Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Etimologías Gallegas VI

GALICIA ANTIGUA

Diario de Pontevedra 26 Enero 1905

(Continuación)

Diario Galicia Antigua 26:01:1905Moucho: del verbo griego muxoo, mudsoo (sugo latino) chupar, porque esta ave noc­turna chupa la sangre de sus presas. A esta etimología opone V. ex-cathedra (como en todas) la extraordinaria, singular, sin du­da científica, de que procede de motelo (motlo) que significa mochón, descornado!!!. De manera que el mochuelo es una ave que carece de astas, o que está mondada, o que le falta algo en la cabeza y que cualquiera de tales conceptos es más ade­cuado que el de aquella condición de chu­par… Perdóneme V. que no lo crea.

Estróbo. ¿No le parece a V. que el latín strupus, salió del griego strobos? Y si el gallego conserva pura esta voz helénica ¿para que cavilar acerca de su etimología? Es V., amigo mío, el que ha debido aho­rrarse el trabajo de exponerla, y lo mismo digo con respecto a otras de igual condición; entre ellas la de

Cheirar, que saca V. del verbo latino flagrare. Es una etimología violentísima, porque este verbo no ofrece acepción al­guna que se acerque en el sentido figura­do ni con catalejos, a la de oler; si la tiene el francés flairer, buen provecho le haga, pues sin duda proviene de fleur, flor. Casi todas, las flores exhalan olor y de ahí pu­do salir flairer, oler. En cambio, y si V. no lo lleva á mal, me parece más oportuna la griega de xeros, xeiros jónico, cosa podrida, que huele mal, y esta última condición es la verdadera acepción gallega de cheiro y cheirar; pero aunque sólo tuviera la de despedir olor, que también se le da, no por eso perdería su cualidad ; de adecuada. ¿Acaso está reservado a V. el acudir al sentido figurado, cuando le acomoda, aplicarlo, y yo no he de poder apartarme del directo ni en un ápice? Pero si V. pretende que cheirar es el flairer francés (vengaa de donde viniere), creo que

es también mucho afirmar suponer que el lenguaje galaico estuvo sin verbo para aquél concepto hasta que lo formó el fran­cés, aparte de que es más preferible una etimología sencilla y ajustada directamente en forma y acepción, que otra complicada y premiosa, a mi juicio.

Foró. Aquí, al copiar mi etimología, escribe V.: do fora o foros, tributo; inexáctitud que me importa desvanecer, por­que es la madre del cordero y V. sin du­da lo ha entendido a i. En mi libro, he presentado como primera raíz la de fora, que significa pensión, renta, y se com­prende la omisión que V. hace, por que con ella ha creído que podría caminar desembarazadamente. No hay quien pien­se, quien pueda pensar, que la voz caste­llana fuero significa renta, pensión, y ha hecho V. muy bien, querido amigo mío; en no exhibir la raíz latina, que no apare­ce por ninguna parte, aunque V. quisiera acudir a las de fora y forus, que signifi­can respectivamente cubas de los lagares y tablero para los juegos de damas y de ajedrez, porque en cuanto a la de forum. ¡ay!, bien sabe V. que no ofrece asidero en relación con el foro, terrible microbio tuberculoso de la laboriosa población ga­llega.

Yo había examinado estos antecedentes y meditado mucho acerca de ellos casi estaba inclinado a no enunciar la etimología griega, a pesar del significado! del fora helénico y de los demás testimonios lingüísticos, históricos, geográficos ; toponímicos. Pero al enterarme de que los jurisconsultos eminentes, tan digno de atención por lo menos como los filólogos latinistas, afirman que el estudio de las inscripciones griegas ha sorprendido el origen de la tenencia enfitéulica en los tiempos clásicos do Grecia y que, en virtud de haberse adoptado las instituciones vigentes en algunas colonias griegas, esa tenencia se convirtió en la enfiteusis de los Códigos Teodosiano y de Justiniano entonces, amigo mío, se disiparon mis escrúpulos y me persuadí de que la palabra gallega foro, que debió correr unida la a enfiteusis, procede directamente del griego, sin que valga la definición, que desliza con una gran habilidad; digna de mejor suerte, de que foro es «derecho a censo sobre alguna propiedad». No, amigo mío, el foro no es ese derecho, sino carga que pesa sobre alguna propiedad.

Hiscar (no iscar). Aquí también se sirve V. modificar la acepción con que he asentado el verbo griego iscoo, suprimiendo la muy importante de prohibir, la frase gallega hisca d‘ahi es verdaderaénte prohibitiva, donde se justifica una etimología cabal, sin defecto, sin mácula.

V. acude al poema del Cid, en que figura la verbal yxio, que, por intermedio de ixa, decreta V. su conversión en isca; si se encontraran en nuestro dialecto algunas voces para fundamento de semejante solu­ción, nada habría que objetar. Pero decir que ixa, en vez de modificarse en ija, como fixa en fija (j gallega), o pasar a icha, isa, iza, se convirtió en isca, no está jusficado por V. ni por nadie. Además, en el poema del Cid (que no está escrito en galaico) se dice yxio y no ixo y, por cconsiguiente, V. debió inventar, lógica y gramaticalmente, la forma ixia en lugar de ixa. Que ixia no podía dar isca? Y qué hacerle? Las cosas son como son y no como se quiere que sean; créalo V. Y es lastima, amigo mío, que no nos haya pre­miado el residuo castellano de ese famoso yxio, que muy bien podía expresar derramar, brotar, para hacer la comparación con el gallego hiscar.

Salayo, suspiro, y saloucar, sollozar, a los cuáles doy la etimología del griego salais, que significa inquietud, agitación, perturbación del ánimo; pero V., hijo mío, escribe únicamente: agitación. ¿A que viene tal omisión, sabiendo que para el concepto que V. presenta aislado la lengua griega tiene diversas voces? ¿Como no ha visto V: que la idea de perturbación del ánimo, de salais, es precisamente a la que responde con exactitud meridiana el vocablo gallego salayo, gemido, suspiro, sollozo? Convenga V. en que pudo evitarse la molestia de su etimología sanglotista.

Quenlla. Así se llama en casi todas las comarcas de Galicia a la tolba del molino; en algunas, al vertedero de ésta, denominado picheiro. Entre las dos etimologías, griega y latina, prefiero la primera ¡Qué hemos de hacerle! Me impresiona mucho la circunstancia de que otras piezas del molino, tolba, touzo, lobato, soborella, tarabelo y trimiñado, responden directa y claramente a raíces y acepciones griegas.

Colo, regazo y no cuello. Pero aunque también tuviera el segundo significado, no merece preferencia para suponer que el latino collum originó el nombre gallego del regazo, cuando es más exacto el griego kola, vientre (que V. omite de mi etimo­logía), o los de coleos y coilos. Piense usted que el regazo, materno no es el cuello, ¡qué ha de ser!

Dioibo, no dioivo. Estaría muy bien la derivación de diluviun, por intermedio dilovio, si no lo impidiera un grave incon­veniente. Si el gallego hubiera hecho diovio, lo hubiera conservado sin duda ninguna, porque precisamente hay documen­tos que lo demuestran, Mela (siglo l) men­ciona los pueblos Grovios, de cuyo voca­blo quedan Grova, Grovas y el apellido Gorovio y acaso Borovio. En los siglos XI y XII constan Lobios y Solobios, que por cierto perduran, lo mismo que Avia, Rivadavia y también Navia (Siglo III itinerario de Antonio). Si V, hubiera conocido estos ejemplos, habría visto que aquí no cabe la tranposición de la i y que la fonética gallega no puede ser tiranizada por los latinistas que no la estudiaron. A mi etimología griega, tan ajustada en forma y acepción,de dioibo, le llama V inusitada y rara ¿Porqué razón?. No la expone y así se hacen definiciones absolutas!

    Celso García de la Riega

(continuará)

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