Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Etimologías Gallegas XVI

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 18 Febrero 1905

 (Continuación)

Diario Galicia Antigua CELSO 18:02:1905Y ahora veamos el lado extraño con que el gallego tomó el significádo de las voces griegas, que V. quiere demostrar por el consabido sistema de las tergiversaciones, de las omisiones y de las inexactitudes. Conste que aplico el diccionario reputadísimo de Schrevelio.

Xeros, no es sólo seco, árido, sino también pestilente, que, huelo mal Sirobos, además de giro, remolino, significa también vuelta en redondo, circuito: la, cuerda que sujeta el remo, le, da vuelta en redondo con el tolete. Pero además ya le consta a V, mi observación de que entre voces latinas y griegas que concuerden, escojo en determinados casos las segundas, con igual derecho que V., porque si las eligiera en todos los casos, el caudal greco-galaico sería enorme: no soy exclusivista. Iscoo, además de tener y “poseer, significa refrenar, prohibir (eohibeo) y reprimir Tolos, tiene también la acepción de alborotado, desordenado, descompuesto, V, da al tolo gallego el significado de tonto que nadie le da y esto lo saben bien los lectores de El Diario; a no ser que V, que por lo visto pide a sus alumnos de diez años la explicación de la palabras gallegas de Pontevedra, disponga otra cosa,

Después de esto, califica V, de pintorescos los nombres con raíz griega de varias lugares rurales, añadiendo que rechazo dos significados corrientes; pero buen cuidado tiene V, en callarlos: Ese calificativo de pintoresco se refiere al significado griego de hortaliza, ramo, forraje, lenteja, peregil, macho cabrio etc. Son sin duda, más legales por romanistas, los de retamal, caña, rama; haba, ortiga, guisante carnero, etc., que expresan los latinos que abundan; para éstos, la bula y para aquéllos, el patíbulo Fenomenal!

3º Composición. Con la mayor candidez, dice V. que aqui se olvidaron los medios de composición del griego, como si los gallegos, hubieran tenido por fuerza que componer todas las voces con la misma perfección que los clásicos. Pero diga V.; los indios de Peru y Méjico, después de; cuatro siglos, ¿componen vocablos españoles con igual delicadeza que nuestros académiecos y aún que nuestro pueblo, poseedor integro del idioma? Precisamente esos indicios. hacen, las mayores incongruencias en la materia aunque siempre con la basé de una raíz española, ¿Esto no lo sabía V? Pues apréndalo ahora: Si la población de Galicia, de diez a cinco siglos antes de nuestra Era hablaba una lengua vasco, ibérica, acaso aglutinante, ¿como puede V, exigir que formara palabras griegas con la misma pulcritud que usted y Cornu emplearían? Después de tal introducción, saca V. a luz (los vocablos de mis etimologías, dioo-ibu y lo lobos, entre ciento y pico del lenguaje y doscientos de la toponimia, ¡Gran metrallazo! La primera,

que hizo dioibo, tiene, según V., una composición horripilante, porque consta de un verbo y un adverbio, tengoespanto y mucho, con las cuales resulta la idea extravagante ¿no es esto? de terror o pavor, que ocasionan, las inundaciones. Pero dioo ¿expresa tan sólo disperso, travieso amigo mío? ¿Para que ocultar su acepción de tengoespanto? Es V. muy inocente todavía; pero esto no es un pecado. Ahora bien; la palabra espanto, sustantivo, ¿no es a la vez presante del verbo espantar? ¿Y qué crimen de composición es que un pueblo que no posee la lengua que le ofrecen colonizadores extraños, haga la palabra espantamucho, como hicieron los castellanos las de espantajo y espantalobos? ¿Donde se halla, pues, el enorme defecto de composición? Ahí está lo que es engreírse y creer que las gentes sólo han debido moverse en el mundo, para el lenguaje, para la pauta pseudo romanística.

To-lobos, a la cual agrega V. lo lóbulo, con la aguda reflexión de «gastándole de paso una broma a la concordancia y a los molinos griegos». No es mala broma la que V. ie da a la verdad, ¿Donde he escrito y semejante lo lóbulo? Lobos significa también y antes que lóbulo, todo lo superior lo que está arriba, encima. La tolba, de tolobos, es la pieza superior de todo el artificio del molino; de manera que la composición no es desatinada. Que Vitrubio dice que los molinos griegos no tenían tolva.,, ¡Vaya por Dios! ¿Echarían el grano a puñados en las muelas?. No dudo de la

veracidad de V., sino de la del clásico que afirma eso. Pero V. que dice que para el espíritu fuerte o digammaeólico no sirven los autoros que, alaventura, llama antiguos ¿salé ahora con una referencia inverosimil de Vitrubio? ¿El embudo, eh?

4.° Derivacilón. Que el griego no dejó en las voces usadas en Galicia una sola terminación Pues si las de Lardoeiro,otteteira,pandeiro, etc., no lo son, porque V. lo decrete, queda V. muy mal Chouza; de xoustos, es también ajustada, pues si Cesaraugusta, Castalia y Bastía, hicieron Zaragoza, Cazalla y Baza, bien pudo salir chouzo y hacer el femenino chouza. Y a propósito, aunque esto se refiera a la semántica, bueno será consignar que, por olvido en la contestación a sus primeros artículos de V., no he rectificado una do sus acostumbradas tergiversaciones, cual es la de que chuza significa tan sólo «porción de monte, cerrada>> que V, toma para sucar la premiosa etimología latina de clausa; no; su principal y general acepción es <<porción de monte recien roturado» esto es, arrasado, raspado (xoustos), para ser destinado al cultivo y que casi nunca los aldeanos cierran.

Volviendo a la derivación, basta un raciocinio. Según sus juicios de V., los gallegos, sin ¡duda «fuertes en Tematología>> y solo aprendieron raíces para darles derivetciones a su gusto. No, hijo mío, no; no hicieron eso solamente, sino que también aprendieron palabras y conservaron bastantes, dando luego a sus raíces terminaciones propias y también las impuestas por civilizaciones o invasiones posteriores. Esto mismo sucedió con las palabras latinas que, produjeron; por ejemplo, pececito, pajarraco, cintarazo, etc., y con voces ibéricas y germánicas que se latinizaron según los genios populares de las de las diversas regiones; de manera que bien pudieron los gallegos hacer con las griegas lo que todos los; demás pueblos con las mencionadas. Con respecto a la toponimia vasco-ibérica, nos queda todavía algo mucho más, que los diminutivos ch y ñ; pero esta importante materia, que también es para los pseudo romanístas cuestiónaparte, requiere otra ocasión, otro lugar y además, sabios que la analicen y lo estudien.

Después de esto nos encaja. V. un sermón de Filología, con reflexiones muy bien atinadas, muy ben aderezadas, pero muy sabidas, como aquellas con qué termina su penúltimo artículo y ¡ vea V. lo que son las cosas romanísticasl que vienen á fortificar; mi criterio. «Que hay pueblos en que su lenguaje y sus nombres geográficos tienen distinto origen». De veras? Los aldeanos de su tierra de V, son los quo han hecho tal descubrimiento? Y dígame; si en ese lenguaje hay elementos, aunque; sean pequeños, pero interesantes, que concuerdan con los que ofrecen los nombres geográficos y las noticias históricas ¿lo parece A V. que deben desdeñarse merced a tergiversaciones, omisión os o inexactitudes científicas, bañadas en una intransigencia de dómine?

«Que la toponimia gallega tiene un caudal enorme anterior a su latinización.»

Hola, queridol Pues entonces ¿porque exige V, que ese caudal se sujete en su fonética, en su semántica, ote, a las reglillas de un falso romanismo? ¿Cual es el origen de esos elementos?» pregunta V. y a seguida repudia la derivación griega, porque mis modestísimos trabajos no tienen trazas de resolver el problema.

No parece sino que yo he alardeado pedantemente de haber hallado semejante solución. Los quo lean GaliciaAntigua, bien podrán convencerse de ello, pues todo lo quo expongo con respecto al helenismo gallego, es como examen de ese caudal anterior, como comprobante, de mucha importancia por cierto, sobre la civilización que gozó este país en épocas remotas, como justificación de las noticias históricas, no en el concepto de la única ó más influyente fuerza de nuestro dialecto. De manera que V., en sus alegatos y censuras, se descarría por los cerros de Úbeda, por ignorar también que Plinio en el siglo I, San Isidoro en el VII el Gerundense en el XV y Florez en el XVIII, aprecian los elementos griegos de Galicia. Cada una de estas autoridades, vale más, mucho más, para nuestra historia y nuestros origenes, que Diez, Cornu, Meyer Lubke, Pidal, etc., que no han conocido, ni por consiguiente estimado y estudidado, dichos elementos, quedando aplastada la infantil intransigencia y el exclusivismo pedagógico de V.

Celso García de la Riega

( se continuará)

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