Celso García de la Riega

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Un Dibujante Llamado Celso García de la Riega

El artículo publicado esta entresacado de una Tesis doctoral de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Santiago de Compostela.  La tesis me la consiguió Sonia Barja que  ya aportado algún que otro documento a este Blog aparte de los comentarios realizados por ella en más de un artículo.

Es una tesis que consta de 600 páginas yo solo he entresacado lo referente a Celso García de la Riega ya que nos habla del personaje y de su faceta como dibujante de la Sociedad Arqueológica. Por tal motivo y lo interesante que me parece para conocer más al personaje, Celso García de la Riega, publico alguna que otra cosa dicha en la Tesis acerca de Celso García de la Riega.

El ambiente cultural de la Pontevedra finisecular era férvido, gracias a una generación de intelectuales y artistas cuya huella fue significativa; las tertulias se convirtieron en algo habitual y eran frecuentadas por figuras como José Echegaray, Concepción Arenal y Jesús Muruais. Además, surgieron la Sociedad de Recreo de Artesanos, el Liceo Casino, la Sociedad Gimnasio y la Escuela de Artes y Oficios. En ese contexto de renovación y reanimación cultural se contextualiza la iniciativa emprendida por Casto Sampedro.

Resulta difícil resumir en unas líneas el trabajo llevado a cabo por la Sociedad y han sido numerosos los historiadores que le han dedicado diversos artículos y publicaciones. Su prioridad principal aparecía ya enunciada en el artículo 1o de su Acta Fundacional: “esta Sociedad tiene por objeto el estudio de las Ciencias arqueológicas, la adquisición y conservación de todos los objetos de algún mérito, y el fomento de esta clase de estudios”; y sus objetivos eran similares a los propuestos por otras agrupaciones coetáneas, esto es, estudiar y conservar aquellos “objetos antiguos de algún mérito arqueológico con los que irá aumentando el Museo”.

Los hombres de la Arqueológica defendían la idea de que los vestigios materiales de nuestro pasado, además de ser útiles para comprender el presente, tenían que ser conservados, tutelados y valorados para ser trasmitidos a las generaciones futuras El estudio de la historia local implicaba el conocimiento del territorio con excavaciones que permitiesen realizar investigaciones de carácter científico y riguroso. Por ello, pese a que muchos de los integrantes de la Sociedad eran deudores de la concepción romántica de la historia, el rigor científico estuvo presente en todos sus trabajos, caracterizados por la utilización de una metodología moderna y precisa.

Los proyectos impulsados y desarrollados en el seno de esta Sociedad fueron numerosos –exposiciones, recopilaciones de música popular, de leyendas de Galicia, diccionario de la jerga de los canteros, corrección y aumento del diccionario gallego, restauraciones, etc., pero, el que tiene mayor importancia para esta investigación es el interés que manifestaron por la reconstrucción plástica de la Pontevedra antigua. Esta idea contaba con el precedente de Celso García de la Riega, quien, poco tiempo antes, había realizado numerosos dibujos del trazado y de las puertas de la muralla medieval.

Muchos de los dibujantes eran artistas propiamente dichos, como Enrique Campo, Carlos Sobrino, Alfredo Souto o Castelao, mientras que otros procedían de otras disciplinas y motivados por un gran interés cultural colaboraron con bocetos y apuntes. Ciertamente, los testimonios de estos últimos, entre los que podemos citar a Celso de la Riega, no poseen un interés artístico, pero nos aportan información de carácter documental que se basaban en la documentación antigua y los dibujos realizados del natural antes de que se destruyesen muchos de los monumentos.

Lo que nos interesa en este caso son aquellas imágenes de diversos rincones urbanos de la ciudad, que se singularizan por su carácter de instantánea para tratar de dejar testimonio de unas construcciones desaparecidas o a punto de hacerlo. Así Federico Alcoverro, Celso García de la Riega, Adolfo Vázquez, Luis Gorostola y Mariano Cousiño nos dejaron interesantes dibujos sobre aquellas edificaciones más emblemáticas que ya habían sido demolidas, entre las que destacaban la casa de los Condes de San Román, la de los Churruchaos, el hospital e iglesia de San Juan de Dios, la antigua bastida y la cerca. Otros, como Enrique Campo, Carlos Sobrino y Alfredo Souto se detuvieron en plasmar rincones, plazas y edificaciones más modestas del urbanismo pontevedrés que comenzaban a perder el carácter y la función originaria. Todas ellas forman parte de la memoria gráfica de la ciudad y constituyen una interesante fuente para el conocimiento de la imagen colectiva que se tuvo de la escena urbana.

Vista de Pontevedra

Vista de Pontevedra

Celso García de la Riega realizó dos lienzos titulados Vista de Pontevedra  y Vista parcial de Pontevedra . Como se comentará seguidamente, De la Riega fue uno de los colaboradores más asiduos de la Sociedad Arqueológica y se le conoce por sus estudios dedicados a la figura de Cristóbal Colón. Era solo un aficionado al dibujo, pero realizó numerosas láminas para reconstruir la estructura que podían haber tenido algunos de los hitos más emblemáticos en los siglos XV y XVI; por el contrario, en las vistas generales de la ciudad optó por mostrar el aspecto del paisaje urbano en la época, abandonado el punto de vista predilecto que habían adoptado la mayor parte de los autores y situándose de espaldas a la ciudad para ofrecer una panorámica diversa. Ambos lienzos fueron elaborados a finales del siglo XIX, coincidiendo con un momento en el que ya se habían concluido las principales y más drásticas intervenciones en el trazado urbano de la ciudad que modificaron su perfil urbano. De todas formas, todavía conservaba parte de las

Vista Parcial de Pontevedra

Vista Parcial de Pontevedra

edificaciones de A Moureira, muy alterada tras el trazado de la línea férrea. Primeramente, presentó en el margen izquierdo del lienzo, el convento de Santa Clara, cuya situación delata su ubicación fuera del antiguo recinto amurallado y sobre él, en una posición privilegiada, observamos las dependencias del convento de San Francisco, retratado como una gran mole pétrea con huerta, que oculta la capilla de la Peregrina identificada por sus dos torres. Entre las construcciones sacras destacan, además, el convento de los jesuitas y en el último término los ábsides de Santa María. Al tratarse de un perfil urbano, no se distingue el entramado urbano, pero su detallismo permite constatar la situación de la Plaza de la Verdura, gracias a un elemento que la caracterizó hasta la segunda década del siglo pasado: la gran chimenea de la fábrica de la luz. Por su parte, en la vista parcial no incorporó ningún elemento novedoso y está tomada desde el mismo punto de vista, con la salvedad de que, como indica su título, abarca una menor superficie y solamente incluye el convento de Santa Clara, el de San Francisco y la capilla de la Peregrina.

Además, contamos con algunas reconstrucciones plásticas realizadas a principios del siglo XX, sobre todo, por Celso García de la Riega, basadas en sus estudios y en los de la Sociedad Arqueológica, y un ejemplo de Adolfo Vázquez.

Fue Celso García de la Riega el que nos legó un mayor número de imágenes. Desde el 1900 intensificó su colaboración con la Arqueológica, manifestando un gran entusiasmo por el proyecto de reconstrucción monumental de Pontevedra. Su disposición hacia la historia le animó a crear una colección de ilustraciones dedicadas a aquellas construcciones que estaban siendo aniquiladas. Realizó una estampa de cada una de las puertas principales de la muralla, con unas características compositivas muy similares . En todas sus láminas optó por concederle el protagonismo una puerta, pero en un segundo plano introdujo alguna de las construcciones más significativas, además de una serie de personajes que aluden a las actividades propias de cada zona. Se trata de un

Colegio de los Jesuitas y Puerta del Berrón

Colegio de los Jesuitas y Puerta del Berrón

conjunto de láminas de pequeñas dimensiones, datadas a principios del siglo XX y ejecutadas con una técnica mixta que combina la aguada con el dibujo a lápiz o a tinta. De la Riega se interesó especialmente por la historia medieval y se decantó por reconstruir el aspecto que podía haber tenido el recinto en su época más esplendorosa, es decir, en los siglos XV y XVI. La muralla presenta unas dimensiones

considerables, está almenada y con varios torreones defensivos, propios de la arquitectura medieval. No obstante, existen dos que la muestran en una época diversa: Pontevedra en el siglo XVIII: El Colegio de los Jesuitas y la Puerta del Berró  y la Puerta de la Peregrina hacia 1850 . En ambos casos ha perdido las

Puerta Peregrina

Puerta Peregrina

almenas y aunque en la primera todavía se mantiene el muro de mampostería, en la segunda la puerta está rematada con una balaustrada, que evidencia su adaptación a los gustos de la época.

En las láminas restantes, su detallismo permite observar los distintos materiales y técnicas empleadas en su construcción; así, los

Torre del Puerto

Torre del Puerto

accesos eran de sillares y el resto del paramento mural de mampostería. Pese a las diferencias de estos dibujos, todos presentan una serie de constantes que confirman su autoría y permiten individualizar su producción. En primer lugar, es conveniente destacar que este autor, a diferencia de otros aficionados o artistas, se dedicó casi exclusivamente a retratar aquellas zonas más emblemáticas de la villa de cuya destrucción fue testigo, manifestando una clara predilección por la interpretación de la arquitectura desaparecida; por otro lado, toda su obra destaca por la búsqueda de veracidad histórica a través

Puerta de Trabancas

Puerta de Trabancas

de un dibujo minucioso que tenía como fin último documentar gráficamente el trabajo de investigación que se estaba fraguando en el seno de la Arqueológica.

Como adelantábamos, la cerca medieval aparece sintetizada a través de las puertas de mayores dimensiones. Destacan por su forma de torreón y tras ellas, suelen situarse alguno de los hitos urbanos de la villa: la iglesia y el convento franciscano, el de Santo Domingo, el de Santa Clara, el Puente del Burgo o la Fortaleza Arzobispal. Este recurso compositivo, además de generar profundidad espacial, le sirvió como pretexto para presentar las arquitecturas más simbólicas de Pontevedra. Por último, incluyó una serie de personajes, ataviados con la indumentaria de la época, que animan la imagen y contribuyen a incrementar la sensación de instantánea.

Casa Torre de la Familia Montenegro

Casa Torre de la Familia Montenegro

Dentro del conjunto de láminas de este autor, conviene destacar una, atribuida inicialmente a Adolfo Vázquez. Se trata de La Puerta y la Torre de Santa María (figura 116). Su interés radica en que interpreta esta zona de la ciudad en un momento clave de su desarrollo urbano, esto es, cuando se estaba construyendo la iglesia de Santa María que, desde entonces, se convirtió en uno de los monumentos más representativos. La puerta remataba a modo de torreón almenado y contaba con un acceso formado por un arco apuntado y un vano superior. Tras ella se encontraba la Torre de la Familia Montenegro, una arquitectura que enfatizaba el carácter fortificado del burgo, y como telón de fondo situó la iglesia de Santa María.

Para valorar la importancia de estos testimonios debemos tener presente que su objetivo final era instrumental y que pretendían contribuir a un mejor conocimiento de la propia arquitectura. Surgieron como fruto de un trabajo de investigación y de la reflexión sobre las alteraciones que estaban afectando a la urbe. La muralla fue durante muchas décadas motivo de rechazo y desprecio para los partidarios de la modernización urbana y arquitectónica, pero, para otros, representó también el último episodio, tal vez el más decisivo, de la pérdida irreparable del patrimonio histórico y monumental de Pontevedra.

Torres arzobispales

Torres arzobispales

Ya en la primera década del siglo XX, Celso García de la Riega realizó un óleo y un dibujo  que testimonian su afán por la investigación y la reconstrucción plástica de algunos de los monumentos más emblemáticos de Pontevedra. Reprodujo la fachada que miraba hacia el interior de la villa y, como en los casos anteriores, el protagonismo sigue concentrándose en las torres. A diferencia de sus láminas dedicadas a la muralla, no reconstruyó la imagen que pudo haber tenido la Fortaleza en la Edad Media, sino que, por el contrario, mostró su aspecto justo antes de que fuese demolida.

Los Cruu entroncaron con los Montegro, linaje que poseía una torre en las proximidades de iglesia de Santa María. Poco podemos conocer de esta última edificación, demolida en 1886, aunque conviene recordar que en el dibujo realizado por Celso García de la Riega sobre la puerta de Santa María se insinuaba la presencia del pazo . Se encontraba dentro del recinto amurallado y tenía una torre almenada con entrada desde la puerta de la muralla.

San Bartolomé

San Bartolomé

Quizás la escasez de datos y la prontitud de su demolición contribuyeron a que fuese un elemento poco reiterado por los artistas que trabajaron sobre la arquitectura desaparecida; no obstante, conservamos un óleo y un dibujo de Celso García de la Riega de gran interés documental.

El dibujo a lápiz pertenece a los fondos de la colección de Casto Sampedro del Museo de Pontevedra. Fue ejecutado, posiblemente, como boceto para el óleo definitivo y sus características compositivas y estilísticas son comunes al resto de la producción del artista, que ya hemos analizado. Así, destaca su interés por el detallismo y por la representación del entorno inmediato a la construcción. Para su elaboración García de la Riega utilizó un punto de vista frontal que le permitió representar la fachada principal del templo y algunas de las construcciones vecinas. Según su interpretación, nos encontraríamos ante una iglesia de tres naves, con campanario y atrio de acceso que, tal y como nos muestra, era utilizado como lugar de reunión. A pesar de que se trataba de una iglesia románica, sufrió diversas reformas, alteraciones y añadidos a lo largo de la Edad Media y Moderna, como el rosetón incorporado en el frente principal durante el siglo XVI. Esa fachada se abría a una plaza que se encontraba en un ligero desnivel con respecto a las calles colindantes y estaba presidida por un crucero. La delimitaban diversas edificaciones medievales que recordaban el carácter fortificado de la ciudad del Lérez; así, en el flanco izquierdo observamos una de las casas-fortaleza de la villa, mientras que en el derecho, apreciamos la presencia de la casa das Campás o el Palacio de Pardo Lis, de la que todavía se conservan algunos de sus elementos más singulares. La primera se caracterizaba por la torre de tres cuerpos con balcón corrido y remate almenado, cuya ornamentación se limitaba a la labra heráldica con los linajes de los Ozores, Puga, Sotomayor y Correa. Por su parte, la casa de las Campás era una vivienda de estilo gótico tardío y una de las más antiguas de Pontevedra, con un balcón corrido sobre seis canzorros pétreos en la fachada de la calle de Don Filiberto.

San Bartolomé, ya tratado en el apartado dedicado al templo, nos presentaba una pequeña plaza en desnivel rodeada de interesantes construcciones civiles con la iglesia en el centro; además, García de la Riega incluyó una serie de figuras bajo el atrio, para incidir en su función de lugar de reunión.

Iglesia convento de Sto Domingo

Iglesia convento de Sto Domingo

Por último, antes de abordar las representaciones que muestran el interior, debemos comentar una reconstrucción hipotética de Celso García de la Riega. Su importancia deriva de que se trata de uno de los testimonios que nos permite conocer cuál pudo ser el aspecto originario del convento. De la Riega se remontó al siglo XV, momento en el que el conjunto estaba prácticamente concluido, imaginándolo como un templo de cruz latina con una sola nave con crucero, transepto sobresaliente y un atrio de acceso; en su fachada principal se abría una puerta con un arco de medio punto y arquivoltas ricamente decoradas y otro pequeño hueco que comunicaba con algunas dependencias conventuales. Además, destacaba el rosetón ornamentado con puntas de diamantes, que fue trasladado con posteriormente al muro sur. El convento tenía también una sacristía, situada al lado de la segunda capilla absidial de la Epístola, un claustro y una sala capitular y albergaba numerosos enterramientos, de los que conservamos las laudas de María de Bayón, de Pedro Pérez de Oubiña, de fray Juan Ferrando, del prior Petrus Iohannis, de fray Domingo de Linares, de la familia de Maldonado o Aldao, de Don Álvaro de Sotomayor y doña Inés Enríquez de Monroy, entre otras que no han sido identificadas. Como en sus otras obras, optó por incluir el entorno de la construcción, situando en un segundo plano parte de la muralla.

Abside  San Francisco

Abside San Francisco

En cuanto a las reconstrucciones hipotéticas, De la Riega tituló a una de sus láminas “Pontevedra en el siglo XV: ábside de la iglesia de San Francisco y Torre de los Abades” para incidir en los elementos que representó. El dibujo nos permite apreciar el desnivel de las alturas y el predominio de la cabecera, caracterizada por los grandes ventanales de doble arco apuntado, separados por contrafuertes, y divididos en tres cuerpos escalonados. Su detallismo hace posible distinguir los motivos decorativos de la cornisa de remate, formada por cobijas en chaflán y canecillos de tipo geométrico. Por otro lado, incluyó una de torres más interesantes de los muros pontevedreses, la de los Abades. Sobresalía con respecto a la cerca, era de sillería, contaba con un balcón y remate almenado y estaba comunicada con el tempo.

Otra de sus láminas formó parte también de serie dedicada a la reconstrucción de la muralla. En este caso, situó al convento en segundo término, para señalar su

Puerta de Trabancas

Puerta de Trabancas

posición intramuros, en un terreno rodeado de árboles, incidiendo en la ordenación de los diversos volúmenes con un transepto pronunciado.

Su última representación es una reconstrucción hipotética del templo visto desde el norte que permite intuir su aspecto original. Nuevamente, recalcó su posición

Reconstrucción convento San Francisco

Reconstrucción convento San Francisco

separada del caserío mediante un pequeño muro al que se abrían dos puertas. Debido a la irregularidad del terreno, en el acceso principal se situaba una escalera de doble tramo. La fachada se caracterizaba por el rosetón reconstruido a principios del siglo XX y la puerta principal, formada por dos arquivoltas apuntadas, molduradas en nacela y rematadas en un junquillo, y se abría hacia un pequeño atrio de acceso.

La puerta poseía unas características similares a las reflejadas por Celso García de la Riega, puerta Peregrina; había perdido su remate almenado y remata en una sencilla balaustrada. Por otro lado, en el entorno más inmediato a la capilla había otro tipo de edificación que prescindía del soportal y se articulaba mediante ventanas balconeras con barandilla exterior.

Para finalizar la ponente menciona un plano de Pontevedra que se lo otorga a Federico Alcoverro, pero que en el Museo de Pontevedra esta otorgado a Celso García de la Riega. Expone:

Plano que data de principios del siglo XX y fue concebido dentro del proyecto de Pontevedra antigua, por lo que pudo ser realizado por Federico Alcoverro, quien, como se verá en las páginas sucesivas, realizó buena parte de las láminas (figura 118). Se trata una reconstrucción hipotética de la planta de la ciudad en el siglo XVI y muestra el trazado de la muralla, el parcelario y la situación de algunos edificios, calles y plazas. El recinto mural está delimitado por una línea carmín, indicándose la totalidad de sus puertas, postigos y torres: la de Trabancas, la de Rocheforte, la do Verrón, la de Fernán Gutiérrez, la del castillo del puente, la del do Ponte, la del muella, la de Xan Ruyboo, la de la Barca o Galera, la de Santa María, la Bastida, la de de Santo Domingo, la torre de los Abades,

Plano de Pontevedra

Plano de Pontevedra

do Rouco y do Ouro. En el espacio intramuros muestra especial interés por ubicar algunas de las plazas y espacios de uso colectivo más significativos, como el eirado das Torres, en las proximidades de la fortaleza arzobispal y la iglesia de Santa María; la plaza do Açougue, hoy del Teucro; el eirado do Campo Verde, actual Plaza de Méndez Núñez; la plaça de Feira Nueva, esto es, la de la Verdura; y la Plaza de la Leña, conocida entonces como Eiradiño, además del Eirado do Berrón y el de la Fontiña. También sitúa algunas de las calles más singulares, incidiendo en la presencia de soportales en la rúa Alta, la Baixa –actual Amargura, la de Trabancas, la de la Peleteria, etc. Dentro del entramado sobresale, sobre todo, la presencia del convento franciscano, el templo de Santa María y el de San Bartolomé el Viejo, mientras que del resto del caserío tan solo distinguen las parcelas y los espacios libres que se abrían entre ellas. El detallismo y afán documental del autor le llevó a incluir, incluso, algunas de las infraestructuras, como las fuentes. Esta misma atención la dedicó al recinto extramuros y al arrabal de A Moureira mostrando algunas de las calles de mayor relevancia – Rúa de San o Xan Guillermo, Rúa da Prancha ou de San Bartolomé, dos Ferreiros, Nova de Arriba, Nova de Abaixo, da Palla, da Torre y Das Corbaceiras– y los espacios abiertos. Es cierto que estos últimos no eran plazas propiamente dichas, satisfacían numerosas funciones de uso colectivo, relacionadas con las necesidades de sus moradores; me refiero al campo da Feria, el de San Roque, el da Barca, el de Santo Domingo, da Verdade o das Rodas, el do boy y el eirado da Prancha. Por su parte las edificaciones que sobresalen son el convento dominico, en las proximidades do Campo das Rodas, el de las clarisas en dirección al camino que conducía a Castilla, y la pequeña capilla de San Roque. En cualquier caso, nos encontramos ante un plano que destaca por la información que nos aporta para conocer el urbanismo y la toponimia de la ciudad en el siglo XVI y es, además, una prueba de la atracción que sintieron los hombres de la Arqueológica por el estudio de la fisonomía de la Pontevedra medieval.

Fuente: Tesis realizada por Carla Fernández Martínez

Titulo:  Iconografía de una ciudad atlántica. Memoria e identidad visual de Pontevedra

Nota: los dibujos que van acompañando al articulo son de este Blog

 

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