Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Conferencia de Celso García de la Riega en la Real Sociedad Geográfica Año 1898, Cristóbal Colón ¿Español? I

Celso García de la Riega

Celso García de la Riega

Dada la poca actividad del verano he decidido subir la conferencia que Celso García de la Riega dio el 20 Diciembre 1898 en al Sociedad Geográfica en Madrid, invitado por su Secretario Beltrán y Rózpide. Creo que es una conferencia interesante pues fue el principio de su teoría sobre el origen español-gallego- de Colón. La conferencia fue publicada en el Boletín de la Sociedad, pero también se publicaron algunos ejemplares pagados por Celso García de la Riega, dichos ejemplares fueron publicados por el Establecimiento Tipográfico de Fortanet en 1899 siendo por tanto el primer libreto publicado sobre un posible origen gallego de Colón algo que ha creado confusión pues hay quien dice, por desconocimiento, que el primer libreto publicado fue el de: Constantino Hora y Pardo. en 1911 publica en Nueva York “ La verdadera cuna de Cristóbal Colón”.

La conferencia la he dividido en varias partes y aparece con las normas gramaticales que regia en la época, por tanto no se sorprendan si aparecen vocales monosilábicas acentuadas, el fue con acento y otras más que actualmente no rigen

CONFERENCIA

Honrosa é inapreciable distinción ha sido, señores, para mí que la ilustre Sociedad Geográfica, á propuesta de su digno individuo el docto historiador y geógrafo D. Ricardo Beltrán y Rózpide, me haya invitado á presentaros en pública sesión el modesto trabajo de que voy á daros cuenta. Reclama de mi pecho este favor una gratitud tanto más profunda y duradera, cuanto menos proporcionadas son mis facultades á la sabiduría de la Corporación y á la importancia de sus tareas; pero también requiere de vuestra parte otra señalada merced, sin la cual quedaría incompleta la primera; y consiste en otorgarme, desde ahora, una benevolencia todavía superior ala que siempre concedéis en estos actos. Mi estudio versa sobre la patria y origen de Cristóbal Colón; y hablar de tan eminente figura histórica en circunstancias como las que ahora sufrimos, es difícil empresa. En los momentos en que, á impulsos de ilimitada codicia y de violencia sin diques, sus veneradas cenizas regresan del mundo que descubrió, de ese mundo en que imaginó gozar perdurable reposo y entusiasta adoración ; cuando la gloriosa bandera que tremoló al descubrirle, no vencida, no obligada por las armas del valor y de la lealtad, abandona aquella ingratísima tierra; cuando á la inmóvil faz de las naciones que han establecido la actual civilización, se despoja de su territorio y de sus caudales á la que supo , con inimitable perseverancia y preclaras virtudes, recobrar su existencia en épica lucha de siete siglos y fecundar luego, con la sangre de tantas generaciones de héroes, casi todas las regiones de ese nuevo continente en que fué siempre madre cristiana y generosa, nunca madrastra egoísta y exterminadora; cuando tamaña iniquidad se ejecuta al finalizar el maravilloso siglo del vapor y de la electricidad, sarcástica ofrenda que el pueblo fundado por el integérrimo Washington rinde ante la colosal estatua de la Libertad iluminando al mundo; cuando esta enorme conculcación de la moral obedece á los apetitos del mercantilismo, que quiere ajustar á su grosero paladar la vida y las aspiraciones de los hombres y de las sociedades, parece que todo ideal, temeroso del ridículo ó del desdén con que le amenazan la frivolidad y el positivismo, debe desmayar, humillarse y desaparecer: intentar, en fin, cuando tan inmerecidas desgracias nos agobian, reivindicar para España la gloria íntegra del inmortal navegante, es, en efecto, temeraria aventura.

Alentado, no obstante, por el acendrado culto que os inspiran esos ideales, según habéis demostrado en anteriores sesiones al glorificar la memoria de los insignes Goello y Jiménez de la Espada, y según lo demostráis siempre dedicando constantes esfuerzos al bien de la patria y á los nobles fines de la ciencia, no he dudado en someter á vuestro ilustradísimo examen y á vuestro recto juicio un trabajo cuya importancia estriba en el objeto en que se ocupa, no, por cierto, en otra condición alguna. Escudándome, pues, en vuestro saber y en vuestra indulgencia, permitidme que pase desde luego á comunicaros el resultado de las investigaciones impuestas por la existencia en España y en la primera mitad del siglo xv, de los apellidos paterno y materno del descubridor del Nuevo Mundo. Los documentos en que se ha. revelado y las mencionadas investigaciones serán materia de un libro al que justificarán las ilustraciones y facsímiles correspondientes ; hoy me limitaré, deseoso de no fatigar vuestra atención, á exponer en extracto varios puntos esenciales de mi estudio.

Considero conveniente hacer, en primer lugar, rápido examen del carácter y condiciones que presentan los antecedentes más culminantes que existen acerca de la patria y del origen de Cristóbal Colón. Sabéis que no ha terminado todavía, ni tiene trazas de terminar, la discusión relativa á esta materia, á pesar de que el primer Almirante de Indias declaró en solemne documento haber nacido en la ciudad de Genova.

¿A qué se debe, pues, la existencia de la controversia? ¿Por qué no ha alcanzado cumplida fe el que mejor podía resolver todas las dudas?

No es razonable atribuir únicamente semejante situación de cosas al afán inmoderado, aunque disculpable, de los diversos pueblos que se disputan la apetecida gloria de ser cuna del Almirante. Muy poco valdrían sus pretensiones si la vida de Colón anterior á su aparición en España no estuviera rodeada del misterio, si todos los datos históricos que se utilizan pre- sentaran el carácter de congruencia y de unidad que exige la

demostración informativa cuando faltan pruebas positivas á favor de una proposición determinada.

Colón, en la escritura de fundación del mayorazgo, afirmó haber nacido en Genova; y no se vacilaría en establecer como definitiva esta afirmación, si se pudiera abrigar un concepto adecuado acerca de su personalidad, esto es, si se supiera cabalmente que fué ajeno á todos los defectos y á todas las debilidades del hombre, si se demostrara que jamás faltó, ni quiso faltar, ni era posible que faltase á la verdad. Alarmados injustificadamente, notabilísimos escritores y críticos, exclaclaman: ¡Cómo! ¡Llamar á Colón falsario y embustero!

Sin embargo, nadie ha pretendido atribuirle tan odiosos defectos. Lo primero se dice del que comete delito de falsedad en grave menoscabo de la honra ó de la hacienda ajenas; lo segundo, del que miente con frecuencia por cálculo, por hábito ó por carácter. El respeto que os debo me impide hacer ahora disquisiciones sobre la moralidad ó la inmoralidad de la mentira; pero es preciso confesar que los hombres más escrupulosos la usan ó la disculpan cuando lo exige un fin moral, útil ó conveniente y cuando, á la vez, no perjudica á nadie.

Qué tendría de bochornoso, ni de vituperable, que Colón se decidiera á emplear una mentira que pudo juzgar lícita, puesto que no perjudicaba la fama ni los intereses ajenos y, por el contrario, favorecía los propios en la medida que imperiosamente le exigían las preocupaciones de la época? Si su origen era humilde, humildísimo, ó su familia tenía alguna condición que fuese obstáculo ó, por lo menos, entorpecimiento para la realización de su grandioso proyecto, ó que le rebajase ante la altiva nobleza española ¿por qué habremos de censurar que ocultase tales condiciones y usase para ello inexactitud tan excusable, señalando cuna distinta y aun opuesta á la verdadera, á fin de hacer infructuosas las indagaciones de la curiosidad? Y, por ventura, el hecho de aceptar y de sostener esta interpretación ¿es razón para atribuir á los que la defienden el mal pensamiento de conceptuar falsario y embustero al insigne nauta?

En mi opinión, el Almirante pudo tener, además del expresado fundamento, otros dos muy eficaces para decidirse á señalar por cuna la poderosa ciudad de Genova: primero, el pensamiento de que todos los elementos de la fundación del vínculo guardasen la debida proporción con la magnitud del suceso que le había elevado á la cumbre de la sociedad; segundo , la absoluta precisión de ser consecuente en sostener la calidad de genovés con que se había presentado en España.

El éxito que Colón obtuvo por el descubrimiento de las tierras que salieron á su encuentro en el imaginado camino occidental de la India, así como la adquisición de altos títulos y de provechos positivos, justificaba la adopción de las precauciones legales con que á la sazón se procuraba perpetuar la familia noble; á más de esto, su persona habría de ser tronco de una estirpe esclarecida. La fundación de un vínculo como «raíz y pié de su linaje y memoria de sus servicios», fué en la mente del Almirante idea lógica y necesaria; y tan justamente elevado era el concepto que había formado de sí mismo, de su hazaña y de la fundación del mayorazgo, que en la escritura notarial, aparte del estilo grandilocuente que se esforzó en emplear, encomienda nada menos que al Santo Padre, á los Reyes, al príncipe D. Juan y á sus sucesores, no á la eficacia y al amparo de las leyes, vigilancia especial sobre el cumplimiento de las cláusulas del vínculo. Pensó que en tan solemne é importante documento no era proporcionado al objeto que le guiaba el hecho de que constase como raíz y pié de su ilustre descendencia un pueblecillo cualquiera; ya que se había presentado en Castilla como genovés, escogió por cuna la más famosa población del territorio ligúreo: Genova. Que esta preocupación dominaba en aquellos tiempos, lo demuestra don Fernando Colón al decir, en la Vida del Almirante, que «suelen ser más estimados los hombres sabios que proceden de grandes ciudades», y al añadir poco después que «algunos que de cierta manera quisieron obscurecer la fama de su padre, afirman que nació en lugares insignificantes de la ribera genovesa; otros, que se propusieron exaltarle más, que en Saona, Genova ó Placencia». De modo que el nacimiento en pueblo de menor ó mayor importancia, era entonces causa suficiente para obscurecer ó exaltar la fama de una persona.

En dicha escritura, Colón añadió, con respecto á Genova, estas palabras: «de ella salí y en ella nací» , frase que, salvo más autorizado juicio, parece acusar cierta vacilación, porque espontáneamente, esto es, de primera intención, el Descubridor empleó el verbo salir, y sin duda rectificó á seguida tal espontaneidad con el de nacer. La idea que le impulsó en este caso, ¿fué quizás la de haber salido de Genova á la vida de la inteligencia, á la vida del navegante, es decir, á una vida de eterna fama, y no á la material?

Preocupado por la idea de que la fundación tuviera grandiosa base, Colón citó á Genova en el lugar menos adecuado de la escritura del mayorazgo. Designa en ella, como herederos, correlativamente, primero á sus hijos D. Diego y D. Fernando, después á sus hermanos D. Bartolomé y D. Diego. En 1498, fecha del documento, aquellos eran todavía muy jóvenes-, D. Bartolomé ya alcanzaba respetable edad, y el segundo de los hermanos del Almirante, D. Diego, quería pertenecer á la Iglesia, según declara Colón en la misma escritura del vínculo. De manera que, no teniendo á la vista nietos ni sobrinos, el fundador debió temer indudables peligros para la existencia futura del mayorazgo, y, previéndolos, llama á la sucesión, para el caso de morir sin herederos sus hijos y sus dos hermanos citados, ¿á quién, señores? Al pariente más cercano que estuviera en cualquiera parte del mundo. Trabajo les daba al Santo Padre, á los Reyes y á los Tribunales, no designando, como era indispensable y lo es en ¡toda institución de sucesiones, una ó dos líneas de parientes paternos ó maternos, etique hubiera de hallarse, en su oportunidad, ese pariente más cercano; tal, y no otra, era la ocasión de mencionar la patria, los padres, los parientes. Y ahora bien; ¿no se apercibe una verdadera y deliberada nebulosidad en la cláusula que acabo de examinar? Ochenta años después de la fecha de esta escritura queda extinguida la línea masculina del Almirante, y acuden al pleito, con aventurera temeridad, dos Golombo italianos, uno de Cuccaro, otro de Cugureo; ninguno de ellos demostró siquiera el parentesco, ¿se hubieran lanzado á semejante empresa si temieran la concurrencia á la sucesión por los Colombo genoveses, á quienes sin duda conocían? ¿Y no es, por ventura, significativa la indiferencia de éstos ante una herencia tan pingüe? ¿Como explicar, pues, la disposición del Almirante llamando á obtener el mayorazgo al pariente más cercano que estuviera en cualquiera parte del mundo, y no señalando, desde luego, la línea de sucesión, que era lo más elemental para evitar pleitos y para asegurar la realización de los fines que inspiraban la fundación del vínculo?

La cláusula relativa á que su hijo D. Diego, joven entonces de veintidós años, ponga en Genova persona de su linaje, fué indudablemente para Colón mera exhortación del vínculo, puesto que en primer lugar nada le impedía que él mismo, con cabal conocimiento, designara esa persona, y además porque nunca volvió á hablar de ello, ni siquiera ¡en ¡el expresivo memorial que dejó á su heredero cuando verificó el cuarto viaje, ni aun en el codicilo que firmó el día anterior al de su fallecimiento.

El Almirante huyó, pues, de mencionar pariente alguno paterno ó materno, no sólo en la escritura del mayorazgo, sino también en los demás documentos; hecho verdaderamente significativo y que, unido á otros no menos singulares y elocuentes, como el de que durante el apogeo de Colón no se haya revelado en Italia la existencia de parientes suyos, corrobora la afirmación de D. Fernando, el historiador, de que su padre quiso hacer desconocidos é inciertos su origen y patria.

Continuará

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3 pensamientos en “Conferencia de Celso García de la Riega en la Real Sociedad Geográfica Año 1898, Cristóbal Colón ¿Español? I

  1. Texto y redacción rico en frases y palabras, lenguaje claro y conciso, escribía muy bien, muy interesante este texto de la conferencia. Me ha llamado la atención que Celso García de la Riega, él mismo hace mención, en el segundo párrafo de la Conferencia concretamente el último punto y seguido, a un libro posterior en donde se reflejarían, como material del mismo, las investigaciones, ilustraciones y facsímiles. Entonces me surge una pregunta, ¿por qué empieza ese odio de Casto Sampedro contra él y toda su conspiración para desprestigiarlo personalmente y socialmente?

    • Buena pregunta Crunia, la cual no sabría contestar lo único que hay son los hechos le por que Casto Sampedro actuó de la forma en la que actuó es un misterio, puedo tener mis sospechas pero seguro no lo sé, hay autores de la época que apuntaron varias: celos, influencia de Murguía, amistad con Oviedo Arce….
      Lo que si te puedo decir, y que va a suponer aun mayor sorpresa, es el reconocimiento realizado por Casto Sampedro en las actas de la Sociedad Arqueológica de 1899 reconociendo la gran labor de Celso en el tema Colón y la felicitándole por la Conferencia, lo pondré en el último post de la conferencia.
      Saludos

  2. Si que sorprende lo que acabas de contar Guillermo, que autores indicaban posibles celos, amistad con Oviedo Arce o influencia de Murguía y, anteriormente, el reconocimiento escrito por parte de Sampedro en las actas de la Sociedad Arqueológica de 1899 sobre la gran labor con relación a Colón, o es que en ese momento le dio un aire al escribir. Está claro que hubo una clara falsedad y manipulación por parte de Casto Sampredro en contra de la figura de Celso García de la Riega una vez que había fallecido éste.

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