Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

La Verdadera Patría de colón

 Artículo publicado en el número 32 de la revista Vida Gallega en 1911. Sobre Celso García de la Riega

El artículo fue publicado por Jaime Sola, defensor de la teoría del origen de Cristóbal Colón Gallego, y fundador de la revista Vida Gallega.

Interesante artículo y que dan una idea de lo que pensaba D.Celso García de la Riega sobre el personaje Cristóbal Colón

Las Pruebas Españolas

Siguiendo, desde la céntrica Herrería, la calle Real de Pontevedra, llegaréis hasta un arcaico lugar que se llama”Plaza de Celso García de la Riega”. Una de aquellas casas tiene el número 3 pintado en el lado superior del estrecho marco de piedra de su puerta. Vive allí el historiador gallego que meditando sobre el contenido de añejos documentos, por aquí y por acullá encontrados entre el polvo de los archivos pontevedreses, pudo tener un puente de luz de raciocinio entre los tiempos en que Colon vivió sobre las tierras de Galicia y la afirmación rotunda y gloriosa -sublimemente demoledora de una falsa verdad admitida por la Historia- que rompe con la leyenda genovesa y coloca sobre las orillas del Lérez. la cuna del descubridor de América.

Ya sabréis como llego a creerse que Colon es hijo de Galicia. El apellido apareció en unas carcomidas escrituras que la destrucción amenazaba. Alguien las puso en manos del Sr.” Garcia de la Riega. Notó este que de los de Colon y de los Fonterosa- los des apellidos del glorioso nauta- se hablaba en los curiosos documentos. Recordó que no es muy solida la base que apoya la afirmación de que el gran marino era de Génova. Y atando cabos, haciendo deducciones, estudiando -para desentrañar sus yerros- a los cronistas italianos que hicieron la exégesis de las fuentes de la leyenda colombina, siguiendo con la linterna investigadora de una critica severa, amiga a veces de la minucia microscópica, la ruta de Colon a lo largo de las tierras descubiertas, llego a convencerse de que el marino glorioso escucho antes que la invitación a navegar de las náyades ligúricas, el rumor quejumbroso de los pinos, que debió encender en su espíritu magnificas quimeras que la audacia, la ciencia y la fortuna trocaron en las realidades mas hermosas que registra el siglo XV.

¿Y como podrá dudarse ya de que Colon es hijo de Galicia si se sabe que sus apellidos existían en Pontevedra allá en sus tiempos y juntos andaban en contratos y sentencias; si se ha visto que sobre los países descubiertos fue posando el marino la ofrenda amorosa de sus recuerdes de los lugares, de los temples, de las playas, de las devociones pontevedresas; si se ha podido encontrar, a través de toda la vida de Colon, una eterna incógnita per nadie despejada, la de su origen, siempre nebuloso? Pertenece Portosanto a la parroquia de San Salvador de Poyo, y San Salvador hace llamar Colon a la prirnera isla que el mar antillano pon delante de la proa de su nave. Con el nombre de la Galea bautiza uno de los promontorios de las nuevas tierras que conoce, y la Galea es un paraje pontevedrés, donde debieron discurrir muchas veces los juegos infantiles del marino. Llama Portosanto a una de las primeras bahías que descubre. Veíase desde Portosanto la antigua parroquia de Santa Maria, y porque así se llamaba una de sus carabelas púsola de sobrenombre La Gallega…

Como hasta ahora apenas fue estudiada la vida de Colon desde el nuevo punto de vista de su nacimiento en Galicia, algunos de sus biógrafos tropezaron en las Memorias del gran nauta con frases que no supieron explicarse. Estes frases corroboran la afirmación del Sr. Garcia de la Riega.

Y éste las estudia cumplidamente y con fortuna, en el libro que prepara.

Citemos un caso para ejemplo.

Colon describe su llegada a uno de los países antillanos. Alli desembarca en un día caluroso, bajo un ardiente sol de rayos punzadores.” Quiere Colon pintar la acción de aquella luz quemante, que penetraba en las carnes como un hierro enrojecido, y escribe: “El sol tenia espeto”

No comprenden la frase los biógrafos, corrigen a Colon y escriben: “El sol tenía ímpetu” Pero este habría sido una impropiedad, como observa el Sr. Garcia de la Riega. Esa frase no existe en castellano. Colon exteriorizo su idea recordando un medio de expresión -no conocido fuera- de muchos lugares de Galicia. Aún hoy dicen nuestros aldeanos que tiene el sol espeto (ten ó sol espeto), cuando el sol es tan ardiente que sus rayos queman y penetran como si fuesen una de eses hierros -espetos en gallego- que se enrojecen y que desempeñan la función de asadores entre las llamas de la lumbre encendida sobre las amplias piedras de hogar de nuestras viviendas campesinas. Notemos que varias ciudades italianas no lograron ponerse de acuerdo aún -y largo han discutido-acerca, de cual de ellas fue la verdadera cuna del descubridor del Nuevo Mundo.

Den Celso Garcia de la Riega os recibirá en un despacho luminoso de aquella casa que tiene el número 3 de la plaza que lleva el nombre del bibliófilo.

A1 verle, tendréis que hacer un esfuerzo de retorno a la realidad para no creeros ante uno de los cuadros en que la solemne vida apostólica fue inmortalizada por la pintura clásica. De rostro noble, poblado de barba casi blanca, con una breve melena blanquecina, grueso y corpulento, os parecera un apóstol. Vistieraisle la ropa talar de los doce varones evangelicos y se os antojaría que su voz habría do resonar para pediros tierras de Judea por donde ir á explicar la doctrina del Maestro.

Tiene delante de si el Sr. Garcia de la Riega montones de cuartillas de la obra que editara el Ayuntamiento de Pontevedra para probar que allí tuvo Colon su cuna. Esta escribiendola aún, y ha de ser una perifrasis de la conferencia que en 1898 leyó en Madrid ante los doctos de la Sociedad Geográfica. Será breve o será voluminosa. No Ie preguntéis como ha de ser al que la escribe. Preguntádselo á los achaques que encarroñan su cuerpo le retienen años y años en el retiro de su hogar, en la compañía amable do los libros.

E1 Sr. Garcia de la Riega os mostrara, sin poner a ello reparo, los documentos que sirvieron de base a sus estudios. A primera vista, si no estáis hechos a esta clase de lecturas, os parecerán jeroglificos. ¡Tienen cerca de cinco siglos! ¡Figuraos cuanto las formas de expresión gráfica habrán variado en ese tiempo! Pero él os los descifrara rápidamente, como hombre familiarizado con aquellos rasgos y con aquel lenguaje. Y a medida que el lea en aquel gallego que huele a Viejo granero campesino, iréis sabiendo como en aquellos años en que la generación anterior a Colon debía vivir en Pontevedra, había ido allí Colon o vello y Colon o mozo, y los Fonterosa habían unido su apellido al de los de Colon después de haber concurrido en ellos, tiempos atrás, a suscribir contratos.

Pero el Sr. Garcia de la Riega no estudio únicamente sobre estos añejos papelotes. Ha buscado en la historia de Colon -tal como ésta fue escrita por su descendencia y por los cronistas italianos- pruebas de la verdad por que pelea. Y escarbando, escarbando, las encontró preciosas, como si su espíritu hubiese sido una sonda que penetro hasta el misterio de algunas formas de expresión de la voluntad del navegante para arrancar de ellas el secreto que este quiso llevarse a la tumba, acaso porque entonces, en medio de aquel ambiente enrarecido por la intolerancia religiosa, entre los prejuicios de la época, mediando inconvenientes circunstancias familiares, el descubridor de América, el Almirante, el fundador de un mayorazgo, no podía haber nacido en humilde cuna, sobre un campo escondido en la orilla do un rió gallego.

-Los italianos no han de conformarse- dice el sabio-. Debemos contar, desde luego, con una ruidosa controversia.

Pero creo yo que, al fin, las verdades que manan de estos documentos y de otros que hay en Pontevedra, y las que aporta el estudio critico de cuanto a la vida de Colon atañe, serán por ellos acogidas como buenas. Esto es indudable…

El Sr. Garcia de la Riega se levantará para despediros. En vano querréis refrenar, vosotros, que conocéis sus dolencias, su exquisita cortesía. Su arrogante figura, erguida sobre li.bros y sobre cuartillas, adquirirá entonces todo su relieve apostolítico.

Y le dejaréis, ya convencidos de que Colon es hijo de Galicia.

¿Pero es que á nosotros, los españoles, no debe parecernos esta la cosa mas natural del mundo?

Jaime. SOLA

 

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