Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

ETIMOLOGIAS GALLEGAS II

UN LIBRO INTERESANTE

Diario de Pontevedra 18 Enero 1905

ETIMOLOGIAS GALLEGAS

Etimologias Gallegas 2Halladas con tan fácil trabajo las etimologías de un regular número de pala­bras, pensó el Sr. Riega que poco impor­tara forzar un poco el procedimiento para incluir en la misma derivación griega al­gunas de las demostrativas, y en efecto lo hizo del artículo, y de algunos pronom­bres y adjetivos.

En la cuenta de un centenar de pala­bras poco más ó menos no importaba mucho afirmar la procedencia griega de dos ó tres más, máxime adoptando un criterio tan cómodo y tranquilo.

Pero el autor no se ha dado cuenta al hacerlo, de lo que todo el mundo sabe, de que si ese par de palabras es de las llamadas demostrativas, su incorporación supone una verdadera invasión de léxico Como rumbosos príncipes, los demostrati­vos no se mueven en los idiomas sin el cortejo de millares de palabras; y a la ver­dad, el caudal encontrado después de tantos esfuerzos, es demasiado pobre para creer que los griegos nos dejaran elemen­tos tan importantes.Todo esto dando por supuesto, lo que es mucho, que sean au­ténticos, y que mis objeciones del ante­rior artículo y mis dudas sobre la etimo­logía dé todas !as demás palabras no sean fundadas.

El autor nada de esto tiene en cuenta, y tomando por opinión particular de los latinistas castellanos lo que es pan comi­do de todos los filólogos, se atreve á cali­ficar de recurso originalísimo la invención del artículo en el latín vulgar, para lo cual no se necesita más filología que echarse á la cara un documento latino de los tiempos medios.

Pero callando y aparentando ignorar lo que los tales latinistas advierten, la con­dición de átono del ille illo cuando era artículo y no cuando era pronombre, con­cluye que el vulgo latín confundía el pronombre con el artículo. No hay nada de eso. Los castellanos distinguen de sobra en la pronunciación, como los latinos, es­tás palabras, sin incurrir jamás en esa supuesta confusión.

Pero entonces, pregunta ¿cómo es que el gallego conserva los vocablos ele, éla, eles, para pronombres de tercera per­sona?

Pues por eso, precisamente, por no ser átonos, por esa ley fundamental de la conservación de las sílabas acentuadas.

La dureza del autor contra la escuela romanista es en este punto irritante, pero no es cosa de defenderla cuando se impone por sí misma. Por satisfecho me daria con que algún filólogo de los que la vilipendian sin conocerla más que de oidas, recogiera lo que contiene del galle­go, dándole forma y vida y entonces nos convenceríamos de que infinitamente mejor que nosotros conocen nuestra fonética los de fuera de nuestra patria.

Volviendo á lo del artículo es cosa averiguada y segura que el ille latino cuaudo ¡e usaba como tal, carecía del acento propio de cada palabra. Es sencillamente lo que ocurre en castellano con el artículo, con las preposiciones, con las conjunciones y con las formas contractas; loscámpos, delaMáncha, suadarga. Por esta pronun­ciación los latinos usando el articulo decían illamátre, illosérvo, y cuando era pronombre illa, mátre, íllo, sérvo.

La falta del acento en el artículo hizo que siendo una palabra tan trillada perdiera alguna sílaba, y efectivamente su­primió en unas lenguas la primera y en otras la segunda.

Del latín illofóco sacó el cast. élfuego, el antiguo leonés lofuogo, ital. ilfuoco, y ara­gonés lofuego y ofuego.

La alternativa de esta pérdida era tan natural que algún idioma como el italia­no se quedó con las dos sílabas separados ilpane, lospecchio; y el mismo castellano aunque para distinto género; elótro, lomismo.

El gallego, lo mismo que otras impor­tantes regiones de España, sin duda por haber prevalecido en él el acusativo del artículo, o, se quedó con la segunda síla­ba, lo, la convertidos después en o, a.

La pérdida de la l, por extraña que pa­rezca al autor, no puede razonablemente negarse desde el momento que la cumplen otras regiones cuyo artículo tiene in­dudable filiación latina. El o navarro al lado de lo no hay medio de aplicárselo a los griegos.

Aunque explicásemos con el autor por influencia castellana la vacilación entre loy o de los documentos, lo que no es siem­pre cierto, aún descubre el gallego la an­tigua l de sus artículos cuando este se suelda a otra enclítica, como ocurría en castellano antiguo y el leones; polo lo mismo que el leonés pollo y el asturiano pol.

La fonética, pues, reforzada por la infa­lible ley de la proporción, de los vocablos, demuestra hasta la evidencia que latino es el origen del o, a gallego,

Pero más fácilmente se comprueba esto por la pobreza de las razón es conque el autor sostiene su procedencia del griego. Este idioma tiene para el artículo las for­mas jo, je: esto es todo.

Pero había que buscar un soporte y lo encuentra ¿en qué dirán ustedes? en el pronombre relativo, que forma el nom. y acu. de duall ja.

En vista de tan flaco argumento, apar­te de mil observaciones que pudieran ha­cerse, se puede concluir qué hay razón so­brada para rechazar tal procedencia helé­nica.

Si a tal punto llegaron las simpatías del autor por la causa helénica de derivar nada menos que una forma del artículo gallego del dual de su pronombre relativo, nada tiene de extraño que hallán­dose con un ego griego, a él hubiera que echarle la paternidad de nuestro eu. Pero, caprichos do la suerte! Todas las formas del ego español, véase el yo=i ó castella­no, podrían referirse al egó=i-ó griego dentro de la fonética, si no hubiera en contrario otros criterios decisivos, menos el eu gallego, que tiene para el paladar menos delicado acentuado sabor latino.

El afán del autor por sacar adelante sus teorías, le hace amontonar dificulta­des, que él mismo se encarga de desvane­cer, contra la doctrina romanista. Y en efecto, después de indicar que la pronun­ciación de la g del pronombre era más fuerte que en griego para que pudiera perderse, y citar otras palabras análogas para ratificar esta imposibilidad, advierte tranquilamente que la g del pronom­bre se perdía en el latín vulgar, haciendo eo.Pues bien, de este eo vulgar salió el eugallego, como el antiguo ío castellano y el moderno ió=yó.

Todavía halla un supremo recurso en la suposición de que este eu gallego como el eo latino provinieran del egó=ió griego: pero es el caso que a nadie se le ocurre ya resucitar la vieja doctrina de que el latin procediera del griego, ni que sacara le él las formas de sus pronombres.

Por último, para no dejar un hueso sa­no á los romanistas, concluye que el meu, teu y seu no pudieron salir de meus, tuus y suus latinos, todo ello en nombre de la fonética. No se puede llevar más adelante la devoción griega.

El motivo por el que iuus y suus hicieron teu y seu fue la necesaria disimilación le la u, encauzada por la analogía de su. correlativo meu.

El sacar las etimologías de algunas palabras no es un trabajo de gigantes: baste conocer un poco de fonética y apreciar con sereno juicio la ilación de significado; con estos dos criterios, salvo contadas pa­labras que requieren más paciente estu­dio, puede descubrirse fácilmente la fuen­te de la mayor parte de ellas. Solo la pa­sión por un idioma, no hablemos de esas descabelladas escuelas nacidas de la igno­rancia, ha podido sembrar dudas en lo que es claro y decisivo. El autor con el entusiasmo propio de lo que se descubre tras penoso trabajo, concibe á priori la teoría filológica del griego y puesto á in­dagar con alguna benevolencia esta eti­mología, la encuentra en un crecido núme­ro de palabras.

Si la civilización griega de Galicia es un hecho indudable ó al menos una opi­nión razonablemente documentada, po­dríamos creer que algún elemento de su idioma habría podido quedar en el galle­go: en este terreno toda hipótesis merocerá el respeto de los filólogos sensatos. Pero extender esta influencia a palabras de tal importancia como las demostrativas y aun a otras objetivas indicadas por el autor, no es admisible en el gallego, tan latino por lo menos como los más latinos de los romances.

No sé si en la toponimia gallega habrá importantes recuerdos de la colonización griega; en los idiomas hay que hacer de esta clase de nombres cuestión aparte, pues no siguen en su transfusión la suerte de los demás vocablos; pero las palabras corrientes del gallego tienen tan marcado espíritu latino que dudo haya ninguno de los romances que presente tal uniformidad de procedencia, eso que la etimología de todas las lenguas neolatinas va de sorpre­sa en sorpresa aumentando este acerbo común desde que la fonología románica se ha popularizado y el latín vulgar ha ido surgiendo de los empolvados documentos.

Para los que solo tienen en cuenta en la romanización de España la consabida coletilla de la conquista, se les hace muy duro admitir la casi exclusiva influencia del latín en nuestro idioma; tienen razón en calcular que unos millones de legiona­rios no pudieron aniquilar las lenguas existentes: pero los que conozcan las épo­cas y los verdaderos medios de esta pro­pagación, verán sin asombro lo que la filología va pese á todos los empeños, con­firmando.

Dos palabras más enel próximo artí­culo y terminaremos estas líneas para no aburrir á los lectores con disquisiciones de filología menuda.

V. García DE DIEGO.

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