Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Galicia Antigua Respuesta al Artículo de Xan de Canzobre -Francisco Tettamancy-

Galicia

Galicia Antigua

Galicia antigua (Galicia, 23) copiaUn notable escritor, Xan Cazanobre, ha tenido la bondad de ocuparse en el examen del modesto libro que he publicado con aquel título, favoreciéndome con varias amabilísimas frases, que desde luego agradezco muy de veras y con la sinceridad más cabal. Pero-siempre tropezamos con peros en esta vida-al lado de dichas frases coloca unas cuantas equivocaciones que me importa rectificar, no sólo por lo que puedan perjudicarme, sino por lo que interesan a la verdad, y por la influencia que logran ejercer en los lectores de La Idea Moderna (1). Y empiezo por protestar de que no pretendo revelarme contra la crítica, ni manifestar que en mí se haya sublevado amor propio de ninguna clase, sino expresar mi sentimiento porque se me atribuyen conceptos que no he estampado en mi citado libro.

Debo observar que el ilustrado articulista hace un comentario erróneo del suelto bibliográfico que El Liberal de Madrid ha tenido la bondad de dedicarme, bondad que a Xan Canzobre le parece extremada; en esto creo que tiene razón. Como quiera que, a pesar de su especial interés, el articulista ha leido, mejor dicho, ha hojeado el tal libro nada más que a la ligera, según dice, (y así s efunda una crítica), no puede sorprender a nadie que haya interpretado mal la frase de El Liberal relativa a la identificación de Galicia; si hubiera hecho la lectura con un poco atención, habría visto que en esa frase falta sin duda una parte que se quedó en las cajas de imprenta, dado que no se trata de la <la carencia de vecindad o domicilio legal>, como dice festivamente el articulista, (puesto que nada parecido de cerca ni de lejos puede deducirse de mi libro), sino de la identificación de nuestro país con la Oestrymis-Ophiusa del poema geográfico de Avieno, titulada Ora marítima; nada más que esta identificación.

De ninguna manera he tratado de demostrar que en Lugo no existió la dominación sueva: nada digo en dicho libro que deba interpretaste así; he emitido un concepto muy general con respecto a esa denominación (que supongo ejercida principalmente al Sur del Miño y del Sil), por lo que atañe a cuanto de la actual Galicia perteneció al convento lucense y sufrió las correrías y devastaciones(no he dicho devastaciones) de los suevos,(no una posesión íntegra y constante). Por las noticias históricas, bien sabemos que estos bárbaros ocuparon Tuy, Orense y Lugo, situadas a orillas del primero de aquellos ríos y bueno sería puntualizar si así sucedió al fin por consentimiento de los gallegos, pero como Xan de Canzobre ha leído principalmente mi libro, no ha formado juicio completo acerca de mis insinuaciones. Por la misma razón se ha apresurado a imaginar que califico de patronímicos los nombres de Teodomiro, Argimiro, etcétera; yo no he cometido semejante delito.

En mi trabajo no niego bajo ningún aspecto que la ciudad de Lugo tenga recuerdos históricos muy vivos; por el contrario, me esfuerzo en dedicarle un lugar tan importante como justo en la historia de tiempos remotísimos y es lástima que, por su prisa Xan de Canzobre no lo haya advertido.

Quien lea su artículo creerá que fundo mi criterio anti-celtista en el único e insignificante detalle de que los celtas tenían la costumbre de beber sangre de caballo, con lo cual tan sólo me refiero, de pasada y el simple nota, a regiones interiores de la península, extrañas a Galicia, como todo mundo sabe; en el cuerpo de mi libro expongo a favor de dicho criterio bases de otra altura e importancia. Tampoco digo, como el articulista afirma, que el Sr Murguía concede románticamente al gallego una música dulce y suave, sino a los celtas, que es una cosa muy diferente y perdóneme si no digo nada acerca del curioso símil que con este motivo se le ha ocurrido.

Que Xan de Canzobre no está conforme con mi opinión anti-celtista con respecto a Galicia, es cuestión de otro orden de ideas; respecto su creencia y no la desdeño por ningún concepto. No trato de imponer mis juicios a nadie, sino de intentar el esclarecimiento de nuestros orígenes ni quiero que estos vengan de aquí o de allí; lo que hago es presentar una serie de hechos que me inclinan a creer esto o lo otro y a proponerlo como solución. Veo que los escritores antiguos hablan de una civilización existente en esta región, que no atribuyen por cierto a los pueblos celtas de otros países; veo que a la vez dan noticias de la colonización griega y procuro enlazar estas circunstancias y explicarlas aduciendo diversas pruebas. Si no lo hago bien o lo hago erróneamente, ello será causa de censuras, motivo de estudio, camino para obtener luz; pero no ocasión mi fundamento de inexactitudes en perjuicio de quien trabaja lealmente.

Pero fíjese Xan de Canzobre en que el erudito marqués de Valmar encontraba en el lenguaje galaico grandes afinidades con el provenzal; fíjese en que éste alardea por su dulzura y por su ritmo, de orígenes helénicos y deducirá seguramente que esa conexión no proviene de la raza celta, si no de la civilización griega, infiltrada en ambas regiones desde mucho antes de la conquista romana, civilización y colonización a qué se refieren los testimonios históricos y la supervivencias lingüísticas que aduzco en mi libro. En esto consiste únicamente mi grecofobia, palabra tan ingeniosa como injusta, a mi juicio.

Por último, ruego al articulista que, si vuelve a leer mi libro, me dispense la merced de hacerlo con algún detenimiento y entonces vera que nada es verdaderamente tan lamentable, después de muy prolongada y fatigosa tarea, como encontrarse uno con que, en virtud de un apresuramiento, se le juzgue, no por lo que dice, sino por lo que no dice y está lejos de lo que ha escrito. Supongo que a Xan de Canzobre no le molestará la defensa que hace legítimamente en las precedentes líneas su atento y afectísimo servidor,

Celso García de la Riega

(1) En el apreciable colega la Idea Moderna, de Lugo, fue donde vio la luz primeramente el artículo crítico de nuestro distinguido colaborador D. Francisco Tettamancy (Xan de Canzobre) a que alude el autor el señor García de la Riega

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