Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Etimologías Gallegas XV

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 14 Febrero 1905

(Continuación)

Diario Galicia Antigua CELSO 14:02:1905Desde luego hay que notar la insistencia, el singular empeño, con que V. procura llamar romances a los grupos c´l´ y g´l´; en ello parece advertirse que V., en lo intimo de su pensamiento, me concede la razón sobre una buena parte de mis juicios, es decir, que la regla Pidalina no está redactada con la exactitud que requiere un libro de gramática; se me figura que pretende V. hacer carambola de retroceso. Precisamente es una de las cosas que siempre me han gustado mucho: las carambolas… Casi, casi, estoy por citar carambolistas eminentes; pero renuncio a semejante debilidad.

Digo, pues, que eso de llamar romances a los mencionados grupos es una verdadera habilidad de V., lo reconozco gustosamente, Pero el Sr. M. Pidal habla sólo de grupos latinos, ya porque las comillas de la fórmula c´l´ y g´l´ representanvocales, ya porque el ilustre gramático pone los ejemplos de conchulam,masculum, cingulum, etc., que son muy latinos, y no los romancesconchla,masclo,cinglo, etcétera, ya porque si se refiriera a los grupos clo,glo, así lo hubiera escrito: de manera que la regla se refiere con precisión a todas las voces del lenguaje popularlatino que terminan con los grupos culum,gulum, precedidos de consonante y, en rigor, comprende también los grupos que tienen otras vocales distintas de la u primera, puesto que así lo exigen las comillas representativas de aquéllas. En su vista y teniendo en cuenta que son poquísimas las voces de tales grupos c´l´ y g´l´que produjeron el cho, quedando fuera de la regla muchísimas que no lo produjeron, mi criterio resulta completamente exacto: es evidente que si los seis ejemplos hicieron cho, en cambio no se hicieron losciencestos que V, dice (a pesar de las mimbres que había) y que no viene a cuento; para un solo cesto ni para compararla ridiculamente con las leyes romanistas la inmortal obra de Cervantes, ni mucho menos.

Añade V. no obstante su cita del refrán ele los cien cestos, que si los grupos romaneesclo,glo, dieron pocas palabras, fue porque la materia no daba para más: perfectamente y de acuerdo. Pero como los grupos, no do,glo, sino c´l´ y g´l´, esto es, culum,culam,gulum,gulam (precedidos de consonante) de las palabras populares latinas (pues muy populares, pero mucho, son y han sido siempre los diminutivos) eran abundantes, resulta que el Sr, M Pidal ha debido redactar la regla de que se trata en forma parecida á la siguiente:

Las terminaciones romances do,da, glo,gla, precedidas de consonante, que procedan de los grupos latinos c´l´ y g´l´precedidos también de consonante, producen sonido palatal sordo Ejemplos: conchla,masclo,cinglo, etc.

Ante esto, nada habría que decir y yo me hubiera limitado exclusivamente al caso de un sarclo imaginario, de que se supone salió sacho, por el intermedio sarkio; nada más. Sobre esta materia dice V. muchas cosas muy acertadas, pero que no vienen a cuento, dado que todo el mundo las conoce. Sin embargo, bueno será señalar la indicación de V, acerca de que la tendencia fonética de un idioma tiene importancia según su vigor: esto lo dice V., y a ver quien ata tales cabos, a propósito de laescasafecundidad de los romances clo,glo, ley que tiene, dice V., embriagado de pseudo-romanismo, tanto mérito artístico… como el Quijote de Cervantes! La alucinación no puede ser llevada a mayor extremo, Pero además la tendencia fonética del doglo, tiene una importancia descomunal porsusseiscasos; pero la vigorosa tendencia fonética ei helénico, del idioma gallego, no tiene importancia científica, ni histórica, ni de ninguna clase; si acaso, refleja la fonético de todos los aldeanos de su tierra de V…, y aún, como pobrecitos gallegos, debemos darle las gracias, porque bien pudo V. decretar que esa tendencia al ei procede de las grullas, aunque por acá nunca se han visto.

Por ultimo, ladoctrina científica de V. no puede ser más curiosa. Se escribe una ley fonética para veinte ejemplos (aquí se trata de seis), y quedan fuera de ella, cuarenta, Pero ¿qué importa? Es falsa la ley? No; es que la fonéticadeV. da la ley para seis casos solamente. Los demás, aunque sean numerosos, que se vayan a paseo. El gallego convirtió San Verísimo en San Breixo, de lo cual puede V. deducir una ley romanística, aunque queden fuera de ella los demás casos. Vaya, Sr. Diego, que sea enhorabuena por semejante desahogo científico.

En mis artículos anteriores he omitido, por brevedad de redacción y por olvido, alguna observación acerca del diptongo gallego ou. Ha hecho V. muy bien en sacarlo a plaza de nuevo, aunque sea acompañado de una singularísima explicación. Los romanistas desconocen las sorpresas de ese ou: prueba de que también desconocen la fonética del gallego, que es un dialecto viviente; pero como lo del au latino, aún está indeciso, según V. nos dice, mi deducción resulta unadiabluradela logica. Veámoslo. Los romanistas, no tienen datos ni elementos para definir cabalmente el au latino; pero han podido buscar en el viviente gallego los referentes al ou;luego, nada tiene de particular, según V. nos dice, que ignoren la historia del au latino y que el ou gallego les reserve sorpresas. Ay, amigo mío! ¿Pero no vé V. que el resultado de todo esto es, que, en efecto, los romanistas no conocen la fonético gallega? Pero entre las sorpresas del ou galaico, figura la que V. nos espeta doctoralmente, empezando por decir, con la misma gravedad del dómine ante sus infantiles discípulos, que el ou apenas vivió fonéticamente en el ciclo griego: ¡una maravilla de invención! Y concluye V. por decretar que, como el puebloromano contraía a cada paso el diptongo au en o (como? ¿pues no dice V. que el asunto está indeciso?), noesextraño que el gallego lo facilitara con un contorneadoou. De manera que la vocal o,sefacilitayredondea agregándole una uy formando diptongo! Lo compuesto es más fácil que lo simple; la u contornea una o…. en estas filigranas no cayeron los demás pueblos de Roma Bendito sea V. en todos los siglos de los siglos, por reservar tales sorpresasaDiez, Meyer-Lübke, Cornu, etcl

Lo de manculam, del Sr Pidal tiene gracia, muchísima gracia. Por si acaso a V, no le importa que se le echen mochuelos a la Academia (yo no solos echo , querido), pero no toquemos al ilustre gramático histórico, que para V. es un santon tan infaliole como el profeta Smith para los mormones, Confieso con toda sinceridad que yo había olvidado la observación que en otra página hace el señor M Pidal acerca de que en el latín vulgar se dijo manculam por maculam; por consiguiente, resultan fuera de lugar y sin base mis leves inculpaciones al sabio asturiano. Pero aun así, hay que notar la tranquilidad del aserto de que e! latín vulgar decía manculam por mácula (¡) demostrándolo, no los documentos, sino el hecho de que en castellano se dice mancha; esto es, por lo visto, evidentísimo o igual a que si afirmáramos el disparate de que el castellano dice rancho y, por consiguiente, el latín vulgar decía.., ranculum. Cada cual puede afirmar lo que le de la gana cuando se trate del número de estrellas que hay en el cielo! Se tiene autoridad? Pues pasará.

Los demostrativos. V, se hace cargo de que he empleado casi todo un artículo en contestar su figura retórica del cortejo de dichos demostrativos; pero no rebate usted mis razonamientos y deja en pié toda mi argumentación. Hace V. un extracto defectuoso de mi respuesta y en seguida habla V. como si yo hubiera dicho que todos los demostrativos griegos perduran en el dialecto gallego. Cuestión de táctica! Suponiendo cómodamente lo primero que se viene a las mientes, nada más fácil que ocuparse en destruirlo. Dos o tres demostrativos especiales por la forma que concuerdan con los latinos y sirven de la misma manera para nuestra sintaxis, no requieren la compañía forzosa del fantástico cortejo, amigo mío: aparte de existir en el gallego muchas voces griegas puras, quiera V. o no quiera. Las ciencias adoptan la nomenclatura griega y las voces, ya usuales; de telégrafo, teléfono, kilómetro, este.etc,, en nada estorban a nuestros demostrativos; aquellas palabras greco-galaicas, como coteleo, tinícho, leria, bermantés, berberícho, fedello, cheiro, cairentos, faneca, peneira, trasno, trimiñado, sirín, etc., etc., etc., no han sido introducidas por la ciencia en nuestro dialecto. Las adquirió el pueblo, las conserva por herencia, y tiene V. que tragarlo, aunque no lo confiese y lo duela que Galicia presente tales testimonios en favor de su antigua civilización. Así es como nos vengamos del concepto despreciativo que allá, por las tierras de V., se da al nombre de gallego, gentilicio nobilísimo y más antiguo, mucho más antiguo, que el de castellano, sin que éste deje de ser igualmente noble, pero muy moderno, como su dialecto.

             Celso García de la Riega.

(Se continuará.)

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