Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Etimologías Gallegas V

Galicia Antigua

Diario de Pontevedra 25 Enero 1905

(Continuación)

Diario Galicia Antigua 25:01:1905Antes de tratar la materia relativa a las etimologías, bueno será, querido amigo mío, aclarar algunos antecedentes. En su primer articulo protesta V. de que no in­tenta ejercer pedantesco magisterio, sino hacer leales advertencias, al realizar la tarea de examinar mis opiniones, para lo cual ha tenido que vencer no pocos escrú­pulos.

Desde luego separo el adjetivo pedan­tesco, porque ni el carácter de V. ni su finura, ni sus múltiples conocimientos, y por último, ni su voluntad o inteligencia pueden justificarlo de ningún modo. Pero en cuanto a lo de magisterio, ya es otra cosa, pues sin duda por los hábitos ad­quiridos y por la conciencia, que V. justa­mente tiene, de la seguridad, no diré in­falibilidad, de sus juicios, paréceme que se deja V. llevar de la idea instintiva de que, al estampar en el papel las solucio­nes que imagina, lo hace para sus discí­pulos de diez años, Vicente García de Diego era profesor de latín Instituto, que son los obligados a creerle, a aplaudirle y a guardar en la memoria las sentencias que pronuncia, sopena de quedar suspensos a fin de curso.

No de otra manera pueden interpretar­se el tono absoluto y las frases escuetas, preceptivas, tiránicas, que V. prodiga en sus raciocinios. Y así como no tiene usted reparo ni escrúpulo en decir, por ejemplo, que mis censuras á ciertos latinistas van contra toda la escuela romanista y contra toda la Filología, de igual modo, un sa­cristán a quien se pellizcase, pudiera to­car a rebato y gritar que en su persona se atacaba a los santos evangelios. Pues ¿cómo se puede decir que con ciertas menudas cuestiones acerca de un dialecto, no estudiado todavía en su fonética ni en sus orígenes, tiemblan los grandes prin­cipios y las leyes de la Filología? Ni el hecho de que yo, fundándome en datos que creo importantes, niegue la exactitud de esta o de la otra reglilla secundaria, dictadas sobre la fonología de un dialecto sin .preceder aquel estudio, ¿basta para calificar de destructora a mi tarea?

A pesar de esa crudeza involuntaria de magister dixit, confieso y declaro que tengo mucho, pero muchísimo, que agra­decer a V. No sé que pruebas aducirá Ven el resto de su luminosa tarea, por que en lo que se refiere al primer artículo y al segundo, que voy a contestar en las siguientes cuartillas, diré que me ha proporcionado una gran satisfacción, cual es la de haberme persuadido de que estoy en terreno firme al creer que en el habla galaica han intervenido sedimentos, que V. dice, de los idiomas helénicos.

Después de todo, los dos debemos con­siderar que procedemos desde distintos puntos de vista. V., encastillado en el latín y en la refulgente escuela romanista, no da valor alguno al hecho de una civi­lización, producida en Galicia por prolon­gada colonización helénica y anterior a la conquista romana; en su virtud, contem­pla inexactamente, en completo aislamien­to, cuantos indicios lingüísticos pueden atestiguar aquella civilización, y resuelve, ordena y decreta con la única base del latín, por activa y por pasiva. Yo, persua­dido da la importancia de dicha coloniza­ción y de la gran influencia que ejerció en los pueblos de esta región, aunque juzgo que la ejerció también en grado muy superior (por haber sido la última eficaz) la dominación romana, presto a esos indicios lingüísticos toda la atención y todo el cuidado que, en mi concepto, merecen al lado de los testimonios histó­ricos, geográficos y toponímicos.

Y llego á un punto tal de convencimien­to que se va V. a horrorizar de mi auda­cia: creo firmemente que antes de que las legiones romanas pusieran el pie en España, ya había en el lenguaje de todas sus zonas marítimas multitud de palabras que los latinistas afirman que proceden exclu­sivamente de la dominación de Roma.

Si es que no pudo ser de otra manera. Los griegos llevaron a todas partes, esto es, a las colonias, ilustración, industrias, artes, comercio; nada de guerras, de deso­lación, de expoliaciones, matanzas y ra­piñas. Por estas circunstancias, los libros antiguos de la historia apenas registran su pacífica colonización; pero ¿puede creerse que al casarse con las mujeres es­pañolas al crear familias, al establecer afectos y relaciones agradables, no pene­trasen sus idiomas, sus costumbres y sus creencias religiosas en el corazón de los países colonizados? Tenga V. por seguro, amigo mío, que los griegos hubieron de introducir en España, repito, muchos vo­cablos, como, por su ejemplo, los primor­diales y usuales de mater, pater, petra, ego, etc., etc.; en fin, la mayor parte de los que hablaban también los italianos de aquella época, habitantes de un país llamado Magna Grecia.

Colocado yo en este punto de vista, no debe V. ni puede escandalizarse de que en las etimologías gallegas, prefiera mu­chas veces las raíces helénicas a las la­tinas semejantes; porque si en ocho nom­bres de animales de mar he encontrado cuatro comunes a griegos y latinos y los restantes cuatro ofrecen clara raíz griega y no latina, lo más sencillo, lo más razonable, lo más lógico, es juzgar que los ocho fueron adquiridos por el lenguaje gallego en unos mismos tiem­pos, sobre todo en vista de que los grie­gos eran mucho más, pero mucho más marinos que los romanos. ¿Es que esos nombres de raíz griega, pura y evidente, vinieron a Galicia y perduran en su léxi­co vulgar, por arte de birli-birloque?

Y vamos a las etimologías. De ciento y pico de vocablos presentados en mi libro como de procedencia griega, V. examina tan sólo unos diez y ocho o veinte, de cuya manera pretende justificar su aten­tísima y fina arrogancia de que ni una sola de mis conjeturas etimológicas ha lo­grado convencerle. Claro! V. ha imagina­do que esas diez y ocho o veinte defini­ciones bastan para echar sobre el resto de mis ejemplos la nota de disparatados; esto es, una cosa parecida a los graciosos versos de Blasco en «Los Dioses del Olimpo»:

En cuanto alo de truán

me afirmo y me ratifico:

las demás no las explico,

porque bien claras están.

Más diré, por lo que valga,

y atendiendo á su decoro,

que les he soltado el toro

con la intención más hidalga.

Pues bien, a mi vez, me toca decirle quo esas veinte definiciones carecen de solidez, a pesar de que en e!las acude V. ya a ciertas tergiversaciones, ya a ingeniosas omisiones. Veámoslo

De cote. Me atribuye V. la procedencia del vocablo xote: no es así, porque el que yo expongo es Kote. Añade V. que signi­fica alguna vez, entretanto; no, amigo mío, significa también según autores, algunas y muchas veces. Pero aún expresando úni­camente lo que V. quiere, bien pudo el lenguaje vulgar, como ha sucedido en muchas voces, dar a la de cote mayor ex­tensión. Y aquí viene lo original: V. que me atribuye inexactamente el pecado de rechazar la ley filológica de conserva­ción de tónicas, pasa V. en este caso por encima de ella, suponiendo la derivación del romance cotidiu. cuya tónica traslada V. desde la sílaba ti a la co del adverbio gallegol Yo tuve muy presente la ley mencionada y por eso he preferido el origen del propio adverbio griego.

        Celso García de la Riega.

(Continuará)

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: