Celso García de la Riega

Biografía, Obras, Pinturas, Teorías y Artículos

Articulo Prensa sobre los Mayos en Pontevedra

 Los notables artículos de los señores Alvarez de la Braña y Lopez de soto, sobre la tradicional. costumbre de los mayos,me han inspirado el propósito de agregar á tan curiosos trabajos unas cuantas observaciones que considero pertinentes al asunto y que pudieran, ya que no completar, por lo menos amenizar el conjunto de noticias y recuerdos descritos por aquellos dos ilustrados hijos de pontevedra.
Dentro de la brevedad indispensable, me permitiré empezar con una digresión: declaro que me parece muy fantástica la teoría de que los población antigua de Galicia era de raza celta, pues creo que carece de fundamentos sólidos. Los monumentos megalitos, los castros, los tercetos del pandero, las raíces lingüísticas del sánscrito, etc, no eran peculiares de los celtas. Los escritores clásicos, griegos y romanos, solo señalan en Galicia unas cuantas tribus célticas, no de celtas, que es una cosa diversa.
Los belgas, celtas puros, no conocían el druismo, según Julio Cesar, mientras que los Silures británicos, que no eran celtas, tenían esa institución civil-religiosa: no hay escritor alguno que mención el druismo en Galicia, ni ha existido el más leve indicio de él en nuestro país. Sabios filólogos como Humboldt, d´Árbois de Joubainville y otros, afirman que la toponimia gallega es principalmente vasco-ibérica y no céltica. Las leyendas de las monedas galaicas, anteriores a la época romana, no ofrecen signo alguno céltico y pertenecen á lenguas ibéricas; y claro es que los galaicos no habrían de grabar en sus monedas letras y lenguaje distintos de los propios. Por último, á pesar de tantas y tan altisonantes afirmaciones celtistas, nadie, absolutamente nadie, ha demostrado que en nuestra lengua haya el menor elemento celta; por le contrario, entre otros importantes datos, merece el siguiente: cuando se formó al idioma galaico acomodándose al molde latino, echó mano de las consonantes ñ,ll y ch, que no tenían las lenguas celtas, ni la árabe, la goda, la sueva, la latina, la cartaginesa, la griega y la fenecía.

Estas tres consonantes eran exclusivas de los idiomas vasco-ibéricos y es evidentísimo que el pueblo gallego no tenía nada de céltico cuando escogió la ñ para su diminutivo característico y la ch para vocablos latinos de uso vulgar y frecuente, como: cheo, chorar, chafe, encher, cuán,etc. Mucho pudiera decirse sobre esta interesante materia y he condensado todo lo posible mi raciocinio para justificar esta opinión: Galicia no ofrece la menor huella étnica de la raza céltica, ni tampoco en religión, artes, monumentos, idiomas, etc, y nada tiene que ver el mayo con tales salvajes, ni con sus feroces costumbres. Pausanias y Polybio, acreditadísimos escritores de la segunda centuria anterior á nuestra era, pintan á los celtas que invadieron el occidente de Europa en el siglo VI a.d. J.C. con sombríos colores, hasta el punto de afirmar que desconocían las más rudimentarias comodidades de la vida. Mayos, flores, poesía..! Hasta que confundidos ó disueltos en otros pueblos, se acomodaron á costumbres pacificas y civilizadas. Los celtas no conocieron nada de eso. Les sucedió lo que á los godos y suecos, poco menos salvajes que ellos (sobre todo los segundos); tuvieron que doblegarse ante las costumbres, idiomas y religión de los países que conquistaron, y donde hallaron una civilización muy superior á la ínfima que poseían. Se atribuyen, pues, infundadamente á los celtas, costumbres, hechos y cosas antiguas de Galicia, que tienen orígenes muy distintos. Olvidemos la música de la ópera de Norma.

Sentada esta base, vamos á lo del mayo. Esta singular costumbre fue en otras épocas propia de los adultos y no de los niños, constituyendo una fiesta en honor de ciertas divinidades, principalmente de Maia, madre de Mercurio, y de Flora, esposa de Zéfira, que los romanos tenían por diosa de las flores y de los jardines, recibida de los sabinos en los primeros tiempos de Roma. Los mismos romanos hubieron de introducir la fiesta de Mayo en los países de su dominio más adecuados por su clima, producciones y carácter; y todavía se celebra, aunque muy degenerada y modificada, en diversas naciones, á principios del siglo XIX. En varias comarcas de Italia y de Francia, el mayo consiste en un ramo que se planta el primer día del mes de Mayo, – ante la casa de la persona á quién se quiera festejar y honrar-; los jóvenes aldeanos ponen también el mayo, adornado de rosas, de otras flores y de cintas, á la puerta de las casas que habitan sus novias.

Un hecho análogo es el recordado por mi querido amigo Alvarez de la Braña, cuando dice que en algunos pueblos rurales de Castilla y León se celebra dicha festividad, clavando en el sitio más público un alto palo con ramaje, lo cual significa que esos pueblos no conservan noción alguna acerca del objeto de la fiesta: en Pontevedra siquiera, aún existe la idea de -festejar y honrar- con el mayo á personas , familias y autoridades.
También en diversos países se ofrecían mayos á las iglesias, que fueron convirtiéndose en regalos de cuadros, relicarios, joyas y objetos de precio, hábito que ha desaparecido; en cambio, á la fiesta religiosa de los gentiles reemplazo la que se consagra á la Madre del Salvador, con el nombre de -mes de María-.
La costumbre pontevedresa ofrece un detalle interesante y derivado sin duda de otras antiquísimas: el del canto coreado, que los niños hubieron de copiar al apoderarse de la fiesta del mayo. Es muy probable que los romanos hubiesen traído á nuestro país la costumbre de ese canto; pero lo es también que proceda de fecha muy anterior, esto es, de la colonización griega, que tan indelebles vestigios dejó por acá, sobre todo en el lenguaje, en el cual aparecen á docenas las voces de pura y clara raíz helénica, sin haber pasado por el tamiz del latín. En efecto, la danza griega llamada gnossiana, se ejecuta siguiendo la forma circular y teniendo en el centro el altar de la divinidad que se festejaba; la estrofa y la antiestrofa se sucedían y repetían recíprocamente, y puesto que en ningún otro sitio que sepamos, dominado por los romanos, se ha conservado la costumbre del mayo con canto coreado y danza circular, substituida por los niños con el andar rápido alrededor del propio mayo, bien podemos juzgar que tales detalles son característicos; nada más razonable, por consiguiente, que atribuirlos á la colonización griega, acreditada por los valiosos testimonios de los escritores clásicos. Acaso la antigua danza, acompañada de canto, llamada corea según el diccionario del venerable Cuveiro, era una reminiscencia de la Corybanta, ó de la propia gnossioma mencionada.
Silio Itálico dice, en efecto, que los guerreros galaicos herían el suelo con los pies; pero no se refiere á costumbres populares y pacificas, sinó á las bélicas de los soldados de nuestro país que iban en el ejército de Anibal, quienes también chocaban sus dardos o espadas con los escudos, á la vez que entonaban sus cantos antes de empezar el combate, cantos que, según Diódoro, no eran otra cosa que el paian, himno griego en honor de Apolo.

Sabido es que el coro y la danza coreada fueron creaciones de los griegos; de manera que, por ningún concepto, se debe sospechar siquiera que el mayo proviene de los salvajes celtas. Cuanto á su forma cónica y á la corona de rosas, cintas y otros adornos, se puede presumir que son resultado de un hecho tan natural como lógico. La religión cristiana derribó los altares paganos; pero ciertos usos, ceremonias y hábitos religiosos populares persistieron tenaces y hasta se infiltraron en los cultos locales de las nuevas creencias. Así, de la deidad gentilica, objeto del tradicional festejo y puesta en un altar ó sobre una ara, alrededor de la cual se danzaba y se cantaba, solo quedó el pedestal, adornado de plantas y de flores, cuya forma tuvo que modificarse, y fué sin duda modificándose, hasta ofrecer la más adecuada para armonizarla con el ramo que se colocaba encima y luego con la corona de rosas rematada por el signo de la redención; uno de los dibujos más populares y primitivos es precisamente el triángulo como base de la cruz.
Terminaré este articulillo dedicando los más sinceros aplausos á los distinguidos y cultos convecinos que han organizado el certamen celebrado hoy en esta ciudad. El éxito ha coronado sus propósitos, puesto que hemos tenido la satisfacción de ver reproducidos este año los verdaderos mayos, construidos con plantas y flores y adaptados á la forma inmemorial, la cónica, que es la única adecuada y admisible; dichos señores merecen, pues, toda clase de alabanzas. Con este motivo me permitiré una insinuación al patriotismo é ilustración de las sociedades recreativas de Pontevedra: la de que tomen á su cargo, ya reunidos ya alternativamente en cada año, la celebración anual del mismo certamen, que por cierto pudiera extenderse á mayores fines, y motivar fiestas artísticas y a la par útiles, si se logra enlazarlas con la de los obreros, esto es, la del trabajo, que á todos toca, pues todos trabajamos y todos damos ó creamos trabajo.

Publicado en La Correspondencia Gallega

Celso García de la Riega 3 de mayo de 1904

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