Celso García de la Riega

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Carta de Celso García de la Riega a Unamuno

llmo. Sr. Don Miguel de Unamuno.

 Pontevedra 28 de Febrero de 1905.

 Muy señor mió y de mi consideración: me han sido comunicadas las palabras en que V. ha concretado su juicio acerca de mi persona á propósito de una cuestión que he planteado, mejor dicho, renovado en mi modesto libro “Galicia antigua”, palabras que, á ruego de V., un pobrecillo catedrático de latín me trasmite en una ocasión y en una forma que yo, pensando piadosamente, supongo que V. no ha podido autorizar.

La presente carta tiene por objeto contestarle. Y como quiera que entre nuestras residencias respectivas media una distancia más que regular, me propongo omitir toda arrogancia y encerrar mi respuesta en la cortesía á que estoy habituado, sea quien fuere la persona á quien hable ó á quien me dirija. De manera que, si en algo me excedo, no será por propósito deliberado, sino por deficiencias de mi gramática ó por resabios de mi estancia en un manicomio.

Me ha admirado desde luego que V. se dirija á mi humilde persona, por medio de un embajador, para molestarme y mortificarme, esto es, bebe con guindas. V. puede censurar, criticar, juzgar pública ó privadamente lo que se le antoje; lo que me parece un exceso sin ejemplo, es que V., Rector de Universidad, extreme el agravio encargando y rogando que de su parte se me diga aquella censura, juicio, ó lo que fuere, con palabras injustas, descorteses, desatentas, impropias de su altura, de su autoridad y de su maestría. A pesar de aquellos resabios, me permito creer que hay mucha diferencia entre un sabio investido con la dirección y la vigilancia de la enseñanza // superior en un establecimiento de fama universal y cualquier nervioso gacetillero modernista á quien de antemano se le hubiese pellizcado. Ante la evidencia de este raciocinio, pienso que V. ha sido inducido, por insinuaciones ó referencias que no alcanzo á calcular, á escribir las palabras mencionadas; pero aún así, sobresale la precipitación increíble con que V. las ha escrito.

Porque V. bien ha podido enterarse previamente de las circunstancias de la persona a quien se ha permitido disparar tan injusto cañonazo. Hubiera V. sabido entonces que yo soy un jete superior honorario, jubilado; que he sido diputado á Cortes, gobernador de provincia, jefe de sección en varios ministerios, &a. Estas y otras condiciones personales relativas á mi conducta pública y privada, á mi fama intachable, á mi nombre de modesto escritor nada presuntuoso ni bullanguero, no demuestran ciertamente gran entendimiento, ni ingenio, ni conocimientos, pues sabido es que otros tan zotes ó tan borricos como yo, han desempeñado también cargos públicos como los arriba mencionados y aún más altos. Pero como quiera que nadie le comunicará espontáneamente los expresados datos y V., repito, no ha querido averiguarlos, me veo en la precisión de trasmitírselos para persuadirle de que, con respecto al punto de vista del trato social en el mundo, V., Rector de Universidad, se ha extralimitado en hacer que se me notifique de su parte lo que jamás se dice á nadie inopinada y abruptamente, cara á cara, ni por embajador, dado que no ha precedido circunstancia alguna de las que pudieran cohonestar, por irritación ó por acaloramiento, un encargo tan absurdo.

Vamos ahora al punto de vista científico. En mi libro proclamo que el dialecto gallego es eminentemente latino y aún cito estas palabras de V.: “buscar voces célticas en el dialecto // gallego, casi todo él puro latín, es buscar cotufas en el golfo”208. De ningún lugar de dicho libro puede entresacarse fundamento para atribuirme alardes, ni mucho menos, de helenista ó de filólogo; me limito á advertir que varias palabras gallegas (y algún elemento del lenguaje) concuerdan en forma ó raíz, y á la vez en significado, con otras griegas y enlazo este hecho con las noticias históricas, evidentes y notorias, con parte de la toponimia actual y con antiguas denominaciones geográficas, para robustecer mi criterio de que la colonización griega de Galicia fué importante y produjo una civilización en remotos tiempos del pasado, acaso aquella cuya nostalgia en la población gallega insinúa V. en uno de sus artículos sobre Galicia publicados en El Imparcial. Este es mi delito en el libro; pero además, tanto en el prologuillo como en otros lugares, declaro que tan sólo persigo la verdad, que no me sorprenderá que en este y en otros puntos mi criterio sea modificado y aún rechazado y, en fin, manifiesto al tratar de las voces griegas que mis conocimientos son muy superficiales. Estas circunstancias bastarían para desarmar, no ya á V., sino al mismo Júpiter Olímpico, si considerase errado mi criterio, y para que el juicio concebido lo expresara sin menoscabo de la verdad científica, pero en la forma que deben emplear los sabios, los cuales, cuanta más ciencia poseen, tanta mayor debe ser su amplitud de ánimo, su magnanimidad de pensamiento, su indulgencia con los pequeños: donde vienen muy bien las ideas que Don Quijote enderezó al clérigo impertinente é intemperante en la mesa de los Duques.

De manera que el decretar V. que yo no sé griego, no me coje de nuevas y el añadir que para el griego demuestro la más decidida de las incapacidades es otra cosa que yo no he ocultado ni oculto á nadie, ya por mi escasez de facultades, ya porque mi edad no me promete tiempo para estudiar esta y otras materias, // ni para nada: ha llegado, pues, muy tarde ya el noble y piadoso consejo de V. de que me dedique á otra cosa.

Pasemos á la forma y ocasión en que me ha sido comunicado su mensaje. Este es el queconsta en la adjunta hoja de periódico (n° 1º); pero además, sé que la carta de V. es circulada particularmente en este pueblo y que en ella V. añade la frase de “que he salido de un manicomio”209 . Qué vergüenza tan inmerecida! No lo creo; no es posible creer que un Rector de Universidad haya llevado á tal extremo la expresión de su juicio sobre mi persona. No, no lo creo. Si yo hubiera salido, ya curado, de un manicomio, en él quedaría vacante una plaza que debiera V. ocupar inmediatamente para curarse también, caso de haber escrito. tal frasecilla. Repito que no lo creo: aunque lo viera, no lo creería. Yo no he dado nunca, ni ahora, motivo para tal despropósito, para tal procacidad.

Aquí se ha descolgado hace poco tiempo, caido de no sé que planeta, un imberbe, catedrático de latín, llamado Vicente García de Diego, imbuido en el consabido vulgarísimo prejuicio acerca de Galicia y de los gallegos. Revestido de cierto baño de conocimientos filológicos romanistas y dotado de una presunción extraordinaria, se ha metido desde luego á decretar sobre la fonética gallega con los escasos datos y estudios incompletos que se han hecho acerca de ella, cuando se promovía conversación acerca del asunto en casa de un amigo á donde yo concurría alguna vez. Le he advertido cortésmente que nuestra fonética aún no está bien conocida, cosa exacta (no basta saber el como, sino el porqué de las transformaciones galaicas de las voces latinas) y le he hecho alguna indicación sobre el mencionado concepto vulgarísimo acerca de Galicia, cuya historia desconocen en absoluto los sabios que ordenan aquello que les dá la gana con respecto á este país. Tales observaciones parece que se le // han indigestado y deseoso de notoriedad, en cuanto salió á luz mi libro ha visto la ocasión de alcanzarla por acá; á pesar de que nuestras relaciones no se habían turbado por ningún concepto, las atropelló bruscamente y se ha lanzado á la prensa con una acometida imprudente á propósito de mis insignificantes etimologías greco-galaicas. He contestado explicándolas leal y sencillamente punto por punto, presentando frente á sus ejemplos otros contrarios, aunque advirtiendo que yo no presumía de filólogo ni de helenista y demostrando que la argumentación del bueno del catedrático carecía de solidez y patentizaba un pseudo-romanismo inaceptable. Ofuscado por completo, volvió á la carga con nuevos alegatos y, lo mismo que la vez anterior, acudiendo á tergiversaciones, omisiones é inexactitudes. La circunstancia de que la Diputación provincial ha costeado la edición de mi libro, ninguna otra, me había impulsado á contestarle antes; por igual motivo lo hice nuevamente y he tenido la paciencia de responderle, examinando, detalle por detalle, la segunda rociada y pulverizando casi todas las arrogancias y argucias filológicas del escritorzuelo. En este punto ya estaba agotada la amabilidad de la dirección del periódico, la cual dio por terminada la polémica, aunque permitiendo al catedrático, por especiales consideraciones, que redactase un último artículo, donde ha desatado su despecho en la forma que V. verá por la hoja n° 1.

He querido referir á V. tales antecedentes, para que se entere de la forma y ocasión en que he recibido su mensaje que, á manera de pabellón, cubre la mercancía ridícula del D. Vicente García de Diego, á quien V. ha confiado la embajada. Al mencionado artículo he contestado con el comunicado de la adjunta hoja n°210.

Por último, no veo que los procedimientos de la moderna Filología, de los cuales no tengo la menor idea, según el juicio de V., sean distintos // de los rudimentarios que yo he empleado sin meterme en las honduras de descomponer voces griegas y de buscar derivaciones por los cerros de Úbeda ó inventar semántica y fonética disparatadas; nada me Importa si con ello he contrariado las reglillas sectarias de fanáticos y falsos romanistas, empeñados en que su criterio sea dogma infalible é intangible, aunque cuando pretendan aplicarlo al lenguaje gallego. No me he apartado, pues, de los procedimientos generales de Filología sobre identidad de forma y de acepción en vocablos galaicos y helénicos y para ellos no habré de aceptar derivaciones latinas en virtud de procedimientos premiosos y complicados y de un sentido figurado. Por ejemplo:

Si cabeceo salió de cabeza y esta de un caso de caput, bien puedo creer que las voces gallegas coteleo y cotelear (cabeceo y cabecear) salieron de la griega kotté, cabeza; que bathus\ profundo, craso, pleno, ha producido la gallega bazuncho, que en unas comarcas significa profundo, y en otras, gordiflón, obeso; que frouma, excremento, viene de furma ó furama, inmundicia; que trimiñado ó trimillado, nombre del espacio que rodea al pié de molino donde cae la harina , tiene la raíz trimma ó trimmos; que si V. científicamente saca cheirar de fragrare, flagrare, flairer francés, bien puedo yo sacarla, con razonables fundamentos de forma y acepción, de cheiro (cuyo verdadero significado es mal olor) y este de xéros, pestilente (tabidus latino); que si la Academia ha sacado la gallega berbericho de berberí, saque yo las de tinicho y tinique {carrizo, pájaro pequeñísimo) de tynos; faneca (pez) defanos; tolo y toleiro y toleirón (loco, aturdido, maniático) de tholos y tholeros (descompuesto, turbulento, alborotado); leria, charla baladí, sin substancia, de leros, bagatelas, fruslerías; coló y coilo (regazo) de kola vientre, ó de koilos hueco, &a &a. &°. En estos procedimientos filológicos no veo, repito, que haya nada de disparatado y que reclame // el anatema de V., como tampoco en sospechar que los griegos han traído á España, antes que los romanos, las palabras pater, meter, [sic] petra, ego, pólipos, esparo & &, ni en llamar la atención sobre el hecho de que la fonética gallega coincida en muchos casos con la provenzal, á causa de que en ambos países hubo colonización helénica, dado que nadie podrá certificar de que gallegos y provenzales anduvieron juntos en la escuela y se enseñaron mutuamente la lengua, idea absurda. Y como unos y otros tuvieron el abono griego, formaron sus romances antes que otros pueblos, influyendo respectivamente en el lenguaje general de España y de Francia. Y si los romanistas no tienen presente tal hecho en cuanto á Galicia, peor para ellos; y si ignoran que su población no era celta, sino vasco-ibérica, mucho peor todavía, porque tales bases son necesarias para el conocimiento de la fonética gallega.

Ah! Feliz V. que no ha sufrido nunca errores ni recibido embajadas como la que me ha enviado. Yo los he padecido y padezco á causa de mi insuficiencia y de equivocaciones de apunte, como la de haber tomado por un adjetivo el presente verbal annuo, que trae Schrevelio como significado de cataneyoo; pero esto, que cualquiera puede censurar públicamente, no le autoriza á V.. ni á nadie para echar encima de mí, directa é intempestivamente ó de sopetón, por medio de embajador, frases que están fuera de toda conveniencia. Por muy Rector que V. sea, no tiene bula para mortificarme y abochornarme en la forma que lo ha hecho, atrepellando, por lo menos, las leyes del buen gusto.

He consignado las anteriores consideraciones en esta larga carta para que V. vea en primer término que estoy dentro del sentido común y para que se penetre del exceso que ha cometido contra una persona que no le ha molestado en nada y á quien V. no conoce. Además, y principalmente, para rogarle que me // envíe en una carta la satisfacción á que me considero acreedor por toda clase de títulos, cosa que le agradeceré sobremanera. Tengo y tendré en ello un natural y legítimo empeño y en que me diga si es verdad que V. ha escrito las frases de que se trata en carta dirigida á Don Vicente García de Diego; hasta el punto de que no me importaría nada que esa carta la hubiera V. escrito á otro sujeto, según se sospecha. Porque de ser ese sujeto cierto literato currinche, literato microbio, cierto mequetrefe, empleadillo que cobra el sueldo y no asiste á la oficina, llamado Victor Saiz y no Said, como él se firma, yo quedaría suficientemente compensado. ¡Lástima es que V. le haya confiado en su correspondencia frases y conceptos de que ha hecho uso en la forma deplorable que V. vé y sabe Dios en virtud de qué móviles y á qué precio.

Esperando con impaciencia su respuesta, queda de V. atento S. S.

Q.B. S.M.

Celso G de la Riega

 208 “Por Galicia.II”” Los Lunes de EL Imparcial 27-VII-1903; O.C.,I,p,309

 209 Carta de Unamuno a vV. Said Armesto pódese datar aproximadamente entre o 12-XII-I904 e o 9-1-1905 Inseriuna García de Diego no seu artigo “Etimologías gallegas”, El Diario de Pontevedra, 24-11-1905, p.2

 210 Non é outro que precisamente o “Comunicado” de El Diario de Pontevedra, 28-11-1905, p. 2.

Nota: No hemos encontrado la carta de respuesta de Unamuno a Celso García de la Riega, todavía

Cartas de Victor Said de Armesto a Unamuno sobre “Las Etimologías Gallegas”

Carta de Armesto a Unamuno 6 Diciembre 1904

 Y aquí de las etimologías, y del lío que me traigo y en el cual le he complicado á V. En estas poblaciones mezquinas, tierras dé ciegos, le expiden bien pronto el título de alcalde al que tiene libros y hace el disparate de ocupar su vida en leerlos. A mi, claro es, no me tienen por alcalde, pero si por candidato á concejal. De aquí que unos amigos de la Arqueológica me hayan pedido que escriba un trabajillo sobre cierta obra, próxima á publicarse, de un D. Celso de la Riega, señor que no sabe palabra de griego ni de vascuence, pero que con ayuda dé Astarloa y de Lozano y Blasco nos hace á todos los galaicos vasco-helénicos, sobre todo helénicos desde e! pié hasta la nuca. Prometí que escribiría. Y como ya conozco las opiniones de ese señor referentes á nuestro helenismo, porque las publicó hace poco en un diario regional, de ellos tomé las notas necesarias, y esas notas son las que constituyen el tema de mis consultas, así de hoy, como del rabo que todavía falta desollar.

La cosa es larga y pesada. Por eso le digo que si su epistolomania es incurable, lo que es conmigo se va V. a divertir

Pontevedra 9 Enero 1905

 Al Sr. Riega no le di el recadito porque si se incomoda y me tira una de sus etimologías á la cabeza me divierte. Ahora esta preparando un trabajo para la Sociedad Geográfica de madrid, un trabajo de todos los demonios, es que nos hace vasco-helénicos de cabo á rabo.

admira Reciba un fuerte apretón de manos de su buen amigo y discípulo que mucho le quiere y le admira

Víctor Said Armesto

Iltmo Sr. D. Miguel de Unamuno. Pontevedra, 27 de Feb. – 1905.

Mi muy querido amigo y maestro: Por el propio correo recibirá usted bajo sobre certificado las páginas del libro del Sr. De la Riega consagradas al helenismo en el lenguaje gallego. Se las envío, no sólo para que se divierta un rato viendo como se barbarizara por estas tierras, sino también porque razones especiales, que luego expondré a V., me obligan a ello.
Cuando el señor de la Riega publicó su libro, pidió á García de Diego qué escribiera un trabajillo juzgando. Hízolo así nuestro amigo, elogiando cortesmente al autor por la laboriosidad y por el talento que demuestra en la parte arqueológica; pero como pusiera algunos reparos en la cuestión lingüística, el Sr. Riega, que es un vanidoso de lo que no hay, salió disparado desde un periódico local poniendo á García de Diego como hoja de perejil, llamándole
catedrático de pega, dómine, latinista, necio y cosas de jaez. Por supuesto en este petulante ataque no faltaron los consabidos tópicos de “envidia castellana” “tendencia castellana á rebajar nuestro país y todo lo que es suyo”, etc.

Contestó García de Diego con cuatro artículos verdaderamente primorosos, á los que el Sr.Riega contrarreplicó con diez llenos de atrocidades y de insultos no solo contra él sino las envío, no solo para que se divierta un rato viendo como se barbariza por estas tierras, sino también porque razones especiales, que luego expondré á V., me obligan á hacerlo asi. Cuando el Sr. de la Riega publicó su libro, pidió á Garcia de Diego que escribiera un trabajillo juzgándolo. Hízolo así nuestro amigo, elogiando cortesmente al autor por la laboriosidad y talento que demuestra en la parte arqueológica; pero como le pusiera algunos reparos en la cuestión lingüistica, el Sr. Riega, que es un vanidoso de lo que no hay, salió disparado desde un periódico local poniendo á Garcia de Diego como hoja de peregil, llamándole catedrático de pega, dómine, latinista necio y cosas de este jaez. Por supuesto, en este petulante ataque no faltaron los consabidos tópicos de “envidia castellana”, “tendencia castellana á rebajar nuestro pais y todo lo que es suyo”, etc.

Contestó García de Diego con cuatro artículos verdaderamente primorosos, á los que el Sr. Riega contrarreplicó con diez llenos de atrocidades y de insultos no solo contra él sino contra la “ralea//castellana“, contra el madrileño Federico Diez (!!) contra Meyer Lübke, Menendez Pidal y demás autores citados por García de Diego y desconocidos del otro según confesión propia. Y cuando Garcia de Diego se disponía á contestar por última vez á los exabruptos del Sr. Riega, cátate que en el periódico le dicen que no le consentían más artículos que uno pero dándole, eso sí, la seguridad de que si el Sr. Riega quería luego replicar á este, no le admitirían… más que otro. Esta cobarde canallada fué urdida por el mismo Sr. de la Riega, que es hombre influyente aquí, y que á todo trance trató de dejar su vanidad á salvo. García de Diego, que aun no hace dos años que vino á Pontevedra y que por ser hombre de carácter muy retraído no conoce á nadie de la prensa, vino á verme á mi. Estaba profundamente apenado por los bruscos desplantes que le disparara el otro, más que á su romanismo, á su profesión, y por la desairada situación en que le dejaban los periódicos, no permitiéndole más que un articulo para contestar á los diez del otro majadero. Y como comprendiera que lo esencial era decir mucho en poco espacio, me pidió solicitara de V. por telégrafo autorización para publicar los dos parrafitos de las cartas de V. en que me hablaba de la donosa filología del Sr. Riega. Yo me sonreí diciéndole que harto se veía que no le conoce á V. tan bien // como le conozco yo, que usted es la sinceridad andando, y que, desde luego, ponía á su disposición las cartas sin necesidad de telegrafiarle previamente, pues ni en el carácter de usted, ni en la honradez de sus opiniones, ni en sus usos de relación social entró jamás aquella máxima hipócrita de callar en público lo que se dice en privado… y le cité el caso de José Ortega Gasset.

Le entregué, pues, las dos cartas que pedía, y al día siguiente le sopló al otro el ya destemplado pero merecido artículo que vá adjunto, el cual no tuvo réplica. Ahora bien; como es muy posible que el Sr. Riega se valga de alguno de sus muchos amigos de Madrid para preguntarle á V. si, en efecto, escribió ó no los parrafíllos publicados, ó tal vez le escriba él mismo (pues es un revoltoso de todos los diablos) me adelanto á darle estos antecedentes, para que no le coja de nuevas. Si él le escribe, tenga ojo con lo que contesta, porque lo que V. le diga no dude que el Sr. Riega lo publicará con la intención de ponerle á V. en contradicción consigo mismo, y por ende, de llamar á Garcia de Diego embustero, haciendo ver á los ojos del lector que los párrafos citados por este son cosa inventada.

Es irritante la acometividad de mis paisanos contra todo lo que viene de Castilla, y más todavía cuando esto que viene es enseñanza. García de Diego es chico que vale y que sabe; está estudiando el gallego // con verdadero amor; prepara un estudio filológico sobre nuestro dialecto, que será utilísimo sin duda alguna; pues nada: bastó que en su primer trabajo le pusiera reparos al helenismo de un escritor pontevedrés, para que nuestros vecinos salieran gritando á una: -¡Como! ¡venir aquí á atacar á los hijos del país! ¡un tipo de Burgos! ¡un castellano!- Miserias regionales que sacan de quicio á los que, á Dios gracias, tenemos un poco de sentido común.

Espero con impaciencia la publicación de su Quijote.

Sabe le estima muy de veras su agradecido amigo y admirador que le desea muchos triunfos

 Víctor Said Armesto.

Supongo que las necedades de Dionisio Pérez (¡otro Riega!) no influirán para nada en el animo de V. ¡No deje, por Dios, de seguirme escribiendo! Y mantenga como siempre su espíritu en alto, para que de la envidia hospiciana y despechada no le alcancen las salpicaduras.

Nota: no se si han leido las etimologías gallegas, publicadas en este enlace: https://celsogarciadelariega.wordpress.com/category/historia/

pero lo que escribe en esta carta no es cierto

Iltmo Sr. D. Miguel de Unamuno. Pontevedra, 28. Feb. – 1905.

 Mi muy querido amigo y maestro: Hoy remito á usted (pues ayer me fué imposible) los fascículos del libro del Sr. de la Riega que motivaron la polémica de con Garcia de Diego. Pertenecen al Capítulo titulado Colonias griegas. El resto de la obra, como verá usted por el índice, no toca para nada á la cuestión del helenismo en nuestro actual lenguage.

Nada de cuanto en tal Capitulo se contiene es nuevo para usted, pues ya hace tiempo le he enterado de todo minuciosamente; pero, en fin, allá vá, para que no le quede á V. la duda de si yo le habré engañado, ó no habré transcrito las opiniones del Sr. Riega con toda exactitud. Creo que al leer esa sarta de atrocidades ratificará usted su criterio y comprenderá conmigo que es un dolor eso de que el Sr. Riega se salga á sus 64 años, y á estas alturas, con tales cosas. De las notitas que yo había puesto al margen, hágame el favor, por Dios, de no hacer caso. Eran exclusivamente para mi; y ahora tiemblo al pensar si acaso encontrará. V. muchas de mis notas tan disparatadas como la alquimia del Sr. Riega. Me salva, en fin, que yo no soy filólogo, ni tengo pretensiones de tal, ni voy por ese camino.

Adjuntos van también los artículos de Garcia de Diego que está // interesadísimo en saber que opina usted de ellos, pues desea estrechar lazos de amistad con usted y hasta quiere que V.; le sirva de consultor y padrino para algunas cosas buenas que prepara.

Persona que creo bien informada, me dice que el Sr. Riega (no se ría usted) piensa escribirle, retándole solemnemente á una discusión pública en Salamanca, á donde acudirá inmediatamente con sus patas cojas si usted acepta el reto. Lo mismo hizo aquí con García de Diego: le desafío á una discusión pública en la Sociedad-Casino, y, claro es, García de Diego no aceptó.

Lo que es si le escribe á V. la primer carta… ¡pobre Unamuno! Prepárese á recibir dos cientas mil, y no así como se quiera, sino empleando á 30 y á 40 pliegos por misiva. Así las gasta el hombre. Es un latoso imposible. Usted lo verá.

A este Sr. Riega debe usted de conocerle de nombre. Es aquel chiflado que después del Centenario de Colón publicó un libro probando que Colón es hijo de Pontevedra, y como se rieran algunos periódicos, se fué á Madrid y publicó también un cartel de desafio retando á Fernandez Duro… á la consabida discusión pública sobre el particular.

Como V. vé, no es solo en Gijón donde se dan estos tipos extravagantes. Si caen ahora sobre usted cartas de 30 pliegos demostrándole que el pronombre eu gallego procede de! eyú griego ¡por Dios, perdóneme // V., mi querido Unamuno, que haya abusado de su carta y de su nombre. ¿Me lo perdonará usted?

Sabe le quiere de corazón su admirador, discípulo y agradecido amigo,

Víctor Said Armesto.

Nota: lo de este hombre con Celso García de la Riega es increíble, la manía que le tenía, solo hay que ver el lenguaje empleado, llamar chiflado y en la anterior majadero por lo de Colón, pues se habrá quedado descompuesto cuando Unamuno aplaudió públicamente la teoría del Colón gallego

Y lo mismo hizo en las cartas que le mando a Murguía que están publicadas en otros post, pongo la url por si quieren leerlas: https://celsogarciadelariega.wordpress.com/?s=victor+said

Pontevedra 12 Agosto 1912

 El gran D. Celso no sale de casa desde hace dos años. Tiene la médula hecha papilla, y está paralítico; pero no enceltado, sino tan griego como todo lo de aquí. Ya usted sabe que lo de las etimologías griegas es otra mania de las suyas. Dioivo, en gallego “diluvio”, del griego δіω , “espantar”, e ¡bus, “mucho”; yo espanto mucho, efecto // que causan los diluvios ó inundaciones… Y así las demás.

Estas cartas han sido editadas por la Xunta de Galicia, Consellería de Educación año 2000, Centro Ramón Piñeiro

Etimologías Gallegas “último de V. García de Diego”

Etimologías Gallegas

Diario de Pontevedra 24 Febrero 1905

D. Celso García de la Riega.

Etimologias gallegas 24:02:1905Puesto que El Diario sólo me permite escribir un breve artículo para contestar A la serie de los suyos, mi contestación única debiera ser estampar el juicio que al catedrático de griego D. Miguel de Unamuno, eminente helenista y uno de

nuestros mejores etimologistas, le han merecido el libro del Sr, Riega y su filología:

«El Sr. Riega no tiene la menor idea de los procedimientos de la moderna filología y se ha metido a Helenista por la poderosísima razón de que no sabe griego y en otro lugar añade: «Dígale de mi parte al Sr. Riega—se lo ruego- que se dedique a otra cosa, ya que para el griego demuestra la más decidida de las incapacidades>>.

Cuyos párrafos y cartas pongo a la disposición del naiteiro de nuestra prehistoria. Pero como me dirige insistentes acusaciones sobre algunos puntos, las expondré brevemente.

1º <<Es falsa la ley romanista de que el ei gallego proceda de ai o ei y no:de e>> Ya en el libro pag, 260 decía: <<El gallego cambia la e en ei, eixo de eje, eira de era; amei de ame, botarei de botaré>>. Al ver la risa y alboroto, que nos causaba tal derivación, exclama irritado «es increíble que un gramático se aturrulle interpretando ahí que yo diga se cambia e en ei» Pero, gracioso intérprete de Teopompo, ¡si no interpretamos nada ni hacemos más que leer el cambia que pone en su libro! ¿Y el ameí procede de un ai?» Sí, querido filólogo, de un amai por amavi. «Bueno ¿pero el amarei de amabo es moco de pavo?>> No; no es tal moco; es un disparate propio de su filología. ¿Á quien se le ocurre citar aquí al amabo latino? Al famoso traductor del annuare por anual. «A ver, amiguito mío, búsquele V. la i a toda esa lista de palabras». Solo el desconocer todas las leyes de la fonética puede inspirarle esa tranquilidad en tan arrogante reto. Como sería pedir cotulas al golfo el exigirle antes las etimologías, ahi va la lista, con la i.

Basium: baiso. Beixo -basiase, baisar, beixar- carcasia, carqueisa- dehic ad, deixa, ……….laetare, leitar, deitar -aedium, edio, eido- ecsitum, eixido- actum, aito, eito -adqui (ppor adhic), aiqui, eiqui- legem, leg ley- larium, lairo, leiro- caseum, casio, caiso, queixo -pesce, pecse, peixe- caxalam, caisada, queixada- tacsum, taiso, teixo- regem, reg, rei- (y por annogia reiseñor de lusciniolum)- sectura, seitura- pectonem, peitee, peite, pet ranum, peirano, peirao – mágica, maica, maiga, meiga- taleirlam ( de talaria), taeiroa, teiroa- poedum, peido. El gallego genuino es irexa y edade no eigresia.

Solo risa causa su solemne, negativa de que tira gallego y era castellano no procedan de aria por aira. «El ai se oirá en los aldeanos de su tierra», Pero usted, además de no saber griego ¿ignora que en gallego aún se pronuncia tal ai? Vea, para que se instruya, el aira¡ Valladares, pag, 600. Descontando pues eivar, xeito y eciva, de cuyas etimologías tengo reparos, resulta que ni aun la media docena de excepciones, ha encontrado. «iQue le parece, eh?» exclama ufano tras esta lista. Pues me parece, como vemos, que de toda esa retahila de palabras que aduce no le queda para V, y los jonios más que una en limpio: la de peído.

Si fuera cierta tal supervivencia jónica hubiéramos: cambiado en gallego la e en ei, lo que no ha ocurrido ni en seis ejemplos! febre, febreiro, feces, fecundida, fedento,fe¡is, femea, feno, ferida, fero, ferro, ferver, festa y varios millares más. ¿Ve como los jonios, sus tatarabuelos, no hicieron en Galicia la única gracia que sabían; de cambiar la e en ei? La e latina perdura constantomente en el gallego para befa y baldón de la flamante Filologíadel porvenir.  Esto es, que los gallegos hicieron como los jonios, con la insignificante diferencia de que fué al revés. Los jonios cambiaban e en ei: los gallegos la dejaron en paz. Los jonios cambiaban en ai….pues los gallegos para mofa de esta filología cambiaron, al revés, ai en ei ¡Pobre D. Celso!

2-° Ley de los grupos clgl. «No sé cómo insiste V, en llamar romances a esos grupos: el Sr, Pida! habla silo de grupos latinos: si se tratara de un grupo romance nada tendría que decir». Pero ¿no ve, filólogo doméstico, que en e, sufijo latino culum no hay grupo de consonantes? Lo hay solo en clo, pero esto ya es romance. Además V. levanta una calumnia literaria al Sr, Pidal. La regla está en la pag 86 y el capítulo comienza en la pag. 76 con este epígrafe « Grupos interiores ROMANES>. Está visto que le es más fácil interpretar a Teopompo que leer una inda gramática. Tan rotunda Como esta y por consiguiente tan falsa es su afirmación de que el Sr. Pidal deriva mancha de maculam, afirmación que hizo ya en el libro, página 533, Vea el lector las páginas 86 y 95 de dicha gramática y se verá el aplomo de las afirmaciones del Sr Riega. Dice ahí «mancha de manculam>>. Que ignominia!

3.° Tónicas y átonas, «El sentido común rechaza que una palabra de dos sílabas se pronuncie jamás sin acento, par el sentido ni por nada.» Esta afirmación bastaría para perder curso en primero de gramática cuanto más para desacreditar a quien intenta hacer filología. Y el autor de esto intentaba ser patriarca de una escuela!.

Como le advirtiera que todas las preposiciones se pronuncian sin acento exclama: «¿Habrá quién hallé diferencia pronunciando aprisa entre pára la maquina y para la máquina, indicando dos cosas entre cómo la merienda y como la merienda? Pregunta que debía haber hecho antes de estamparla a la más negada maritornes para que le sacara de dudas. Al menos las que yo he tratado, sin saber ni qué es gramática entendían lo que se las quería decir según se pronunciaran estas palabras con acento o sin el, Quien no tenga oído para percibir estas diferencias o quien tenga osadía para negarlas haría bien en dejar el aporreado oficio de filólogo.

«¿V. no sabe que ninguna palabra de una sílaba tiene acento?» Más que discusión filológica parece esto un muy mediano examen de ingreso. Porque ahora que habrá tenido tiempo de pensarlo ¿qué haría V. si un alumno en tal examen le dijera eso mismo, que ninguna palabra de una sílaba, y por tanto ni sustantivos ni nada como pié, fé etc tiene acento? ¡Tendría usted el valor de aprobarlo? ¿Y no se reiría V. si tan mal alumno intentara meterse a redentor de la filología?

4º Artículo gallego. Aunque no bastara la ley de la proporción de los vocablos, destruyen razones infalibles su derivación griega. El a, a, o y os as de Navarra debe tener un origen común con el gallego. «Pues ¿no sabe V., exclama indignado, que ese procede del artículo euskaro?* Le hice notar que eso era inocente pues el euskaro es aak y se suelda por el fin a las palabras. «¿Y no sabe que el tal o es solo de una porción pequeñísima de Navarra?». Le advertí que tan pequeña era esa porción que se extendía a Navarra, Aragón, Asturias y León, Galicia y Portugal y que si esos artículos o, a o, os as eran latinos, latino sería el gallego. Pero creo sigue la máxima de que antes mártir que confesor, contesta: «ese artículo en Leon y Asturias nació por influencia galaica, en Navarra por influencia vasca y en Aragón Dios sabe por qué influencias. >> Solo los aprietos en que V, se ve pueden obligarle a decir cosas tan graciosas.

Derivar el o, a, o, os, as, dejo, je, to, joi, jai (así, con aspiración mal helenista) teniendo un lo, la, los las, las que hizo en la mitad de España o, a, o, os, os, igual al gallego es una broma que ni del mismo Teopompo debemos admitir. Una prueba de que hubo muy antiguo el artículo o es el Ocobre del siglo IX, cuya o es artículo y t en e V. que tragarlo así.» Si V. se empeñara y yo tuviera tragaderas tamaño de un molino le daría gusto, ¿Tan mal anda V. de diplomática gallega que no encuentra esa palabra a cada paso siempre con su o. «El hecho de que se tradujera por Grobe es prueba infalible de que es artículo la o, «Tan infalible como que lo fuera en ochavo, obispo por haberse traducido el chavo, el bispo. «Los buenos textos del Ulysipo no se ven por ninguna parte: e! buen texto es Plinio, Tan limpio está V. de Escolástica para salmos con una contestación tan graciosa? Porque supongo que V. no tendrá el texto original de Plinio sino una antigua y mediana edición de las que se ríen los escoliastas alemanes, al consignar la forma Ulysipo.

5° «iQué ocurrencias! pegar el artículo árabe a un sustantivo castellano!» Pero, señor estudiante, no sabía eso? Pase que nos hable de griego aunque confunda el digamma eólico con el espíritu áspero, aunque diga lo lobos y no haya aprendido a leer en tal lengua, pero no se ahueque como maestro de castellano para decir cosas que nos divierten tanto. Mira, picaruelo discípulo, en. castellano hay a-vispa, al-bérchigo, al-caparra, a-zufre y muchos más con el artículo arábigo. «Un catedrático de latín ¿no sabe que quis es por aféresis de siquis, que freixo. se deriva de frango y que cabeza se deriva de caput? No; sabemos que quis es una palabra independiente, que freixo se deriva de fraxinum y cabeza de capitia. Por Dios, se lo pedimos, no se nos meta ahora a latinista porque nos arruina. Quien traduce el annuere del cataneno griego, Schrevelio pag. 232, linea 27, por anual está más para cursar primer año de latín que para tomar la alternativa de filólogo.

6º Leyes semánticas, Le advertí que! todos los pueblos del universo al recibir un idioma toman los nombres de nombres; y verbos de verbos. Y contesta: «¿Pues no hay verbos derivados de nombre?. Si dentro de un idioma se derivan palabras; viare de via como callejear de calleja. Pero no se trata de esto, sino al recibir un nuevoidioma: esto es, que los gallegos al aprender el latín tomaron así las palabras y lo mismo debieron hacer al tomar el griego. Pero nada de eso; en la semántica de Galicia Antigua aparece un rio que ¡exclama, yo ahuyento en gran manera; y el tono que contesta soy movido con mucha rapidez; y el sacho encaramado que vacea; yo rasco; y la triste vaca cadañera que dice yo muevo la cabeza, y el vigilante mochuelo que chilla, yo chupo. Por Dios D. Celso, sea muy mal filólogo, pero por su Seriedad no nos aturda con un concierto tan ratonero»

7,° <<El griego no decía pean ni el latín tampoco.» Si; aprenda la pronunciación griega y vea en su hispanun-latinum el pean, anis. Y ahora que lo vea el lector para ver la ciencia de la nueva filología. Ni aun eso sabe el flamante filólogo. <<V. cambien adade, a pues deriva quennua de canna.>> ¿No ve que no esta bien en engañar a los lectores? Dice mi artículo: «Proviene de cannola-canla. «Es una plancha su afirmación de que la o se contorneó ou>>. Aunque sin mala intención alterne V, la verdad: Mi juicio está en el primer artículo y dice «el gallego popularizó el diptongo au con un contornédo ou.>>

8,° «Catedrático de gramática; lo del hisca valdría, si ese ixio formara los prosentes isco, isca, iscamos.>> Pues por eso lo cité, filólogo de pega, porque tenía esas formas. Para ser un muy ramplón filólogo era necesario que V. conociera siquiera el poema del Cid, cuyo verso 685 dice: Todos iscamos fuera que nadi non raste. ¿Y aún quería V. cubrir tan crasa; ignorancia gritando porque no le citaba estas formas «tergiversación, y batacazo»?

9.°- En cuanto a su ridículo y fachendoso desplante sobre la identidad del digamma eólico con el espíritu áspero, solo ; copiaré del eminente Cejador, pag. 7, línea 3 <El digamma eólico sonaba como w inglesa, el espirita espero como h aspirada.» Su caballerosidad, pues, le impone los garbanzos si no quiere que yo se los imponga, ¿A que no los ,paga?

Finalmente; por no sabor que el latín vulgar tenía flagrare, olor; por creer que Federico Diez» era de Madrid, algo así como un redactor del Madrid Cómico; por ignorar hasta hace pico la existencia del latín vulgar, descubierto para V. como un nuevo mundo por decir que la palabra tolva se usa en todo Galicia sin ser exacto; por llamar quenlla a la tolva, lo que es feroz disparate; por desconocer primero y negar después pública y privadamente la infantil ley de tónicas; por desconocer todos los libros de fonética general y de fonética, gallega; por ignorar hasta la existencia del Du Cange; por no dar ni una sola etimología griega acertada; por negar que chousa sea un terreno cercado; por no saber las etimologías más trasparentes de nombres castellanos; por ignorar que habían plurales latinos en oi; por no saber que el Gallego y el griego son lenguas indo -germánicas; por afirmar que mitula nada tiene que ver con el significado de almeja; por no entender que eemin con ela era del dialecto jónico; por confundir como el más enconterza oo codio el diganma con el espíritu áspero; y por no saber que le inglés tiene muchos millares de palabras latinas; amén de todos los dislates apuntados y de otros sin número que expondría si se me permitiera más espacio; es por lo que veníamos a aconsejar a D. Celso García de la Riega que deje la carrera de filólogo, para la que aun no tiene las más rudimentarias condiciones, y emplee la claridad de su ingenio en la sutil investigación de sus historias o en labrarse el honroso título de consumado jugador de billar. La primera tacada en las mesas de la filología le ha costado un feroz e incurable bolazo en el cogote.

Porque si como dice Unamuno en carta que ponemos a su disposición >> El señor de Riega no tiene la menor idea de los procedimientos de la moderna filología y se ha metido a helenista por la poderosísima razón de que no sabe griego>> de amigos sinceros, aunque crudos, será aconsejarle que se dedique a otra cosa, ya que para el griego tiene la más decidida de las incapacidades.

 V. García de Diego

 Nota:  Llama la atención que todo un catedrático de latín, V. García de Diego, tenga la necesidad de apoyarse en el catedrático de Griego y Rector de la Universidad de Salamanca, Sr Unamuno, para dar peso a sus opiniones frente a Celso García de la Riega al cual lo consideraba un ignorante como filólogo. En cualquier caso queda la respuesta de Celso García de la Riega y las cartas que hubo entre V. García de Diego, Victor Said de Armesto por una parte y Unamuno por otra, creo que merece la pena leerlas

Etimologías Gallegas XVII

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 21 Febrero 1905

(Conclusión)

Diario Galicia Antigua CELSO 21:02:1905Sacho, de psao, cultivo, desmorono, desmenuzó que V. desfigura diciendo: yo rasco. Que besa es latino: quiá! Ni con esto sale V. del apuro, porque el latino que quedó fué legón: besa, es de origen griego. Que pn latín se llamó sarculum al sacho y que aquí no hay filosofías de ninguna clase. Hola! Y las hay en foro, leria, cheiro, tolo, coteleo, etc? Que V., como buen pescador, puso el italiano sarquio en el anzuelo. No lo creo, porque seria confesar que V. no persigue la aclaración científica de las cosas, sino la satisfacción del amor propio, usando para ello armas prohibidas y una travesura de pillin… Repito que no lo creo. Lo que V. pretende es disculpar el resbalón, acudiendo al efecto a un baturrillo que mi paciencia vá a aclarar.

Dice V, que la consonante líquida se obscurece muchas veces, sobre todo cuando esta tras la a y antecede al grupo romance clo, cla. Pero en sacho no se obscureció; desapareció, a pesar del intermedio sarkio! El sobre todo vale un imperio tratándose de la a, porque lo que es en mancha, de manculam la consonante líquida perduró¡ ¡Qué leyes fonéticas inventa V. De masculum y casculum, macho y cacho; pase la desaparición, porque el grupo se resuelve fácilmente en ch; pero en marculum, no cuela la transformación también en macho, que es mucho machear. Si así fuera, todos los martillos del herrero (no se lee) se llamarían machos: esto solo sucede con uno, el mayor, porque representa el vigor y la fuerza. No por otra causa se llama macho al yunque grande del herrero, a los soportes de ladrillos en paredes de tierra y a los de piedra en las de ladrillos, así como a las vigas que hacen oficio de columnas o pies derechos, a todos los cuales la voz popular aplicó en sentido figurado el nombre mencionado, macho, producido por el masculum o acaso por el mas latino, macho. Por otra parte, cae V. en la incongruencia (ya se lo he dicho y V. tan sordo) de ordenar que serculum perdió la r para sacho, mientras que no se perdió en serculum para cercho y en si serculam para cicercha, donde la e tiene el mismo valor fonético que la a. No podrá V. demostrar que en cote se conserva la tónica de cotidio. Sobre magoar, nada nuevo añade V.

De almeixa, colo, quenlla y estrobo, ya me ocupo en otros lugares y lo que V. dice no merece la pena, a mi juicio, dadas mis explicaciones en los anteriores artículos y los demás antecedentes helénicos, Cuanto a foro, queda en pie el fundamentó de mi etimología: creo que no sirve su réplica. Añade V. que «mucho más diría sobre las demás etimologías no estudiadas>>.. aserto que retratando un sistema. No ha hecho V, ese estudio y sin embargo, no le ha convencido nada de dichas etimologías; no las conoce por el estudio y se decide a afirmar que diría mucho más que, lo dicho sobre las qué han sido objeto de sus plácidas censuras. Me conmueven una exaltación tan honda y una infalibilidad tan anticipada!.

Como prueba de ese mucho más, saca V. a plaza bremar, que define por el latín frenare, y yo, con mayores y por lo menos iguales derecho y fundamento, atribuyo al griego bremoo; y tarabelo, del molino, que ,V. aplica al bable trabellu (vigueta) que sólo es derivado de trabe, en gallego viga. Tarabelo es una vara o palo delgadísimo, querido amigo; pero además, no creo que su fonétca de V. consienta que el grupo tra del trabs latín hubiese retrocedido a tara, mientras estoy seguro permitirá que tarabeoo y taoo (temblar, que es el oficio del tarabo perduren, dados los nombres griegos otras piezas del molino, a los cuales ha perdonado V. la vida.

Buen lío ha armado V.con los posesivos y los pronombres. ¡Qué tremendo apuro el de V., al ver que su vención do disimilación de la i y del encauzamiento del meus había hecho fiasco! a tal situación ha tomado V. el camino de echarlo todo a barato: le disculpo. No he dicho en mi contestación, ni en mi libro, de esa procedencia del meu, teu y seu gallegos, de emos, sos y hos griegos que V. saca a relucir. Sobre ello no tengo más que dar por reproducida mi expresada contestación. Hay en el ¡dórico el meu y el teu o seu como posesivos y lo tiene el galego mientras el castellano hizo tuyo, suyo de los latinos tuus y suus; tal es mi ejemplo, nada más.

Cuanta al pronombre eu dice lo mismo. Pero V. totalmente aturdido, hace una cita inexacta de mi libro, páginas 259 y 533, Tenía V, por lo visto, telarañas en los ojos «Digo allí que los griegos pronunciaban el ego de un modo distinto al de los romanos y que por eso pudo perderse la g para hacer eo, eu en el dialecto gallego, dado que aquellos también tenían la forma ioo; conjeturo además cual era la pronunciación helénica y afirmo que si el ego latino hubiese penetrado a Galicia, hubiera conservado la g, como en las demás voces de igual terminación: lego, ligo, rego, legón, etc. He aquí las tergiversaciones a que V. acude! Y dice V. en la gravedad acostumbrada: <<El min gallego, no salió deleemin dórico por la razón sencilla de que éste es plural». Si V. sabe así el latín, están lucidos sus alumnos! 1.° El emín (con épsilon) dórico es dativo de singular, mai latino, hijo mío. 2.° Ese eemin (emin con eta) que V. desenvaina, es el dativo de plural, ático, Estamos, eh? De manera que ese decisivo, por evidente, el dato que he presentado en mi contestación y que V. ha querido refutar con harta prisa: el min gallego es sin duda el tal emín dórico.

Y ahora viene, bien un pequeño encargo: el idioma inglés tiene el -No se Lee-

correspondiente cortejó de millares de voces latinas, como príncipe demostrativo.l

Cuanto a lo que V. se ha llevado el trabajo de escribir, para desorientar a los lectores, sobre las demás personas, singular y plural, del pronombre, y de las cuales nada he dicho de cerca ni le lejos, hasta aconsejarle que en lo sucesivo no se precipite. Los efectos teatrales solo cautivan a los niños, puesto que yo no saco todos los pronombres gallegos de los helénicos, sino eu y su oblicuo min; si el pueblo latino hizo el eo de su go. bien pudo hacerlo el galaico con el ego helénico, conservándolo conjuntamente con eemín.

Que la interjección latina heúioo griega que he presentado como inicio de la pronunciación que los griegos daban a su pronombre ego, íoo, ni siquiera es paralela. Continúan los decretos! esta que V. autor del jo, ja y del plural eemin, lo diga, apoyándose en el grito ia riumphe que proferían los fratres Arval de Rómulo (siglo VIII a. de J. C.) Pero en vista de tan antigua fecha ¿no se podría sospechar que ese grito de los flaminos de Ceres era copiado del mismo ioofiríambos triunfo en la procesión de la fila griega de Baco? En este caso ya no ser paralelo sino hermano legitimo, aparte de que posteriormente pudo transformase en heu, que acusa la pronunciación mencionada. Hijo mió sobre esto vea V. a Egger, traductor del resto de un canto en tabla de mármol encontrada en Roma hacia el año 78, donde esta ese grito que V. dice: esto que se supone, nada más que se supone, perteneciente a los tales fratres. Y después, véngase V. con fiestas Ambarvalia los lectores de El Diario.

Que eso del digamma eólica una atrocidad que no se estila en los modernos. No tiene V, malas desparedas que digamos! ¿Comodidad romántica eh? ¿Aceptará V. una pequeña apuesta sobre los libros modernos acerca de la materia?. Nada más que una docena de arrobas de garbanzos para los asilados. Hospicio o para la Escuela Maternal recién instalada. Anda de ahí! según dice V. a estilo chulo en otro lugar, ¿Acepta V? A que no! Lo raro es que, a pesar de esa atrocidad, después de haber escrito, jo, ja, haya V, quitado hierro, escribiendo ahora ho, hee.

Se calla V, como un muerto acerca de la terminación oi de la toponimia gallega. ¿No tiene V. a mano otros Arvalos?

En el lugar correspondiente, por olvido he omitido, entre otras observaciones, las siguientes: 1º V. dice que mi prosodia ordena que se ponga acento a la conjunción cuando convirtiéndola en adverbio. Inexactitud. Nada he dicho de que pueda deducirse semejante cosa, pues mi doctrina es que todas las palabras de dos sílabas tienen tónica en cualquiera de ellas, sean preposiciones, sean verbos, sean lo que sean, quiera V, o no quiera y a pesar de todos los romanistas habidos y por haber. 2º V, pone el ejemplo de «una manta para el caballo>> y <<contra las piedras», y esté último lo substituyo con el de <<contra el Gobierno» y <<fuera el alma», donde resulta acento en el lenguaje hablado para el famoso articulo átono, a causa de las reunión de las vocales ae, quiera V. o no quiera, y a pesar de Cornu: es lógico también que lo mismo sucedía cuando el vulgo latino decía <<supra illo, monte, supra illa tabula»,sin que V. pueda presentar ejemplo en que el acento estuviese en la segunda sílaba de illo, illa Y diga V., carísimo dómine de Gramática: ¿desconocía V. estos detalles de prosodia en el lenguaje hablado? ¿O es que su prosodia laberíntica es la verdadera tía javiera?

Que no hay filólogo ni libro que no empléela denominación indogermánicas para las lenguas arias (se escribe aryas, querido). Pues váyale V. con esto y con la comunicación latina en España al eminente y sabio Sr, Amor Ruibal y a varios filólogos modernos. (Ahora me toca a mí). Por supuesto, tanto en esta insinuación como en otras análogas, responde usted a una intención maquiavélica de las más pueriles; pero… ¡nequáquam! He nacido mucho antes que V. hijo mío,

<<Qué las leyes fonéticas de la gramática histórica no viven en el pueblo». De ve ras? ¿Es decreto de V. un teorema tan cómodo y estrambótico del pseudo-romanista?. De manera que los gallegos, al reparar en las palabras modernas ingeniero y automóvil, por ejemplo, y al convertirlas seguidamente en talefro, enxeñeiro y outomól no obedecen a sus leyes fonéticas tradicionales. Es V, muy expedito, querido.

Y en fin ¿queda de sus artículos algo por ahí? Ah, si! Queda su postdata, que en toda carta larga, es lo más importante; lo de su Gramática latina. Yo no he presentado mis brevísimas observaciones (no contestadas) acerca de su libro de V. como argumento de mi criterio etimológico, ni como defensa en frente de sus científicos ataques, sino como saludable advertencia acerca de lo del tejado de vidrio. Pero., basta; soy enemigo de todo ensañamiento.

Cuando V. dio a luz su libro, no se me ocurrió, ni podía ocurrírseme, acudir a la prensa periódica, para tergiversar sus raciocinios y para llamarle audaz, atrevido, etc. ni para nada. V., sin que se hubiera suscitado entre nosotros, que discutíamos amigable y particularmente muchas cosas, altercado alguno do los que ofuscan, incomodan e impulsan a ciertos actos precipitados, ha escogido bruscamente y con ayudante de campo, ese camino, aunque con alguna desconfianza, a juzgar por aquello de los <<escrúpulos que ha vencido>> Yo he acudido a la defensa con el compás y con el son propuestos; pero usted, asombrándose de que le respondiera sin respetos a su palmeta de dómine frustrado, recalca su benevolencia y su consideración con frases y conceptos atentos, en sus nuevos escritos romanísticos… Consigno estas observaciones de trato social, como ilustración de nuestra polémica y para patentizar que V. se halla influido en ella por una pasioncita que no me explico fácilmente.

Por último, estoy en la obligación de declarar que, si he tenido empeño, lo tengo y lo tendré, en demostrar que al escribir el libro <<Galicia antigua>>, no he procedido con ligereza y caprichosamente a pesar de mi ignorancia, que reconozco, ha sido por que la ilustradísima Diputación provincial de Pontevedra me dispensó la merced de costear la primera edición, hecho que V. recuerda oportunamente… para intentar a seguida la prueba de que solo he escrito desatinos. Si no hubiera mediado tal circunstancia, es muy posible que no cargara con el trabajo de contestar a sus tergiversaciones, omisiones e inexactitudes. Digo todo esto porque a mi no me duelen prendas de ninguna clase y porque me deleita toda ocasión de demostrar mi sincera gratitud, que reitero ahora, y lealmente, a la expresada corporación.

Y renovándola de veras, tanto a V. por haber robustecido mi criterio como a El Diario y a sus tipografos por su amabilidad, queda suyo atento amigo y s.

                                                        q.s.m.b

Celso García de la Riega

Nota: Quedan dos respuestas muy interesantes y después unas cartas

Etimologías Gallegas XVI

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 18 Febrero 1905

 (Continuación)

Diario Galicia Antigua CELSO 18:02:1905Y ahora veamos el lado extraño con que el gallego tomó el significádo de las voces griegas, que V. quiere demostrar por el consabido sistema de las tergiversaciones, de las omisiones y de las inexactitudes. Conste que aplico el diccionario reputadísimo de Schrevelio.

Xeros, no es sólo seco, árido, sino también pestilente, que, huelo mal Sirobos, además de giro, remolino, significa también vuelta en redondo, circuito: la, cuerda que sujeta el remo, le, da vuelta en redondo con el tolete. Pero además ya le consta a V, mi observación de que entre voces latinas y griegas que concuerden, escojo en determinados casos las segundas, con igual derecho que V., porque si las eligiera en todos los casos, el caudal greco-galaico sería enorme: no soy exclusivista. Iscoo, además de tener y “poseer, significa refrenar, prohibir (eohibeo) y reprimir Tolos, tiene también la acepción de alborotado, desordenado, descompuesto, V, da al tolo gallego el significado de tonto que nadie le da y esto lo saben bien los lectores de El Diario; a no ser que V, que por lo visto pide a sus alumnos de diez años la explicación de la palabras gallegas de Pontevedra, disponga otra cosa,

Después de esto, califica V, de pintorescos los nombres con raíz griega de varias lugares rurales, añadiendo que rechazo dos significados corrientes; pero buen cuidado tiene V, en callarlos: Ese calificativo de pintoresco se refiere al significado griego de hortaliza, ramo, forraje, lenteja, peregil, macho cabrio etc. Son sin duda, más legales por romanistas, los de retamal, caña, rama; haba, ortiga, guisante carnero, etc., que expresan los latinos que abundan; para éstos, la bula y para aquéllos, el patíbulo Fenomenal!

3º Composición. Con la mayor candidez, dice V. que aqui se olvidaron los medios de composición del griego, como si los gallegos, hubieran tenido por fuerza que componer todas las voces con la misma perfección que los clásicos. Pero diga V.; los indios de Peru y Méjico, después de; cuatro siglos, ¿componen vocablos españoles con igual delicadeza que nuestros académiecos y aún que nuestro pueblo, poseedor integro del idioma? Precisamente esos indicios. hacen, las mayores incongruencias en la materia aunque siempre con la basé de una raíz española, ¿Esto no lo sabía V? Pues apréndalo ahora: Si la población de Galicia, de diez a cinco siglos antes de nuestra Era hablaba una lengua vasco, ibérica, acaso aglutinante, ¿como puede V, exigir que formara palabras griegas con la misma pulcritud que usted y Cornu emplearían? Después de tal introducción, saca V. a luz (los vocablos de mis etimologías, dioo-ibu y lo lobos, entre ciento y pico del lenguaje y doscientos de la toponimia, ¡Gran metrallazo! La primera,

que hizo dioibo, tiene, según V., una composición horripilante, porque consta de un verbo y un adverbio, tengoespanto y mucho, con las cuales resulta la idea extravagante ¿no es esto? de terror o pavor, que ocasionan, las inundaciones. Pero dioo ¿expresa tan sólo disperso, travieso amigo mío? ¿Para que ocultar su acepción de tengoespanto? Es V. muy inocente todavía; pero esto no es un pecado. Ahora bien; la palabra espanto, sustantivo, ¿no es a la vez presante del verbo espantar? ¿Y qué crimen de composición es que un pueblo que no posee la lengua que le ofrecen colonizadores extraños, haga la palabra espantamucho, como hicieron los castellanos las de espantajo y espantalobos? ¿Donde se halla, pues, el enorme defecto de composición? Ahí está lo que es engreírse y creer que las gentes sólo han debido moverse en el mundo, para el lenguaje, para la pauta pseudo romanística.

To-lobos, a la cual agrega V. lo lóbulo, con la aguda reflexión de «gastándole de paso una broma a la concordancia y a los molinos griegos». No es mala broma la que V. ie da a la verdad, ¿Donde he escrito y semejante lo lóbulo? Lobos significa también y antes que lóbulo, todo lo superior lo que está arriba, encima. La tolba, de tolobos, es la pieza superior de todo el artificio del molino; de manera que la composición no es desatinada. Que Vitrubio dice que los molinos griegos no tenían tolva.,, ¡Vaya por Dios! ¿Echarían el grano a puñados en las muelas?. No dudo de la

veracidad de V., sino de la del clásico que afirma eso. Pero V. que dice que para el espíritu fuerte o digammaeólico no sirven los autoros que, alaventura, llama antiguos ¿salé ahora con una referencia inverosimil de Vitrubio? ¿El embudo, eh?

4.° Derivacilón. Que el griego no dejó en las voces usadas en Galicia una sola terminación Pues si las de Lardoeiro,otteteira,pandeiro, etc., no lo son, porque V. lo decrete, queda V. muy mal Chouza; de xoustos, es también ajustada, pues si Cesaraugusta, Castalia y Bastía, hicieron Zaragoza, Cazalla y Baza, bien pudo salir chouzo y hacer el femenino chouza. Y a propósito, aunque esto se refiera a la semántica, bueno será consignar que, por olvido en la contestación a sus primeros artículos de V., no he rectificado una do sus acostumbradas tergiversaciones, cual es la de que chuza significa tan sólo «porción de monte, cerrada>> que V, toma para sucar la premiosa etimología latina de clausa; no; su principal y general acepción es <<porción de monte recien roturado» esto es, arrasado, raspado (xoustos), para ser destinado al cultivo y que casi nunca los aldeanos cierran.

Volviendo a la derivación, basta un raciocinio. Según sus juicios de V., los gallegos, sin ¡duda «fuertes en Tematología>> y solo aprendieron raíces para darles derivetciones a su gusto. No, hijo mío, no; no hicieron eso solamente, sino que también aprendieron palabras y conservaron bastantes, dando luego a sus raíces terminaciones propias y también las impuestas por civilizaciones o invasiones posteriores. Esto mismo sucedió con las palabras latinas que, produjeron; por ejemplo, pececito, pajarraco, cintarazo, etc., y con voces ibéricas y germánicas que se latinizaron según los genios populares de las de las diversas regiones; de manera que bien pudieron los gallegos hacer con las griegas lo que todos los; demás pueblos con las mencionadas. Con respecto a la toponimia vasco-ibérica, nos queda todavía algo mucho más, que los diminutivos ch y ñ; pero esta importante materia, que también es para los pseudo romanístas cuestiónaparte, requiere otra ocasión, otro lugar y además, sabios que la analicen y lo estudien.

Después de esto nos encaja. V. un sermón de Filología, con reflexiones muy bien atinadas, muy ben aderezadas, pero muy sabidas, como aquellas con qué termina su penúltimo artículo y ¡ vea V. lo que son las cosas romanísticasl que vienen á fortificar; mi criterio. «Que hay pueblos en que su lenguaje y sus nombres geográficos tienen distinto origen». De veras? Los aldeanos de su tierra de V, son los quo han hecho tal descubrimiento? Y dígame; si en ese lenguaje hay elementos, aunque; sean pequeños, pero interesantes, que concuerdan con los que ofrecen los nombres geográficos y las noticias históricas ¿lo parece A V. que deben desdeñarse merced a tergiversaciones, omisión os o inexactitudes científicas, bañadas en una intransigencia de dómine?

«Que la toponimia gallega tiene un caudal enorme anterior a su latinización.»

Hola, queridol Pues entonces ¿porque exige V, que ese caudal se sujete en su fonética, en su semántica, ote, a las reglillas de un falso romanismo? ¿Cual es el origen de esos elementos?» pregunta V. y a seguida repudia la derivación griega, porque mis modestísimos trabajos no tienen trazas de resolver el problema.

No parece sino que yo he alardeado pedantemente de haber hallado semejante solución. Los quo lean GaliciaAntigua, bien podrán convencerse de ello, pues todo lo quo expongo con respecto al helenismo gallego, es como examen de ese caudal anterior, como comprobante, de mucha importancia por cierto, sobre la civilización que gozó este país en épocas remotas, como justificación de las noticias históricas, no en el concepto de la única ó más influyente fuerza de nuestro dialecto. De manera que V., en sus alegatos y censuras, se descarría por los cerros de Úbeda, por ignorar también que Plinio en el siglo I, San Isidoro en el VII el Gerundense en el XV y Florez en el XVIII, aprecian los elementos griegos de Galicia. Cada una de estas autoridades, vale más, mucho más, para nuestra historia y nuestros origenes, que Diez, Cornu, Meyer Lubke, Pidal, etc., que no han conocido, ni por consiguiente estimado y estudidado, dichos elementos, quedando aplastada la infantil intransigencia y el exclusivismo pedagógico de V.

Celso García de la Riega

( se continuará)

Etimologías Gallegas XV

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 14 Febrero 1905

(Continuación)

Diario Galicia Antigua CELSO 14:02:1905Desde luego hay que notar la insistencia, el singular empeño, con que V. procura llamar romances a los grupos c´l´ y g´l´; en ello parece advertirse que V., en lo intimo de su pensamiento, me concede la razón sobre una buena parte de mis juicios, es decir, que la regla Pidalina no está redactada con la exactitud que requiere un libro de gramática; se me figura que pretende V. hacer carambola de retroceso. Precisamente es una de las cosas que siempre me han gustado mucho: las carambolas… Casi, casi, estoy por citar carambolistas eminentes; pero renuncio a semejante debilidad.

Digo, pues, que eso de llamar romances a los mencionados grupos es una verdadera habilidad de V., lo reconozco gustosamente, Pero el Sr. M. Pidal habla sólo de grupos latinos, ya porque las comillas de la fórmula c´l´ y g´l´ representanvocales, ya porque el ilustre gramático pone los ejemplos de conchulam,masculum, cingulum, etc., que son muy latinos, y no los romancesconchla,masclo,cinglo, etcétera, ya porque si se refiriera a los grupos clo,glo, así lo hubiera escrito: de manera que la regla se refiere con precisión a todas las voces del lenguaje popularlatino que terminan con los grupos culum,gulum, precedidos de consonante y, en rigor, comprende también los grupos que tienen otras vocales distintas de la u primera, puesto que así lo exigen las comillas representativas de aquéllas. En su vista y teniendo en cuenta que son poquísimas las voces de tales grupos c´l´ y g´l´que produjeron el cho, quedando fuera de la regla muchísimas que no lo produjeron, mi criterio resulta completamente exacto: es evidente que si los seis ejemplos hicieron cho, en cambio no se hicieron losciencestos que V, dice (a pesar de las mimbres que había) y que no viene a cuento; para un solo cesto ni para compararla ridiculamente con las leyes romanistas la inmortal obra de Cervantes, ni mucho menos.

Añade V. no obstante su cita del refrán ele los cien cestos, que si los grupos romaneesclo,glo, dieron pocas palabras, fue porque la materia no daba para más: perfectamente y de acuerdo. Pero como los grupos, no do,glo, sino c´l´ y g´l´, esto es, culum,culam,gulum,gulam (precedidos de consonante) de las palabras populares latinas (pues muy populares, pero mucho, son y han sido siempre los diminutivos) eran abundantes, resulta que el Sr, M Pidal ha debido redactar la regla de que se trata en forma parecida á la siguiente:

Las terminaciones romances do,da, glo,gla, precedidas de consonante, que procedan de los grupos latinos c´l´ y g´l´precedidos también de consonante, producen sonido palatal sordo Ejemplos: conchla,masclo,cinglo, etc.

Ante esto, nada habría que decir y yo me hubiera limitado exclusivamente al caso de un sarclo imaginario, de que se supone salió sacho, por el intermedio sarkio; nada más. Sobre esta materia dice V. muchas cosas muy acertadas, pero que no vienen a cuento, dado que todo el mundo las conoce. Sin embargo, bueno será señalar la indicación de V, acerca de que la tendencia fonética de un idioma tiene importancia según su vigor: esto lo dice V., y a ver quien ata tales cabos, a propósito de laescasafecundidad de los romances clo,glo, ley que tiene, dice V., embriagado de pseudo-romanismo, tanto mérito artístico… como el Quijote de Cervantes! La alucinación no puede ser llevada a mayor extremo, Pero además la tendencia fonética del doglo, tiene una importancia descomunal porsusseiscasos; pero la vigorosa tendencia fonética ei helénico, del idioma gallego, no tiene importancia científica, ni histórica, ni de ninguna clase; si acaso, refleja la fonético de todos los aldeanos de su tierra de V…, y aún, como pobrecitos gallegos, debemos darle las gracias, porque bien pudo V. decretar que esa tendencia al ei procede de las grullas, aunque por acá nunca se han visto.

Por ultimo, ladoctrina científica de V. no puede ser más curiosa. Se escribe una ley fonética para veinte ejemplos (aquí se trata de seis), y quedan fuera de ella, cuarenta, Pero ¿qué importa? Es falsa la ley? No; es que la fonéticadeV. da la ley para seis casos solamente. Los demás, aunque sean numerosos, que se vayan a paseo. El gallego convirtió San Verísimo en San Breixo, de lo cual puede V. deducir una ley romanística, aunque queden fuera de ella los demás casos. Vaya, Sr. Diego, que sea enhorabuena por semejante desahogo científico.

En mis artículos anteriores he omitido, por brevedad de redacción y por olvido, alguna observación acerca del diptongo gallego ou. Ha hecho V. muy bien en sacarlo a plaza de nuevo, aunque sea acompañado de una singularísima explicación. Los romanistas desconocen las sorpresas de ese ou: prueba de que también desconocen la fonética del gallego, que es un dialecto viviente; pero como lo del au latino, aún está indeciso, según V. nos dice, mi deducción resulta unadiabluradela logica. Veámoslo. Los romanistas, no tienen datos ni elementos para definir cabalmente el au latino; pero han podido buscar en el viviente gallego los referentes al ou;luego, nada tiene de particular, según V. nos dice, que ignoren la historia del au latino y que el ou gallego les reserve sorpresas. Ay, amigo mío! ¿Pero no vé V. que el resultado de todo esto es, que, en efecto, los romanistas no conocen la fonético gallega? Pero entre las sorpresas del ou galaico, figura la que V. nos espeta doctoralmente, empezando por decir, con la misma gravedad del dómine ante sus infantiles discípulos, que el ou apenas vivió fonéticamente en el ciclo griego: ¡una maravilla de invención! Y concluye V. por decretar que, como el puebloromano contraía a cada paso el diptongo au en o (como? ¿pues no dice V. que el asunto está indeciso?), noesextraño que el gallego lo facilitara con un contorneadoou. De manera que la vocal o,sefacilitayredondea agregándole una uy formando diptongo! Lo compuesto es más fácil que lo simple; la u contornea una o…. en estas filigranas no cayeron los demás pueblos de Roma Bendito sea V. en todos los siglos de los siglos, por reservar tales sorpresasaDiez, Meyer-Lübke, Cornu, etcl

Lo de manculam, del Sr Pidal tiene gracia, muchísima gracia. Por si acaso a V, no le importa que se le echen mochuelos a la Academia (yo no solos echo , querido), pero no toquemos al ilustre gramático histórico, que para V. es un santon tan infaliole como el profeta Smith para los mormones, Confieso con toda sinceridad que yo había olvidado la observación que en otra página hace el señor M Pidal acerca de que en el latín vulgar se dijo manculam por maculam; por consiguiente, resultan fuera de lugar y sin base mis leves inculpaciones al sabio asturiano. Pero aun así, hay que notar la tranquilidad del aserto de que e! latín vulgar decía manculam por mácula (¡) demostrándolo, no los documentos, sino el hecho de que en castellano se dice mancha; esto es, por lo visto, evidentísimo o igual a que si afirmáramos el disparate de que el castellano dice rancho y, por consiguiente, el latín vulgar decía.., ranculum. Cada cual puede afirmar lo que le de la gana cuando se trate del número de estrellas que hay en el cielo! Se tiene autoridad? Pues pasará.

Los demostrativos. V, se hace cargo de que he empleado casi todo un artículo en contestar su figura retórica del cortejo de dichos demostrativos; pero no rebate usted mis razonamientos y deja en pié toda mi argumentación. Hace V. un extracto defectuoso de mi respuesta y en seguida habla V. como si yo hubiera dicho que todos los demostrativos griegos perduran en el dialecto gallego. Cuestión de táctica! Suponiendo cómodamente lo primero que se viene a las mientes, nada más fácil que ocuparse en destruirlo. Dos o tres demostrativos especiales por la forma que concuerdan con los latinos y sirven de la misma manera para nuestra sintaxis, no requieren la compañía forzosa del fantástico cortejo, amigo mío: aparte de existir en el gallego muchas voces griegas puras, quiera V. o no quiera. Las ciencias adoptan la nomenclatura griega y las voces, ya usuales; de telégrafo, teléfono, kilómetro, este.etc,, en nada estorban a nuestros demostrativos; aquellas palabras greco-galaicas, como coteleo, tinícho, leria, bermantés, berberícho, fedello, cheiro, cairentos, faneca, peneira, trasno, trimiñado, sirín, etc., etc., etc., no han sido introducidas por la ciencia en nuestro dialecto. Las adquirió el pueblo, las conserva por herencia, y tiene V. que tragarlo, aunque no lo confiese y lo duela que Galicia presente tales testimonios en favor de su antigua civilización. Así es como nos vengamos del concepto despreciativo que allá, por las tierras de V., se da al nombre de gallego, gentilicio nobilísimo y más antiguo, mucho más antiguo, que el de castellano, sin que éste deje de ser igualmente noble, pero muy moderno, como su dialecto.

             Celso García de la Riega.

(Se continuará.)

Etimologías Gallegas XIV “Contestación Celso García de la Riega a García de Diego”

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 11 Febrero 1905

Sr/D. Vicente García de Diego.

Diario Galicia antigua CELSO 11:02:1905Amigo querido: ha hecho V. también su segunda salida, lo mismo que D. Qui­jote de la Mancha. Este hidalgo se propu­so hacer confesar a cuantos caballeros hallase en su camino, que Dulcinea del Toboso era la más hermosa de las mujeres, la más encumbradora de las princesas; y V. se propone encajar a todo ser viviente el dogma romanista… y el castellano de los aldeanos de su tierra de V.

Echa V. por delante, en sus nuevos artículos, la chanza de que ha salido al palenque de la prensa en virtud de invitación mía. Nadie podrá creerlo. En primer lu­gar, V. ha declarado que, venciendo varios escrúpulos, se presenta con sus disciplinas de domine para que muchos nose alucinen, Además, nadie podrá suponer que yo le he invitado a que intentase darme con la badila en los nudillos. He podido invitarle a discutir normalmente las co­sas, a aclararlas, a puntualizarlas; no a que saliese V. sin previo aviso con un embuchado preparado, con ayudantes de campo, a que prodigase V. frases grue­sas, a que tergiversase mis conceptos, a que omitiese mis principales argumentos y, en fin, a que expresara sus opiniones con el empaque pedagógico de quien, re­pito, cree que se dirige a sus alumnos de diez años, esto es, como quien dice «hablo yo y boca abajo todo el mundo>>. Prueba de esto último, es la ingenuidad con que V. manifiesta «que no se había propuesto empeñarse en discusiones interminables», que es lo mismo que decir «que no espe­raba, después de desplegar V. sus labios, que nadie se atreviese a respirar», ni que yo defendiera mi criterio; al efecto también, me inculpa V. de que tengo excesivo cariño a mi libro… ¡Me deja estupefacto! ¿Ha imaginado V., por ventura, que después de sus imperiales defectos, debiera yo arrojar al fuego ese libro? Al contrario, incauto amigo mío; cada vez me persuado más y más de que estoy en lo cierto, al creer que Galicia tiene una historia antigua que no pueden presentar esas regiones españolas donde los romanos encontraron a sus salvajes gentes bebiendo sangre de caballo, y de esa historia, testimoniada por los editores clásicos, se comprueba con las reminiscencias helénicas del lenguaje, que tanto, le horripilan a V.

Claro es que esos antecedentes históricos le molestan, le estorban para sus peregrinas encíclicas sobre fonética gallega. Menospreciándolos, deja V. cómodamente en el aislamiento las menoionadas reminiscencias, sobré todo lo cual me parece haber dicho lo suficiente, sn que quiera hacerse cargo de ello ¿Como hemos de entendemos? Imposiblel .

Aquí debiera, en verdad, dar por terminada la discusión. Pero, yo..,no escribo para convencerle a V., según cualquiera creería al leer sus galantes y finísimas insinuaciones; he adoptado, sí, la formula de dirigirme en carta a V. para evitar la frecuente repetición de su nombre y apellidos y para facilitar la redacción de los conceptos, nada más, puesto qué y sé de hace tiempo que no hay manera de convencerle a V. con respecto al helenismo gallego. He escrito mi libro para los gallegos en primer término además para cuantas personas, desprovistas de prejuicios rutinarios y vulgares con respecto a Galicia y a cuanto le atañe, puede apreciar íimparcialmente los antecedentes y los hechos. Y ahora, lo mismo que en mi carta anterior, escribo para los lectores de El Diario nada más que para ello: ya sé que á V. no le persuade nada, porque su entendimiento esta preocupado por un bloque romanista, insoluble, infusible e inatacable por los ácidos.

Y entremos en materia, aunque es mucha la paciencia que se necesita para acompañar a V. por las callejuelas, y encrucijadas en que se mueve precipitadamente; porque nada más cómodo que desdeñar las abstrusas trabas de la Filosofía, echarlo todo a barato romanista y mezclar lo divino con lo humano, según V. lo verifica inculpándome además, y muy amablemente, de audaz, de atrevido, de que ignoro lo qué todo el mundo sabe y otras flores de este juez. Y esto, en una discusión, por invitación mía, tan sólo lo hace quién se contempla desprovisto de razón, de justicia… y de matemáticas.

Con el más beatífico desahogo, dice V. que aplico el ei gallego al primer idioma en cuya gramática (en cuya fonética ha debido V. decir querido catedrático de gramática) se tope otro ei, «sin curarme de la historia de este sonido», en lo cual, añade V., hay un rasgo de agudeza, «pero sin ningún valor científico»…. y punto redondo!

Y vea V. lo que son las cosas. Yo, que no me curo, según V. dice, de la historia del sonido galaico ei, la indago históricamente en el idioma griego histórico, porque los historiadores testifican la existencia de la colonización helénica en Galicia, hasta el punto de que Plinio afirma la estirpe griega (sobolis graecorum, se lo diré á V. en latín) de estos pueblos gallegos; y seguramente, el famoso naturalista romano, alto funcionario en España, no habrá hecho su afirmación en virtud del aspecto físico, sino de las costumbres, del lenguaje, etcétera, de la población galaica de aquella época. Ante esa consideración, no habría yo de buscar el ei gallego en las lenguas china y peruana, sino en la griega, donde encuentro prodigado ese ei; donde, encuentro raíces y grupos fonéticos como eido, eiro, eixa, eima, eitá, eiba, etc., etcétera que están clavados en el gallego; donde encuentro voces cuya forma y cuyo significado son exacta o casi exactamente iguales a otras de nuestro, dialecto. Yo no veo en ningún escritor clásico, griego o romano la noticia de que los gallegos bebían sangre de caballo, sino de que celebraban certámenes de toda clase, incluso de música; de que se casaban a la usanza griega y de que, antes del combate, entonaban el himno helénico de Apolo, en el cual seguramente se prodigaba también ese ei que a V le pone los cabellos de punta. Por estos y otros datos que omito y a los cuales doy audazmente valor científico, claro es que me ha parecido más lógico y sencillo topar el ei en la lengua griega, que no, en la peruana o en la china.

En cambio, V. que ses el maestro ungido que se cura de la historia del ei, no le da más historia que la transformación de un ai arrancado con fórceps de las palabras latinas y cuando quiere dar valor científico, no a sus agudezas, sino a los partos de su romanismo, lo busca… hasta en el lenguaje de todos los aldeanos de su tierra de V. Esto es, sin duda, lo que tiene valor científico.

Exhibe V. de nuevo la reglilla sectaria del ai y de la transcripción de la i; pero con novedades. Algo es algo: ya admite usted excepciones, aunque no pasan de seis, a pesar de mis esfuerzos. Por fortuna,sabemos lo que son las excepciones en boca de romanistas incipientes: el mayor número de hechos.

Más ¿cuales han sido esos esfuerzos míos? ¿Es que debía abusar de la paciencia y amabilidad de los tipógrafos, de EL DIARIO y de los lectores, consignando en un artículo periodístico, redactado a la ligera la decima parte del vocabulario gallego?. Pues para darle gusto, allá van, por cada letra inicial unas cuantas excepciones más: beixar, beixos, carqueixa, ceifa, ceiva, deica, deitar, deixar, eidade, eido, eigrexa, eixido, eiroa, eito, eiva, eiqui, xeito, lei, leiro, meixán, meira, meiga, peido, peilao, peirao, peite, peixe, queipo, queicoa, queixo, queixada; rei, reiseñor, seica, seitura, teima, teiroa, teixo, veiga, etc.,etc.,etc.,etc ¿Eh? ¿Qué le parecen a V las excepciones?. Y búsqueles V. la raíz ai, aunque sea en las aldeas de Pancorbo.

Que eira viene del latín vulgar aria. No puede ser, amigo mío, porque los documentos gallegos de la Edad Media están llenos con el vocablo arias, sin transformación ninguna.

Qué feixe, seixo y cereixa fueron antes en gallego, faixe, saixo y ceraixa. ¿De qué documento saca usted estas bromitas, ni quien le ha dado usted licencia para tales invenciones basta para ello, por ventura una imaginaria pero operación pseudoromanistica, por analogía con el fonetismo de otras regiones, distinto del gallego, y en cambio yo no he poder deducir lógicamente, por los antecedentes y por analogía dentro del mismo dialecto, nada que sea opuesto a una reglilla?.

El gallego tiene el diptongo ai en varias voces y no la transformó en ei, según usted y la reglilla ordenan: gaita, faixa, mais, vai, trai, daime, mataime, saino, aigua, baile, este etec. V. mismo saca de pater y mater, pai, nai y mai, y sin embargo, los gallegos, quedándose a la mitad del camino, no hicieron pei, mei, nei ¿Habrase visto desacato semejante?. También saca V. almeixa de métola y peirao de petra.. donde no aparece el ai ni la i! Y quiere V. que nos inclinemos ante aquellas reglillas y ordenanzas?.

Un gramático como V. no debe aturrullarse hasta el punto de no entender el valor de los tiempos verbales con relación a las demás palabras y al concepto que se pretende expresar. En mí, que carezco de pretensiones y que necesito defenderme, puede perdonase; en V., que ataca sin finalidad alguna, que maneja la palmeta y cuyas sentencias tienen valor científico, es indisculpable. ¿No ve V en las palabras que copia de mi libro, nadie cambia significa sencillamente que ha perdurado en el gallego la costumbre helénica de hacer ei de la e inicial?. Pero V. esponjándose desmedidamente pregunta: ¿donde tenemos aquí e que transformar como no sea en el castellano?. Y yo, con la mayor humildad, le respondo: en las palabras latinas ecclesia, etate, edes (esta última me la dio usted en una de nuestras conversaciones), que el dialecto gallego sin esperar a que los pseudo-romanistas le proporcionaran un ai o una i de trasposición, convirtió en eigresa, eidade, eido. ¿Se va V. enterando? Pues vaya V. aumentando el número de excepciones de la reglilla.

Y claro es también que si los griegos cuando unían el epíteto era a otra raíz, lo convertían en eira, fijese V., bien en eira, en EIRA ¿eh? Y si con esta terminación tenían muchas voces, como naiteira, oleiteira, xeiro, diftheira, méirax, etc. ¿qué hay ni puede haber de sorprendente en que proponga mi criterio de que ese ei de muchas, pero muchas, palabras gallegas, no proviene de un ai, ni de la trasposición de i, sino de una arraigadísima herencia que hizo al gallego convertir en ei las tónicas a y e de multitud de vocablos latinos y aún germánicos y célticos? ¿Qué milagro es que llegue también a sospechar que el sufijo galaico eiro es anterior, muy anterior, extraordinariamente anterior, al castellano ero? ¿Habrá, pues, y en resumen, mayor y más indisculpable incongruencia, que la de salir V. de estampía diciendo que yo no me curo de la historia del sonido ei y que los datos expuestos no tienen valor científico?

 Celso García de la Riega.

 (Se continuará.)

Etimologías Gallegas XIII

Etimologías Gallegas

Diario de Pontevedra 9 Febrero 1905

Veamos por último las etimologías quo en mis primeros artículos rectificaba.

Etimologias Gallegas 09:02:1905Moucho. La admiración de V. parece que no va por la fonética, ni debe ir, pues cumple al menos las leyes de la fonética gallega que los romanistas conocen; mutilum, mocho, descornado, pasando por motio. Lo que no encuentra aceptable es el significado, el llamar mocho, descornado, al mochuelo. Esa filosofía cornuda será todo lo profunda que V. quiera, pero el pueblo, única autoridad de la semántica, no pasa por ella. Si al tal pajarraco lo llamó mocho es porque así le parecía con sus cuernos romos. Todo menos la pere­grina ocurrencia de presentamos al mochuelo conjugando tan mal en griego.

El mudsó, yo chupo, fonéticamente no hay por donde cogerlo, aparte de que el mochuelo castellano habría que echárselo entonces a sus griegos.

 Estrobo. «No le parece a V. que el latín Strupus salió del griego strobos?>> No Lo que me parece eso es un error. El strobos griego significa giro, remolino. El strupus latino se corresponde con el griego tropos, que significaba como el estrobo gallego la cuerda para sujetar el remo. De estos dos el inmediato no puede ser dentro de la fonetista más que el strupus.

– Cheirar: En esta etimología trabuca V. todos ios términos, El flagrare del latín vulgar, para cuyo significado no halla atadero, significa ¡cuál no será su asombro al oír esto! oler, ni más ni menos que el cheirar gallego. Inconvenientes de meter­se á filólogo con su hispanum-latinum. Es este verbo una simple alteración del clásico fragare de donde el provenzal flairar, el francés flairer y el gallego cheirar como de flamma chama. El francés flairer derivado de flor tiene gracia sin igual. Demasiado sabía V. que el cheirar gallego significa oler, bien o mal, pero había que salvar de algún modo el tabidus del graecum-latinum. En cuanto al xeros no le alcanza en el significado ni un galgo; denota siempre seco, terroso, y solo por esta idea le llega lo del tabidus. R. I. P.

 Foro. Es ni más ni menos, como pala­bra, que el forum latino, que rodó con la idea de derecho, fuero, censo, por todas las provincias. Que le aproveche su cien­cia jurídica, pero para resolver esto le hubiera bastado con saber el significado del forum romance: con tanta historia del derecho griego no ha tenido un segundo para ver que el forum significó a la vez lo que el foro it y el castellano foro y fuero y el gallego foro. La historia del signi­ficado de esta palabra es simplemente la historia de los vocablos que denotan im­puesto; portaticum, fossadaria, etc. Nacen con la idea de derecho, con relación al señor, y se popularizan con la idea de obli­gación, foro, portasgo, fossadeira, sin duda porque el pueblo se acuerda más de su bolsillo. Para estas cuestiones es más útil conocer la patria de Diez que la de Colón.

Isca. «Muy bien podía expresar derra­mar, brotar». Muy mal. El isco, ixes, como el visco, vixes, es un verbo que se saben de memoria quienes leen los textos caste­llanos del siglo XIII. Isca de ahí, sal de ahi. ¿A quien se le ocurre pedir al mamo­treto hispanum-latinum la conjugación romance del exiré? El significado es siem­pre salir y nada más.

Quenlla. Le pareció pequeño gazapo al Sr. Riega el confundir la quenlla con la tolva y nos la deriva de un canea, canasta ¡canastos que quenllas usaban los griegos! Con leer á Vitrubio sabría que los moli­nos griegos ni siquiera tenían tolva.

Coló. El latín collum, como V. vería si se dejara de su graecum latinum, significó en todas partes cuello, regazo y pecho. El pudor mujeril no pudo dar más nom­bre al regazo que el de collum, cuello: jamás el vil de Vientre o piernas V. tan dado a historias y filosofías es raro que no haya meditado la constancia que existe en todas las lenguas en estas taslaciones de la toponimia femenina.

Dioivo. El diluvium latino se pronunció en el mismo latín vulgar dilovio, trasfor­mado por la fonética gallega en diloivo. El grave inconveniente que el S. Riega encuentra a esta etimología es que hay nombres que no han hecho tal traslación de i (el saladísimo argumento de siem­pre, buscar unas palabras que incum­plan un fenómeno, estén en las condicio­nes que quiera, y ya so acabó la ley). La tendencia a tal inversión la percibimos hoy todos en el pueblo, noivo dicen de novio, como dijeron diloivo de dilivio. Si del diloivo no salió el dioivo, (con señor Riega) será cosa de dudar de todo No es­tará de más recordar que diluvium signi­ficaba diluvio, avenida, inundación.

El dióo, yo ahuyento, e ibu, en gran manera, será una magnífica personifica­ción de Fray Luis Riega, pero ni V, cree en las profecías de los ríos ni a mi me cabe en la cabeza que conjuguen verbos. Yo ahuyento en gran manera, será bonito exordio para un poema fluvial, puesto en boca de la impetuosa corriente, pero para las prosaicas etimologías no nos sirve.

Peirao. «Del Píreo de Atenas>> Los grie­gos que en todas partes llamaron limees al puerto solo en Galicia se acordaron de su Pireo. Nada diremos de la fonética, porque como hidra de cien cabezas, nece­sitaríamos un día para desmochar sus desatinos. Que por qué no llaman en Galicia peirao a toda construcción de piedra? Pues por la razón de que los gallegos, con excepción de V. cumplen las vulgares leyes de todas las lenguas; caballo significó el ligero y no se aplica a este nombre al ciervo, rector el que dirige, y no se llama así al maquinista de un tren, El empedrado castellano se aplica solo al piso.

La idea de piedra es el origen de estas palabras. Peiroa, petrona, es una piedra que sirve de escalón y el peirao, portugués es una tira do lajas en el fondo del mar. Ya ves, Fabio, en que ha venido a parar el magno Pireo.

La misma palabra pedra, remozada por el latín, fue en otros. tiempos peira y pera.

Véase como recuerdos de esta pronunciación P. Sarmiento, Parafita correspondiente al pedra-hita castellano. En pontevedra se llamaba en el año histórico de 1375 Pera da loba a una piedra y a una heredad.

Pai y mai. Los vocablos latinos patrem, matren y fratrem fueron en Galicia como en muchas más provincias paire, maire y fraire, pronunciación descubierta en las mismas inscripciones imperiales. «Su cita del paire y maire proveníales es contraproducente, porque la Provenza sépalo V. fue colonia griega».Pues por eso la cito Sr. Riega, para darle á V. gusto. El patrem, matrem y fratrem latinos, en el Oriente de España y en la Provenza fue paire, maire y fraire, formas que conser­vó el provenzal y que abrevió el francés; pere, mere y frere. En Tolosa se dice aun paire, maire y freire. Supongo que estas formas provenzales, catalanas, etc., las creerá V. latinas y no se le ocurrirá la singular idea de sacarlas de su paidogónos y de su naiteira. Pues bien, la Provenza, por lo menos tan griega como Galicia, sacó todos estos nombres del latín ¿ve usted como mi cita no es tan contraproducente? Luego si estos nombres y el mare y mae, pare y pae de otras partes son latinos, lati­nos serán el pai y mai gallegos. Sería cu­rioso que el gallego que nombró a la mujer, muller, al hijo, fillo, a la nuera, nora, al suegro, sogro, y a todos los demás pa­rientes en latín, hubiera acudido a esos cultismos griegos para los otros dos. Si pues, la Provenza y la Aquitanía, tan griegas como dicen S. Gerónimo y usted, sacaron del latín su paire y maire, no había de ser menos el gallego para su pai y mai, iguales al pae y mae de otras regiones.

«Cuanto a freire, bueno es que V. se en­tere, el pueblo de Galicia llamó siempre frades a los frailes» No quiero enterarme de tamaño error porque acreditaría con eso no haber leído un solo documento gallego. En Galicia precisamente es donde esta palabra tiene vida propia; y la fonéti­ca domuestra que es anterior en machos siglos al frade. Además de alternar a ca­da paso en los escritos con la de frade, hasta dió nombres geográficos: fonte da fraira, se llamaba por lo menos en vida del P. Sarmiento una fueute de Tomeza. Para decirlo todo al revés afirma V. que esta palabra es de origen eclesiástico. Explíquese porque no hay entenderás posi­bles para una cosa sin sentido. Si se refie­re a la forma, debía saber que hace mas de quince siglos se pronunciaba en Galicia fraire el fratrem latino.

Sacho Motivo de todos sus sinsabores. «Del psao, yo rasco.» del latín ,sarculum, romance sardo, azada, sacho

Ni los sachos conjugan en ninguna parte, ni esa composición vasco-helénica pasa de ser un pisto raro, ni el sacho fue nunca besacho, ni el tal besa es griego sino latino. Sarculum se llamó en latín al instrumento mismo, tan mudo como hoy, que los castellanos y gallegos llaman sa­cho: no hay aquí filosofías de ninguna clase.

La alteración fonética os lo que asusta al Sr. .Riega. «En la derivación de sacho nos da V. una noticia (el italiano sarkioj quo viene a justificar mi modesta etimo­logía; y así es como por la boca muero el pez.» Tiene V. razón Sr. Riega, pero esta vez soy yo el pescador: ¿como iba a olvi­darme de su voracidad al clavar el sarkio en el anzuelo? «Alabado sea Dios! Solo él es grandel» La palatización del grupo ro­mance, no latino señor filológo, oscurece muchas veces la consonante líquida ante­rior, sobre todo tras la vocal a marculum, macho, masculum. macho, calculum, cacho, sarculum, sacho.» ¿Donlo está la r en sacho?» pregunta todo irritado el Sr. Riega. Pues se ha perdido al patalizarse, pero que la hubo es prueba su hermano sarkio. «Pues como en sarkio italiano no se ha perdido y se perdió de sacho español?» Pues porque el italiano no está en esas condiciones: no la ha perdido porque no llegó a palatizar su ki.

Ameixo «¿Hay quien no se quede mu­do de asombro y hasta sin respiración, (respire V. Sr. Riega) ante la etimología que V. hace del vocablo almeja?» (De mitula.) Nadie contesta, Sr Riega, porque olvidamos ya en la escuela tal etimología. La palabra entró ya en los romaces con la pronunciación mella, de donde debió hacer él castellano meja y el gallego meixa.

árabe al!» Vuelva V. a respirar, pero en­térese también de que el artículo al se pegó a muchas palabras, y no ponga otra vez tales admiraciones para un hecho con centenares de ejemplos Almeja en caste­llano se formó así. ¿Por qué el gallego le pegó esa a? He creído contestar diciendo que tal vez fuera por analogía.

«Métula no ofrece asidero en ninguna de sus acepciones para dar nombre a dicho marisco» dice ei Sr. Riega, hojeando su hispanum-latinum. Pero le advertiremos que mitula significaba la almeja y que por lo tanto no necesita corto ni largo asidero.

La seriedad para decir cosas tan estupendas no las refuerza en nada. Si es de los mariscos «más nutridos en las sales del mar>> no lo hemos de discutir; los griegos tenían su miakes y no tuvieron tiempo de inventar tales sustantivos para dar gusto al Sr. Riega.

Nada nos dice el Sr. Riega de su cadaneira sacado de catancuo, yo muevo la cabeza hacia delante. Tan flaca le ha pa­recido esta etimología que se ha confor­mado con moverla hacia atrás.

De la derivación del posesivo no tomaré más venganza que la de exponerla.

Meu de emos, teu de sos, y seu de hos, noso de heemeteros, voso de hámsteros y seu de sfderos. Los latinistas no conocen la , fonética gallega ni por el forro. Solo así se podrán atrever a derivar meu de meu, teu de tuu, seu de suu, noso de nostro y voso de vostro.

El pronombre eu no pudo salir de , a menos que acabe V. por negar, lo que sería mejor, la famosa y tantas veces negada por V. ley de las tónicas. V. demuestra en el libro pg. 259 que no se pudo perder la g del ego latino y mejor informado en la pág. 533 demuestra V. que se perdió tal g. El min gallego no salió de eemin do­rio por la razón sencilla de que este es plural. Pero como de ser griego el yo, suponga que creerá también griegas todas las demás personas la mejor censura será exponer tal derivación. Eu de eó, ti de tu, nos de eemis, vos de umeis, il, iles… de cualquier cosa. ¿Quien se atreverá a derivar eu de eo, ti de tu, il, de ille, nos de nos, vos de vos e iles de illos?. Solo los déspotas latinistas.

Para concluir La interjección heu latína no salió de io griego ni siquiera es paralela. La correspondiente en io que usaban los latinos desde los tiempos mas remotos io triumpe! gritaban los sacerdotes Arvales.

«Sepa V. que el espíritu áspero de los griegos pertenece tan solo a la primitiva época de su lengua» dice V. con toda su seriedad montando en el trípode de Apolo y «sepa V. que tal espíritu es el mismo digamma eólico.» No, no queremos saber nadie eso, porque no se estilan tales atrocidades en los libros moderaos.

<El Sr Murguía, {dice V, con el escrúpulo de la beata escandalizada del libéranos domine), incluye al gallego entre las lenguas indogermánicas.» Pero Sr, Riega, si no hay filólogo ni libro que no emplee esa denominación para las lenguas arias.

¿V, no sabía que el mismo griego, y por ende el gallego su nietecillo, es una lengua indogermánica?.

Mucho más diría de las demás etimologías no estudiadas, algunas con tan claro origen latino como el bremar de fremare, bramar, alborotar, tarabelo de trabellu, palo, zoquete, tranca y otras por el estilo.

Pero quede todo ello para próxima ocasión, en que expondré largo y tendido las mias.

Del magoar, cote y cotio lea mis anteriores artículos y verá contestadas sus objecciones; allí verá si se cumple la ley de tónicas.

¿Queda algún argumento de todo ese sistema galaico-helénico? |Ah, sil Que mil libros le parecen caros al Sr. Riega, que al nombre adjetivo lo llamo nombre, y al sustantivo palabra y que no entiende mi definición del verbo. No creo esto un fuerte argumento para defender sus poéticas

suposiciones.

La cesación de la fonética popular castellana no debió escandalizarle nunca Desde el siglo XIII enfermó, dio las boqueadas con los cambios de pronunciación del XVI y desde entonces no ha vuelto a dar señales de vida. Las léyes fonéticas de la gramática histórica no viven en el pueblo: todos somos ya cultos. Aun en las montañas castellanas se hizo tan estéril que apenas conservan algún detalle sin importancia de su antigua pronunciación. ¿Le habrá entendido ya?

Si alguna observación hiciera a mis artículos de algún valor científico contestaré con gusto. Si no añade algo útil, doy poi terminada mi tarea.

Sabe cuanto le estima a pesar de todo su amigo

  1. García DE DIEGO

Nota: En los siguientes responde Celso García de la Riega

ETIMOLOGÍAS GALLEGAS XII

ETIMOLOGÍAS GALLEGAS

Diario de Pontevedra 8 Febrero 1905

{Continuación)

Etimologias gallegas 08:02:1905Algo intranquilo sin duda por los flacos asideros de su fonética, al llegar a las etimobgías trata de solucionar el problema en un singular recurso. «Después de todo, los dos debemos considerar que procedemos desde distintos puntos de vista, V. encastiliado en el latín y en la refulgente escuela románica, yo apoyado en los indicios lingüísticos del griego.>> Esto

es, repartámonos amigablemente y sin averiguaciones el botín: como si se tratase de un cauda! conquistado por el derecho del trabuco. El recurso será de efecto para mostrar la intransigencia romanista, pero no tiene fundamento serio. No puede haber; más amigable reparto que el que la razón y la verdad demuestre. Si su helenismo descubriera un día otras muestras de más Valor; que se llevé lo que le pertenece. Hoy hacen bien los latinistas en negar estas migajas que los helenistas imploran.

Se admira V. de que examinando veinte etimologías me permita decir de las ciento o más restantes que ni una sola me convence. <<V ha imaginado que esas diez y ocho o veinte definiciones bastan para echar sobre el resto de mis ejemplos la nota de disparatados.» Esto es, era necesario que yo escribiese otro libro para para demostrar que no encontraba ninguna satisfactoria. Ni tengo el tiempo para tales cosas, ni era necesario para lograr mi intento; los lectores profanos no habían de leerlas y los que entiendan de estos estudios tienen de sobra. Con apuntar etimologías como la de dioivo «la ajustada en forma y acepción», y la de cheirar. Hay botones de los que basta solo una muestra.

El resultado de mi tarea alarma a V, por modo extraordinario, sin perjuicio luego de decir que el caudal por mi encontrado es demasiado pobre, ¿No advierte V en esto una verdadera incoherencia?. Su caudal es raquítico y menguado para defender la etimología helénica de los demostrativos, pero considerado en el mismo resulta excesivo; por que todo sobra. Bien que esta advertencia mela hubiera ahorrado V leyendo mis artículos.

 Ahora veamos los procedimientos de derivación del Sr Riega para juzgar de la fuera de sus etímologías.

1º leyes fonéticas: el Gallego prescinde cuando le conviene de las deslumbrante ley de las tónicas; éu de ego,pai de peán o de paidogónos, nai de naitéira, contra de cutreus, etc, esta nueva ley es tan general que conviene a la mayor parte de las palabras que el señor Riega expone: ensancha sus palabras con todas las vocales y consonantes que necesita; quenlla de canca, etc., etc, la t entre dos vocales la convierte en z, bouza de boutes: el grupo griego rg se convierte en gallego en ndr; Andras de argas; la ps griega unas veces la convierte en s: Sarela de psaros; pero otras en pes; psao que formó pesacho y luego besacho y luego sacho: las aféresis son de nuestro idioma radicales; Tamoege de podamos: el sonido de g suave se convierte en x; beixons de lengos; los diptongos ei, y ou pueden salir de cualquier cosa; Freilosa de freatecios, balouta de ballote, Sieiro de Sinion, touzal de toos, Meisidos de mysis, peirado de Pireo, etc., etc.; la l antes de consonante la suprime; ameixa de almes, y otras muchísimas parecidas a esta

2.°Leyes semánticas: El gallego no ha sacado como los demás idiomas del universo sus nombres de otros nombres, y sus verbos de otros verbos sino que goza en este punto de la más cumplida libertad; diovo de dioo, yo disperso, peletres de pelos, yo apróximo, sacho de psao, yo rasco, louzo de loazo, soy movido con mucha rapidez (hasta el touzo nos resulta urbano en la semántica del Sr Riega) y moucho de mudsao, yo chupo: el gallego no ha tomado las palabras griegas de significado concreto, para su uso particular; así para inundación no tomo cataclismos sino dioo, yo disperso; para almeja no tomo el griego miakes sino almces, la salada; para mochuelo no le pareció bien el griego glaux sino que sacó un mudso, yo chupo, para padre y madre no eligió el pater y meter griegos sino un pean Apolo y naiteira ó netera, señora de la casa; para indicar la mugre no tomo el de la mugre en griego, rupos, sino cútreos, el alfarero, y así en la mayor parte; en las que no concretó el significado lo tomo por el lado mas extraño; de xeros, seco, hizo un cheirar, oler (xerametra, medidas de cosas secas decía el buen Homero); de strobos, giro, remolino, hizo un estrobo, cuerda para atar el remo; de iscoo, tener poseer, retener, hizo un isca; anda de ahí; de tolos, revuelto, rápido, hizo un tolo, tonto: para la denominación de lugares no aceptó los significados corrientes sino otros más pintorescos; Bou, buey;, Argonte, magistrado; Astray, jumento; Bais, ramo; Bora, forra; je; Corcubión, hortaliza silvestre; Candas pieza de hierro en los: carros; Corisea, vaca nueva; Facos, lenteja verde; Geve, chinitas del río; Goris, aljaba, Magan, cuba de vino; Macara, -cosa buena; Mendo, dios Fan; Nodar, recien desollado; Sieiro, cribo, Sisan, peregil, etc. No estará de más advertir que de esta libertad usó solo con las palabras griegas; con las pobres latinas no cumplió más que las prosaicas leyes de todos los demás idiomas,

3.° Composición: Los medios de composición del griego se olvidaron aquí bien pronto y en cambio se inventaron otros jamás oídos ni imaginados; para el diluvio o inundación se hizo un dioo-ibu, yo disperso grandemente, y, para nombrar la tolva se hizo un tolobos, lo lóbulo, gastándole de paso una broma a la concordancia y a los molinos griegos.

4.° Derivación: En esto debía andar tan flojo el griego que no acertó a meternos en la cabeza una terminación siquiera; Hermelo de Hermes,Lardoeira, de lardos,Pulledo de poulles, chouza de xoustos, cadaneira de cataneuo. Sin duda los gallegos no tomaron palabra por palabra, sino que estaban fuertes en Tematología y se aprendieron solo las raíces para darles ellos derivaciones a su gusto. Al pobre vascuence que nos había dejado vocablos claros, evidentes, incontestables, como Abelao,Acíbal,Geleiro, Chedas y otros, no le dejamos una mala terminación más que el cho diminutivo, y aun ese quedó solo como padre de unos cuantos engendros híbridos; berbericho del griego berberí,sacho del griego psao, etc.

Como si fuera el griego una lengua de la que quedara un centenar de raíces, apenas una sola palabra aparece en todo el libró en que se vea la transcripción concreta que los demás idiomas han hecho, en la forma y en el significado al recibir sus vocablos. Los mismos nombres geográficos que ni huellas tienen de estar informados por la derivación latina, no han logrado encontrar en el griego un nombre al que por su forma y significado puedan ser razonablemente referidos.

Y todos ellos siguen una novísima fonética, la desconocida de todos los romanistas, de cuyas leyes acabo de dar una ligera muestra a los lectores: como si las palabras no latinas que el gallego pueda conservar de otros tiempos no estuvieran sujetas a las leyes y principios de la fonética común.

En cambio, donde hay que hacer cuestión aparte, en la simple filiación de los nombres geográficos, hace V. consideraciónes las más raras, o intenta demostrar con, ello mi ignorancia de la fonética gallega. «Así es como viene V a corroborar mi afirmación de que ciertos latinistas no conocen nada de Galicia y prescinden de aquellos antecedentes (la toponimia) para decretar lo que les place acerca de la fonética galaica» y a renglón seguido censura gravemente que yo olvide «la opinión general y científica de que en los nombres locales suelen encontrarse datos etnológicos históricos y lingüísticos>>. No me atreveré ni me he atrevido nunca a negar que en los nombres locales puedan hallarse datos etnológicos é históricos, y aún me alegraré muy mucho que de los de Galicia siga V. sacando todas las historias que el cielo le depare: pero en cuanto a los lingüísticos haré una distinción a la opinión científica de V: Cuando se trata de estudiar la procedencia de una lengua hay que empezar (aparte de la gramática) por las palabras llamadas demostrativas, después por las usuales de la familia, de Dios y de la casa, etc., y dejándolos a un lado se pueden buscar las etimologías de los nombres geográficos, siempre que esos nombres no tengan a la vez vida en otros objetos comunes. Tan esto es así, que hay pueblos en que su lenguaje y sus nombres geográficos tienen distinto origen. La razón es porque la toponimia, riqueza inmueble de las generaciones, perdura como los valles y las montañas a que denomina, mientras las lenguas oscilan y se marchan como el oleaje de las civilizaciones y de los pueblos.

La toponimia gallega, como la española y casi toda la europea, solo puede aclarar sus etimologías por exclusión; aislándolas luego de depurar el elemento latino. Después de esto solo se irá sabiendo algo cuando estén más avanzados los trabajos de reconstitución de las lenguas célticas y del vascuence y cuando se saque algo en limpio de esa maraña sin cabo de la etnología prehistórica. 

La toponimia gallega tiene un caudal enorme anterior a nuestra latinización ¿Cual es el origen de estos elementos?. Difícil es saberlo en concreto; pero la derivación griega, por las trabas de las etimologías del Sr: Riega, no lleva camino de resolver el problema.

V. García DE DIEGO.

(Secontinuará.)

Etimologías Gallegas XI

ETIMOLOGÍAS GALLEGAS

Diario de Pontevedra 7 Febrero 1905

(Continuación)

Etimologias Gallegas 07:02:1905Si mis raciocinios fuesen débiles y mi argumentación careciese de fuerza para persuadir, es seguro que V. no se habría tomado el trabajo de batallar a favor de lo que ea otro caso no merecería la pena de emplear tantos esfuerzos dice V, buscando un esfuerzo para su teoría del articulo gallego.

Sólo por si algún lector poco vareado en tales materias leyera esto, he de advertir que mis esfuerzos se han reducido a indicar lo que esta ya consignado como doctrina elemental y sabida no solo de los que el autor llama latinistas castellanos sino de todos los libros modernos, sin exceptuar uno solo, «Si el pronombre latino illo.illa no era átono y tenía sílaba acentuada ¿cómo puede negarse la misma condición al artículo vulgar illa,illa, siendo exactamente iguales?» la igualdad de la forma es lo que exigía precisamente distinta pronunciación. Hemos visto ya en el artículo anterior que exactamente iguales son el verbo cómo que el adverbio como el verbo Pára que la preposición para, el artículo el que el pronombre él, etc., etc., y sin embargo uno lleva acento y otro no? ¿Es justificado este tesón en negar un hecho que cada lector puede comprobar?

Esta atonía, exactamente igual en latín que en el castellano, le parece al señor Riega – impenetrable enigma «Encerrados en él sanctasanctorum acordaron (los latinistas) que esa atonía sea dogma impenetrable para los simples mortales, aunque se dé de cabezadas con el sentido común porque este no puede aceptar, ni aceptará jamás que una palabra de dos silabas; suelta o acompañada, carezca de tónica en cualquiera de ellas> Así, con toda ésa insistencia y energía para que no se dudé de su seriedad.

«Yo he combatido, añade, la existencia del artículo vulgar latino, sino el recurso originalisimode los latinistas de suponer que el castellano eligió la sílaba de il-lóy el gallego la vocal terminal o para sus artículos. Tan originalísima fue esta separación de sílabas que la cumplieron sin excepción todos los romances; el itaiiano se quedó con las dos, il yloel castellano coa la primera para el masculino, él, y con la segunda para los otros géneros la,lo, el aragonés y el leonés con la segunda, lo la, para todos los géneros. A menos que el Sr. Riega no nos consienta derivar del illo todas estas formas.

Que por qué sabemos que el articulo latino era átono para hacer posible la pérdida de la primera sílaba?. «Los latinistas han convenido en que se considere dogma esa diferencia (la de la atonía del artículo respecto del pronombre) sabiamente inventada; en que se tenga por reprobo y por ignorante a quien la niegue, y porque illo, artículo, es átono, y porque illo, pronombre, no lo es.» No, Sr. Riega, no. Los libros romanistas no contestan a nada de estas. cosas, pero es porque no se leen. Ellos le enseñarán cómo ese efecto de la atonía de los artículos en todos y cada uno de los idiomas de la Romanía no pudo nacer por un convenio sino por una causa común, que era la atonía del mismo artículo illo latino. Esta atonía permitió esa pérdida de la silaba primera del artículo; castellano lo,la; francés le,la; aragonés y leonés lo,la y o,a; italiano lo,la; y también sin excepción hizo conservar el acento la primera sílaba del pronombre; castellano, el,ella,ello: gallego el, ela: francés, il,elle, etc.

Esta uniformidad déla persistencia de la primera sílaba en el pronombre y de su pérdida en el artículo nació como, efecto natural de la diversa pronunciación del illo latino cuando era artículo y cuando era pronombre. En el primer caso se pronunciaba sin acento, como los artículos de los romances, y en el segundo con él, como lo siguen practicando los romances todos.

Esto es, el castellano, el gallego y los demás romances pronuncian sin acento su artículo con tanta uniformidad porque así mismo se pronunciaba el articulo illo latino, y dan acento a la primera sílaba del pronombre, porque ese acento lo tenía así el pronombre illo.

Tan perfectamente perdura esta tradición del acento latino que en el caso único en que el pronombre lo usaban como átono, el que los romanistas llaman caso de régimen, perdió también constantemente la sílaba primera, pérdida imposible en la pronunciación general del pronombre.

Este caso de régimen con su consiguiente atonía originó las formas que por eso siguen átonas: castellanas le,la etc. (medíjo, dígote, mirándole, oyéndola): gallegas, lle etc (llepréude, llaséi); francés le,lui etc. (pourleservir, luidevrá, leurrevelará.).

Sintetizando esto en dos palabras para que el lector lo vea claramente, diremos: Todas las lenguas neolatinas, castellana, italiana, etc. y todos y cada uno de los dialectos conservan sin acento el artículo, acentuado el pronombre en general, y sólo sin acento éste cuando está en el caso de régimen. Esta uniformidad en el uso tan admirablemente complejo del illeo illo latino es claro que no pudo nacer casualmente en idiomas tan distintos, sino que acusa un origen común, el latín que informó a todos ellos. Aparte de la razón de que por lo mismo que el illo tiene la misma forma siendo artículo que pronombre tenían que diferenciarlo en la pronunciación. Esto argumento ha sido la piedra de toque para muchos caracteres de los romances.

«Que no puede atribuirse el o navarro a los griegos ¿Pero aduce este caso aislado con verdadera sinceridad como prueba de que tan solo pretende hacer leales advertencias? ¿Pues no sabe V. que ese o navarro existe con escasísima aplicación en limitada comarca de Navarra, finítima de las provincias vascas y que es simple modificación del indicativo éuscaro a?» No, Sr. Riega, no sabía nada de esas nuevas del; o navarro que V, me trae, ni las sabíamos nadie. Porque, la verdad, que ¿a quién se le ocurre decir que tenía tan escasísima aplicación en esa provincia finítima el artículo o a y os,as, que sé usó más o menos generalmente en Aragón, Navarra, León, Asturias, Galicia y Portugal? Y como si fuera cosa sabida su jamás vista ni soñada etimología del tal o, a navarro, exclama «¿Pues no sabe V. que ese o navarro es simple modificación de indicativo éuscaro? Siento el disgusto que mis negativas le proporcionan, pero le confieso que antes creería si V. defendiera la oriundez gallega de Colon o Teopompo que la tal procedencia vascuence del , a yos,as. El vascuence tiene un artículo a que se suelda por e! ñu á las palabras y un ak para el plural. Pues de este a es de donde el señor Riega saca ese o,a, o. y de ese ak el os,as. ¿Habráse visto cosa semejante? que diría el Sr. Riega.

Pero por si era poco permitirse esas bromas con la fonética, no ha caído el señor Riega en una pregunta que se les ocurre a todos los lectores. Si ese o,a,oy os, as, del artículo navarro es igual al aragonés, al leonés, al asturiano, al gallego y al portugués ¿a qué diablo acude V, al griego para el gallego, y al vascuence para todo, lo demás? Porque esas formas no fueron exclusivas de Navarra, sino que alternaron con el lo,la.los,las en todas esas regiones. Si pues los artículos gallegos son posos helénicos, habrá que resucitar las divertidas teorías de la helenización, completa de España,

Como si todo esto no metiera por los ojos la etimología latina de todos los artículos do España y de todos los dialectos ylenguas de la Romanía, aun se ve mejor tal procedencia viendo el fundamento de la pretendida derivación griega.

El griego tenía un artículo jo,jee,io, o si V, quiero ho,hee,io, y en plural , ai, ta. Lo natural es que el gallego hubiera tomado tal articulo como es, en un casó o en otro, pero nada de eso; al adoptar el artículo griego eligió para el masculino el artículo ho, para el femenino singular echó mano del dual, que ocurrencias! nada menos que del adjetivo o pronombre relativo: y para e! plural …..para el plural no nos dice nada,pero elos, as, debió salir de algún otro escondrijo semejante.

Como hechos «documentados y probatorios» de la antigüedad del o artículo en Galicia cita el Sr. Riega los nombres Olysipo anterior a la era cristiana, Ocobre (El Grove), del siglo IX; Ogirez (El Gerez), del siglo X y Oporto (El puerto), del siglo XI. Así, con cuatro ejemplos, como si nada significaran los millares de veces en que so descubre viviente el illo latino.

Pero aún estos cuatro ejemplo no son exactos. El Olysipo es en todos los buenos textos Ulyssipo (ya se fue a paseo el artículo o). El fundamento del Sr. Riega es una etimología del seráfico Varron, el ocurrente etimologista de lapis (laederepederem) y de cadavér (caro data-vermibus).

El Ocóbre no tiene un artículo en su o, sino que esta letra forma parte de su raíz. La razón es fuerte. Buscando documentos ha encontrado el Sr. Riega, que esa o se pega a cuatro palabras, esto es, que es un fenómeno rarísimo. Pues bien, yo lo diré que la tal palabra llevó siempre la o.

Si en la donación de Alfonso III a la iglesia de Santiago dice ininstilaOcobre, en la Confirmación del Obispo Sisnando al abad Suto del Monasterio de San Martin Pinario repite SanctumVicentiumdeOgobre y vuelve a repetirse en un privilegio de Alfonso VII al mismo Monasterio EcclesiamsanctiuicencüdeOgobre, y en un privilegio de Gelmirez: Ogrobe.

La diplomática gallega que tiene esa media docena de pseudo artículos se pondría tal vez de acuerdo para aplicárselos al pobrü Ocobre. Cuando nadie le pedía etimologías latinas nos regala el Sr. Riega este culebrón.

Más lógico es pensar que después se tomó tal o como artículo, como en bispo por obispo. Lo mismo digo del Oxirez. Y en cuanto al Oporto del siglo XI.., respeto sin vacilación la veracidad de V. pero me permito negar la del documento;

Si no hay que cantar los funerales a su o griego, será preciso confesar que tiene siete vidas como los gatos.

  1. García DE DIEGO.

    (Se continuará)

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