecen a V las excepciones?. Y búsqueles V. la raíz ai, aunque sea en las aldeas de Pancorbo.

Que eira viene del latín vulgar aria. No puede ser, amigo mío, porque los documentos gallegos de la Edad Media están llenos con el vocablo arias, sin transformación ninguna.

Qué feixe, seixo y cereixa fueron antes en gallego, faixe, saixo y ceraixa. ¿De qué documento saca usted estas bromitas, ni quien le ha dado usted licencia para tales invenciones basta para ello, por ventura una imaginaria pero operación pseudoromanistica, por analogía con el fonetismo de otras regiones, distinto del gallego, y en cambio yo no he poder deducir lógicamente, por los antecedentes y por analogía dentro del mismo dialecto, nada que sea opuesto a una reglilla?.

El gallego tiene el diptongo ai en varias voces y no la transformó en ei, según usted y la reglilla ordenan: gaita, faixa, mais, vai, trai, daime, mataime, saino, aigua, baile, este etec. V. mismo saca de pater y mater, pai, nai y mai, y sin embargo, los gallegos, quedándose a la mitad del camino, no hicieron pei, mei, nei ¿Habrase visto desacato semejante?. También saca V. almeixa de métola y peirao de petra.. donde no aparece el ai ni la i! Y quiere V. que nos inclinemos ante aquellas reglillas y ordenanzas?.

Un gramático como V. no debe aturrullarse hasta el punto de no entender el valor de los tiempos verbales con relación a las demás palabras y al concepto que se pretende expresar. En mí, que carezco de pretensiones y que necesito defenderme, puede perdonase; en V., que ataca sin finalidad alguna, que maneja la palmeta y cuyas sentencias tienen valor científico, es indisculpable. ¿No ve V en las palabras que copia de mi libro, nadie cambia significa sencillamente que ha perdurado en el gallego la costumbre helénica de hacer ei de la e inicial?. Pero V. esponjándose desmedidamente pregunta: ¿donde tenemos aquí e que transformar como no sea en el castellano?. Y yo, con la mayor humildad, le respondo: en las palabras latinas ecclesia, etate, edes (esta última me la dio usted en una de nuestras conversaciones), que el dialecto gallego sin esperar a que los pseudo-romanistas le proporcionaran un ai o una i de trasposición, convirtió en eigresa, eidade, eido. ¿Se va V. enterando? Pues vaya V. aumentando el número de excepciones de la reglilla.

Y claro es también que si los griegos cuando unían el epíteto era a otra raíz, lo convertían en eira, fijese V., bien en eira, en EIRA ¿eh? Y si con esta terminación tenían muchas voces, como naiteira, oleiteira, xeiro, diftheira, méirax, etc. ¿qué hay ni puede haber de sorprendente en que proponga mi criterio de que ese ei de muchas, pero muchas, palabras gallegas, no proviene de un ai, ni de la trasposición de i, sino de una arraigadísima herencia que hizo al gallego convertir en ei las tónicas a y e de multitud de vocablos latinos y aún germánicos y célticos? ¿Qué milagro es que llegue también a sospechar que el sufijo galaico eiro es anterior, muy anterior, extraordinariamente anterior, al castellano ero? ¿Habrá, pues, y en resumen, mayor y más indisculpable incongruencia, que la de salir V. de estampía diciendo que yo no me curo de la historia del sonido ei y que los datos expuestos no tienen valor científico?

 Celso García de la Riega.

 (Se continuará.)

Etimologías Gallegas IX “Respuesta V. García de Diego a Celso García de la Riega”

Diario de Pontevedra 4 Febrero 1905

Sr. D, Celso García de la Riega:

Etimologias Gallegas 04:02:1905Querido amigo: No era mi ánimo al dedicar a Galicia Antigua una corta serie de artículos empeñarme en discusiones interminables, cuyo fin es convencer a todo trance al lector y cuyo único resultado es, la mas de las veces, perder el tiempo.

Ni se me pudo ocurrir que el escribirlos, previa invitación del mismo autor, pudiera ocasionar molestia alguna, ni puedo entender ahora como en la forma se ha podido descubrir propósito de mortificáción, si en ellos no ha habido más fin que llamar la atención sobré una teoría que creía a todas luces falsa y perjudicial.

Solo como alarde de, suspicacia podrán hallarse hasta en mis sobrias alabanzas otras intenciones que las de la más estricta justicia y encontrar motivo para compararlas nada menos.. que a los halagos de feroz pantera ¡qué miedo! Esos aplauso» que nadie me pedía brotaron del libro mismo y de no sentirlos, de ningún modo les hubiera utilizado para rebatir la flaca filología que en él se contiene.

Dejando aparte menudas cuestiones a las que no he de detenerme a contestar, he de advertir en primer lugar que lo único, a mi.juicio, que V. ha logrado demostrar cumplidamente en sus artículos ha sido un cariño quiza excesivo á su libro.

Contestando, también de una, vez para siempre a todas sus observaciones, he de repetirle lo que ya decía en mis anteriores artículos que ni afirmo ni niego niego eso de la colonización griega en Galicia y ni rebato ni sostengo que perdure en el actual gallego, algún, elemento filológica de este idioma. Que un filólogo; pertrechado al menos de la ciencia corriente, busque y explique con razonables argumentos estas reminiscencias, y yo me daré por satisfecho: pero sacarlas a todo trance sin hacer caso de leyes fundamentales, sin método cientifico, amontonado débiles conjeturas, a ver si pesan por el número, sin tener en cuenta que se hallen estos elementos en los demás romances donde no hay huella helénica, es por lo que no puedo pasar.

V. hace mal ee reforzar el problema histórico con esos soportes lingüísticos que ha encontrado, porqué no hay uno soló que sirva. Si todo el edificio no tiene más apoyo que las reminiscencias griegas de su libro, lo deja V. en inminente ruina.

Es decir guardo los aplausos para V. por si un día con mayor fortuna encuentra esos elementos genuinamente griegos del idioma gallego, pero sinceramente le confieso que los hallados en esta ocasión no pueden Convencerme.

En la Fonética no puede tomarse como indició de parentesco de las lenguas el parecido casual de algunos sonidos,, ni se puede estudiar ésta fonética en un solo monento histórico, sino que es necesario tener en cuenta las vicisitudes espontáneas o la influencia de los sonidos.

El procedimiento de coger el ei, gallego y aplicarlo al primer idioma en cuya gramatica se topé otro ei sin curarse de la historia de esté sonido, será un rasgo admirable de agudeza, pero sin ningún valor científico.

La ley o la regla sectaria como V. dice de que este diptongo ei procede de un ai antérior o por transposición de i, de un hecho tan general y tan evidente que no puede razonablemente negarse; sobre todo siendo una Al lado del numero inmenso de palabras que cumplen esta regla no sé si llegarán a seis las excepciones. Después de grandes esfuerzos para encontrar tales excepciones nos presenta las palabras eirá, cereixa, feixeyseixoen cuyo orígen no halla modo de encontrar la i , así son todos sus argumentos! Pues bien las palabras area,cerasum,fascisysaxum, fueron en el mismo latín vulgar aria,cérasia, facse=faixe y saeso=saixo. La trasposición de la i en las dos primeras antes de diferenciarse definitivamente el castellano y el gallego hizo aira y ceraixa, cuyo diptongo ai el castellano lo contrajo en e,era, cereza, y el gallego lo popularizó haciéndolo simplemente ei, eira,cereixa, como en los otros dos ejemplos, feixede faixey seixe de saixo.

Quedamos en que el ei gallego se ha formado de un ai común a toda la península y alguna vez es, el mismo ei de la pronunciación popular del latín. ¿Como pues acudir a un ci griego, si mucho tiempo después de que no hubiera ni rastro de, ellos, resulta que los gallegos decían aira,faixe,ferrairo, etc?

El ei gallego es un ai anterior y ese ai es el que hay que explicar por las monodas celtibéricas o por lo que sea.

Protestaba V de que yo le supusiera en la idea de que el gallego proceda del e castellano, Y ahora me apresuro a decirle que se acoja a esa idea aunque sea atrevida porque si no, no deja piedra sobre piedra en su teoría.

Copio de la pag. 260 <<En varios casos el griego, especialmente el jónico, transformaba la e en el diptongo ei. El lenguaje gallego adoptó esta excepción y la extendió, pues cambia, en efecto, con frecuencia la misma letra inicial en igual diptongo, haciendo eixo, eira, de los sustantivos eje,era,(¿vé V,comoyonomentía?); en casi todas las terminaciones de ero,era, (canteiro, regueiro, madoira, lavandeira), menos en las vervales de esta última (touvera, quixera, doera); en la mayoría de las, primeras, personas del pretérito de la primera conjugación (nadei); en la primera persona del futuro de las cuatro conjugaciones (botarei), etc.

«El jónico dice V., transforma la e en el diptongo ei Bien y ¿qué nos cuenta V?, ¿donde tenemos aquí e que tranformar coma no sea en el castellano? ¿No hemos vistó que el ei de ferreiro procede del ai de ferrairo sin que haya donde implorar una e, y que lo mismo sucede en los demás casos?

Luego hay que decir que el ei gallego procede del e castellano, como V debió pensar al escribir el libro, o reconocer que no viene a cuento el recordarnos que el jónico cambiaba la e en ¿Qué nos importa de tal cambió? ¿No esta bien claro que aquí no hubo ese cambio de e en ei por

que no había tal e?: Luego ni en las palabras ni aun como sedimento fónico ¡que ensañamiento! es posible con la mejor voluntad atribuir de los jonios el ei de nuestro idioma.

Pero el futuro también en ei (amarei), pregunta V ¿es moco de pavo? Pues en el futuro latino amaba no se ve aquel ai de la famosa ley romanista, y aparte, de la variación de la á tónica!>> No, la derivación del futuro amarei del amabo latino no es moco de pavo, pero es una mortal caída. Celebro verle ahora tan celoso de la ley de las tónicas, pero por esta vez no nos hace falta su defensa. La terminación ei del amarei como la e del amaré castellano ni a cien leguas huele al amabo latino ni tiene nada que ver con él. ¿Cómo quiero pues, utilizarlo para negar la procedencia del ei gallego de un ai anterior?.

El futuro gallego, Sr. Riega, no es más que el infinitivo más el presento del verbo haber;amarei, esto es amar-hei, lo mismo que él amar-hé castellano. Esto lo saben todos y mucho más los que lean alguna vez nuestros antiguos textos.

Siyoalgúndiavisquier,sernoshandoblados, decía el buen Cid Campeador al abad D, Sancho.

Este presente del verbo haber era, antiguamente hai, (ya parecio la i) y si nuestros académicos supieran un poco de castellano popular consignarían que el presente del verbo haber es aun en esta lengua Hai; hai de venir; dicen todos los aldeanos de mi tierra para convencer a V. de la procedencia del malhadado ai.

La sabida historieta del sacristán ofendido, que V, cuenta con gracia sin igual, es lástima que no encaje en ésta ocasión. Los monaguillos que V. bautiza con el nombre de latinistas castellanos son orondos canónigos, y las ofensas que a sus doctrinas se dirigen van contra toda la escuela romanista. De tan vitanda logia no conozco más nombres que los de Menendez Pidal, Amor Ruibal, Unamuno, Alomany, Cejador, (ni uno solo es castellano, y dudaré si poner alguno más. Las reglas de estos inofensivos señores son, vea V. sí pertenecen al Cabildo, las de todos los romanistas desde el patriarca Diez hasta nuestros días, amén. Su rebelión de V, en contra toda la Filología.

La regla de¡osseisejemplo «los grupos romances c´l´, g´l´, precedidos de consonante, etc.», esta no solo en Meyer-Liibke y en Cornu, sino en todos tos libros de todos los que saben poco y mucho do Fitología moderna.

Digo, pues, que la tal regla de los seis ejemplos, como la de formación del ei y como las demás que V. rechaza en las diversas etimologías, son solemnes decretos del Cabildo romanista por cuya trasgresión hay sobrardo motivo para tocar a rebato. Ni aun la admiración de V por la escasa fecundidad de la ley de los grupos c’l,g’l´, es fundada; el valor de las leyes fonéticas es como el mérito de los artistas. Siempre sería un coloso Cervantes. aunque no hubiera escrito más que el Quijote, porque quien tales prodigios hace en él lo mismo haría otras mil vocea; quienhace uncestohaceciento, dice la filosofía de Sancho Panza. Pues bien, cada tendencia fonética de un idioma tiene importancia, según su vigor, y produce según los mimbres del idioma padre. Si la tendencia a palatizar el grupo romanea c’l´,g’l´ tras consonante nos dio tan pocas palabras, (no tan pocas como V. cree), fue porque la materia no daba para mas. Pero esa tendencia era tan vital que hubiera trasformado cuantos millares de casos se hubíeran puesto a su alcance, <<Homuncidum,crepusculum,osculum,etc., etc, dice usted, quedan fuera de la fauno a ley.» Ya he repetído varias veces que estos ejemplos nada tienen que ver con esta regla, pues no se trata del sufijo erudito culum sino de los romances clo,glo. En los casos en que tal sufijo clásico no perdió su vocal mal iba a cumplir la regla. La gramática más elemental advierte que las palabras eruditas o semieruditas, las que se formaron cuando ya no funcionaba la fonética del pueblo, no cumplen estas reglas. Además no todas las palabras cultas pasaron en ese período de la fonética viviente a los romances.

Para veinte ejemplos que sigan una ley de la gramática histórica encontrará cuarenta que no la cumplan; así por este método se podrían poner reparos a la primer ley fonética que salga, ¿Es falsa la ley? No; es que la fonética da la iey para esos veinte ejemplos solamente; entiéndase bien, para los vocablos del puebloúnicos que interesan a la fonética. Del culum ese que V, nos muestra y de su noble comparsa le importa un bledo,

V. Garcia DE DIEGO.

(Se continuará.

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