Celso García de la Riega

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Hernando Colón Y La Biografía De Su Padre -Una Parte Falsa Y Otra Verdadera-

Hernando Colón

Hernando Colón

Este post esta entresacado de dos conferencias dadas por Antonio Rumeu de Armas y de Manuel Carrera Díaz, el texto de  este post es extenso pero como me parecen interesantes e ilustrativos he decidido hacer un resumen de las dos conferencias y subirlas en este post, a pesar de su extensión

A Hernando Colón, se atribuye la autoría de un famoso libro que ha constituido uno de los puntales de la historiografía de Cristóbal Colón: la Historia del Almirante, que teóricamente es una biografía de su padre, escrita por quien mejor pudo conocerle y quien más fácil acceso pudo tener a sus documentos.

Hernando Colón destaca por los sobresalientes servicios que prestó a la Corona y al Estado. Fue, entre otras cosas, paje de los Reyes Católicos; acompañante de su padre en la cuarta navegación, apenas cumplidos los trece años; gentilhombre del emperador Carlos V, integrado en su séquito durante el viaje por Italia y Alemania; comisario para dirimir las encarnizadas disputas con Portugal sobre la posesión de las islas Molucas, etc. etc. El eximio cordobés rayaba por su vasta cultura en auténtico polígrafo. Humanista y bibliógrafo eminente, fue además un jurista de nota, cultivando de paso la poesía, la música y la pintura. Sin embargo, las actividades en que más destacó, por la solidez de sus conocimientos, fueron la cosmografía, la geografía y la náutica. 

El libro se publicó en Venecia en 1571, bastantes años después, por tanto, de la muerte de don Hernando, acaecida en 1539. No fue él quien entregó el manuscrito al editor, sino su sobrino don Luis Colón, quien, apremiado por las deudas, se valió de aquellas páginas para salir de un apuro económico, cediéndolas a Baliano de Fornari, el primero de la cadena de personajes que contribuirían a hacer que aparecieran impresas.

Luis Colón, hijo de Diego Colón, fue el I Duque De Veragua, I Duque de la Vega, I Marqués de Jamaica, III Almirante de Indias y Gobernador de Santo Domingo entre 1540-1543.

La historiografía actual plantea numerosos interrogantes sobre la veracidad del libro, parece ya definitivamente claro que esas páginas no salieron, tal como las leemos, de la pluma de don Hernando, sino que sobre unos primeros materiales suyos alguien, sobre quien por el momento sólo se pueden hacer conjeturas, efectuó manipulaciones o reelaboraciones que condujeron al texto que conocemos. Lo prueban los numerosos errores, omisiones, reticencias e inoportunidades del texto, difícilmente explicables en el hijo que escribe una biografía y en el hombre culto que afronta unos hechos que conoce. A decir verdad, da la impresión de que la génesis y publicación del libro responden a un puro intento de explotación comercial: aprovechando las relaciones que don Hernando había escrito sobre los cuatro viajes de su padre, alguien pensó que, anteponiéndoles una parte biográfica y modificando convenientemente lo ya escrito, podían pasar nada menos que por la definitiva biografía de Cristóbal Colón, debida a la pluma del mejor historiador: su hijo Hernando. Todo ello en la mejor tradición, entonces como hoy, del best-seller editorial.

La Historia del Almirante se publicó en italiano, y sólo en italiano. Y no deja de ser curioso que un texto fundamental para la gesta española del descubrimiento de América, teóricamente debido a un personaje tan ligado a SeviJJa como es don Hernando, apareciera impreso en esa lengua. El manuscrito castellano, como hemos dicho, se lo entregó don Luis Colón al estudioso y filántropo genovés Baliano de Fornari, al parecer en pago de una deuda, y éste, con aquél en sus manos, acudió a Venecia con la intención de que se publicara simultáneamente en tres lenguas: italiano, castellano y latín.

No estará de más añadir que el duque de Veragua, siempre falto de numerario, pensó obtener provecho económico en 1554, con la edición del Diario de a bordo de la primera navegación. Con dicho fin obtuvo el oportuno privilegio del rey Felipe II. Sin embargo, no llevó a efecto su propósito, dando por ello pie a la pérdida del texto en toda su integridad. Por igual razón la Historia del Almirante debió ser otro de los objetivos en sus planes crematísticos.

Por tanto nos encontramos con una historia del Almirante que desde el siglo XIX ha tenido sus seguidores y sus detractores. Entre los primeros tenemos a: Washington lrving, Cesare de Lollis, Eustaquio Fernández de Navarrete o Martín Fernández de Navarrete.

Entre los segundos tenemos a: don Manuel Serrano y Sanz y don Antonio Ballesteros y Beretta, quienes aceptan la autenticidad del libro en sí, aunque oponen reparos a la veracidad del mismo.

El juicio de Serrano y Sanz es sumamente certero: «Lo primero que salta a los ojos al examinar la Historia de D. Fernando es lo impropio del título, pues no es más que una relación de los viajes y descubrimientos de su padre, hecha en vista de documentos fidedignos; el resto de la biografía de D. Cristobal es poco, escrito con un desconocimiento inconcebible de los hechos de aquél antes de venir a España; con errores manifiestos y omisiones intencionadas… D. Hernando, según el mismo confiesa, no tuvo de joven curiosidad por conocer la vida de su padre, y luego continuó en la misma ignorancia… Extraña es la poca información documental que tuvo… fuera de lo que atañe a los viajes de su padre; se reduce a unos documentos, en su mayor parte muy discutidos y discutibles…».

Don Antonio Ballesteros no oculta su juicio adverso ante los dislates contenidos en la Historia del Almirante: «No se trata de una fuente cristalina; sus aguas turbias arrastran bastante fango intencional… En algunos dislates no siempre alcanzaremos el porqué de la desviación errónea… Adelantemos que algunas de las incongruencias no deben ser claramente atribuidas a Hernando, sino al interpolador o manipulador del manuscrito».

Dando un paso más, nos encontramos con un numeroso grupo de detractores, que han volcado su esfuerzo, con mejor voluntad que fortuna, en invalidar y destruir la obra histórica de Hernando, negando las más de las veces su propia paternidad. Entre los historiadores de esta facción merecen ser recordados Gallardo, Harrisse, Carbia, Magnaghi, lmbrighi, Cioranescu, etc.

El testimonio de los escritores de la época nos retrata a Hernando como un hombre recto, serio, riguroso, esclavo de la verdad, ponderado e introvertido; amante de todos los saberes y apasionado por los libros.

De ahí la sorpresa de los estudiosos al comprobar las escandalosas invenciones y supercherías, que manchan e invalidan los capítulos 1 a XV de la Historia del Almirante. 

Llama la atención de igual manera la pobreza de información de que hace gala con respeto a la biografía de su padre antes de venir a Castilla, así como la agresividad polémica que se vislumbra en los capítulos aludidos.

Las falsedades y supercherías son de tal calibre que el texto hernandino pudiera ser calificado como el primer falso cronicón de la Historia de España. Pero así como todos los estudiosos condenan, de manera unánime, a Román de la Higuera y sus secuaces, por sus engaños y falacias , y ponderan los méritos del sabio Nicolás Antonio por su implacable impugnación, los panegiristas de la redacción conocida de la Historia del Almirante se cruzan de brazos ante la interminable sarta de desatinos y mentiras.

Las invenciones y supercherías son tantas que para mayor claridad en la exposición las vamos a ordenar en etapas: el nacimiento; el linaje y juventud; la estancia en Portugal, y el arribo a Castilla.

Hernando Colón declara, en cuanto al origen de su padre,  que el descubridor de América, «quiso que su patria fuese menos cierta y conocida», limitándose a señalar diversos lugares como posible cuna: Nervi, Cugureo, Buyas- co. Más adelante acentua la duda: «Otros que quieren engrandecerle más dicen que era de Savona, y otros que genovés, y aun los que más le suben a la cumbre le hacen de Plasencia»

Cugureo no tiene existencia real en el mapa de Italia. Por tal razón, el supuesto viaje de Hernando a este lugar, en indagatoria de sus raíces, hay que calificarlo de grotesco. El encuentro postrer con los únicos supervivientes de la estirpe, los hermanos Colombo («el menos viejo pasaba de los cien años») tiene todas las características de una sarcástica burla.

¿Pudo Hernando contradecirse de esta manera, y suscribir con su nombre las vacilaciones, los viajes y las descaradas mentiras?

Por lo que respecta al linaje, la remota descendencia del procurador romano del Ponto Junius Cilo parece demencial. Igual sorpresa produce el parentesco con Guillaume de Casenove, llamado Coullon (Colombo el viejo) y Jorge Bissipat (Colombo el joven), nacidos en lugares tan dispares como Gascuña y Grecia. Estos dos marinos-piratas estuvieron al servicio del rey de Francia Luis XI.

Los supuestos estudios en la Universidad de Pavía deben ser rechazados de plano.

En cuanto al arribo a Portugal en la tardía fecha de 1476, víctima de un naufragio, consecuente a una batalla naval, carece de todo fundamento. El texto atribuido a Hernando involucra dos acciones, que no tienen, como es lógico, la menor relación entre si, pues ocurrieron con una diferencia de casi diez años. El primer encuentro, el de 1476, fue una auténtica batalla naval, librada entre una escuadra francesa, capitaneada por Guillaume de Casenove, y una flota mercante genovesa. El segundo, el de 1485, tuvo por principal actor a Jorge Bissipat y se limitó al ataque y rendición de cuatro galeazas venecianas.

Otra superchería inadmisible es la correspondencia del sabio florentino Toscanelli con el futuro descubridor.

Llama la atención asimismo ver denominado Pedro Muñiz Perestrello al padre de Felipa Muñiz, abuelo de su hermano Diego. Y más aún declarar viudo a don Cristóbal en el momento de abandonar Portugal.

Si nos atenemos ahora a la primera estancia en Castilla hay que rechazar de plano la entrada por La Rábida en 1485; la supuesta ignorancia de la Comisión científica dictaminadora, y el empeño de las joyas de Isabel la Católica para subvenir a los gastos de la expedición en proyecto.

Los rasgos físicos y morales del inmortal navegante están por completo desfigurados.

En cuanto a los errores, el más garrafal de todo sitúa al puerto de Palos en Portugal.

Hay que destacar, por otra parte, la agresividad polémica de los capítulos incriminados, que se hace ostensible particularmente contra Gonzalo Fernández de Oviedo y Agostino Giustiniani.

Frente a los panegiristas, demasiado tolerantes con un texto escandalosamente espurio, surgieron los impugnadores en defensa de las más extrañas suposiciones.

Los primeros en llamar la atención sobre la endeblez de la obra fueron los padres jesuitas de Trévoux, quienes en sus Memorias se sorprenden de lo poco clara y puntual que resultaba para ellos la Historia del Almirante. 

De análogo parecer es el erudito francés Pierre Charlevoix, quien se lamenta de que un hombre del mérito y la instrucción de Hernando no hubiese legado a la posteridad una obra superior.

Sin embargo, la verdadera impugnación se hace patente durante las dos últimas centurias. Rompe el fuego el sabio bibliófilo don Bartolomé JoGallardo. Para este autor, el texto hernandino estaba emparentado con la obra que el cronista Pérez de Oliva había dedicado a biografiar al almirante.

Momento capital en la tarea impugnadora lo señala la aparición en Sevilla, en 1871, de la obra del eminente investigador norteamericano Henry Harrise: Don Fernando Colón, historiador de su padre. La crítica de Harrise, implacable y certera, conserva todavía hoy vigencia en buena parte. El recuento de las supercherías, invenciones, errores y anacronismos que se descubren en la Historia del Almirante resultan de respetable entidad. Esta aparente labor negativa resultó ser verdaderamente positiva en cuanto al valor intrínseco del texto hernandino, puesto en tela de juicio, con sobrados motivos, en muchas de sus páginas.

La conclusión a que llega el crítico norteamericano es desconcertante. Supone que una copia del asendereado texto de Pérez de Oliva fue vendida en Génova hacia 1563 a Baliano de Fornari, y sobre ella operó a mansalva el traductor Alfonso de Ulloa, logrando urdir una de las más escandalosas falsificaciones de todos los tiempos.

Será bien entrado el siglo XX cuando el problema de la autenticidad de esta fuente excepcional se plantee con mayor virulencia.

Es de destacar ahora un cambio de postura. Lo que sorprende a los investigadores, en esta segunda fase, es la relación e interdependencia entre la Historia del Almirante de Hernando y la Historia de las Indias de Las Casas, hasta el punto de que si todas las miradas se habían fijado en el traductor Alfonso de Ulloa como falsificador, ahora los dardos se van a dirigir contra fray Bartolomé de las Casas, a quien se achaca la invención o cuando menos la paternidad indirecta de la obra.

Rompe lanzas en vanguardia un profesor argentino, Rómulo D. Carbia, con una serie de trabajos que tienen como punto de partida: La superchería en la historia del descubrimiento de América. La tesis de Carbia se centra en demostrar que la Historia del Almirante no es más que un fraude cometido por Las Casas para desacreditar a su enemigo ideológico el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo.

El historiador argentino no se limitó a impugnar el texto hernandino como invención de Las Casas, sino que en su afán destructor achacó al fraile dominico haber bastardeado el Diario de a bordo del primer viaje y falsificado la carta de Toscanelli, las misivas de Colón a los Reyes Católicos de 1498 y 1501, así como otros diversos documentos de singular valor.

Como puede verse, el apasionante enigma sigue en pie sin resolverse. El punto que obsesiona a los investigadores es el paralelismo, larvado, unas veces, manifiesto, otras, entre la Historia del Almirante y la Historia de Las Indias. Tres historiadores extranjeros, a cual más competente, los italianos Alberto Magnaghi y Gastone Imbrighi y el rumano Alexandre Cioranescu, han abordado en las últimas décadas el arduo problema, llegando a deducciones opuestas dentro de un imperceptible hilo conductor común.

Magnaghi, que en un principio se mostraba de acuerdo con la postura tradicional, es decir, la que defiende que Bartolomé de las Casas se inspira en Hemando Colón, anuncia haber cambiado de criterio, considerando ahora que es la Historia del Almirante la que plagia a la Historia de las Indias. 

El profesor Imbrighi es de idéntico parecer. Este autor insiste en que el texto hernandino deriva claramente del manuscrito lascasiano.

Por su parte, Alexandre Cioranescu, en un agudo y documentado estudio que lleva por título Primera biografía de Cristóbal Colón. Fernando Colón y Bartolomé de las Casas, apunta su firme convicción de que el fraile dominico sirvió de involuntario autor para montar un fraude escandaloso. De acuerdo con la tesis del profesor rumano, la Historia del Almirante no sería otra cosa que una versión alterada de la Historia de las Indias de Las Casas, o, en términos más claros, el borrador o redacción primitiva de esta última obra. Dicho manuscrito, una vez en poder del tercer almirante don Luis Colón, fue transportado a Italia, adulterado sin miramientos por el traducor Alfonso de Ulloa e impreso en Venecia.

La Historia del Almirante, tal cual hoy la conocemos, se compone, como se ha dicho, de dos partes bien diferenciadas. La primera abarca los capítulos 1 a XV, y polariza su atención en biografiar a Cristóbal Colón antes de acometer la gesta imperecedera del descubrimiento. La segunda comprende los capítulos XVI a CVIII, y hace objeto de su estudio la descripción pormenorizada de las cua- tro inmortales navegaciones al Nuevo Mundo, que aparecen enlaza- das entre si con relatos sucintos de los acontecimientos intermedios.

Si parangonamos ambas partes biografía y viajes, nos será fácil advertir antagónicas diferencias. La primera adolece de vacuidad, inconsistencia y pobreza de datos; la segunda, de prolijidad, solidez y riqueza de pormenores. Aquélla se significa por una cronología esporádica y débil; esta hace alarde de una datación reiterada y firme. Los capítulos biográficos están plagados de supercherías, invenciones, errores y anacronismos; las páginas consagradas a los viajes son modelo de veracidad, precisión y justeza.

Hasta el tono es distinto. La biografía es agria, rencorosa, agresiva y polémica, en desacuerdo absoluto con el carácter y el temperamento de Hernando, según lo retratan los contemporáneos. La crónica de los viajes objetiva y serena, aunque con la natural pasión para defender de todo escarnio, vejación o mancha la gloria paterna.

Pues bien: la biografía es algo añadido y postizo, ajeno por completo a la pluma de Hernando Colón. El engendro se debe a un autor desconocido que buceó sin embargo, en buenas fuentes, cuando la ocasión se lo deparó. En cambio los viajes pertenecen en su integridad al polígrafo cordobés. Es su gran aportación a la historia de América.

Ortiz de Zúñiga en el siglo XVI y Serrano y Sanz en nuestros días apuntaron o intuyeron esta solución.

Para descifrar el enigma ha sido Las Casas nuestro más firme y seguro puntal. Algo así como la piedra de Roseta, portadora de la clave misteriosa. La Historia de las Indias del fraile dominico se compuso en su día teniendo a la vita la biografía anónima y los viajes de Remando Colón. La distinta manera de enfrentarse este autor ante ambas obras va a servirnos de guía para denegar o probar, según los casos, la autenticidad de la fuente.

Veamos ahora la postura personal de Las Casas ante el manuscrito de la biografía y el texto asimismo manuscrito de los viajes. 

La biografía anónima aparece íntegramente vertida en la Historia de las Indias. El fraile dominico, con su escaso espíritu crítico, va resumiendo cuanto en ella se decía, sin hacer ninguna descriminación entre los pormenores y datos válidos y las abundantes supercherias, invenciones, errores y anacronismos. En diversas ocasiones procede a rectificar a su mentor, pero guarda absoluto silencio en cuanto a la paternidad de la obra, porque ignora simplemente quien era el autor de la misma. Ni por asomo puede abrigar en su mente la sospecha de tener ante sus ojos un escrito del historiador cordobés.

Si fijamos ahora nuestra atención en los viajes de Hernando Colón veremos que aparecen aprovechados y resumidos de idéntica manera en la Historia de las Indias. Sin embargo, las reiteradas alusiones al hijo del descubridor, hasta con el ingenuo prurito de rectificarle, son hoy la mejor prueba de la paternidad del mismo sobre esta parte sustancial de la Historia del Almirante. 

Los problemas pendientes pueden condensarse en estas dos preguntas: ¿Cuándo y cómo se fraguó la biografía anónima? ¿Quién fue el promotor del arreglo que ensambló dicho texto con los viajes del almirante debidos a la pluma del polígrafo cordobés?

La primera, la biografía, tuvo que nacer en el círculo de personas afectas a doña María de Toledo, sobrina del duque de Alba y esposa del segundo almirante don Diego Colón. El resentimiento producido por los pleitos de su marido con la Corona y la megalomanía, de que siempre hizo alarde, debieron propiciar la elección de un escritor asalariado que enalteciese la memoria del inmortal descubridor del Nuevo Mundo.

La biografía anónima nace con una exclusiva finalidad: exaltar al héroe o sujeto de la misma don Cristóbal Colón. Con este fin había que labrar una ascendencia y un pasado honrosos, a tono con la categoría presente de la familia, derivada de sus títulos y enlaces. De ahí la desmedida obsesión por desmentir el origen humilde de los progenitores y del propio descubridor, encumbrándole en las alturas con una ascendencia y parentela ilustre, a base de cónsules romanos  y almirantes-piratas. El autor pudo ser alguien del séquito de la virreina, acaso su propio capellán.

En cuanto al montaje de la refundición, ensamblando y retocando ambos escritos – biografía y viajes- la tarea debió acometerse por un escritor venal, de pocas luces, bajo la directa inspiración de don Luis Colón, primer duque de Veragua.

Dos circunstancias más se impone destacar antes de dar fin a la disertación .

La primera, el valor intrínseco de parte de la biografía, al tener su autor acceso al archivo familiar. La segunda, una nueva racha de supercherías interpoladas por el refundidor. 

Del texto leído se pueden hacer algunas preguntas, la primera sería: ¿por qué Hernando Colón no publicó la biografía de su padre?.

No sería lógico molestarte en hacer una biografía para luego no publicarla y más teniendo en cuenta las dificultades y pleitos que tuvieron que soportar los Colón, con una biografía así sería una buena campaña de Marketing para poner en valor a Cristóbal Colón y su familia, sin embargo no fue así, de ahí que sea un punto más para pensar en la invención de los  capítulos del 1 al XV y que el autor de dicha invención no fue Hernando Colón.

Las otras posibles preguntas las dejo para los comentarios.

 

 

 

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