Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Andaluces y Gallegos

Articulo escrito por Celso García de la Riega:  en La Ilustración Gallega y Asturiana Tomo III pag 15 y 16 no aparece el año pero puede estar entre finales del siglo XIX o principios del XX

ANDALUCES Y GALLEGOS

¿Que aficionado a las bellas letras pasa por delante de un escaparate de librería sin detenerse un momento a enterarse de los libros nuevos que se ofrecen a la venta? Aquellos volúmenes en fila tienen, para el literato, el mismo atractivo que una exposición de sombreros para la dama elegante, ó que los manjares tras el cristal de un restaurante para el gastronomo.

Obras de escritores nacionales y extranjeros, novelas, manuales científicos y de artes, almanaques y poesías de todo género, hallanse expuestos al publico sin mas orden que el precise para ocupar hueco en el escaparate; y la confusión de materias que resulta de tal colocación, inevitable y aun indispensable al vendedor que necesita exhibir los libros nuevos, obliga al literato ó al curioso a pasar revista a todos ellos, para escoger el que más le agrade o aquel cuyo contenido se halle en armonía con sus aficiones literarias ó científicas.

Pero no todos los que examinan las tiendas de libros lo hacen movidos por una de esas aficiones. Los que buscan lujosa encuadernación para adornar un mueble de gabinete; los que desean servir la reclamación que su esposa, hermana ó novia tienen hacia lecturas frívolas ó ligeras; los que toman el libro como simple pasatiempo ó recreo; los que se paran a contemplar una lamina, y, en fin, los que matan el tiempo curioseando los escaparates de todas las tiendas, constituyen generalmente el núcleo de los grupos que se forman ante las librerías.

¡A cuantos seduce el titulo llamativo de un libro que luego arrojan, desencantados, por la ventana! La mujer elegante ha lucido el sombrero, y el gastrónomo ha quedado satisfecho del manjar; pero el literato que para comprar un libro nuevo ha tornado por única guía su titulo, puede decirse, en la mayor parte de los casos, que ha echado el dinero a la calle. Llega afanoso á su casa, corta impaciente las dobladas paginas del volumen, lee sus primeras párrafos, y al poco rato se ve en la precisión de darle el mismo destino que el cura dio a la mayor parte de los libros favoritos de don Quijote; y la verdad es que tales chascos suceden con mucha frecuencia. Uno de ellos da ocasión al presente articulo. .

Con ese instinto de prudencia y de precaución innato en los hijos de Galicia (que algunas gentes llaman carácter desconfiado) resistí cuatro ó Cinco veces, al detenerme sin objeto, como tantos otros, ante una librería, ciertos impulsos de la voluntad que me arrastraban á adquirir un libro así titulado: Galería humorística. Colección escogida de cuentos, ocurrencias, etc., recogidos por Diógenes moderno ANDALUCES v GALLEGOS. Semejante titulo despertaba en alto grado mi atención y excitaba mi curiosidad; pero desistía de comprar el libro, temiendo, poseído de aquel citado instinto de precaución, que dicha obra fuera un género de comercio, y no un trabajo útil, conveniente y oportuno, literariamente considerado.

Sin embargo, varias circunstancias y reflexiones moviéronme, por fin, a comprar un ejemplar. En primer lugar, Galicia es mi país natal, y todo lo que á ella se refiere me interesa poderosamente; interés sobradamente lógico, pues como ha dicho muy bien el Sr. Castelar en una de sus admirables correspondencias al Monitor republicano de Méjico, inserta en el numero correspondiente al 25 de Setiembre pasado, y dedicada a Galicia: ni el catalán que se cree ciudadano de perfecta nacionalidad, ni el andaluz que habita la región más privilegiada y más poética de España, ni el valenciano bienhadado en sus asiáticos jardines, ni el vigorosos aragonés, aman á su patria como la ama el gallego… En segundo lugar, el autor de la colección era nada menos que un Diógenes moderno, seudónimo que en cierto modo me atraía, induciéndome á pensar que de lo escogido de los cuentos, ocurrencias, disparates, etc., y tratándose de andaluces y gallegos, resultaría, por el contraste, por la comparación ó por el paralelo que entre unos y otros establecería, sin duda, el filósofo coleccionador, un trabajo curioso y de mérito indudable; prestándose á ello el genio bullicioso, ardiente, agudo y arrojado de los hijos de Andalucía, y el carácter frió, reflexivo, sagaz y prudente de los que han nacido en la no menos bella y poética región bañada por el Atlántico y el Cantábrico.

Ademas, este buen Diógenes moderno (pensaba yo inocentemente) hará justicia a los gallegos y no recurrirá a los lugares comunes, á las vulgaridades ni a las rutinas de que echan mano escritores ignorantes o poco aprensivos para mendigar la sonrisa del publico, y a la vez el pícaro mendrugo de pan; porque nadie busca gloria y buena fama, ni nadie la ha encontrado ni encontrará en zaherir inútilmente, ni en ridiculizar un país que por varios, altos y dignos conceptos merece respeto, consideración y aplausos.

Precisamente, y permltaseme este pequeño desahogo, pocos días antes había tenido la satisfacción de ver mal recibida por el publico de uno de los mas concurridos teatros madrileños, la representación de cierta comedia en dos actos, entre cuyos personajes figuraba una nodriza gallega. Esta nodriza entrega la criatura de cuya lactancia se hallaba encargada, á la primera persona que encuentra en la casa del padre, al cual quiere devolver el angelito, por la sencilla razón de que

le adeudan tres mesadas del haber convenido por criarle. La circunstancia de devolver con tanta frescura el niño, indica mal corazón y es acto repugnante, que no ejecuta nodriza alguna en el mundo; la de entregarle, sin mas examen, á la primera persona con quien tropieza en la casa del padre, demuestra torpeza ó falta de inteligencia; con esto, con vestir de pasiega á la nodriza, aunque naturalizandola en Santiago de Compostela, y con hacerla hablar en u, ya creyó el autor salir del apuro de zurcir un argumento cómico, basándole en la inhumana é imposible acción cometida. por la nodriza, y presentando a la vez un tipo… gallego!

Revolviame en la butaca, acosado por el ansia infinita que sentimos los gallegos cuando vemos injusta y malamente herida nuestra patria, é impacientado por el disparate literario que en aquella escena se desarrollaba tan trabajosamente. Comprenderán, por tanto, mis lectores la satisfacción que tuve al reparar en el desagrado de los espectadores, manifestado tanto en los detalles como en el término de la representación: salí del teatro, como el publico entero, sin enterarme del nombre del autor. No le conozco, pues, de nombre ni de vista; y aunque la comedia no merece la distinción de dar materia á unas cuantas lineas, se me viene a mano el mencionarla a propósito del libro Andaluces y Gallegos, del cual es hora ya que me ocupe.

Compré, repito, un ejemplar. ¡Oh desencanto! Ni andaluces ni gallegos salimos bien librados, sobre todo los últimos …. ; mi esperanza quedó desvanecida. El Diógenes moderno, siguiendo la rutina, en la mayor parte de los cuentos, ocurrencias, etc., recogidos por su opaca linterna, hace resaltar la escasa inteligencia ó idiotismo, la brutalidad y la torpeza de entendimiento, la ruindad, el servilismo, la mezquindad y el miedo en los honrados, leales, valientes, juiciosos y trabajadores hijos de Galicia. El Diógenes antiguo buscó un hombre y no le hallo: si hubiera conocido al moderno, á buenos linternazos le arrojara del campo de las letras. Ni por casualidad se encuentra en dicho libro un solo cuento ó chascarrillo favorable á Galicia; todos ellos, sin excepción alguna, parecen responder a la idea errónea é injusta que antes existía acerca del carácter y costumbres de los habitantes del Noroeste.

Aunque de muchos de los cuentos que se refieren á los andaluces se desprenden la cobardía y la inclinación a lo ajeno como cualidades de determinada clase del pueblo meridional, cualidades asimismo supuestas, siquiera son pretexto para gracias y chistes, quedan atenuadas y desvanecidas por otros cuentos en que aparecen el ingenio, la travesura y la agudeza, prendas indudables de los que han nacido en la esplendente tierra de Marta Santísima.

La mayor parte de los chascarrillos en que figuran maruxos ( no marusos, como escribe el estoico contemporáneo) son aplicados a gallegos recién llegados á la corte, del mismo modo que si vinieran del centro de Africa; el soi-dissant Diógenes moderno ha aprendido, no sabemos en que escuela de filósofos, que un literato debe presentar a Galicia como país salvaje, en el cual solo hay seres mezquinos, torpes de entendimiento, avarientos, imposibles para la instrucción y para la sociedad.

No nos lamentarnos de estas injusticias, ni pretendemos vindicar á Galicia: lo primero no lo merece el libro causa de este articulo; de lo Segundo no hay, actualmente y en absoluto, necesidad alguna, ya porque de ello se han ocupado personas mas competentes que el que suscribe, ya porque, apreciada Galicia en lo que es y en lo que vale, los escritores ilustrados no caen en la vulgaridad de creer que, presentando en sus trabajos literarios un criado, un aldeano o un aguador de inteligencia roma ó negativa, y haciéndole hablar en u, ya han pintado un hijo de Galicia, neto y puro. Si el ilustrado y erudito literato Sr. Monreal, autor de curiosos artículos y notables estudios sobre usos y costumbres de los tiempos pasados, deslucidos de las obras de nuestros dramáticos y escritores de los siglos XVI y XVII hubiera nacido una centuria ó dos mas tarde ¡qué cosas diría sobre el carácter y prendas de los gallegos actuales después de haber leído El pleito, Mi gallega Betanzos, La madre de la criatura, Andaluces y gallegos, y otras obras por el estilo!

No perderemos el tiempo en demostrar que los defectos y malas prendas citadas, atribuidas a los gallegos, solo han sido vistos imaginariamente por escritores de escaso mérito y por gentes ignorantes. Las principales cualidades morales del hombre, honradez, lealtad y amor al trabajo, son tan comunes en los gallegos, y tan conocidas y alabadas en todo el mundo, que seria superfluo hablar de ello; en cuanto a su valor, prudente y juicioso antes del conflicto, pero seguro y decisivo en el momento necesario, bastarían a patentizarlo, si no los anales de nuestras luchas, la célebre proclama de lord Wellington… Pero demos punto a esta materia, pues si permitiéramos á la pluma correr libremente, tendríamos que escribir gruesos volúmenes.

Muchos escritores, algunos de valer en la república de las letras, caen con toda inocencia en el vicio ó rutina de presentar a los gallegos pronunciando como u la o de la lengua española, especialmente cuando dicha letra es terminal; y al decir con toda inocencia, faltamos a la verdad, pues tal inocencia no es otra cosa que ignorancia relativa; porque ¿cómo es posible que un literato, que se precie de serlo, no tenga siquiera nociones generales de la estructura, fundamentos, marcha y progresos de la lengua que habla, y con cuyas palabras expresa y escribe sus inspiraciones? ¿Qué persona regularmente instruida desconoce la importancia que en la lengua castellana ha tenido y tiene todavía el mas suave y dulce de sus idiomas, el que se habla en la región Noroeste de España, y del cual, aparte de otras autoridades, ha dicho el citado é insigne escritor señor Castelar, <<Fué escogido por el mayor de nuestros escritores y nuestros sabios en la Edad Media, el rey don Alfonso X, para cantar loores a la Virgen Madre, ha inmortalizadola ppasióny los duelos del popular Macias, y su ppoesíatiene algo de la escuela de Suavia, tan encarecida y alabada en Alemania por la fluidez de sus rimas, unida a la profundidad del sentimiento y de lla idea> El escritor que presenta á los gallegos hablando en u, da una muestra patente y clara de su ignorancia con respecto :Y conocimientos sobre el lenguaje; porque precisamente entre los idiomas españoles, el de Galicia posee mayor riqueza de combinaciones vocales, y exceptuando en los diptongos, la quinta vocal es la menos usada, como terminal, en las palabras del idioma expresado, cuya pronunciación es de las mas abiertas. Por consiguiente, al hablar las de la lengua castellana nada hay tan absurdo como atribuir á los gallegos el vicio de convertir la o en u.

Mucho podríamos decir acerca de este asunto, pero lo omitimos por ahora, porque nos hemos desviado de nuestro propósito, que era únicamente imponer un correctivo al libro Andaluces y gallegos, y prevenir á los lectores para que, si caen en la tentación de leerle, sepan antes qué clase de trabajo ha realizado ese buen Diógenes moderno, autor de la referida “Colección de cuentos, ocurrencias” etc. Terminaremos negando que el editor de tan patriótica obra sea gallego ó hijo de gallegos: esto sería absurdo é injustificable.

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