Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Conferencia de Celso García de la Riega en la Real Sociedad Geográfica Año 1898, Cristóbal Colón ¿Español? III

Portada del libreto editado en 1899 de la Conferencia de Celso García de la Riega

Portada del libreto editado en 1899 de la Conferencia de Celso García de la Riega

Pero si los escritores españoles de aquella época demuestran absoluta carencia de datos acerca del nacimiento y de la vida de Colón anterior á su presentación en Castilla, los italianos no lo patentizan menos; y así como los primeros se hicieron eco de la voz pública, los segundos no habrían de rechazar tan alta gloria para su país; la aceptaron, pues, y la propagaron, corroborando el derecho á esa gloria con la única y extraña noticia de que los hermanos Cristóbal y Bartolomé Colón habían sido cardadores de lana. Así lo dice Giustiniani, que con Gallo y Foglieta, fueron los historiadores ó cronistas italianos de aquella época. Ninguno de ellos, ni aun Allegretti, que en sus Anales de Siena del año 1493, da cuenta simple- mente de haber llegado á Genova las noticias del descubrimiento del Nuevo Mundo, aportan dato alguno sobre la vida de Colón. Las nuevas de ese maravilloso descubrimiento realizado por un genovés, debieron ocasionar en Genova justificado orgullo y vivísima curiosidad en las. autoridades, en los parientes de Colón, en el clero de la iglesia en que se bautizó, en los amigos, conocidos y vecinos de sus padres, así como en la mayor parte de los ciudadanos. En este caso, hubieran sido espontáneamente recordados los antecedentes del glorioso hijo de Genova, su infancia y juventud, su educación, sus estudios, sus prendas personales; y de todo este naturalísimo movimiento se hubieran hecho eco los escritores contemporáneos y hubieran pasado á la historia y llegado á nuestros tiempos datos diversos relativos á la vida y á la familia de Colón. No ha sucedido así y semejante indiferencia sólo puede explicarse, á mi juicio, por el hecho de que el inmortal navegante no era hijo de Genova ni tenía en ella parientes.

De la afirmación de Giustiniani relativa al oficio de cardador de lanas, se deriva indudablemente la leyenda de que los dos hermanos adquirieron, en la obscuridad del taller, los variados conocimientos que poseían y la de que Colón aprovechaba los ocios de su mecánica tarea para aprender en los libros y en las conversaciones con los amigos, dándose á entender con ello, sin duda, que estos amigos de un pobre tejedor eran sabios de la época y que nada más fácil para un obscuro obrero, á mediados del siglo xv, que disfrutar la lectura y el estudio de aquellos rarísimos y costosos libros. Y todavía se añade más; que en los intervalos de sus viajes, Colón volvía al trabajo del taller y desde luego volvía también á aquellas provechosas conversaciones y lecturas. ¿Hay quien, conocedor de las condiciones físicas y morales que la vida del mar imprime en el hombre, pueda admitir sencillamente que un marino de profesión se allane á tejer lana en los intervalos de sus viajes? Pues si á esta consideración se [añaden las prendas, el carácter y los conocimientos de Colón ¿es posible creer que se resignara á practicar oficio tan sedentario y tan impropio de su inteligencia en los espacios que todos los marinos dedican, sino al descanso, por lo menos á la preparación de los viajes sucesivos?

Documentos encontrados en los archivos dieron á Colón y á su padre el ascenso á tejedores, á pesar de que en la misma época de esos documentos Giustiniani les atribuye el de cardadores, y á pesar también de que el rigor con que se vigilaba en aquellos tiempos el cumplimiento de las ordenanzas gremiales, impedía que al firmar como testigos ó en cualquiera otro acto, los cardadores usurparan el título de tejedores. ¿A qué atenernos, pues? Por mi parte, y aunque sea verdadero atrevimiento decirlo, creo que Colón no fué cardador ni tejedor. Empezó á navegar á los 14 años de edad y la de 1-6 era la que señalaban aquellas ordenanzas para ingresar como aprendiz en el oficio. ¿Cuándo pudo aprenderlo y practicarlo? Es de sospechar, por lo tanto, que los escritores coetáneos italianos, no poseyendo dato alguno ó no habiendo podido obtenerlo acerca de los antecedentes de Colón, aceptaron, repito, la nacionalidad que éste se atribuyó, procurando confirmarla siquiera con un hecho tan insignificante como el de existencia en Genova de familias Golombo dedicadas á cardar lana y emparentando con ellas al inmortal Descubridor. Si más hubieran podido decir, más hubieran dicho.

En mi humilde juicio, ésta, y no otra alguna, ha sido la raíz de la leyenda admitida provisionalmente en la Historia, á causa de la autoridad que desde luego debió concederse á un personaje tan respetable como Giustiniani, pero cuyas equivocaciones evidenció D. Fernando Colón en La Vida del Almirante.

Utilizando otro orden de ideas, viene á obtenerse idéntico resultado; esto es, el de hallarse perfectamente justificadas las dudas existentes acerca de la afirmación de Colón, estampada en la escritura de fundación del vínculo, de haber nacido en. Genova. Guárdanse en la casa municipal de dicha ciudad ciertos documentos, con respecto á los cuales declara Harrisse, en cuatro libros diversos y con verdadero ensañamiento, que se hallan «al lado del violín de Paganini»: esta sarcástica frase del docto é inteligente escritor norteamericano, acaso inmerecida, resume aquellas dudas. En el número de los mencionados documentos figuran: una carta de Colón al magnífico Oficio de San Jorge, la minuta de contestación á esta carta, un dibujo de la apoteosis del inmortal navegante y el llamado codicilo militar, todos destinados á corroborar su nacimiento en la capital de Liguria.

El primero, la carta de Colón al Oficio genovés, ofrece, por cierto, muy raras condiciones. Empieza con la frase siguiente: «Bien que el cuerpo ande por acá, el corazón está allí de continuo.» Admitamos que el adverbio allí, cuyo significado es diversidad, no oposición de lugar, designe el de la ciudad de Genova.

Colón participa, seguidamente, á los señores del Oficio genovés que manda á su hijo D. Diego destine el diezmo de toda la renta de cada año á disminuir el impuesto que satisfacían las vituallas comederas á su entrada en aquella ciudad; es decir, al pago de los derechos que hoy denominamos de consumos, dádiva de verdadera importancia. La singularidad á que me refiero consiste en que esta curiosa carta no guarda conformidad con los hechos notoriamente ciertos, pues el Descubridor, antes de verificar su cuarto viaje, dejó á su primogénito un memorial de mandatos ó encargos que D. Diego incluyó religiosamente en su testamento: la autenticidad de este documento, descubierto hace muy pocos años, ha sido demostrada elocuentemente por el sabio académico de la Historia, Sr. Fernández Duro. Entre aquellos mandatos figura el relativo á un diezmo de la renta, es verdad; pero no lo destinó Colón al pago de los consumos de las vituallas comederas de Genova, ni á favor de ningún otro pueblo de Italia, sino al de los pobres; y parece sumamente extraño que siendo dicha instrucción espejo de los sentimientos del Almirante, en que se evidencia su amor á Dios, á la caridad, á los Reyes, á Doña Beatriz, y has- ta al orden doméstico, y en que insinúa el recelo que, sin duda,

* abrigaba, de no regresar con vida de aquel cuarto viaje, no dedicara en. memorial tan expresivo y minucioso una sola pa- labra á la ciudad de Genova.

A juzgar por la carta que en 4 de Abril de 1502 dirigió á Fray Gaspar Gorricio, Colón escribió el memorial en aquellos días y no se comprende que con fecha 2 del mismo mes y año haya anunciado á la Señoría genovesa la concesión de una dádiva que no incluyó en el repetido memorial, ni en ningún otro documento, ni en su última disposición testamentaria. Semejante contradicción es verdaderamente notable, como lo es también la circunstancia de no constar de alguna manera que las autoridades de la favorecida ciudad se hayan preocupado poco ni mucho de tan generosa concesión… Lo cierto es que ninguna de las dádivas ni disposiciones de Colón relativas á Genova, llegaron jamás al terreno de la realidad; las primeras son evidentemente supuestas, y las segundas no pasaron de meros adornos de una ficción.

Otra frase de dicha carta es la de que «los reyes me quieren honrar más que nunca». La consignó precisamente en los momentos en que se le negaban los títulos de Virrey y Gobernador y el ejercicio de estos cargos; en que se le imponía la bochornosa condición de no desembarcar en la isla Española. Semejante frase puede explicarse atribuyendo á Colón un acto de abnegación y de generosidad propio de su magnánimo co- razón; pero se hace lógico desconfiar de ello, dado que en la misma carta encomienda sentidamente su hijo D. Diego á la Señoría, humilde recomendación que no cuadra con la mencionada frase, ni con la altiva enumeración de sus elevados títulos antes de las siglas de su firma.

Es el segundo documento la minuta de la contestación dada por el Oficio genovés á la carta de Colón que acabo de examinar. Merece desconfianza el hecho de que hayan padecido extravío los diversos papeles que con respecto al glorioso Descubridor debió poseer el gobierno ligúreo, y que se haya salvado

de dicho extravío el que precisamente consigna á roso y belloso la palabra patria; pero más extraño es todavía que ese mismo gobierno, que en la mencionada minuta llama «clarissime amantissime que concivis» á Colón, pocos años después haya dado á la comarca de Saona la denominación de «Jurisdizione di Colombo», indicio evidente de que á la sazón, y á pesar de dichos documentos, no le consideraba hijo de Genova.

El tercer papel es un dibujo representando la apoteosis de Colón, atribuido á la propia mano del Almirante, opinión completamente equivocada, ya por la mezcla de vocablos castellanos, franceses é italianos que explican las diversas figuras, ya porque seguramente Colón no hubiera prescindido de dar en él un puesto preferente á su protectora la Reina Isabel, ya por otras importantes razones que omito en gracia á la brevedad. El dibujo fué trazado por quien no podía sentir estas consideraciones; ¿por quien tuvo al hacerlo el pensamiento de glorificar al insigne navegante? No: el de estampar en lugar eminente, á la cabeza y en el centro del dibujo, esta palabra: Genova.

Por último, creo que os inferiría un agravio si me detuviera á examinar el llamado codicilo militar; sabéis que ha sido declarado autorizadamente documento apócrifo. Bastará recordaros el absurdo de que una de sus cláusulas disponga que en caso de extinguirse la línea masculina del Almirante, herede sus títulos, cargos y rentas… ¡la república de Genova!.

Los partidarios de Genova, comprendiendo que no bastaban todos estos antecedentes para establecer definitivamente, como verdad histórica, la de haber sido aquella ciudad cuna del Descubridor del Nuevo Mundo, han procurado reforzar la demostración con otra clase de documentos, queme permito denominar auxiliares, tan curiosos como ineficaces; lo primero, por sus extrañas condiciones; lo segundo, porque no predisponen el ánimo siquiera á esa benevolencia vecina á la persuasión.

Examinaré los principales con la mayor brevedad, á fin de no molestaros.

En el archivo del Monasterio de San Esteban de la Vía Mulcento, de Genova, se han encontrado varios papeles con los nombres de Dominico Colombo y de Susana Fontarossa ó Fontanarossa, y de los hijos de estos, Cristóbal, Bartolomé y Diego, en el período comprendido entre los años 1456 y 1459. ¿No es, por cierto, singularísimo que aparezca consignado el nombre de Diego en fecha anterior á la de su nacimiento, que debió acaecer entre 1463 y 1464?.

Continuará

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