Celso García de la Riega

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Llegada de Cristóbal Colón a Castilla

Escudo de Palos de la Frontera según descripción heráldica. Curioso tiene 4 anclas y esto no quiere decir que tuviera 4 Almirantes, un ejemplo para las 5 anclas del escudo de Colón

Escudo de Palos de la Frontera según descripción heráldica.
Curioso tiene 4 anclas y esto no quiere decir que tuviera 4 Almirantes, un ejemplo para las 5 anclas del escudo de Colón

Después de un periodo sin actividad en la página vuelvo a las publicaciones. Tengo algunas pendientes pero la primera que voy a publicar es consecuencia de unos artículos publicados en un por la Universidad Internacional de Andalucía.
El artículo versa sobre las estancias de Colón en la villa Palos y su autor es Eduardo García Cruzado.
Las estancias de Cristóbal Colón en este pueblo fueron relativamente cortas, unos seis o siete meses en total, pero en los momentos más cruciales, siendo lo suficientemente intensas, fructíferas y trascendentales como para dar a luz el mayor descubrimiento geográfico y cultural de la Historia. La vinculación de la figura de Cristóbal Colón con esta villa, se personifica en cuatro estancias entre 1485 y 1493; estancias que, como veremos, se mostrarán trascendentales en la consecución con éxito de su proyecto. Cuatro visitas durante los años más decisivos en la vida del Almirante, en los que consiguió patrocinar y ejecutar su plan.
Hernando Colón afirma que su padre partió de Portugal para Castilla “a fines del año 1484”. Por su parte el dominico Las Casas, asegura que Cristóbal Colón marchó de Portugal “por el año de 1484 o principios del año 1485”. La gran mayoría de los historiadores coinciden en aceptar que en 1485, una vez fracasadas las negociaciones con la corte lusitana de Juan II, Colón ya se encontraba en tierras castellanas con la intención de proponer su plan a los Reyes Católicos. Hasta este punto existe gran unanimidad, sin embargo, las cuestiones de cuándo llegó, por qué vía, a qué lugar y con quién entró en contacto a su llegada, son objeto de numerosas discrepancias e interpretaciones.
Está ampliamente aceptada entre los historiadores, la idea de la llegada de Colón a las costas Castellanas en barco desde el puerto de Lisboa. Así lo manifiestan los cronistas López de Gemara y Antonio de Herrera. Además, si aceptamos la afirmación de Hernando Colón y de Las Casas, Colón salió del reino luso “lo más secreto que pudo, temiendo que el rey lo mandara detener”. Siendo así, la vía marítima sería la más adecuada: “La salida secreta por tierra no habría podido realizarse sin salvoconducto real, con el riesgo constante de ser localizado por los funcionarios y guardias reales. Por mar, en cambio, no le faltaban a Colón, dada su estrecha amistad con armadores y marineros, ocasiones para encontrar un barco, posiblemente genovés, que viajase hasta las costas de España”.
El cronista Bartolmé de Las Casas es tajante, “tomando a su hijo niño, Diego Colón, dio consigo a la villa de Palos”
Ambos cronistas, Las Casas como Hernando Colón, se muestran rotundos a este respecto: la villa de Palos fue el lugar de arribo de Colón a su llegada a Castilla. No olvidemos, que el puerto de Palos mantenía frecuentes contactos con los distintos puertos portugueses, por lo que la ruta Lisboa-Palos sería habitual.
Con el testimonio de estos cronistas coincide López de Gómara en su Historia general de las Indias, y a este respecto menciona que Colón “se embarcó en Lisboa i vino a Palos…., siendo revelador conocer que las obras de Hernando y Las Casas aún no habían sido publicadas, por lo que esa información no pudo obtenerla de éstas.
Llegado al convento rabideño, ¿con quién trató Colón en esta primera estancia? Parece ser que fue fray Antonio de Marchena, quien probablemente ejercía el cargo de guardián del convento. Según la teoría más extendida, fray Juan Pérez aún no se encontraba en La Rábida, pues en la segunda visita de Colón en 1491, cuando Pérez lo recibe no lo conocía, según se deduce de la declaración del físico de Palos, García Hernández, que fue testigo del encuentro.
De lo que no cabe duda, es que fray Antonio de Marchena es el fraile astrólogo que refieren los documentos colombinos, el mismo que apoya incondicionalmente el plan de Colón en la Corte de los Reyes Católicos. Esta condición la conocemos por un testimonio de los propios monarcas, en las instrucciones que el 5 de septiembre de 1493 dan al Almirante durante los preparativos del segundo viaje al Nuevo Mundo: “ E platicando acá estas cosas, nos parece que sería bien que llevásedes es con vos un buen estrólogo; y nos paresció que sería bueno para esto fray Antonio de Marchena, porque es buen estrólogo, y siempre nos paresció que se conformaba con vuestro parecer…“
A él se refiere claramente el propio Almirante en una carta dirigida a los Reyes desde Santo Domingo y que copia Las Casas: “Ya saben Vuestras Altezas que anduve siete años en su corte importunándoles por esto; nunca en todo este tiempo se halló piloto, ni marinero, ni filósofo, ni de otra ciencia que todos no dijesen que mi empresa era falsa, que nunca yo hallé ayuda de nadie, salvo de fray Antonio de Marchena, después de aquella Dios eterno…
A las gestiones y empeño de este fraile, debemos con toda probabilidad que en Enero de 1486 los Reyes reciban al “Colón pobremente vestido” en la Corte; a él también debemos que los Reyes ordenasen la constitución de una comisión de expertos para examinar el proyecto colombino; y a él también debemos, que Colón fuese recibido por los duques de Medina Sidonia y Medinaceli.
Examinadas las cuestiones que al principio nos planteamos y antes de abordar la segunda estancia de Colón en tierras palermas, la última gran pregunta que se nos plantea es: ¿qué razones movieron a Colón a desplazarse hasta la villa de Palos?. Múltiples motivos pudieron causar dicha elección, pero desde luego no debió ser una visita realizada por azar.
Nos centraremos aquí en las razones de índole familiar, que son las más aceptadas por los historiadores. Sin duda, la corta edad de Diego sería un impedimento para las numerosas gestiones que Colón tenía intención de hacer en la Corte, recordemos itinerante en aquellos años, con el fin de exponer, convencer y negociar su proyecto, siendo consciente que sería un proceso largo y complicado, donde un niño de tan corta edad no tendría cabida. En la vecina villa de Huelva, según sabemos, residían unos parientes de Felipa, la difunta mujer de Colón: los Muliart. Miguel Muliart estaba casado con Violante Moniz de Perestrello, hermana de Felipa, y por ende cuñada suya y tía carnal de Diego. Ellos serían los más idóneos para el cuidado del niño. La proximidad entre el puerto onubense y el activo puerto palermo es máxima, ambos en las confluencias de los ríos Tinto y Odiel, por ello, como manifiesta Juan Manzano “arribar en Palos, es llegar a Huelva”, despejando con ello las dudas de aquellos que se preguntan por qué entonces no desembarcó directamente en la villa onubense.
Los cronistas Hernando, Las Casas y Herrera coinciden en afirmar que Colón dejó a su hijo Diego en el convento rabideño. Esta afirmación tiene sentido durante las semanas que Colón se hospedase en el convento, sin embargo, una vez éste parte hacia la Corte, carece de toda lógica pensar que un niño tan pequeño quedase en el cenobio al cuidado de los franciscanos. Lo coherente es que Diego quedase en Huelva con su tía Violante, mientras su padre, recordemos con muy escasos recursos, erraba tras la Corte negociando su proyecto.
Esta circunstancia parece corroborarlo el hecho que Cristóbal Colón, tras el éxito de su primer viaje, entre las mercedes que solicitó a los Reyes, aparezca una dirigida expresamente a sus cuñados. Posteriormente, dará a Violante de por vida, una pensión de 10.000 maravedíes anuales. Todo ello, hace pensar que Colón estaba muy agradecido a su cuñada por los favores realizados; si Diego hubiese quedado al cuidado de los frailes del convento, poco tendría que agradecerles a sus cuñados. El propio Diego, ya Almirante, otorgó a su tía una pensión vitalicia de 20.000 maravedíes.
Desconocemos el tiempo exacto que estuvo Colón en Palos en esta primera visita. Según Hernando y Las Casas, partió muy pronto hacia Córdoba al encuentro de los Reyes. Sabemos que éstos permanecieron en Córdoba ese año el 3 de Setiembre. Es decir, Colón pudo permanecer en La Rábida en esta ocasión varios meses, pero dada las afirmaciones de Hernando y Las Casas, lo más probable es que estuviera unas pocas semanas, tal vez cuatro o cinco, lo suficiente para descansar, entablar amistad con Marchena, planificar sus próximos pasos y dejar a buen recaudo a su hijo Diego

 Segunda estancia. Octubre-Diciembre de 1491.
Tras el fracaso de Colón en la Corte de los Reyes Católicos, la cual estaba totalmente centrada y preocupada en la finalización de la guerra granadina, y los siguientes fracasos al proponer de nuevo su proyecto a Juan II de Portugal en 1488 y, posteriormente, a los duques de Medina Sidonia y Medinaceli, Colón, desalentado y empobrecido, regresa a Palos. Nos encontramos hacia principios del otoño de 1491, y posiblemente su intención es dejar nuevamente a su hijo Diego al cuidado de sus cuñados, y esperar en el puerto de Palos a alguna nave que le traslade a Francia, con la idea de ofrecer el proyecto a Carlos VIII. No es de extrañar, dada su delicada situación económica de extrema pobreza, que acudiera de nuevo al cenobio rabideño en busca de alojo, manutención y consuelo.
¿Quien le recibe ahora en La Rábida?. Según el historiador Juan Manzano, en La Rábida está nuevamente fray Antonio de Marchena, el fraile astrólogo, con el cargo de guardián; pero quien le recibirá es fray Juan Pérez, encargado de la hospedería del convento. Manzano fundamenta su afirmación basándose en varios testimonios de los Pleitos Clombinos, especialmente en la declaración de Alonso Vélez, alcalde mayor de la villa de Palos. En su testimonio diferencia de forma muy clara entre la existencia de un fraile astrólogo guardián del monasterio, que recordemos tiene que ser fray Antonio de Marchena, y un tal fray Juan que había servido siendo mozo a la reina Isabel. El caso es, que la acción de los frailes rabideños resultará nuevamente providencial para Colón, pues consiguen animarle en su desesperación y desaliento, convencerle para que no marche para Francia y reanudar las conversaciones con los Reyes Católicos.
Pero ¿Quién es fray Juan Pérez?. Al igual que en el caso de Marchena los datos biográficos que conocemos sobre este fraile son escasísimos. A él se refiere claramente Colón en una carta a los Reyes en 1501: “Yo me di en Barcelona a vuestras altezas sin desear de mi cosa, y ansí como fue el ánima, ansí fue la honra y la hacienda. Fray Juan Pérez lo diría y el ama”.
Por las declaraciones de los testigos de los Pleitos Colombinos, en concreto las del médico García Hernández y el alcalde Alonso Vélez, sabemos que había servido en su juventud en la Contaduría Real de Castilla y ejercido como confesor de la reina Isabel. Como veremos, su papel será ahora decisivo para el destino de Colón.
Por la declaración del físico García Hernández, recogida también por Las Casas, tenemos conocimiento de que este médico, que además poseía también ciertos conocimientos de astrología, se entrevistó con su amigo fray Juan Pérez y con Colón, en el convento de La Rábida, donde trataron sobre el proyecto colombino. No cabe duda que, tras sus conversaciones y pláticas con Colón también Pérez, al igual que Marchena, creerá firmemente en su proyecto ; por ello, aprovechará su amistad con la reina Isabel para interceder ante ella, a la cual escribe una carta rogándole que atienda de nuevo a Cristóbal Colón, evitando con ello su marcha a Francia. Sabemos que el portador de la misiva del fraile para la soberana fue un piloto de Lepe llamado Sebastián Rodríguez, el cual se desplazó hasta el campamento de Santa Fe donde se encontraba en aquellos días la reina. Mientras esperaban la ansiada respuesta, como refieren numerosos testimonios, el menesteroso Colón y, probablemente, su hijo, quedaron hospedados en el convento. Entre otros, el testigo Pedro Arias recordaba que “el dicho Almirante estava muy pobre y los frayles los sustentavan”.
Durante su estancia en el monasterio, Colón no sólo habló de sus proyectos con los frailes y con el físico. Sabemos que algunas veces se acercaba a la villa de Palos para conversar con el famoso Pedro Vázquez de la Frontera, el viejo y sabio marino que había servido como piloto en una expedición descubridora portuguesa, a quien había conocido en su primera estancia. A estas entrevistas se refiere claramente
el testigo de los Pleitos Colombinos Fernando Valiente, el cual dice que “dicho Cristóbal Colón, antes que fuese a negociar con los Reyes Cathólicos sobre el dicho descubrimiento, vino a esta villa de Palos… e posó en el monasterio de La Rabida, e de allí venía algunas vezes a esta villa e hablava con un Pero Vasques de la Frontera, que era hombre muy sabio en el arte de la mar…e este testigo vió quel Colón se partió, e se dixo que se yba a la Corte a negociar con los Reyes Cathólicos que le diesen dineros e recabdo, para encaminar la armada; e después vino a esta villa.”. Por su parte, Alonso Gallego declara “que oyó decir a un Pero Vasques de la Frontera, vezino de la villa de Palos, quel dicho Colón vino a querer yr al dicho viaje, quel dicho Colón venia a tomar lengua y aviso del dicho Pero Vasques de la Frontera como persona que avia sydo criado del rey de Portugal para ir a fazer el dicho descubrimiento…
La respuesta de la reina Isabel a fray Juan Pérez, su antiguo confesor, fue temprana. Según la declaración de García Hernández, a los 14 días, hecho que corrobora Las Casas en su Historia de La Indias. En la contestación, la soberana agradece el propósito del fraile y requería su presencia en la corte para tratar el asunto, dejando a Colón en “seguridad de esperanza” hasta que la reina lo mandase llamar de nuevo. Y así se hizo, el fraile partirá inmediatamente hacia Santa Fé a lomos de una mula que alquiló a Juan Rodríguez Cabezudo vecino de Moguer.
La entrevista de fray Juan Peréz con la reina en el campamento granadino obtuvo el resultado esperado por el franciscano, que no cabe duda debió poseer gran poder de convicción exponiéndole, tal vez, no sólo la viabilidad del proyecto colombino y los beneficios que acarrearía para los monarca, sino también, las posibilidades evangelizadoras que el hallazgo de aquellas nuevas tierras traería. Doña Isabel no sólo ordenó que Colón regresara a la corte, es más, le envió 20.000 maravedíes en florines para que pudiese desplazarse y presentarse dignamente ante ellos. Es evidente que el franciscano informaría de la paupérrima situación en la que se encontraba Colón.
Según el testimonio de García Hernández, corroborado por Las Casas, fue un tal Diego Prieto, vecino de la villa de Palos, el encargado de traer desde la vega granadina los 20.000 maravedíes concedidos, además de una carta de los soberanos dirigida a Colón. Éste confió, seguramente siguiendo las instrucciones de fray Juan Pérez, el subsidio y la misiva al mencionado físico de Palos, hombre de confianza del franciscano, quien a su vez, las entregó a Colón; era el 10 de diciembre de 1491. Unos días después, Colón, sin duda ilusionando y entusiasmado, parte hacia Santa Fe, donde le esperaba fray Juan Pérez. Con ello finaliza esta segunda estancia de Cristóbal Colón en tierras palermas.
Este artículo aclara la llegada de Cristóbal Colón a Castilla y pone en duda lo que alegan otras teorías de que Colón llega a Castilla posteriormente, puede que quede en duda el mes de 1485 en el que llegó pero deja bien claro que se pudo producir entre Marzo-Junio de 1485.

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