Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

ETIMOLOGÍAS GALLEGAS I

UN LIBRO INTERESANTE

Diario de Pontevedra 16/01/1905

ETIMOLOGÍAS GALLEGAS

Iniciamos una serie de artículos, en el Diario de Pontevedra, sobre la Etimologías Gallegas iniciado por García de Diego y contestado por Celso García de la Riega

Etimologias Gallegas 16:01:1905Lanzarse hoy á escribir en serio cuando el ambiente de frivolidad en que vivimos parece habernos hecho aborrecer cuanto supone un poco de meditación y estudio, ya es algo y merece quien lo haga todo género de benevolencias y respetos. Pero enfrascarse en la lectura y estudio de anti­quísimos textos para urdir la historia de un pueblo, levantando, aquí, una teoría sobre una frase de lapidaria concisión y sacando, allá, una verdad dé la madeja de contradictorios testimonios, es ya un tra­bajo solo reservado á los que tienen arrai­gada vocación al estudio y que agradece­rán cuantos sienten anhelos de mudanza para este desdichado pueblo de endiosa­dos arquitectos y de hueras síntesis, que no encuentra un mal obrero que acarree materiales ni aporte un dato.

De esta clase es el libro «Galicia Anti­gua» que el Sr. García de la Riega acaba de publica y por él merece el más since­ro aplauso, así como la Diputación que ha tenido el buen acuerdo de costearlo. Además, la compleja y sólida erudición del autor, su singular agudeza é ingenio para aprovechar los más sutiles datos que pasaríanpara otro desapercibidos, son dotes poco comunes y quehacen del pre­sente trabajo un libro interesante y útil.

Ahora bien: Por lo mismo que son sin­ceras, y aun las creo muy sobrias estas alabanzas, también se me ha de permitir que con la misma franqueza exponga al­gunos reparos, no por el prurito de poner los, pues me cuesta vencer no pocos es­crúpulos, sino porque temo que el mismo peso de su autoridad histórica pueda afianzar entre los no muy versados en achaques filológicos teorías peregrinas sobre las etimologíasdel gallego.

Hay un renglón que no se lee

Otras naciones han encontrado la Filología saludable vulgarización y se ha despren­dido dé las abstrusas trabas de la Filoso­fía y, de la enconada parcialidad de los etimologistas de la anterior generación, gozamos aquí de tan deleitosa tranquili­dad, que ni siquiera sabemos que existen los estudios románicos y perdemos el tiempo en bizantinas sutilezas, defendien­do como si se tratara del honor de nuestra dama la paternidad de una ú otra lengua.

No me meteré yo á investigar si la le­yenda helenista de Galicia tiene razona­ble y salida comprobación ó si es quizá una exageración nacida, de ese afán que apuntamos, de la satisfacción de hallar honrosos abolengos para nuestra gente y nuestro idioma.

Aunque no creo mucho en la persis­tencia de elementos griegos en el actual gallego, nótese que no me extiendo á ne­garlos; y si a la verdad tontos siglos me parecen mucho mar para cruzado en tan difíciles circunstancias, sería el primero en alegrarme de su hallazgo si una demostración firme y científica viniera á ¡confirmarlos.

Pero, lo que sí quiero advertir, lo que en estos artículos hemos de intentar dejar sentado para no seguir más por este ca­mino, es que ni los procedimientos em­pleados pueden conducir a nada práctico en el conocimiento del idioma, ni los argu­mentos del Sr. Riega concluyen nada en favor del helenismo.

La autoridad de un escritor sensato en materias poco trilladas puede tener siem­pre influencia, y por eso, sin ánimo de ejercer pedantesco magisterio hago estas leales advertencias, para que no alucinen a muchos tales doctrinas, que dañan y estorban a la verdadera filología, sintiendo que estos reparos vayan contra un amigo querido á quien quisiéramos solo prodigar todo género dé alabanzas.

La primera observación que cumple hacer es para defender á los romanistas de la dureza sin igual con que el Sr. Riega los trata. .Creo que nos baste el vivir ale­jados de las corrientes de la moderna Fi­lología, la ciencia que ha progresado de modo más rápido y maravilloso, en el pa­sado siglo, para no erguirnos con desdén ante ellos, poniendo en duda las leyes más indubitables y seguras y hasta diciéndoles en grueso que desconocen los resortes fonéticos de nuestro romano, como si no hubiera que acudir á ellos para aprender cuanto se sabe de Fonología gallega y como si sus leyes estuvieran fundadas so­bre leves conjeturas ó sacadas de media docena de datos. Los latenistas castella­nos, según el autor los llama, el corto cír­culo de escritores que en España viven la vida moderna de estos estudios, no han hecho sino ilustrar las doctrinas corrien­tes de los romanistas, y por eso las cen­suras del autor contra ellos van contra toda la escuela romanista y contra toda la Filología.

Nada diremos de leyes tan elementales como la de conservación de tónicas y otras por el estilo rechazadas por el autor. Aun­que no tan grave, tan infundada es la ob­jeción que hace a la conocidísima ley «los grupos romances, (latinos dice por error), c´l´, g‘l´ precedidas de consonante se convierten en castellano en ch>> ley que el autor califica audazmente de imaginaria, sosteniendo que concha, cincho, troncho y cercho no proceden de conchla, cinglo, tronclo y cerclo, según creíamos todos, sino de concha, cinclum, truncm y circum.

Así; en dos plumadas, el autor borra la histeria entera de la pronunciación de nuestras letras y destruye todos los testi­monios en que se seguía paso á paso esta contracción.

Si la dificultad para admitir esta ley proviene de la pérdida de la consonante anterior en sacho(de sarclo),es bien pobre escrúpulo, pues bien claramente la indica el Sr. Pidal y no faltan ejemplos que la confirmen por analogía. Empeñado en su tarea destructora cita para demostrar la contradicción de esta ley la enunciada en la página 69 de la Gramática histórica. «El grupo r + consonante, se conserva intacto» sin meditar que en ella se trata del grupo de dos consonantes latinas y en la anterior del grupo romance de tres consonantes. Las reglas son diversas y no hay contrádición alguna entre ellas?

Hay otro renglón que no se lee

Regla en cuestión que es pregunta, págma 532, como los vocablos arculam, vasculum, pedusculum, musculam, hormunculum, mulierculum, minusculum etc. no verificaron la trasformación indicada en la regla. La respuesta es sencilla; porque no estaban incluidos en ella, porque su sufijo latino no llegó a, formar el grupo romance clo, cla.

De mancha dice que no está bien traído en la gramática del Sr. Pidal para demos­trar la ley de palatización de este grupo en el encuentro romance de tres consonan­tes; pero es el caso que mancha no se ha formado de macula sino de manculam.

Si angulum, calculum y apusculum no siguieron dicha ley fue porque vinieron al mundo en una época en que ya no fun­cionaba la fonética del pueblo.

Todo el mundo sabe que los eruditos llevaron el castellano de vocablos latinos desde que fue consagrado como lengua oficial, modificándolos ligeramente cuando perduraban reminiscencias do la antigua fonética y dejándolos intactos sin más reglas que la ortografía desde, los presantuosos puristas del Renacimiento.

En vez del corto número de palabras que cita, en las que deja de cumplirse alguna ley, pudiera aducir los millares de vocablos que no están sujetos á ellas por ser cultos, y entonces con el mismo crite­rio con que se pone en duda la palatización de los grupos cl, gl, pudiera negarse entera la gramática histórica.

La ley de los romanistas de la forma­ción del diptongo ei gallego de ai o por trasposición de i es cosa tan sabida que no merece defenderse. El sufijo eiro no pro­cede del ero castellano, sino es simple tras­posición del ariu latino, y las formas en ei del pretérito perfecto han nacido como la castellana e de la terminación latina ai por avi. Los ejemplos eixoy seixo, que adúce para demostrar la simple conversión de e en ei están mal traídos, pues son lógica­mente anteriores a la e castellana. Los campesinos de toda España pronunciaron siempre aixe, saixo sin mendigar la i de los jónios.

Menos aventurado que negar hechos sería defender la simple tendencia al diptongo ei como un sedimento filológico de pueblos anteriores. Pero ¿podrá alguien explicar por influjo jónico el ai tan fre­cuente en nuestras monedas celtibéricas?

Lo mismo decimos del diptongo ou. Demostrado está que el ou indo-europeo apenas vivió fonéticamente en el ciclo griego y que si después lo conservaron los escritores por respetos etimológicos el pueblo lo pronunciaba u. Pero como si esta dificultad fuera pequeña, la historia del gallego nos indica que el ou moderno pro­cede de un au latino o romance. Tan cul­tista es este diptongo que el mismo pue­blo romano lo contraía a cada paso en o como lo hizo definitivamente el castella­no. Así no es extraño que el gallego más vocalario que él castellano lo facilitara y popularizara con un contorneado ou. El ou gallego reserva no pocas sorpresas á la fonética romanista.

Pero más entretenido que estos enre­dos de fonética será estudiar las etimolo­gías griegas que el Sr. Riega descubra, en el léxico gallego, bien que esto nos puede suministrar materia para un par de ar­tículos.

    V. GarcíaDE DIEGO.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: