Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Benito de la Peña (Bocanegra)

Celso García de la Riega 1885

Bocanegra-1Mirad esa figura un breve instante;

Contempladla, y tal vez inútil sea

Que describa, lectores, ese tipo

Á quien llaman las gentes BOCANEGRA.

Muy claramente su robusto aspecto

La fuerza muscular nos manifiesta

Que ese cuerpo gigante desenvuelve,

Cuando de vino el interior se llena.

Que valen Milón, Hércules y Pórthos

Al lado de Benito de ese atleta,

Que traiga un torrente de fuchsina

Transporta las arrobas por docenas?

Ello á la vista está; pero es preciso

Que sepáis, además, y que os refiera

Algunas cualidades con que pudo.

Á tal hombre, dotar Naturaleza.

Si escucharais su voz, quizás temblaseis

Como tiemblan los vidrios, cuando suena

De rayado cañón el estampido;

Y ni de Adolfo la feroz trompeta

Puede igualar al tremebundo efecto

Que causa en Callejones y plazuelas

De BENITO la voz, cuando pretende

Hacer á los serenos competencia.

Si el tedio le acomete, cuando el vino

Perturba su razón, toda su fuerza,

Como perro rabioso al que se azuza,

En furiosos mordiscos se nos muestra,

Y luego, de la noche en la intemperie

Suele alivio buscar su borrachera

 

BocanegraY sobre duros leños, ó en el lodo, Dulcemente durmiendo, el sol le encuentra. Más, pronto sus pesares se disipan,

Y pisando marcial la Corredera

(Alegre y bella calle en la Tudense

Ciudad, que mansamente el Miño besa),

La llena con la hercúlea figura,

Que es hombre de legítima influencia

Y lleva, nada menos, que cogido

Al municipio, si la mano cierra;

Y cree ser persona de importancia,

Político local de gran trastienda,

Capaz de amedrentar los concejales

Y aun al obispo y la ciudad entera,

Por más que con los potros y las mulas

Su influencia y su poder tan solo emplea,

Si tiene que abrevar los animales,

Cuidar que no les falte paja seca,

Ó ponerles en orden, cuando foscos

Á arrastrar los vehículos se niegan.

No deja de asistir á romerías,

portador, casi siempre, de meriendas;

Y, luego, hácenle objeto de mil bromas

Que arrostra cuerdamente y aprovecha.

El vinillo gustando, aunque en el fondo

De la taza, un lagarto ó rana vea;

Que si puede mojar sus anchas fauces

Con néctar, que allí llaman de la Tierra,

Ya está BENITO alegre y placentero,

Y el mortal más feliz se considera

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