Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

ETIMOLOGIAS GALLEGAS III

UN LIBRO INTERESANTE

Diario de Pontevedra 19 Enero 1905

ETIMOLOGIAS GALLEGAS

Etimologias gallegas 3Los que por halagar su vanidad se empeñan en mermar a todo trance el origen latino, ponderando hasta la exa­geración los elementos anteriores, ignoran sin duda que precisamente en esto estriba la mayor importancia de este idioma.

Las lenguas que sin una continuada y sólida tradición literaria viven bajo la amenaza de un idioma oficial, se van al fin y al cabo disolviendo y llegan á des­aparecer cuando el pueblo entero se com­penetra en una vida común.

Las tentativas eruditas del amor regio­nal por simpáticas que sean y por fructí­feras que resulten se agostan en el aisla­miento cuando el pueblo va olvidando su propio idioma: o a lo más viven en un círculo tan estrecho que no ejercen influ­jo en la lengua del pueblo.

Entonces, lo que era instrumento ma­noseado del populacho se convierte en venerable reliquia que se conserva intac­ta en el reverente estudio de los cultos.

El pueblo llorará por ella, pero !a Filo­logía impasible la conservará del mismo modo y como embalsamada la presentará al estudio y admiración de todos. El rena­cimiento conoció mejor el latín escrito que aquellos domines que lo hablaban tan mal en la edad media y la filología alemana sabe más latín, salvo en detalles de práctica, que los mismos romanos.

No está el gallego abocado a una inmediata desaparición y aún costará mu­chos años desalojarlo de sus montañas; pero lo cierto es, por duro que sea confe­sarlo, que su ruina se acerca. Aquel brillante manto que tan bien sentaba á los graciosos trovadores del siglo XIII viene ya muy corto a los cultos poetas de nues­tro siglo y por todas partes dejan ver un ropaje que no es el suyo. Si el portugués supo hacerse las demás prendas á su imi­tación nuestro idioma ha llegado tarde y ya no encuentra más que el castellano por todas partes.

Sinceramente admiro los destellos de la poesía gallega contemporánea, pero creo que lo verdaderamente útil es apresurarse a recoger el gallego de los campos antes que venga el lobo castellano, y estudiarlo con verdadero cariño; después que el destino cumpla en él su sentencia

Aquí quería llegar: a decir que la verdadera importancia del gallego es filológica y que ésta la tiene esencialmente por su proximidad latina.

Se dirá que entonces es bien pobre el papel que le corresponde desde el momentó que gramaticalmente hay que reducirlo casi todo él al portugués, como lo hacen cuantos filólogos estudian esta lenguas.

Pero creo que en nada aminora esto su importancia. Con ser cierto que el gallego tiene de común con el portugués la mayor parte de la fonética y una parte considerable del diccionario, no lo es menos que ofrece suficiente personalidad par tener importancia propia.

Por de pronto falta en él el elemento arábigo que el portugués ha absorbido en gran cantidad; su léxico no se ha hecho con el caudal erudito tan abundante en el portugués; en el sistema de composi­ción por preposiciones acusa una firme relación con el asturiano; su semántica está fuertemente vinculada con el anti­guo castellano; la fonética, con ser pareci­da a la del portugués presenta atendibles diferencias y él ha conservado un gran número de palabras desconocidas en este idioma.

Si a esto, que ya es mucho, se agregan otras diferencias importantes, puede ya comprenderse el interés que para la filo­logía presentará este hermoso idioma.

Inmóvil desde hace varios siglos por haber estado francamente entregado al pueblo, es de los romances más fonéti­cos; él se ha librado de la gárrula latini­zación que nos dejó casi sin castellano vulgar, y cuanto tiene no lo ha recibido rebuscándolo en los libros sino tomado por medio del oído.

Tan rico como el castellano popular, que nadie conoce bien ni aparece en los escritos, no tiene como él las trabas de ese latinismo; mientras el gallego puede recoger tranquilamente sus vocablos, el pobre castellano vulgar ve, en nuevo jui­cio de París, postergada su hermosura y avergonzado por las fieras soflamas acadé­micas huye de las ciudades y los campos. La filología, más democrática, dice que esas palabras de que nos reímos son para ella las predilectas.

La gramática histórica que solo da le­yes para la lengua popular, porque la no­ble como sucede siempre, no las cumple, al dar un plumazo en el castellano a todo el elemento erudito se queda casi sin ma­teria de estudio. El gallego todo él ofrece amplio campo á las investigaciones de la fonética y lo ofrecerá inmenso en cuanto presente el rico caudal que anda desper­digado por sus aldeas.

No voy a censurar a los que con plau­sible actividad han formado esos voca­bularios que del gallego poseemos, sino todo lo contrario; creo que tienen defectos, pero no es esto lo grave, sino el que no haya habido quienes imitándolos tuvie­ran a estas horas recogido el diccionario gallego. Doloroso es que la falta de una firme iniciativa nos haga contemplar su irreparable desaparición sin rendirle más tributo que el de una admiración plató­nica.

Muchas son las dificultades con que habría que luchar para llevar a cabo tal empresa; las variantes regionales, que sospecho no son tan accidentales como se dice, sino capitalísimas; las variantes na­turales de toda lengua no escrita, en las que habría que discernir cual o cuales tenían derecho á ser conservadas; la afini­dad con el castellano, que ha hecho a es­tos autores desechar del gallego centena­res de voces castizas sin mas delito que el de ser iguales a las de aquel idioma: y luego los peligros sin cuento de la transcripción documental .

El trabajo sería grande pero el fruto superaría con mucho á todos estos desve­los.

La Filología encontraría en el gallego inagotable filón por su carácter arcaico y tendríamos una gramática histórica más repleta y lozana que la del castellano.

Claro que esto de la uniformidad de la etimología no es sentencia cerrada hasta el punto de excluir algún elemento eru­dito y exótico; pero lo indica la simple apreciación del idioma y lo ratificamos con este juicio del Sr. Riega: «El Sr. Murguía, dice el autor de Galicia Antigua, ha hecho muy bien en no ampliar la lista de sus etimologías, porque si las aducidas constituyen la flor filológica de la multi­tud de nombres célticos de lugares galle­gos, debemos desconfiar de que sean efi­caces para la prueba las que ha reser­vado>>

Como por lo menos tan endebles como éstas (y eso que aquí se trata de palabras geográficas) son las que el Sr. Riega adu­ce en prueba de la influencia griega, bien se puede creer que las reservadas no re­forzarían mucho su atrevida teoría.

El gallego, latino casi en su totalidad, burlará los intentos de los que por uno u otro motivo se empeñen en desviar por extraños senderos la corriente romanista, y el supuesto caudal celta y griego irá á engrosar al fio, con muy pocas excepcio­nes, el acerbo latino.

Termino, pero advierto antes, por si alguien puede creer lo contrario, que no soy afiliado incondicional de ninguna es­cuela, y que si defiendo tan abiertamente el latinismo del gallego es porque lo en­cuentro por sus cuatro costados; si algo he aprendido en los libros de filología ha sido a huir de esa pasión de secta que ha arras­trado a tantas locuras a la menguada escuela etimológica del castellano.

V. García DE DIEGO.

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