Celso García de la Riega

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Etimologías Gallegas XIII

Etimologías Gallegas

Diario de Pontevedra 9 Febrero 1905

Veamos por último las etimologías quo en mis primeros artículos rectificaba.

Etimologias Gallegas 09:02:1905Moucho. La admiración de V. parece que no va por la fonética, ni debe ir, pues cumple al menos las leyes de la fonética gallega que los romanistas conocen; mutilum, mocho, descornado, pasando por motio. Lo que no encuentra aceptable es el significado, el llamar mocho, descornado, al mochuelo. Esa filosofía cornuda será todo lo profunda que V. quiera, pero el pueblo, única autoridad de la semántica, no pasa por ella. Si al tal pajarraco lo llamó mocho es porque así le parecía con sus cuernos romos. Todo menos la pere­grina ocurrencia de presentamos al mochuelo conjugando tan mal en griego.

El mudsó, yo chupo, fonéticamente no hay por donde cogerlo, aparte de que el mochuelo castellano habría que echárselo entonces a sus griegos.

 Estrobo. «No le parece a V. que el latín Strupus salió del griego strobos?>> No Lo que me parece eso es un error. El strobos griego significa giro, remolino. El strupus latino se corresponde con el griego tropos, que significaba como el estrobo gallego la cuerda para sujetar el remo. De estos dos el inmediato no puede ser dentro de la fonetista más que el strupus.

– Cheirar: En esta etimología trabuca V. todos ios términos, El flagrare del latín vulgar, para cuyo significado no halla atadero, significa ¡cuál no será su asombro al oír esto! oler, ni más ni menos que el cheirar gallego. Inconvenientes de meter­se á filólogo con su hispanum-latinum. Es este verbo una simple alteración del clásico fragare de donde el provenzal flairar, el francés flairer y el gallego cheirar como de flamma chama. El francés flairer derivado de flor tiene gracia sin igual. Demasiado sabía V. que el cheirar gallego significa oler, bien o mal, pero había que salvar de algún modo el tabidus del graecum-latinum. En cuanto al xeros no le alcanza en el significado ni un galgo; denota siempre seco, terroso, y solo por esta idea le llega lo del tabidus. R. I. P.

 Foro. Es ni más ni menos, como pala­bra, que el forum latino, que rodó con la idea de derecho, fuero, censo, por todas las provincias. Que le aproveche su cien­cia jurídica, pero para resolver esto le hubiera bastado con saber el significado del forum romance: con tanta historia del derecho griego no ha tenido un segundo para ver que el forum significó a la vez lo que el foro it y el castellano foro y fuero y el gallego foro. La historia del signi­ficado de esta palabra es simplemente la historia de los vocablos que denotan im­puesto; portaticum, fossadaria, etc. Nacen con la idea de derecho, con relación al señor, y se popularizan con la idea de obli­gación, foro, portasgo, fossadeira, sin duda porque el pueblo se acuerda más de su bolsillo. Para estas cuestiones es más útil conocer la patria de Diez que la de Colón.

Isca. «Muy bien podía expresar derra­mar, brotar». Muy mal. El isco, ixes, como el visco, vixes, es un verbo que se saben de memoria quienes leen los textos caste­llanos del siglo XIII. Isca de ahí, sal de ahi. ¿A quien se le ocurre pedir al mamo­treto hispanum-latinum la conjugación romance del exiré? El significado es siem­pre salir y nada más.

Quenlla. Le pareció pequeño gazapo al Sr. Riega el confundir la quenlla con la tolva y nos la deriva de un canea, canasta ¡canastos que quenllas usaban los griegos! Con leer á Vitrubio sabría que los moli­nos griegos ni siquiera tenían tolva.

Coló. El latín collum, como V. vería si se dejara de su graecum latinum, significó en todas partes cuello, regazo y pecho. El pudor mujeril no pudo dar más nom­bre al regazo que el de collum, cuello: jamás el vil de Vientre o piernas V. tan dado a historias y filosofías es raro que no haya meditado la constancia que existe en todas las lenguas en estas taslaciones de la toponimia femenina.

Dioivo. El diluvium latino se pronunció en el mismo latín vulgar dilovio, trasfor­mado por la fonética gallega en diloivo. El grave inconveniente que el S. Riega encuentra a esta etimología es que hay nombres que no han hecho tal traslación de i (el saladísimo argumento de siem­pre, buscar unas palabras que incum­plan un fenómeno, estén en las condicio­nes que quiera, y ya so acabó la ley). La tendencia a tal inversión la percibimos hoy todos en el pueblo, noivo dicen de novio, como dijeron diloivo de dilivio. Si del diloivo no salió el dioivo, (con señor Riega) será cosa de dudar de todo No es­tará de más recordar que diluvium signi­ficaba diluvio, avenida, inundación.

El dióo, yo ahuyento, e ibu, en gran manera, será una magnífica personifica­ción de Fray Luis Riega, pero ni V, cree en las profecías de los ríos ni a mi me cabe en la cabeza que conjuguen verbos. Yo ahuyento en gran manera, será bonito exordio para un poema fluvial, puesto en boca de la impetuosa corriente, pero para las prosaicas etimologías no nos sirve.

Peirao. «Del Píreo de Atenas>> Los grie­gos que en todas partes llamaron limees al puerto solo en Galicia se acordaron de su Pireo. Nada diremos de la fonética, porque como hidra de cien cabezas, nece­sitaríamos un día para desmochar sus desatinos. Que por qué no llaman en Galicia peirao a toda construcción de piedra? Pues por la razón de que los gallegos, con excepción de V. cumplen las vulgares leyes de todas las lenguas; caballo significó el ligero y no se aplica a este nombre al ciervo, rector el que dirige, y no se llama así al maquinista de un tren, El empedrado castellano se aplica solo al piso.

La idea de piedra es el origen de estas palabras. Peiroa, petrona, es una piedra que sirve de escalón y el peirao, portugués es una tira do lajas en el fondo del mar. Ya ves, Fabio, en que ha venido a parar el magno Pireo.

La misma palabra pedra, remozada por el latín, fue en otros. tiempos peira y pera.

Véase como recuerdos de esta pronunciación P. Sarmiento, Parafita correspondiente al pedra-hita castellano. En pontevedra se llamaba en el año histórico de 1375 Pera da loba a una piedra y a una heredad.

Pai y mai. Los vocablos latinos patrem, matren y fratrem fueron en Galicia como en muchas más provincias paire, maire y fraire, pronunciación descubierta en las mismas inscripciones imperiales. «Su cita del paire y maire proveníales es contraproducente, porque la Provenza sépalo V. fue colonia griega».Pues por eso la cito Sr. Riega, para darle á V. gusto. El patrem, matrem y fratrem latinos, en el Oriente de España y en la Provenza fue paire, maire y fraire, formas que conser­vó el provenzal y que abrevió el francés; pere, mere y frere. En Tolosa se dice aun paire, maire y freire. Supongo que estas formas provenzales, catalanas, etc., las creerá V. latinas y no se le ocurrirá la singular idea de sacarlas de su paidogónos y de su naiteira. Pues bien, la Provenza, por lo menos tan griega como Galicia, sacó todos estos nombres del latín ¿ve usted como mi cita no es tan contraproducente? Luego si estos nombres y el mare y mae, pare y pae de otras partes son latinos, lati­nos serán el pai y mai gallegos. Sería cu­rioso que el gallego que nombró a la mujer, muller, al hijo, fillo, a la nuera, nora, al suegro, sogro, y a todos los demás pa­rientes en latín, hubiera acudido a esos cultismos griegos para los otros dos. Si pues, la Provenza y la Aquitanía, tan griegas como dicen S. Gerónimo y usted, sacaron del latín su paire y maire, no había de ser menos el gallego para su pai y mai, iguales al pae y mae de otras regiones.

«Cuanto a freire, bueno es que V. se en­tere, el pueblo de Galicia llamó siempre frades a los frailes» No quiero enterarme de tamaño error porque acreditaría con eso no haber leído un solo documento gallego. En Galicia precisamente es donde esta palabra tiene vida propia; y la fonéti­ca domuestra que es anterior en machos siglos al frade. Además de alternar a ca­da paso en los escritos con la de frade, hasta dió nombres geográficos: fonte da fraira, se llamaba por lo menos en vida del P. Sarmiento una fueute de Tomeza. Para decirlo todo al revés afirma V. que esta palabra es de origen eclesiástico. Explíquese porque no hay entenderás posi­bles para una cosa sin sentido. Si se refie­re a la forma, debía saber que hace mas de quince siglos se pronunciaba en Galicia fraire el fratrem latino.

Sacho Motivo de todos sus sinsabores. «Del psao, yo rasco.» del latín ,sarculum, romance sardo, azada, sacho

Ni los sachos conjugan en ninguna parte, ni esa composición vasco-helénica pasa de ser un pisto raro, ni el sacho fue nunca besacho, ni el tal besa es griego sino latino. Sarculum se llamó en latín al instrumento mismo, tan mudo como hoy, que los castellanos y gallegos llaman sa­cho: no hay aquí filosofías de ninguna clase.

La alteración fonética os lo que asusta al Sr. .Riega. «En la derivación de sacho nos da V. una noticia (el italiano sarkioj quo viene a justificar mi modesta etimo­logía; y así es como por la boca muero el pez.» Tiene V. razón Sr. Riega, pero esta vez soy yo el pescador: ¿como iba a olvi­darme de su voracidad al clavar el sarkio en el anzuelo? «Alabado sea Dios! Solo él es grandel» La palatización del grupo ro­mance, no latino señor filológo, oscurece muchas veces la consonante líquida ante­rior, sobre todo tras la vocal a marculum, macho, masculum. macho, calculum, cacho, sarculum, sacho.» ¿Donlo está la r en sacho?» pregunta todo irritado el Sr. Riega. Pues se ha perdido al patalizarse, pero que la hubo es prueba su hermano sarkio. «Pues como en sarkio italiano no se ha perdido y se perdió de sacho español?» Pues porque el italiano no está en esas condiciones: no la ha perdido porque no llegó a palatizar su ki.

Ameixo «¿Hay quien no se quede mu­do de asombro y hasta sin respiración, (respire V. Sr. Riega) ante la etimología que V. hace del vocablo almeja?» (De mitula.) Nadie contesta, Sr Riega, porque olvidamos ya en la escuela tal etimología. La palabra entró ya en los romaces con la pronunciación mella, de donde debió hacer él castellano meja y el gallego meixa.

árabe al!» Vuelva V. a respirar, pero en­térese también de que el artículo al se pegó a muchas palabras, y no ponga otra vez tales admiraciones para un hecho con centenares de ejemplos Almeja en caste­llano se formó así. ¿Por qué el gallego le pegó esa a? He creído contestar diciendo que tal vez fuera por analogía.

«Métula no ofrece asidero en ninguna de sus acepciones para dar nombre a dicho marisco» dice ei Sr. Riega, hojeando su hispanum-latinum. Pero le advertiremos que mitula significaba la almeja y que por lo tanto no necesita corto ni largo asidero.

La seriedad para decir cosas tan estupendas no las refuerza en nada. Si es de los mariscos «más nutridos en las sales del mar>> no lo hemos de discutir; los griegos tenían su miakes y no tuvieron tiempo de inventar tales sustantivos para dar gusto al Sr. Riega.

Nada nos dice el Sr. Riega de su cadaneira sacado de catancuo, yo muevo la cabeza hacia delante. Tan flaca le ha pa­recido esta etimología que se ha confor­mado con moverla hacia atrás.

De la derivación del posesivo no tomaré más venganza que la de exponerla.

Meu de emos, teu de sos, y seu de hos, noso de heemeteros, voso de hámsteros y seu de sfderos. Los latinistas no conocen la , fonética gallega ni por el forro. Solo así se podrán atrever a derivar meu de meu, teu de tuu, seu de suu, noso de nostro y voso de vostro.

El pronombre eu no pudo salir de , a menos que acabe V. por negar, lo que sería mejor, la famosa y tantas veces negada por V. ley de las tónicas. V. demuestra en el libro pg. 259 que no se pudo perder la g del ego latino y mejor informado en la pág. 533 demuestra V. que se perdió tal g. El min gallego no salió de eemin do­rio por la razón sencilla de que este es plural. Pero como de ser griego el yo, suponga que creerá también griegas todas las demás personas la mejor censura será exponer tal derivación. Eu de eó, ti de tu, nos de eemis, vos de umeis, il, iles… de cualquier cosa. ¿Quien se atreverá a derivar eu de eo, ti de tu, il, de ille, nos de nos, vos de vos e iles de illos?. Solo los déspotas latinistas.

Para concluir La interjección heu latína no salió de io griego ni siquiera es paralela. La correspondiente en io que usaban los latinos desde los tiempos mas remotos io triumpe! gritaban los sacerdotes Arvales.

«Sepa V. que el espíritu áspero de los griegos pertenece tan solo a la primitiva época de su lengua» dice V. con toda su seriedad montando en el trípode de Apolo y «sepa V. que tal espíritu es el mismo digamma eólico.» No, no queremos saber nadie eso, porque no se estilan tales atrocidades en los libros moderaos.

<El Sr Murguía, {dice V, con el escrúpulo de la beata escandalizada del libéranos domine), incluye al gallego entre las lenguas indogermánicas.» Pero Sr, Riega, si no hay filólogo ni libro que no emplee esa denominación para las lenguas arias.

¿V, no sabía que el mismo griego, y por ende el gallego su nietecillo, es una lengua indogermánica?.

Mucho más diría de las demás etimologías no estudiadas, algunas con tan claro origen latino como el bremar de fremare, bramar, alborotar, tarabelo de trabellu, palo, zoquete, tranca y otras por el estilo.

Pero quede todo ello para próxima ocasión, en que expondré largo y tendido las mias.

Del magoar, cote y cotio lea mis anteriores artículos y verá contestadas sus objecciones; allí verá si se cumple la ley de tónicas.

¿Queda algún argumento de todo ese sistema galaico-helénico? |Ah, sil Que mil libros le parecen caros al Sr. Riega, que al nombre adjetivo lo llamo nombre, y al sustantivo palabra y que no entiende mi definición del verbo. No creo esto un fuerte argumento para defender sus poéticas

suposiciones.

La cesación de la fonética popular castellana no debió escandalizarle nunca Desde el siglo XIII enfermó, dio las boqueadas con los cambios de pronunciación del XVI y desde entonces no ha vuelto a dar señales de vida. Las léyes fonéticas de la gramática histórica no viven en el pueblo: todos somos ya cultos. Aun en las montañas castellanas se hizo tan estéril que apenas conservan algún detalle sin importancia de su antigua pronunciación. ¿Le habrá entendido ya?

Si alguna observación hiciera a mis artículos de algún valor científico contestaré con gusto. Si no añade algo útil, doy poi terminada mi tarea.

Sabe cuanto le estima a pesar de todo su amigo

  1. García DE DIEGO

Nota: En los siguientes responde Celso García de la Riega

Academia Gallega

Eco de Galicia Habana, 20 de Julio 1917 Nº 6

Academia Gallega

Eco de Galicia Nº 6La Idea Moderna”, deLugo, en su número del 28 de mayo último, publicó una nota oficiosa de la Real Academia Gallega, nota que ningún periódico coru­ñés (quiso insertar, por entender que es una vergüenza para la región y un baldón insigne para aquella entidad que vive a expensas de los gallegos residentes en la Habana, engañados por los académicos que dirigen y mangonean la llamada cueva céltica. En esa nota se hacía público el acuerdo adoptado por dicha Corporación de salir al paso de los defensores de la idea de que Colón fué gallego; para im­pugnarla por todos los medios, porque ella—la Academia—no puede tolerar que sepropale tal descubrimiento.

Es decir: que la Academia Gallega, pre­sidida por don Manuel Martínez Murguia. de quien no cabe afirmar siquiera que es gallego, porque ni en gallego es­cribe ni por Galicia ha hecho nada si no recoger la pecunia que le libran religiosa­mente de la Habana y de las provincias de la región, no es capaz de depurar nuestra lengua y ni saca a flote el Diccionario ni la Gramática; pero, en cambio, dedica su esfuerzo a negar glorias reconocidas por ­los de fuera y admitidas como gallegas por doctas entidades con las que en vano tratará de competir.

Y confieso mi pecado: he sido hasta ahora académico, pero me consideré en el caso de lanzarme voluntariamente fue­ra de ella después de la sesión ridícula y antipatriótica por aquel centro celebrada y en la cual se acordó solemnemente, asistiendo los 4 mangoneadores que ayudan a Murguia a disfrutar de la prebenda que le dispensan los gallegos de Cuba, em­prender una propaganda activísima para demostrar (mucho demostrar sería) que Colón ni fué natural ni siquiera oriundo de Galicia.

Empecemos por sentar la proposición previa de que la Academia Gallega, que es de la lengua y no de la Historia, no es, no puede ser, la llamada a ventilar este asunto que se aparta de su jurisdicción. Murguia sigue cabalgando, en brioso ala­zán. asistiendo al combate de Clavijo, del cual no pasará su Historia que tantos mi­les de pesetas lleva costado a Galicia; el Diccionario y la Gramática aparecerán pa­ra las calendas griegas; y gracias que los buenos hablistas usan las lecciones del sabio Saco Arce; pero, en cambio, no pue­de soportar la doctísima Corporación que Galicia tenga una gloria más. Es cosa que le enfada, le enoja, le molesta, le exci­ta, le exalta, le exaspera.

Y la explicación es bien sencilla. Mur­guia odió mortalmente a Celso García de la Riega, le odió como odia a todo hombre que vale, porque él quiere ser el úni­co valor literario de esta región, sin ad­vertir que este valor va muy en mengua, porque cada cual sabe el secreto de todas estas cosas.

Cuando Celso García de la Riega, en­fermo de cuerpo, pero sano, muy sano, de intelecto, escribía desde el lecho de dolor. aquellas diatribas que hicieron a Mur­guia morder el polvo del mayor ridículo y del fracaso más señalado, el Presidente de la Real Academia Gallega. guardó un estudiado silencio que fué comentadísimo, porque a través de él, se veía al derrotado. Murguia, estilista brillante, acaso, no es historiador, ni gramático, ni siquiera hombre erudito, capaz de contender con un escritor del fuste de la Riega.

Murió éste para desventura de Galicia; la región perdió un sabio que soñaba con las glorias de su país, al cual consagra­ba todo su valer incalculable.

Y entonces, Murguia. que no pudo lu­char con Garcia de la Riego, vivo y en ple­nitud de facultades intelectuales, pensó vengarse después de muerto aquel ilustre escritor y publicista. La pluma gallarda, el estilete penetrante habían sido rotas por la muerte y ya nada tenía que temer el Presidente de la Real Academia Gallega.

Derechamente va a ello, y arrastra a la manada de ovejas que le siguen y ayudan a gozar de las pesetas de los paisanos que en Cuba residen para lanzar urbi et orbi que Colón no fué gallego ni de aquí origi­nario, que todo eso es una patraña y que Galicia, unida por lazos espirituales y de cariño a América, no quiere llamarse ma­dre deí hombre ilustre que descubrió aquel país de nuestros afectos.

La labor no puede ser más antipatrióti­ca y a atajarla debemos dedicarnos los gallegos amantes de las glorias de nues­tra región, desenmascarando a los farsan­tes que tratan de restarlas y poniendo al desnudo ante el mundo entero a esos en­diosados pigmeos que no son gallegos en sentimientos ni merecen ser llamados así, porque realizan obra contra Galicia.

Es preciso que se sepa en todas partes que esta región nada tiene que ver con cuatro mentecatos dispuestos a halagar só­lo a quienes le suministran el condumio, aunque para ello sea preciso llevar a ca­bó todas las humillaciones, pero que no son capaces de ninguna labor noble, lle­gando hasta negar a su propia patria.

Que el sacrificio que hacen los gallegos por sostener esta mal llamada Academia no continúe: que se descubra quien es Mur­guia el litiputiense de cuerpo y de alma, que no tiene corazón para sentir ni en­tendimiento para dar a Galicia lo que han sabido darle hombres de la talla de Celso García de la Riega.

 Un Coruñés,

Ex-acadéinico de la Gallega

La Academia Gallega y la Patria de Colón

Respuesta al anterior artículo Eco de Galicia Habana 10 Agosto 1917

Eco de Galicia Nº 8Revuelo y grande ha causado entre algunos elementos de la colonia gallega el artículo que sobre el señor Murguía y la patria de Colón, hemos publicado en el número antepasado y que firmaba “Un coruñés ex-académico.”

Y antes de dedicarle nuestros comen­tarios, nos Aparece bueno advertir que el citado trabajo era de colaboración, y que, por lo tanto, esta revista no se hacía, por el hecho de haberlo publica­do, solidaria decidida de los ataques, más o menos duros, con que fustiga su au­tor al ilustre presidente de la Real Aca­demia.

Lo mismo el señor Murguía que el se­ñor Riguera Montero, a quien algunos atribuyen la paternidad de aquel artícu­lo, nos merecen todo género de respetos y consideraciones. Ambos son gallegos meritísimos. Y esta publicación, conse­cuente con su credo de no zaherir repu­taciones y menos de la talla mental de Murguía y Riguera Montero, no puede sino lamentar profundamente el que, entre personalidades de honorabilidad cien veces probada, se dén motivos pa­ra discusiones que siempre han de resul­tar enojosas e improcedentes.

Es verdad que la Academia Gallega tiene en la misma región y sobre todo en La Coruña, detractores irreconcilia­bles que no pueden disimular evidentes despechos e inconfesadas inquinas; ori­ginario todo, según el decir de algunos, a que en la docta corporación domina una especie de “trust” donde se cotizan y expanden mercenariamente patentes de intelecto más o menos efectivo. Y hasta hace poco, la Academia padecía, además, el mal de la inercia. Es innegable que la Academia no halló la ayuda eficaz que debía esperar de los centros oficiales; pero nos parece de una candidez supina creer que esas entidades han de vivir de las dádivas o limosnas del Estado. Hasta ahora, que sepamos, los dirigentes de la Academia no han realizado nada tendente a acrecentar sus recursos entre los particulares, a fin de reforzar la acción económica de los gallegos de América. Y ello acusa una negligencia censsurable e incomprensible.

Ahora bien ¿Es el señor Riguera Montero el inspirador o autor del trabajo contra el venerable señor Murguía?. Si lo es, ¿es producto de sus simpatías hacia la obra de Celso García de la Riega, su trabajo? Venga en buena hora la vindicación del malogrado difundidor de la verdadera patria de Colón, si es así,. Pero si, por el contrario, el señor Riguera Montero obra a impulsos de ocultos y antiguos resabios contra el presidente de la Academia, es inadmisible la forma de ataque al señor Murguía por el punto de vista que sostiene, quizás con honradez

Por nuestra parte, entendemos que cualquiera, menos el Presidente de la Real Academia Gallega, puede invitar­nos a dejar por absurdas las conclusio­nes obtenidas tras largos años de estu­dios profundamente pacientísimos del di­funto García de la Riega, acerca de la verdadera patria de Colón. Y si el ilus­tre historiador de Galicia era enemigo de La Riega, peor que peor.

Sin embargo, a nosotros nos parece duro e injusto el calificativo aplicado al señor Murguía por “Un coruñés ex-académico” de anti-patriota. Cuando más, puede acusarse al venerable presi­dente de la Academia, de indiscreto, ya que su obstinación en presentar los tra­bajos de García de la Riega como pro­ducto de una imaginación anormal, tiene necesariamente que herir en lo más hon­do, a cuantos desde hace tiempo venimos siguiendo y admirando la labor realiza­da por el pontevedrés preclaro y sus continuadores.

Nosotros, que miramos con simpatía la labor de la Sociedad Iniciadora y Protectora de la Real Academia Gallega, y que a su sostenimiento contribuimos como cuadra a nuestras limitadas fuer­zas, queremos hacer constar que ningún empeño tenemos en restarle prestigios, que dicho sea de paso, los tiene ganados en buenas y honrosas lides.

Amamos la Academia Gallega como el que más; por eso, precisamente, nos duele que los que la dirigen allá, en la tierra, la pongan en evidencia con de­claraciones que pugnan lastimosamente con la sagrada misión que se les tiene confiada.

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